Socorro estatal a medios con deudas: la saga continúa

Los borrachos Velazquez

Por Martín Becerra

Hoy el gobierno argentino, a través de la Administración Federal de Ingresos Públicos y de la Jefatura de Gabinete de Ministros, publicó en el Boletín Oficial la Resolución General 3833 (AFIP) y la Resolución 50/2016 (JGM) con las que continúa el régimen de cancelación de deudas impositivas, aduaneras y previsionales, además de gravámenes impagos y multas por infracciones cometidas, a las empresas de medios de comunicación. El mecanismo es que éstas canjean su deuda mediante la cesión de espacios publicitarios para campañas oficiales.

Con esta medida, que continúa haciendo cargo del pasivo de las empresas de medios a la sociedad en su conjunto, el gobierno de Mauricio Macri repite una herencia que se remonta, al menos, a las presidencias de Carlos Menem y que fue abonada por todos sus sucesores hasta ahora. Sólo entre 2003 y 2014 el pasivo de los medios superó los 2500 millones de pesos, según testimonios de gerentes de dos importantes grupos multimedios.

La indulgencia estatal alcanza a las obligaciones previsionales impagas por las empresas de medios relativas a aportes a la seguridad social, al Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados, al Fondo Solidario de Distribución, a Asignaciones Familiares y al Fondo Nacional de Empleo (cada uno de estos ítems regulados por leyes específicas incumplidas por los deudores). También están comprendidas las multas y los cargos aduaneros impagos, así como los gravámenes a los que, en concepto de explotación de licencias por uso de recursos públicos como el espectro, están obligados los medios audiovisuales por aire. Los beneficiarios de este socorro económico podrán también computar las multas por infracciones cometidas contra la normativa vigente (leyes 22285/1890 de radiodifusión y 26522/2009 de servicios de comunicación audiovisual).

De este modo, el Estado sigue canjeando por publicidad oficial deudas impositivas y previsionales a las empresas de medios. Con ello, el Estado los socorre económicamente: se trata de deuda privada que es asumida por el Estado. es decir, un pasivo que es transferido a toda la sociedad. Es, en rigor, deuda privada que se socializa. Además de la deuda, la cancelación incluye generosamente a los intereses -resarcitorios y punitorios-.

La anulación de compromisos impagos de las empresas de medios por parte de la sociedad representa otra de las múltiples asistencias que el Estado presta a medios grandes, medianos y pequeños y de todas las orientaciones políticas, los que sin esa reiterada intervención estatal tendrían problemas para sostenerse. La fragilidad económica del sistema de medios en la Argentina no es patrimonio del sector “sin fines de lucro”, como suelen referir voceros interesados del statu quo mediático, sino que se extiende al conjunto del sector (con la excepción de un grupo pequeño de grandes conglomerados que realizan subsidios con otras actividades) que, tanto en su cadena productiva como en sus procesos de trabajo, registra altos niveles de precariedad (ver “La pauta que los parió“).

El auxilio estatal a las empresas de medios de comunicación es menos visible que el que (también) se realiza con los recursos públicos empleados como publicidad oficial (cuyo volumen y manejo hemos comentado reiteradamente en este blog). Sólo que en el caso de la cancelación de deudas impagas es más ecuánime, puesto que mientras que el gasto en publicidad oficial es manifiestamente discrecional y, durante el kirchnerismo (también durante el menemismo, antes) fue explícitamente discriminador de empresas y grupos críticos u opositores -lo que motivó condenas de la Corte Suprema de Justicia-, los canjes de deuda por avisos alcanzan a todos los medios que dejaron de pagar sus obligaciones como empleadores (las cargas previsionales de sus trabajadores), sus impuestos, sus cargos aduaneros, sus gravámenes y sus multas por infracciones a la normativa. Probablemente por esa “ecuanimidad” en los beneficios, el tema tenga menor repercusión en los propios medios. Como dice el refrán, entre gitanos no se adivinan las cartas.