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Entrevista publicada en diario BAE el lunes 8 de diciembre de 2014

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“Los medios concentrados permiten libertad de opinión pero no permiten plena libertad de expresión”
Por Gabriela Vulcano

Martín Becerra es doctor en Comunicación, investigador del Conicet, profesor de la UBA y la Universidad de Quilmes. Considera que la concentración de medios es muy alta en América latina y que no se debe pasar de la concentración privada a una estatal o paraestatal.

Martín Becerra

Con varios libros que lo respaldan y un doctorado en comunicación, Martín Becerra plantea que el nivel de concentración de la propiedad de los medios en la Argentina es “muy alto” y que la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual no modificó demasiado esa estructura. “Los medios concentrados permiten libertad de opinión dentro de ciertos márgenes pero no permiten plena libertad de expresión”, advierte.

–¿Cómo definiría el nivel de concentración de la propiedad de los medios de comunicación en la Argentina?
–Es un nivel de concentración muy alto, pero además conglomeral, lo que significa que una empresa está en muchos medios distintos que no necesariamente tienen una integración vertical o una economía de escala entre ellos. Aprovechan a los medios para hacer otros negocios que no son necesariamente los medios. Para (Eduardo) Eurnekián, en su momento, América y El Cronista Comercial no eran superavitarios, pero tener un multimedio le sirvió para anudar lazos con sectores de la política y la economía y le sirvió como plataforma para pasar a otros sectores económicos.

–¿Cómo estamos en relación a otros países de América latina?
–En general, en América latina la concentración es muy alta en relación al mundo occidental. En la Argentina es muy alta en términos conglomerales, como en el caso de Clarín y Vila–Manzano. Si compartimentamos el análisis y sólo considerásemos televisión abierta hay países de América latina mucho más concentrados. O Globo y la Rede Record, es decir la televisión abierta en Brasil está más concentrada que en la Argentina. La prensa escrita en Perú está mucho más concentrada que en nuestro país.

–¿Cómo era la situación de Venezuela antes de la llegada de Hugo Chávez al gobierno?
–Era un sistema muy concentrado pero había varios grupos de comunicación. Venezuela es un caso interesante para analizar los efectos de las políticas que aplican algunos gobiernos de países latinoamericanos que enuncian la concentración privada como un problema. En el caso venezolano se advierte que hay un reemplazo de concentración privada por concentración estatal y paraestatal. ¿Se enuncia la concentración de la propiedad de los medios porque es un problema o porque tienen molestia con la línea política?

–En nuestro país, algunos sectores de la oposición plantean que el Gobierno intenta pasar de un monopolio privado a un monopolio estatal, sin embargo el nivel de audiencias de grupos como Clarín es mucho más alta que la de los medios públicos.
–En términos académicos, la concentración se puede medir por la concentración de la propiedad o en términos de audiencias. En América latina, cambió el mapa de la estructura de propiedad de los medios pero no el mapa de las audiencias. En Argentina, las audiencias están concentradas en grupos de comunicación que son muy poderosos, Clarín fundamentalmente, y que en cantidad de medios abiertos está en una inferioridad numérica con los medios que tiene el universo del oficialismo, que tienen audiencias bastante exiguas. Es cierto que el grupo Clarín tiene doscientas licencias de televisión por cable.

–¿Cuánto incide la concentración de medios en la libertad de expresión?
–Como plantea la relatoría de expresión de la OEA, la concentración erosiona la libertad de expresión. En un escenario altamente polarizado como el argentino, hay mucha libertad de opinión, siempre que tengas acceso a los medios. La libertad de opinión que hay en Argentina no la registro en ningún otro país de América latina, a excepción de Uruguay. Lo que podés decir en los medios de la presidenta, del presidente de la Corte Suprema, de Mauricio Macri, Daniel Scioli o de un diputado de cualquier extracción política no tiene registro en Chile. La concentración de medios a nivel argentino no tiene un impacto grande sobre la libertad de opinión.

–¿Y sobre la libertad de expresión?
–La concentración de la propiedad tiende a la unificación de líneas editoriales y puntos de vista, lo que reduce el ejercicio de la libertad de expresión para encontrar perspectivas realmente diversas. Es difícil que sectores sociales realmente diversos accedan a los medios. Hay una cuestión de clase clarísima. Los que acceden son de cierta clase intelectual, con estudios terciarios, universitarios, con necesidades básicas satisfechas. Lindas y lindos. Pero la libertad de expresión es un derecho de toda la sociedad, de los que están afuera del estereotipo. Y esos otros, que son la mayoría de los argentinos, en el mejor de los casos aparecen en los medios bendecidos por una mirada antropológica del barrio de Palermo.

–¿La ley de Servicios de Comunicación Audiovisual quebró en algo la concentración de la propiedad de los medios?
–La ley tiene como objetivo disminuir la concentración, pero estamos a cinco años de la sanción y no modificó mucho la estructura concentrada. En algunos casos, cambiaron los titulares de la estructura concentrada. Donde antes veíamos a Daniel Hadad ahora vemos a Cristóbal López, pero el grupo sigue siendo el mismo. El gobierno no estuvo comprometido en la implementación real de las cláusulas anticoncentración de la ley; tampoco los grupos concentrados, que detuvieron durante casi cuatro años los artículos que hablaban de desconcentración. Recién en octubre de 2013, esos artículos fueron declarados constitucionales por la Corte Suprema. Pasó más de un año de esa fecha, ¿y qué hay de desconcentración?

–Usted plantea que Clarín y el Poder Ejecutivo son los responsables de que no se aplicaran ciertos artículos de la ley, sin embargo el multimedio recurrió en varias oportunidades a la Justicia. El mes pasado, una orden judicial frenó la adecuación de oficio, ¿qué rol tiene el Poder Judicial en esta cuestión?
–Coincido en que hay que meter al Poder Judicial dentro del análisis. ¿Qué poder tiene el grupo Clarín para incidir en que el Poder Judicial demore los artículos que le molestaban y ahora la adecuación? Ese poder es mucho. Sería ingenuo creer que el gobierno cuando impulsó la ley en 2009 no era consciente de esto. Los medios de comunicación forman parte de lo instituido, no forman parte de la estructura estatal, pero son una institución de poder en la sociedad. Y lo instituido tiene mayores posibilidades de ser atenido que lo que no está instituido.

–¿Qué debería haber hecho el Gobierno ante ese escenario?
–Aceptar el plan de adecuación de Clarín. El grupo demora, con ayuda de la Justicia, cuatro años la aplicación de artículos que apuntaban a desconcentrar. Una vez que la Corte Suprema valida la constitucionalidad de la ley, el grupo presenta un plan de adecuación que es admitido inicialmente por la Autoridad de Aplicación. Por primera vez en la historia del grupo, Clarín se dividía y Ernestina de Noble y Héctor Magnetto salían de la marca Clarín y se iban a la marca Cablevisión.

–Pero el AFSCA detectó vínculos societarios entre los titulares de dos de las seis unidades de negocios…
–Lo tienen porque hasta hoy forman parte de la misma estructura empresarial. Desde una posición maximalista era insuficiente la adecuación de Clarín pero también soy consciente que vivimos en un país capitalista, donde si vos le decis como Estado a cualquier grupo que se desconcentre, tenés que hacerlo gradualmente.

–Más allá de los cambios concretos en la estructura de medios, ¿cree que la ley sirvió para poner en discusión el rol y la propiedad de los medios?
–Sí. El debate social y político fue inédito. Era un tema tabú. Cuando (Raúl) Alfonsín, (Carlos) Menem y (Fernando) De la Rúa tuvieron iniciativas sobre estos temas se los enfrentó muy duramente desde los grupos empresariales de comunicación. Los oficialismos de esos momentos fueron muy timoratos. Era un tema que quemaba. En eso este gobierno ha sido muy transgresor. Además, colocó este tema en el debate público en un momento de debilidad política, poco después de perder las elecciones.

PERFIL

El proyecto de ley Argentina Digital “es pro concentración de mercado”

Al igual que con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, Martín Becerra estudió en detalle el proyecto “Argentina Digital” que busca regular las telecomunicaciones. Con más críticas que elogios y antes de que el oficialismo introdujera algunas modificaciones, señaló que el texto original es “muy vago e impreciso”. “Mientras la Ley Audiovisual era anticoncentración, esta es pro concentración de mercado. Autoriza condiciones de cruce de los actores más fuertes, que son las telefónicas, al resto de los mercados sin ponerles contraprestaciones muy exigentes”, sostuvo.

“Crea un organismo que va a depender del Poder Ejecutivo que le da facultades inmensas. Le da carta blanca para disminuir o aumentar la concentración”, explicó sobre la iniciativa del oficialismo que será debatida el miércoles próximo en el Senado.

Como hace cinco años, Becerra criticó a la oposición de centro izquierda por haber pedido que en la ley de Medios se dejara afuera a las telefónicas del negocio audiovisual. “Ya hay convergencia, eso ya no se puede impedir.”, señaló.

Los grupos de medios de la región “siempre defienden el statu quo”

A través del análisis de los cables de Wiki Leaks, Martín Becerra, junto a Sebastián Lacunza, develó en su libro Wiki Media Leaks los vínculos entre los grandes medios de comunicación y el poder político. Sobre este tema, señaló que “los partidos de oposición siguen más la línea de los medios que a la inversa”. “Hay grandes grupos de medios concentrados, con enormes audiencias y una línea opositora, que son articuladores de una agenda opositora que le da letra a los partidos políticos, como en el caso de la Ley Audiovisual”, manifestó.

“Siempre hay relaciones entre el Poder económico, el poder instituido y el mundo de la política”, añadió. Además sostuvo que el concepto de “endogamia informativa” en la Argentina es muy fuerte. “Por ejemplo, en un escenario como la embajada de Estados Unidos, un columnista político va a confirmar sus nociones que habló antes con un empresario y a su vez ese empresario antes estuvo en ese mismo territorio. Entonces el columnista político confirma lo que él suponía pero no necesariamente tiene que ver con hechos concretos sino con una construcción discursiva de un grupo de la comunidad que es numéricamente muy pequeño”, subrayó. Y explicó que el denominador común de todos los grandes grupos de medios de la región es que “siempre defienden el statu quo”.

¿POR QUÉ SOY COMUNICADOR?

“Todo ese mundo estaba en mi casa cuando yo tenía 7 años”

Su interés por la comunicación radica en la historia familiar. En su padre encontró la explicación de su apasionamiento por el mundo de los medios. “Mi viejo es abogado de profesión pero ejerció el periodismo por muchos años. Trabajó en La Opinión, además era gremialista del gremio de prensa. Era delegado de ese diario cuando secuestraron a (Jacobo) Timerman en el ’77. Todo ese mundo estaba en mi casa cuando yo tenía 7 años”, recuerda.

Y cuenta que “en el centro de estudiantes participaba de la revista y luego en la universidad”. “Yo militaba en el Partido Intransigente en los ’80 y hacía las revistas, me gustaba ocuparme de eso”, añade.

Casi de manera jocosa, rememora que la figura de la dueña del Grupo Clarín, Ernestina Herrera de Noble, lo acompañó desde su infancia: “En mi casa, se hablaba de Ernestina desde que tengo memoria. Cuando estaba alegre y se ponía a despotricar contra la Argentina, mi viejo decía que a nuestro país lo manejaba Ernestina. Era un poco en broma y un poco en serio”.

Sobre los primeros años en la universidad relata que la ex directora de la carrera de comunicación Margarita Graziano lo “marcó mucho”.

SI NO, HUBIERA SIDO HISTORIADOR

“Si tuviera que estudiar algo sería historia, sin duda”

No duda ni por un segundo a qué se habría dedicado si no hubiera elegido el área de la comunicación a la que llegó también por historia familiar. “Si tuviera que volver a estudiar algo sería historia, sin duda. Yo leo historia, incluso en mi tiempo libre. Es por curiosidad”, cuenta Becerra.

Sin embargo, también se atreve a ir más allá de los límites del mundo académico para elegir la alternativa. “Ahora si me preguntás qué sueño ser yo, te digo jugador de fútbol”, apunta. “No soy bueno pero juego al fútbol con continuidad, más o menos hace 40 años. Aunque no soy bueno tengo mucho oficio. Juego todas las semanas y hago boxeo. Para mis 46 años tengo un buen estado físico”, detalla.

Y se detiene unos minutos más sobre el tema: “Juego con gente de mi edad y aunque no soy habilidoso, juego bien porque, a los 46 años, muchos compañeros de fútbol están averiados. Ahora, yo corro más, pero cuando tenía 17 años no destacaba”.

Camino a Colombia, a través de un breve correo electrónico, agrega: “Una cosa que hubiera querido ser es cantante de boleros”.