Empobrecidos, mal conectados, estudiosos: la pandemia desde el Gran Buenos Aires

Publicado en Letra P el 12 de abril de 2021

Brechas pandémicas

por Martín Becerra

Las condiciones de vida de hogares en la Ciudad y el conurbano bonaerense, sus brechas de conectividad y problemas de acceso. Estructura social y pandemia.

Juanito Laguna aprende a leer. Antonio Berni

La realidad dispar del acceso a Internet y a dispositivos de conexión esenciales para trabajar, estudiar, hacer consultas médicas y sostener vínculos con los afectos fue relevada por un reciente estudio del INDEC sobre el impacto de la pandemia COVID-19 en los hogares de la región del Gran Buenos Aires. El trabajo, que comprende la Ciudad de Buenos Aires y 31 partidos del conurbano bonaerense, abarca también las estrategias de cuidado y de subsistencia, los contactos de niños, niñas y adolescentes con la educación no presencial en 2020, así como también algunos de los principales trastornos que padecen los entrevistados al sobrellevar su existencia.

El trabajo del INDEC es una lupa que enfoca y delimita en el Gran Buenos Aires (GBA) varios de los rasgos y de las mutaciones de una sociedad con un índice de pobreza que golpea al 42% de sus integrantes a nivel nacional. Aunque el GBA es un entramado urbano que dista de ser representativo del resto de la Argentina, es el que concentra la mayor densidad poblacional y donde vive un tercio de sus habitantes.

La investigación expone cambios sociodemográficos que vienen moldeando la sociedad argentina y mapea experiencias y percepciones de los sectores con menores recursos. Ya eso constituye una información apreciable por infrecuente en un país que, en sus flujos noticiosos masivos, suele tematizar la pobreza con discursos normativos, muchas veces peyorativos y pocas veces comprensivos.

El endeudamiento y la multiplicación de estrategias adaptativas frente a un mercado laboral precario se profundizaron en pandemia, cuando el 70% de los hogares del GBA relevados por el INDEC se endeudó o restringió su consumo de alimentos. Las diferencias en estas cuestiones se estructuran según la clase social y el nivel educativo de los hogares (a mayor ingreso y nivel educativo, menor endeudamiento y contracción de consumo).

Los trastornos de ansiedad relacionados con la desigualdad económica y la inestabilidad laboral se agudizaron en pandemia: más de la mitad de los encuestados dijo sentir más ansiedad que antes y el porcentaje mayor en los hogares donde disminuyó el ingreso familiar (62,4%). Más de un tercio expresó tener más dificultades para dormir que antes de la pandemia, lo que en hogares con menores recursos llega al 40%.

El 45% de los hogares que respondió la encuesta tiene a mujeres como jefas de hogar. Sin ser representativo, el estudio es un indicio de lo que ocurre en el universo del área relevada. La creciente participación de mujeres como jefas de hogar en las últimas dos décadas habla de desplazamientos tectónicos en la sociedad argentina que se perciben en la agenda pública, aunque no siempre de modo directo.

La encuesta fue realizada entre agosto y octubre de 2020 y fue publicada ahora. Pese a que las medidas de prevención impidieron desarrollar el trabajo de campo presencial, el INDEC empleó controles y ajustes metodológicos para garantizar su consistencia.

Brechas de acceso a Internet, escolaridad y teletrabajo

Niñas, niños y adolescentes participaron mayoritariamente de la realización de tareas escolares en 2020, según la encuesta: el 97,7% de los hogares con niños y niñas de nivel primario y el 95,0% de hogares con adolescentes de secundario declararon haber hecho alguna tarea escolar durante la semana previa a la consulta.

La educación formal sigue siendo apreciada como un valor. El dato resalta más aún al indagar el acceso a dispositivos (PC de escritorio, notebook, netbooks y tablets) y conexiones de red. Entre el 20% y el 30% de los hogares padece muy malas condiciones de acceso y un porcentaje similar cuenta con terminales de acceso y servicios de conectividad muy deficientes.

El estudio detecta una brecha entre hogares cuyos hijos asisten a establecimientos educativos privados, que tienen casi en su totalidad conexión a Internet (más del 95%) y en su gran mayoría (86%) posee equipamiento informático, y los hogares cuyos hijos asisten a la escuela pública, donde la conexión a Internet no llega al 75% en el caso de quienes tienen menores en escolaridad primaria y apenas supera el 81% de quienes van al secundario.

Además, como secuela del desmantelamiento del Programa Conectar Igualdad durante el gobierno de Mauricio Macri, la posesión de equipamiento informático es de sólo el 46,6% de los hogares con hijos en escuela pública primaria y del 60,5% de hogares con hijos en escuela secundaria pública. En todos los casos, el trabajo de INDEC califica como equipamiento “bajo” el tipo de terminales y dispositivos con que cuenta la mayoría de los hogares.

De este modo, y aunque el estudio está acotado al GBA, valida los registros macro tanto de INDEC como del ENaCom acerca de la brecha de conectividad que, a nivel nacional, indicaba que cerca de un tercio de los hogares no contaban con conexión fija a Internet a mediados de 2020. Todo un desafío a superar en plena “era de la información”.

A la vez, el estudio detecta un incremento de la “pantallización” (la exposición de usuarios a pantallas conectadas) de niñas, niños y adolescentes que va más allá de su proceso de aprendizaje formal en el marco de su escolarización.

Las brechas de acceso afectan además a sus padres que, en los procesos de teletrabajo, carecían de lugares adecuados para laborar en sus domicilios y sólo en el 24,7% de los casos, los empleadores les proveyeron los equipos. Desde ya, los problemas de acceso a conexiones de red también impactaron en la población adulta.

Casi el 80% de los hogares relevados carece de equipamiento o tiene dispositivos de baja calidad. Las brechas de conectividad y acceso a las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) se complementan con los niveles de pobreza que la pandemia agravó. Para cambiar la realidad que el INDEC describe el primer paso es conocerla, y por ello el estudio es un aporte insoslayable.

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