Crisis, pandemia y concentración TIC

La pandemia como estímulo a la concentración económica

por Martín Becerra

Análisis del artículo Big Companies Are Starting to Swallow the World, de Austan Goolsbee, publicado en The New York Times el 30 de septiembre de 2020.

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El texto que se analiza toca varios ejes que están presentes en distintos artículos de este blog; entre ellos, concentración, TIC, innovación y competencia. Esta columna de Austan Goolsbee recrea un debate fundamental. Goolsbee es profesor de economía en la Universidad de Chicago y fue asesor del gobierno de Barack Obama. A continuación van algunos comentarios como complemento a la lectura.

El autor argumenta que los efectos de la pandemia en la economía pueden provocar una nueva ola de concentraciones, lo que considera peligroso dado el nivel de alta concentración de muchos de los sectores de actividad en EEUU. Esa concentración del poder corporativo tiene -como demuestra más de un siglo de estudios sobre el tema- efectos negativos en el mercado de consumo (precios y prestaciones, o sea, calidad de servicios), en la actividad de actores productivos (tanto a escala local como nacional o global), en el bienestar de los trabajadores y en la toma de decisiones en una democracia.

Dice Goolsbee que, por la pandemia, en EEUU cerraron ya más de 400 mil empresas y “millones están en riesgo”. Eso explica, en parte, la sostenida suba de la valorización bursátil de los conglomerados de tecnologías, incluso a pesar de que varios de ellos están en la mira de investigaciones antimonopolio tanto en EEUU como en el Reino Unido y en la Comisión Europea. ¿La razón? Pues se espera que post Covid-19 las big tech crezcan más (tienen activos y liquidez) y absorban más compañías en situación de quebranto o simplemente sin acceso a financiamiento.

En el sector académico, diversos análisis debaten si las tecnologías, la erosión del poder de negociación de los trabajadores y el fracaso de las autoridades antimonopolio son las causas de la fase actual de concentración económica, dice el autor. Otro elemento que alienta la concentración -muy común en el sector TIC, agrego- es el de las “adquisiciones asesinas” por el que startups innovadoras son absorbidas por las grandes para evitar que se conviertan en amenazas, o sea, no tanto por la singularidad de su innovación.

En este contexto, para evitar una nueva ola agresiva de concentraciones que contagie a todo el sector TIC y obture todavía más la competencia, la emergencia de nuevos actores y la transparencia en el desempeño del mercado, para que no sepulte más empresas y para que no se sigan perdiendo puestos de trabajo, el autor reclama que las autoridades gubernamentales antimonopolio sean más fuertes.

Luego, el artículo describe la tradición antitrust estadounidense, que observa SÓLO el supuesto beneficio de los consumidores (precio final) para examinar una concentración de mercado. Esta es una diferencia -agrego- con la tradición europea de defensa de la competencia.

Pequeña digresión: las limitaciones de ambas perspectivas las hemos analizado con Guillermo Mastrini en este paper que hicimos para la UNESCO, donde abordamos también la compleja definición de “mercado relevante” en el contexto de la convergencia infocomunicacional: “La convergencia de medios, telecomunicaciones e internet en la perspectiva de la competencia: hacia un enfoque multicomprensivo”.

Para Goolsbee, ni los recursos de las autoridades estatales antimonopolio ni el presupuesto “dado que una empresa está en quiebra, su adquisición o fusión no es un problema de concentración” alcanzan para comprender y actuar la coyuntura de exceso de concentración actual.

Además, señala que en una economía en crisis (en este caso, por el efecto pandemia), los gobiernos no se sienten atraídos a aplicar con fuerza la ley antimonopolio (Ley Sherman) al compás de la consigna de no desalentar inversiones. Esto es históricamente discutible para EEUU. Digo que es discutible porque desde la sanción de la Ley Sherman en 1890 hasta hoy hubo normas legales, fallos judiciales y órdenes políticas antimonopolio en diferentes campos de la economía, también en las TIC, muy fuertes en términos estructurales. Que hoy no sea la moda (lo que salta a la vista) no significa que carezca de productividad como legado para los tiempos que vienen.

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