¿Qué hacer con la tv estatal?

Publicado en Página 12 el 1 de diciembre de 2019

La tv estatal: desafíos del gobierno de Alberto Fernández

por Martín Becerra (UNQ-Conicet)

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En el próximo gobierno el Canal 7 cumplirá 70 años. Si algo muestra su recorrido, que no alteran los bandazos de cada cambio de gestión, es que carece de proyecto a largo plazo, de financiamiento estable (lo que incentiva su peculiar acumulación de publicidad y contratos comerciales), de programación auténticamente federal, de contenidos informativos y de actualidad respetados por públicos que no sean los contingentemente oficialistas, y de línea estética propia.

Pero no todo es pesar: su capacidad de supervivencia incluso en lapsos de vaciamiento de recursos y de público (como el que está terminando el presidente Mauricio Macri), su inestable pero manifiesta mejora tecnológica durante este siglo XXI, su inserción en un sistema más o menos articulado de señales audivovisuales del Estado como Encuentro (2005), PakaPaka (2010) o DeporTV (2012), su acervo de imágenes y sonidos de enorme valor documental y posible uso al servicio de programas formativos, su pasado no tan remoto de programación de eventos de interés relevante que masificaron la pantalla (como el fútbol), constituyen valores que alientan la proyección a futuro de la tv estatal.

Aparte, haciendo de la debilidad una virtud, están los reclamos de diferentes sectores de la comunidad para que la emisora generalista cuente con mayor despliegue federal y sea más respetuosa del pluralismo político, cultural y social en su programación. Estos reclamos, que las fuerzas políticas realizan cuando son oposición y olvidan cuando llegan al gobierno, son un indicio de que Canal 7 aun interesa. La “demanda social y política” es un activo a considerar.

Claro que los desafíos de la próxima gestión del Canal 7 se inscriben en un momento histórico crítico para todas las televisoras y, en particular, de reinvención de la función pública de las emisoras modelo a nivel mundial: las audiencias migran sus usos audiovisuales, sobre todo las generaciones más jóvenes y su financiamiento está amenazado. La disposición de contenidos en distintas pantallas más allá de las grillas secuenciales de programación constituyen hoy una regla de lo que el investigador Santiago Marino llama el “espacio audiovisual ampliado”, donde, desde la perspectiva del público, conviven la tv tradicional abierta, señales de pago,  servicios a demanda, YouTube, Netflix y otros en una ecología teñida por una lógica cada vez más compleja, competitiva, segmentada, mercantilizada y de algoritmos opacos.

La tv estatal en los próximos años podría aspirar al objetivo de oxigenar esa ecología con material en distintas pantallas y formatos que complemente la oferta existente aportando diversidad (cultural, social, geográfica, política), que el mercado no tiene por función proveer; un tratamiento no mercantilizado de los contenidos: una reconexión con su función educativa (interrumpida por la gestión actual) y transparencia, tanto en sus prácticas como en sus indicadores de desempeño. No es un objetivo revolucionario, pero que sea virtuoso y realista supondría una gran mejora.

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