Fake news, manipulación de la opinión y campaña electoral

Entrevista a Martín Becerra en Comunicación Pública, enero de 2019

Fake news, manipulación de la opinión y campaña electoral

Max Walter Svanberg

 

Desde hace más de 5 años, aunque especialmente a partir de diferentes acontecimientos ocurridos durante la campaña electoral para las elecciones presidenciales de los Estados Unidos de 2016, las fake news se han convertido en un tópico reiterado de cada campaña electoral alrededor del mundo, y un tema de preocupación por su capacidad de amenazar el debate democrático.

Para comprender el fenómeno, su conceptualización, magnitud y novedad, Comunicación Pública entrevistó a los principales académicos expertos en estos temas.

En esta segunda entrega dialogamos con Martín Becerra, doctor en Ciencias de la Información de la Universidad Autónoma de Barcelona, investigador principal del Conicet y profesor en las universidades de Buenos Aires y Quilmes, experto en políticas de comunicación y TICs, autor, entre otras obras, de Wiki Media Leaks: La relación entre medios y gobiernos de América Latina bajo el prisma de WikiLeaks ( Ediciones B, 2012), junto a Sebastián Lacunza, Medios en guerra (Biblos, 2017) y  La concentración infocomunicacional en América Latina (UNQ, 2017), ambos junto a Guillermo Mastrini.

¿Cuál es tu definición de fake news?

Partiendo de que no hay actualmente una definición consensuada y estable de fake news – que es un primer problema- a mí la que me parece más adecuada en términos teóricos es aquella que la define como información deliberadamente falsa.

Claro, que allí surge un segundo problema, porque el carácter deliberado supone intencionalidad, algo difícil de demostrar de manera sencilla y en un corto tiempo. Sin embargo, si le sacamos a la definición ese carácter, también es problemática, ya que estamos llenos de noticias cuya falsedad, en parte o en todo es comprobable, pero no se originan de manera deliberada.

Entonces, estamos ante una escena muy gris, de mucha complejidad, para la que actualmente no tenemos respuestas eficaces y rápidas, como lo pretenden algunas regulaciones que se impulsan en diversos lugares del mundo, y aunque la definición deliberadamente falsa me resulta funcional para dar una clase o una charla, puesto a regular o asesorar a alguien en el Estado para que tome una decisión sería mucho más cauto, porque hay un riesgo alto de que una regulación pensada para atenuar el impacto de las llamadas fake news se cargue un derecho como la libertad de expresión, que es esencial en la vida democrática.

Por ejemplo en Francia, un caso que conozco en detalle, el sector político de Macrón estaba impulsando una iniciativa en el parlamento que pretendía, en su redacción original, que un juez para toda Francia resolviera en el plazo de 24 hs el carácter de fake o no de las noticias que fueran denunciadas ante su juzgado, algo que es obviamente imposible de resolver más allá de la seriedad y voluntad de cualquier magistrado.

En Argentina, en tanto, el año pasado Facebook dice que limitó la visualización de una nota publicada en un portal kirchnerista, que decía que el acuerdo con el FMI iba a cargarse el sistema jubilatorio, porque era una fake news.  Yo entiendo que eso es una interpretación sobre las consecuencias del acuerdo con el Fondo tan legítima como hubiera sido la opuesta, pero jamás le asignaría el carácter de fake o no fake, porque no corresponde: es una lectura posible de la realidad, y todo ciudadano está en condiciones de hacerla legítimamente.

No es lo mismo eso, que plantear que Macri perdió una pierna, cuando no es así, o que no es ingeniero, o que Cristina no es abogada. Hay una serie de temas que solemos discutir en la agenda pública que sí son chequeables en términos de verdadero o falso, pero son los menos. Si uno revisa el contenido de las conversaciones en internet, y el contenido de los medios masivos, la mayoría de lo que se dice no es catalogable en términos de verdadero o falso.

¿Es decir que no se puede regular?

Todos estos reparos son advertencias que yo tomaría a la hora de regular las fake news, no implican cerrar la puerta a la posibilidad de regulación. Lo que digo es: hay que ser precavidos y muy conscientes de lo que está en juego si vamos a discutir una regulación, y si somos celosos en el resguardo de la libertad de expresión, difícilmente la podremos adoptar en dos meses.

Pero también debemos considerar que hoy las plataformas están regulando de facto, a través de algoritmos que posicionan temas y les quitan visualización a otros, o remueven lisa y llanamente contenidos. Ya hay una regulación privada de facto, que no da cuenta de las normas que rigen en los países, y ese es un hecho que claramente reclama mayor atención.

¿Y en relación a los efectos de las fake news sobre el comportamiento de los electores, sí hay estudios concluyentes?

Yo no los conozco, y hace tiempo estoy documentándome mucho, y estudiando en profundidad su influencia, y la de las campañas de manipulación masiva en el comportamiento electoral final de los ciudadanos, sea en Estados Unidos, en Brasil, o en el referéndum de Colombia, que son todos casos donde hubo fake news, y campañas de manipulación como ha sido suficientemente documentado.

También, en una escala si querés más modesta, en Argentina los partidos desde tiempos analógicos han desarrollado campañas de descrédito de sus adversarios, eso es algo que existió, existe, y creo seguirá, y tiene más que ver con la autorregulación de los partidos en momentos electorales, donde suelen pasarse en relación a los límites éticos. Ahora bien, si eso influye o no en el comportamiento final de los electores, no está comprobado.

Me parece que hay una especie de exageración facilista, cómoda, casi un atajo, en decir que Bolsonaro fue electo en Brasil por abusar de las fake news en su campaña. Decir eso subestima mucho las causas por las que, a mi juicio desafortunadamente, la mayoría de los brasileños eligieron a Bolsonaro, o las causas por las que los estadounidenses eligieron a Trump.  Decir que Trump fue electo por lo que se mintió en su campaña sobre Hillary Clinton -que efectivamente se mintió y mucho- me parece que es una subestimación absoluta de la capacidad de esos electores.

Además, desde el punto de vista teórico, parece casi una vuelta a la teoría de la aguja hipodérmica

Exacto, y hay mucha evidencia, y una larguísima historia, para discutir esa hipótesis que plantea que con un medio se puede determinar el comportamiento de una sociedad.

Ojo, lo anterior no implica desconocer que, excepcionalmente, en determinados momentos de hiperautoritarismo y sugestión masiva de la población puede una campaña manipular conductas: pienso en la plaza del 2 de abril de 1982 en Argentina, o en la Alemania Nazi. Hay ejemplos, pero afortunadamente son excepcionales, no constituyen la norma, algo que no me parece haya cambiado con las redes sociales, y que tampoco implica desconocer que los medios, la publicidad, las campañas influyen en las opciones que tomamos.

Las opciones que tomamos como individuos están condicionadas, sino Coca Cola no invertiría en los medios. La publicidad influye, los medios influyen, los líderes de opinión influyen, pero no determinan.

¿Y en este marco cuáles son las perspectivas para la campaña electoral 2019?

Yo creo que en la Argentina estamos mal preparados con estas cosas para este año electoral por varios factores: primero, tenemos una muy vieja y obsoleta ley de datos personales, que es del año 2000, pre internet 2.0, pre Facebook, pre todo, que no alcanza ni sirve para evitar abusos en la utilización de las bases de datos personales, que es como las formaciones políticas, y no solo las formaciones políticas, manipulan los perfiles de usuarios a escala masiva en las diferentes plataformas.

También porque, desde mi punto de vista, el gobierno no ha hecho un buen uso de las bases de datos personales públicas, al contrario, ha sido condenado, planteando el caso de manera esquemática, por utilizar la base de ANSES para difundir propaganda partidaria.

En tercer lugar, estamos mal porque los partidos políticos mayoritarios no respetan la ley electoral. Esto lo dice la Cámara Nacional Electoral, no lo digo yo. Entonces, como planteábamos al inicio, si tuviera que buscar medidas que atenúen la proliferación de las fake news, o las campañas de manipulación, lo primero que haría sería hablar con los grandes partidos políticos, que son los principales violentadores de las normas electorales vigentes en la Argentina.

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