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Publicado en Colsecor Revista el 9/5/2017

La tv no es sólo cosa de ingenieros

por Martín Becerra

Ilustra: Pito campos
 

El mes pasado, el presidente de ARSat, Rodrigo de Loredo, anunció el apagón analógico de televisión en la provincia de Tierra del Fuego. Para el gobierno esto significa que allí se acelerará la migración definitiva desde la tv analógica a la tv digital abierta, prevista en el resto de la Argentina para 2019.

La tv digital abierta resulta más eficiente que la analógica en la ocupación del espectro radioeléctrico, que es un bien de dominio público escaso e igualmente codiciado por los operadores de telecomunicaciones (para sus servicios de telefonía móvil) como por los emisores de radio y televisión, que distribuyen sus contenidos por aire.

Cada canal de tv digital puede albergar varias señales (entre 4 y 6) en distinta calidad de resolución de pantalla, por lo que la migración podría permitir que nuevos actores se sumen a los emisores existentes. Esto abre, por supuesto, interrogantes acerca de las reglas de juego para definir quiénes y en qué condiciones accederán a esos canales, cómo se obtienen, renuevan o caducan sus licencias, y qué capacidad económica tiene el mercado publicitario en la Argentina para sostener el nuevo modelo digital audiovisual.

El proceso de migración a la tv digital es lento (comenzó en 2009, cuando la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner eligió el estándar japonés-brasileño) y, en el caso argentino donde el Estado tiene un protagonismo mayor que en otros países, supone el despliegue de infraestructuras como parte de las políticas públicas. El proceso está conducido por ARSat, que además gestiona la red de 32 mil kilómetros de fibra óptica en el marco del Plan Federal de Internet. Esta gestión, en particular, es compleja pues un porcentaje pequeño de esa vasta red se halla operativo y el desafío es ponerla en funcionamiento al servicio de la cohesión social y la integración territorial.

A las dimensiones mencionadas, que hacen del despliegue de la tv digital un asunto complejo y desafiante, hay que añadir otro aspecto tan medular como subestimado por parte de las políticas públicas tanto del gobierno anterior como del presente: la televisión es más que una técnica y su importancia no se reduce al plano de las infraestructuras o a su dimensión artefactual. La televisión es un vínculo social. Ese vínculo no se agota en las competencias de la ingeniería del sistema radiodifusor. Para vastos sectores sociales, la tv es el medio de información y entretenimiento de referencia. A pesar de los sucesivos certificados de defunción que se le vienen expidiendo desde hace al menos una década, los contenidos de la tv organizan parte del cotidiano de millones de personas en todo el territorio nacional.

Gestionar su metamorfosis digital con criterios de interés público supone comprender esa importancia sociocultural de la tv y de sus contenidos. Como las culturas audiovisuales y los accesos sociales a los dispositivos de recepción digital en el país son heterogénoas, la instancia de habilitar consultas periódicas con los diferentes contextos regionales, provinciales y locales resulta vital para que la migración no vuelva a tropezar con obstáculos ya conocidos que dan cuenta de la complementación entre la tv abierta y otras modalidades masivas de acceso al audiovisual (como la tv paga) y con otros medios del ecosistema comunicacional.

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