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Publicado en Revista Colsecor Noticias el 11 de abril de 2017

Opinión

Avaricia cognitiva

por Martín Becerra

La mayoría de los mortales idealiza la lógica que guía la toma de decisiones de los líderes sociales, políticos y económicos, en la suposición de que estos, al contar con mayores recursos que el resto de la comunidad, pueden basar sus acciones en un previo proceso de razonamiento que incluye la comparación de diferentes escenarios y la elección del más conveniente o eficaz a sus objetivos. La evidencia indica, sin embargo, que la dirigencia padece de la misma avaricia cognitiva que el resto de la sociedad.

Los líderes cuentan con asesores que pueden especializarse y proveer documentación, a la vez que pueden instruir al líder en aspectos que no domina, tienen recursos para trasladarse y consultar de primera fuente los temas que consideran que amerite el esfuerzo y acceden, además, a informaciones de difícil acceso para el común de la gente a través de soportes y publicaciones de circulación restringida que, en muchos casos, redactan los periodistas de los grandes medios con datos que se reservan para la élite y que no difunden al público más amplio. Como integrantes de la élite, los líderes se codean con ejemplares encumbrados que administran complejidades en su misma área o en otras, lo que les permite nutrirse de la experiencia comparada y de los diagnósticos de sus congéneres.

No obstante, lejos de la percepción acerca de la capacidad de procesamiento racional del torrente de información, los privilegios de los dirigentes raramente se organizan como un sistema lógico. Al contrario, la élite suele cometer los mismos errores en sus tomas de decisiones que los ciudadanos de a pie. Se produce así una curiosa equivalencia que, al menos en este aspecto, pone en un plano de igualdad a dirigentes y dirigidos.

El papelón del presidente de EEUU, Donald Trump, que habló de un atentado en Suecia que jamás ocurrió como efecto de la política migratoria más abierta (o, para ser precisos, menos rigurosa) que la de EEUU, es un ejemplo más de una larga cadena de muestras de la ausencia de preparación adecuada de los líderes para justificar sus acciones o sus posiciones. Trump echó la culpa entonces a que la información incorrecta la había visto en la cadena (conservadora y afín al Partido Republicano) Fox News. Esta cadena, que pertenece al emporio mediático de Rupert Murdoch (News Corp) tiene acceso privilegiado, a su vez, a las fuentes más altas de la Casa Blanca.

El descargo de la responsabilidad de la gaffe de Trump en “medios de prensa” habilita una reflexión acerca de la endogamia del circuito de alimentación de informaciones del presidente de la (hasta hoy) mayor potencia planetaria: el dirigente es fuente y recolector de la misma información y retroalimenta versiones, en muchos casos falsas o no verificadas, que se originan en ese círculo hermético. En términos de eficacia sistémica, el margen de error en la validez de la información que circula es muy alto por la endogamia que practican los agentes protagonistas.

Esa endogamia, que los ejemplos de Trump ilustran pero que es posible rastrear a escala global y que está documentada con las filtraciones de la diplomacia que realizó Wikileaks en 2010 de los papeles del Departamento de Estado, es aludida por el sociólogo Manuel Castells con el concepto de “avaricia cognitiva”. Según Castells, la avaricia cognitiva se caracteriza por la selección de informaciones que confirman creencias previas, es decir, una suerte de “atajo cognitivo que reduce el esfuerzo mental necesario para realizar una tarea”. Con ello se explica que las personas “tienden a creer lo que quieren creer. Filtran la información para adaptarla a sus juicios previos. Son considerablemente más reticentes a aceptar los hechos que contradicen sus creencias que los que coinciden con ellas”.

La ilusión de una élite ilustrada y documentada, mandataria de una opinión pública que delega ella la toma de las decisiones más trascendentes, se desvanece frente a los ojos del mundo que, pese a ello, intenta recrearla. Siempre es más difícil admitir que el rey está desnudo.

por Martín Becerra (@aracalacana)

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