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Publicado en Colsecor Revista nº256, Diciembre 2016

Hechizo de tiempo en los medios estatales

por Martín Becerra (@aracalacana)

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A casi un año de la asunción de Mauricio Macri como presidente, los medios estatales repitieron el rito del cambio de piel como cada vez que hay alternancia política en el ejercicio de la presidencia. Este cambio de piel es manifestación de la dependencia gubernamental de los medios que, aunque presumen de ser públicos, en rigor carecen de márgenes de autonomía política y económica como para desarrollar una propuesta que garantice un vínculo estable con la audiencia más allá de los espasmos de la política.

El cambio de piel se manifiesta en una renovación de la dirección, de los contenidos, de los propósitos y de estilo. Cuando están en la oposición los partidos políticos reclaman reglas de juego estables para las emisoras de radio y televisión estatales;si arriban finalmente al gobierno piden tiempo para realizar las transformaciones necesarias para desmantelar la construcción previa y darle a estos medios su propia impronta… hasta que son reemplazados por otra administración que, como en la película “Hechizo del tiempo (o El día de la marmota)” con Bill Murray, vuelve todo al punto de partida.

Un indicador de la sumisión gubernamental de los medios estatales se halla en las señales temáticas culturales y educativas como Encuentro y PakaPaka que, pese a que por Ley Nacional de Educación dependen del Ministerio de Educación, en los hechos pasaron a reportar al Sistema Federal de Medios y Contenidos Públicos que conduce Hernán Lombardi en Jefatura de Gabinete, lo que impacta en los objetivos y funciones que les encomendara el Congreso. Fue Lombardi quien anunció el 25 de octubre un giro trascendente en estas señales: nueva estética, nueva programación, nuevos conductores y un consecuente cambio de “contrato de lectura” de esos medios con sus públicos. Lo que define a los medios es ese “contrato de lectura” que, al verse alterado, también afecta su vínculo social y su perfil cultural. En una hipotética alternancia política en las elecciones de 2019, Encuentro y PakaPaka sufrirán otra metamorfosis.

Aún sin evaluar la pertinencia o no de los cambios operados en los medios estatales, su estado mutante, con “contrato de lectura” nómade según los designios de quien tenga el llavero de la Casa Rosada, erosiona su labor.

Es cierto que los medios estatales bajo la gestión Macri incorporaron programas, conductores y sobre todo, entrevistan y citan perspectivas que no replican sólo el discurso oficial como ocurría con Cristina Fernández de Kirchner (aunque algunos conductores de los medios estatales ya muestran signos de incontinencia verbal a la hora de repeler todo lo que no sea funcional al gobierno).

Pero la apertura a miradas algo más diversas se hace a expensas de la importancia de los medios estatales a los que el gobierno les quitó recursos para disputar el interés de la audiencia. Para los estrategas comunicacionales del oficialismo hoy pesa más una buena campaña en Facebook y, desde luego, el buen vínculo con los grandes grupos privados que invertir tiempo y esfuerzo en los medios estatales. Antes eran relevantes pero intolerantes, hoy son más abiertos pero intrascendentes. Ejemplo de ello es la cesión de las transmisiones de fútbol de mayor audiencia a los canales privados de Buenos Aires, lo que supone el doble problema de que se limita su acceso a una vasta porción de la geografía nacional y que se promueve su mercantilización.

El resultado es que ahora los medios estatales ya no son tan intemperantes, pero dejaron de interesar a un sector importante de la sociedad y cedieron terreno en beneficio de los emisores privados comerciales. Se arriba así a la paradójica situación de que, mientras albergan mayor diversidad de puntos de vista, los medios estatales refuerzan la lógica comercial predominante al desempeñar un rol accesorio. ¿Hay espacio en la Argentina para construir medios públicos que disputen protagonismo en la agenda social y estimulen la diversidad? La respuesta está asociada a su capacidad para vencer el hechizo de tiempo del que son víctima desde hace décadas.

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