Periodismo y sorpresa (se presume cómplice)

Publicado en Letra P el 11/08/2016 por Martín Becerra

Un recurso clásico del periodismo para captar la atención pública es su capacidad para administrar la tensión entre sentido común (lo que se supone sabido) y novedad. Esa capacidad de afectar lo dado con la irrupción de novedades es inherente al periodismo. Ahora bien, ¿es responsable moralmente el periodista por el tipo de novedad que presenta, edita y difunde? (que no es responsable legalmente es algo que parecía saldado hasta hace dos décadas y, a nivel internacional, el debate se reabrió).

La pregunta surge como aspecto secundario de la discusión pública suscitada por la entrevista realizada como ejercicio de periodismo en la escuela TEA Arte al músico Gustavo Cordera en la que éste hizo apología de la violencia de género. La presunción de equivalencia o complicidad entre periodista y entrevistado altera parte del ejercicio del periodismo y desborda la discusión provocada por las repudiables declaraciones de Cordera.

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Por ello, más allá de las aclaraciones de TEA Arte en relación al caso en sí, la discusión posterior contiene elementos que, aunque en un principio parecen referir a la legitimidad (o no) del uso del off the record en el ejercicio profesional (si la institución prescribe o no el off the record en sus clases con invitados), permiten abordar también la cuestión de la pertinencia de la entrevista periodística a personas con las que se tienen valores o ideas distintas, cuando no antagónicas, lo que cuestiona parte del sentido común en relación al método de la entrevista que es -por razones de interés público y de economía de recursos- uno de los más dilatados en el periodismo.

Si un entrevistado sostiene posiciones agraviantes sobre personas o grupos sociales, ¿ello habilita a suponer que el periodista comparte su postura? ¿El periodista debería suprimir un pasaje de la entrevista porque no coincide con el entrevistado o porque cree que ese contenido es injurioso hacia terceros? Más aún, ¿es el periodista corresponsable moral de esas declaraciones? Tales suposiciones son el eje de buena parte de las críticas leídas y escuchadas tras la difusión de la entrevista a Cordera por parte de uno de los alumnos de TEA Arte allí presentes.

La suposición descansa en la idea -ampliamente compartida por entrevistados (políticos, deportistas, artistas, figuras públicas en general)- de que la obtención de una entrevista implica un código de complicidad o bien de silencio sobre las declaraciones o posiciones del entrevistado. De ahí que el entrevistador deba ser condescendiente con el entrevistado, ya que este se prestó a la entrevista y espera cuanto menos un trato indulgente en correspondencia. Quid pro quo.

Siguiendo el hilo de la cuestión, se concluye que un periodista sólo va a entrevistar a personas con las que tenga códigos en común. Cualquier parecido con la realidad no es coincidencia.

Cuando se destaca el contraste entre las entrevistas que el presidente Mauricio Macri concedió a las periodistas extranjeras Cecilia González y Karla Zabludovsky con las que tuvo con periodistas argentinos, lo que llama la atención es que en el primer caso las periodistas extranjeras no suscribieron el pacto tácito de complicidad con el entrevistado y por ello, con respeto pero sin miedo, formularon preguntas y repreguntas que incomodaron al presidente argentino. Que esto sea novedoso es todo un síntoma que excede a Macri, desde ya.

Después (algunos) se quejan de que el periodismo perdió sorpresa.

PD: gracias a intercambios posteriores a la publicación de esta nota y en tren de matizar la generalización en la que incurre, corresponde mencionar que lo que acá se discute es una tendencia y un supuesto (el de la empatía entrevistador/entrevistado). Hay excepciones donde el intercambio entre periodista y entrevistado en una entrevista es ríspido y pleno de discrepancias de fondo y forma en todos los formatos (radio, tv, prensa impresa y online). Bienvenidas ellas, siempre.

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