Ataque a Tiempo Argentino: repudio y algo más

Esta madrugada las instalaciones en donde funciona el hoy semanario Tiempo Argentino -editado por una cooperativa de trabajadores- fueron atacadas violentamente por una patota que salió después amablemente escoltada por la Policía Federal de las inmediaciones del lugar.

ml_Surrealistas_01_700

 

La patota estaría ligada al sedicente empresario Mariano Martínez Rojas, quien a su vez condujo la usurpación de la antena transmisora de Radio América (AM 1190) el mes pasado. Tiempo Argentino y Radio América, alega Martínez Rojas, fueron medios vendidos por Sergio Szpolski en el marco de la liquidación del Grupo Veintitrés donde Szpolski operaba en sociedad con Matías Garfunkel y, según denuncias que ha documentado entre otros el periodista Alejandro Alfie, con servicios de inteligencia del Estado.

El grupo Szpolski-Garfunel fue alimentado en el feedlot de la publicidad oficial, que capturó en proporciones superiores a la de cualquier otra empresa periodística entre 2009 y fines de 2015.

En las siguientes horas casi todo el estamento político expresó su repudio contra este atentado que, por tratarse de un medio de comunicación, es grave porque lesiona en particular la libertad de expresión de los periodistas de la cooperativa como la de su comunidad de lectores, pero en general porque reinstala en la Argentina el método de la violencia explícita, física, contra un medio de comunicación. La frontera que se cruza al aceptar, justificar o transigir con ese método es letal para la convivencia democrática.

Si bien el unánime repudio es un signo destacable, para que tenga efectos requiere de una consiguiente cadena de acciones y compromisos. El Estado tiene una triple intervención pendiente: sus tres poderes están en mora.

Por un lado, el Poder Ejecutivo, que argumentó “necesidad y urgencia” para auxiliar con decretos hechos a medida a algunos de los principales conglomerados de medios, muestra en cambio una modorra con la situación a todas luces irregular de Radio América que, al tratarse de una emisora que ocupa una banda de frecuencia en el espectro radioeléctrico, está directamente regulada por el ente gubernamental creado por Mauricio Macri como autoridad audiovisual y de telecomunicaciones (ENaCom). Esa modorra se parece mucho a la insensibilidad. Además, los episodios violentos que vienen soportando los trabajadores de Radio América y Tiempo Argentino, que no son nuevos y hasta son anunciados en un acto de impunidad por Martínez Rojas, remiten a la inacción de la policía y del Ministerio de Seguridad.

El Poder Judicial no se destaca tampoco por su respuesta, dado que las causas presentadas tanto por los trabajadores como por la diputada nacional Elisa Carrió duermen en los cajones de los juzgados que deberían tramitarlas.

En el Congreso de la Nación, el tercer poder estatal, se libra en tanto una batalla miserable entre las dos principales fuerzas políticas acerca de si estos episodios deben interpelar a los empresarios vaciadores de las empresas periodísticas, con lo que el oficialismo capitalizaría la conexión orgánica entre Szpolski y el Frente para la Victoria, o bien si deben interpelar la inacción del actual gobierno que a más de seis meses de haber asumido, con un conflicto contemporáneo a su gestión, jugó siempre al distraído.

Martín Becerra