Es temprano aún. No leí ninguna lectura comprensiva y coherente de los resultados de anoche. Reacciones, miles, porque cada uno en Argentina interpreta las sorpresas de la octava elección presidencial desde 1983 (contando la que ganó Alfonsín en la serie) como la realización de sus sueños/pesadillas (tachar lo no que no corresponda), según haya sido en los últimos años la vereda que eligió (o un menos activo “le tocó pararse”) para mirar las cosas.

Las reacciones son mayormente especulares: como es previsible, cada quien le otorga al resultado electoral una apariencia a su medida. Al aludir al voto de los demás se forma su propia imagen.

Caravaggio

Caravaggio “Narciso”

El futuro cercano queda abierto en la presidencial, en una proporción que nadie imaginó. Pero ya hay mucha tela como para cortar, por ejemplo con el triunfo de Cambiemos/la derrota del peronismo en la Gobernación de la Provincia de Buenos Aires (que el peronismo gestiona desde 1987 ininterrumpidamente) y en las presidenciales en el mismo distrito, o con la composición del Congreso a partir de diciembre.

Sobre el ballotage dice Marcelo Leiras​ que

“No sabemos si entre quienes siguieron apoyando a otras fórmulas presidenciales predomina el voto oficialista o el voto opositor.

Tampoco sabemos a cuántos de ellos les da realmente lo mismo cualquiera de los principales candidatos y preferirán votar en blanco.

En la resolución de estas dos incógnitas se juega buena parte del resultado del ballottage.”

Bueno, carpe diem.