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Publicado en Bastión Digital el 16 de septiembre de 2015.

Ironías de la competencia

Mié, 16-09-2015

Martín Becerra

Universidad de Quilmes, UBA, Conicet

Doctor en Ciencias de la Información (Universidad Autónoma de Barcelona).

El grupo Clarín enfrenta en el corto plazo una disputa por la legalidad de la compra de Nextel, que probablemente se judicializará, y una apuesta que requiere de la bendición política del futuro presidente para expandirse al sector más rentable de la convergencia infocomunicacional. Allí ya no será banca sino punto y sus competidores, consolidados y diversificados, más agresivos que los que hasta ahora conoció. Necesitará de la clemencia del poder político, una vez más en su historia, para que la jugada valga la pena.

Ironías de una guerra de alta intensidad: el grupo Clarín intenta expandirse a la telefonía móvil con argumentos que usaron (usamos) sus críticos durante años al documentar el efecto de la concentración en los mercados de medios, donde es un actor dominante. Tras comprar el 49% de Nextel de Argentina, compañía que tiene un pequeño porcentaje de abonados en telefonía móvil, el grupo Clarín enfrenta en el corto plazo una batalla interpretativa con el gobierno respecto de la necesidad o no de autorización previa para dicha operación por parte del regulador AFTIC (Autoridad Federal de TIC) donde el oficialismo tiene mayoría. En su notificación a la Bolsa de Londres, Clarín afirmó que la operación se realizó en pleno acuerdo “con la ley aplicable”. En cambio, según un comunicado de Aftic se advirtió que al no existir autorización estatal, la compra no está firme. Los abogados, en ambos lados del mostrador, redoblan su actividad.

A partir de diciembre, el conglomerado liderado por Héctor Magnetto tendrá que convencer al futuro presidente de que la concurrencia es beneficiosa y que la posición dominante en mercados de información y comunicación que en telefonía ejercen las extranjeras Telefónica, Telecom y Claro es perjudicial para el interés público. Podrá desempolvar el fallo de la Corte Suprema de Justicia que en octubre de 2013 validó la constitucionalidad de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual y conjurar el amargo trago que significó para el multimedios, cuya consigna torpe fue que lo gigantesco es hermoso. El grupo Clarín necesitará ensayar el libreto de sus críticos, en un giro novedoso en su historia corporativa, para impulsar la apertura de nuevas licitaciones de frecuencias, lograr mayor capacidad y espectro y amortizar con crecimiento la inversión de 165 millones de dólares anunciada el pasado lunes.

Es cierto que la apertura del mercado de infraestructuras móviles de telecomunicaciones dependerá, tal como manda la Ley Argentina Digital de diciembre de 2014, del regulador Aftic, cuyos miembros fueron designados por cuatro años. Pero en un país con tradición presidencialista en el que aún los organismos con cierto margen de autonomía dependen del Poder Ejecutivo tanto en su presupuesto como en la posibilidad de veto de sus resoluciones (para no citar vías informales de presión, variantes de la metodología revelada con el caso Stiuso), la iniciativa será de la Casa Rosada.

A principios de la década de 1990 con su expansión hacia la televisión por cable y su consolidación como multimedios, el grupo Clarín experimentó el desplazamiento de su caudal de sus ingresos desde la producción de contenidos hacia el transporte de contenidos en muchos casos ajenos (señales de cable y más cerca en el tiempo, con Fibertel, conexión de datos producidos e intermediados por otros –Youtube, Netflix, Facebook, Google). Hoy, con atraso debido a la sujeción de todo movimiento a la guerra librada contra los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, el grupo intenta un movimiento estratégico similar a aquel, rubricando su mutación hacia las telecomunicaciones y la conexión de datos. Sólo que, a diferencia de los tempranos noventa, cuando la tv cable era una apuesta sin competidores potentes, ahora Clarín enfrenta en telecomunicaciones móviles un panorama de saturación de mercado por parte de actores de escala regional y global con mayor envergadura económica. Uno de ellos, por cierto, es su socio en Cablevisión. Se trata del enigmático David Martínez, dueño de Fintech, quien tiene motivos para oponerse a la compra de Nextel ya que es simultáneamente accionista de Telecom Argentina.

El grupo Clarín ya había incursionado en telefonía móvil a través de la firma CTI, pero se retiró en el marco de la galopante crisis post 2001 en el marco de la reestructuración de su deuda –para la que contó con el auxilio de los ex presidentes Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner- y sin advertir que el segmento móvil de las telecomunicaciones se transformaría en el mercado formidable que es hoy. La importancia medular de las telecomunicaciones móviles no radica en que transportan voz sino, básicamente, en que son una plataforma multimodal de datos (imágenes, sonidos, textos), lo que además influyó en recientes decisiones del Estado a la hora de privilegiar la cesión de porciones mayores del espectro electromagnético (recurso público) para este sector.

En suma, el grupo Clarín enfrenta en el corto plazo una disputa por la legalidad de la operación, que probablemente se judicializará, y una apuesta que requiere de la bendición política del futuro presidente para expandirse al sector más rentable de la convergencia infocomunicacional. Allí ya no será banca sino punto y sus competidores, consolidados y diversificados, más agresivos que los que hasta ahora conoció. Necesitará de la clemencia del poder político, una vez más en su historia, para que la jugada valga la pena.

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