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Publicado en Perfil el sábado 13/6/2015, p. 32.

MEDIOLOGIAS
El show es la política

Por Martín Becerra | 13/06/2015 | 02:50

La política profesional se degrada al acudir al show conducido por Marcelo Tinelli, subyugada por la comunión de masas que ofrece el altar televisivo, o, acaso, en su culto al rating, es Tinelli quien resulta atraído por políticos que demuestran, en elecciones periódicas, actos y paseos callejeros, que captan la atención social? Superada la condena a la tinellización de la política, el vínculo entre la política y el show de Tinelli ofrece elementos para pensar en beneficios mutuos.

La invitación a políticos por parte del programa que cotiza más alto el segundo publicitario en la TV criolla se coronó en el inicio del ciclo 2015 con los tres principales precandidatos presidenciales animando la velada. La política argentina tiene mucho de tinellización, es cierto; pero el show de Tinelli es seducido también por la fama de los políticos. Si esta fama fuese sólo un lastre, un ícono de la industria del espectáculo como Tinelli no arriesgaría el encendido con miembros de una profesión desprestigiada por su dilatado historial de incoherencias (“nadie resiste un archivo”).

Tinelli y los políticos son representantes. Asumen distintas dimensiones de la representación, en un caso principalmente afectiva y en el otro, principalmente normativa, pero el show de Tinelli es el escenario donde se concilian esas dimensiones. La audiencia, por su parte, separada de la popularidad de Tinelli y del rango institucional de los políticos, es participada de la escena a través de un coro polimorfo de voces y personajes secundarios que interpelan, juzgan y burlan a los políticos y al conductor.

La política es negociación, y sus embajadores, en pos de reducir la distancia con la audiencia, avalan el código de Tinelli, que elude toda referencia programática y toda peripecia intelectual para aparentar simpleza, intuición y carisma. El programa político es, para la TV, un régimen de espontaneidad. No es una operación fácil: como dice Barthes, el antiintelectualismo es una dura disciplina basada en la invocación obstinada a lo simple.

Se ha escrito acerca de Tinelli como reproductor del sentido común. Su show transgrede los ámbitos propios de la actividad política para evocar, con cuidadosa planificación, el desorden circense. Así, los políticos como número, como atracción viva, permiten advertir que el mundo de la política fisgoneado desde el espectáculo tiene considerable interés en la sociedad. Circense, la política se parece más a los calificativos que sobre ella surgen en las conversaciones en trenes, colectivos, colas de bancos y en la calle. Como show, la política es más real.

En la parodia a los políticos late el descargo de electores desencantados con la ruptura del vínculo mandatario por parte de sus representantes: ya que no van a cumplir sus promesas, por lo menos festejamos su ridículo. Hay una suerte de rito de desagravio en esa actuación.

Todos saben que es una farsa: el político farsante queda bendecido porque a lo ya supuesto (su falsedad, la decepción del compromiso público) se le añade una pátina de simpatía y cercanía que brinda el contacto con el conductor televisivo y el coro que representa a la audiencia. Como en un juego de espejos no se sabe si los imitadores imitan a los políticos o si éstos imitan a los imitadores.

A la vez, los candidatos en el show de Tinelli contribuyen a legitimar y a restaurar puentes entre una industria que mercantiliza contenidos y que precisa del sostén masivo tanto como del favor regulatorio estatal para sobrevivir. Que Tinelli sea prenda de unión entre el principal multimedios opositor, Clarín, dueño de El Trece, y el conglomerado emergente de las políticas de comunicación del kirchnerismo, Cristóbal López, dueño de la productora Ideas del Sur, patenta el pragmatismo como ideología de los grupos económicos y, además, capitaliza el carácter perecedero de la polarización. La industria provee el simulacro mientras, en el fondo, todos ganan.

*Especialista en medios.
En Twitter @aracalacana

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