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Publicado en Nos Digital en junio de 2013

¿Quién es la comunicación?

Martin Becerra

¿Quién es la comunicación?

Martín Becerra baja al planeta Tierra algunos conceptos. Qué es comunicar y qué informar. Qué es lo público y qué lo privado. Por qué el periodismo es un servicio social o uno comercial. Todo en la voz de un especialista.

Un cuento de Roberto Fontanarrosa me recordó que los animales también se comunican. Se lo decía una mina a su amante. “Lo que pasa es que un cangrejo también podría decir que un ser superior es el que camina de costado”, respondía, palabra más, palabra menos, a la afirmación de que los animales no son inteligentes. “Hay animales que aprendieron nuestro lenguaje. Algunos tienen la inteligencia de un chico de cinco años”, seguía. ¿Entonces podrían ir a la escuela?, preguntaba él, enamorado, obnubilado, como yo que seguí pensando: ¿Qué es la comunicación? ¿Quiénes comunican? ¿Hay mejores comunicadores que otros? ¿Unos son más comunicadores que otros? Si la comunicación es siempre de a dos, ¿por qué las carreras se llaman “Comunicación social”? ¿Qué agrega el “social”? ¿Comunicar es informar? ¿Comunicar es preguntar? ¿Se puede terminar de comunicar? ¿Se puede terminar la comunicación? Cerré el libro y busqué en la memoria algún referente que me aclarara esas cuestiones. Las grietas de la televisión me habían mostrado, durante la discusión por la ley de Servicios de la Comunicación Audiovisual a un tipo interesante y claro.

Martín Becerra, comunicólogo, autor, entre otros libros, de Los monopolios de la verdad, con Guillermo Mastrini, y Wikimedialeaks, con Sebastián Lacunza, piensa en voz alto algunos términos claves de la comunicación que tenía flotando y no terminaba de definir.

-¿Qué distinción hay entre información y comunicación?

Fotos: NosDigital

Fotos: NosDigital

-La distinción clásica es la capacidad más dialógica de la comunicación: implica un proceso social, una circulación social de sentido, no solamente datos. La comunicación es siempre social porque supone que el sentido circula, se negocia, que es conflictivo. Llamar a una carrera comunicación social es redundante. Da un énfasis mayor en que el sentido no se da unilateralmente sino que alguien le asigna sentido, más allá del productor del signo. Esa es la diferencia importante.

 -¿Qué pasa, entonces, con los trabajadores de la comunicación?

-Son trabajadores de una materia que es social, como la comunicación. Al ser social la comunicación, implica también un derecho, a diferencia, por ejemplo, del sector de la salud. Un trabajador de la salud tiene exclusividad en su ejercicio. En la comunicación no hay tal desiderátum que de manera cristalina y categórica pueda diferenciar a alguien por cuyos estudios logró un nivel de la comunicación que no alcanzaron otros sin esos estudios. La práctica de un cirujano es muy distinta a la de un periodista. El derecho a operar no es un derecho social; es el de la salud el derecho social.

-¿Qué pasa cuando todos tenemos tanta facilidad para comunicar a grandes grupos, como con las redes sociales?

-Cada vez más, en las últimas cinco décadas, por lo menos, tenemos procesos de miniaturización de tecnologías que antes eran carísimas y no estaban al alcance de buena parte de la población. Esto no significa que todos hoy tengan acceso. Sí es cierto que hoy la posibilidad de grabar una entrevista está al alcance de muchísimas más personas que antes. Las tecnologías posibilitan, pero a la vez vigilan y controlan. El ejercicio de este derecho de la comunicación, al mismo tiempo que esas tecnologías se diseminan en la sociedad, se complejiza más y pone en mayor tensión la cuestión de los profesionales de la comunicación en comparación con los no profesionales.

 -Si la comunicación es un derecho social, ¿por qué habría que albergar a espacios privados?

-Porque vivimos en sociedades capitalistas. Por lo tanto, el sector de los medios de comunicación que involucra grandes cantidades de recursos para funcionar, en una sociedad capitalista exige que haya una buena parte de esos medios con fines de lucro, supuestamente para sostener el costo de esa información y ese entretenimiento. En América Latina, con mucha asistencia estatal que todavía hoy existe –la publicidad oficial es eso- el sector privado fue el único que prosperó. En un esquema no capitalista, podría decir que si se declarara un bien social, habría que ver cómo se costea desde un aporte que no sea el fin de lucro.

-¿Qué implica que la ley en los primeros artículos hable de servicio de comunicación?

-Hace esa definición, pero no implica mucho. Inmediatamente dice que es un servicio de interés público. Si fuera, en cambio, un servicio público, debería haber una garantía de que ese servicio, en condiciones satisfactorias sea servido con fuerte regulación estatal. El servicio de interés público tiene menores exigencias en cuanto a la prestación. Está menos atravesado por la posibilidad de que sea el lucro o la capacidad adquisitiva del usuario la calidad del servicio.

-¿Qué son los medios comunitarios, los medios alternativos, los medios populares?

-Es difícil definir de manera concluyente a las tres categorías. En la tradición de ese tercer sector estuvieron confundidas muchas veces. La tradición de los medios comunitarios no es necesariamente antisistema. Tienen una impronta en la comunidad. La comunicación comunitaria es de base, inserta en el lugar donde se realiza. Hay medios y organizaciones de medios comunitarios que tienen un programa más de avanzada y hay otros que no.

Los medios alternativos nacen con una impronta antisistema, cuestionándolo, cuestionando el statu quo, la distribución de todos los recursos dentro del sistema. El programa político es más claro. Se supone que los medios alternativos tienen una reflexión acerca del uso alternativo de los medios. Me parece a mí, tienen un plano de conciencia o normativo que creo que es distinto al de los medios comunitarios. Enfatiza en el uso contrahegemónico del medio. Hay que ver cómo se resuelve eso cotidianamente en una grilla de programación. En algunos casos conduce al aislamiento liso y llano. El paradigma del contraflujo es el paradigma de un medio alternativo y no el de un medio comunitario. La Agencia de Noticias Clandestina, ANCLA, de Rodolfo Walsh, es un medio alternativo y no comunitario. Está organizado por un sector que se asume como vanguardia y no pretende hacer un trabajo en la comunidad a cara lavada, entre otras cosas, porque hay una dictadura militar que se lo impedía.

Medios populares, en mi clasificación, diría que uno los sitúa en confluencia con los comunitarios y los alternativos. Tienen un desafío ineludible: vincularse orgánicamente con esa comunidad o ese pueblo. Si sos un medio popular, tenés que tener relación con los sectores populares. Estudiando casos de toda América latina, se encuentran experiencias orgánicamente vinculadas a los sectores populares o comunitarios y muchas otras experiencias donde eso no sucede y hay un aislamiento completo. Cabe una introspección para cada uno de los medios, entonces

¿Ese vínculo orgánico se da por el mensaje, por el emisor, por el receptor?

Pensando en voz alta diría que ese vínculo orgánico puede ser en tanto la lectura de una representación de las necesidades de comunicación que tiene esa comunidad. Puede ser en tanto lógicas de financiamiento. Si el medio realmente representa los intereses populares, a menos que uno piense que el pueblo está totalmente engañado por los medios comerciales, puede ese sector social ser sostén económico del medio que lo representa. Ese vínculo orgánico debería darse a partir del acceso y la participación en la gestión (organización, administración), la grilla de programación, el financiamiento. Eso es un vínculo orgánico. Insisto en que es una caracterización de tipo ideal. En la práctica es muy difícil verlo, pero es interesante manifestarlo para ver si hay o no acuerdo y, si hay acuerdo, si eso es un objetivo o no. Un problema recurrente es el aislamiento.

Las leyes en América Latina, ¿cómo los contemplan?

En general lo contemplan y eso es una novedad. Antes de la ley que fue como resorte, en 2004, en Venezuela, no había en América Latina ninguna legislación que permitiera que los actores sin ánimo de lucro participaran de las licencias de televisión y radio. Eso representa un giro copernicano en materia de acceso a la comunicación y por tanto, del derecho.

En segundo lugar, diría que cada país lo está resolviendo de manera distinta. Después de 2004 Venezuela. En 2007, Uruguay. En 2009, Argentina. Recientemente Ecuador. Son distintas todas estas leyes. Otros países, como Brasil, sigue criminalizando a radialistas comunitarios. Los gobiernos de Brasil siguen operando como operaban los viejos gobiernos de Argentina, decomisando equipos, todo lo contrario de lo que marca el derecho de la comunicación. Dicho esto cabe aclarar que las diferencias en cada país son muy grandes. En Venezuela y Ecuador se define a los medios comunitarios muy de acuerdo a cómo lo interpreta cada gobierno. Eso merece una crítica: si para ser comunitario, necesitás un vínculo orgánico con el Estado, eso lesiona la misma condición de comunitario, el vigor autónomo. Al Estado las leyes ya le otorgan una cantidad importante de medios para gestionar. En Venezuela, según yo observo, el gobierno hace un uso del concepto de lo comunitario que implica en la práctica una cooptación de ese sector por parte del Estado. Conceptualmente y políticamente el Estado no es lo mismo que el sector comunitario. Desde mi punto de vista no pueden mimetizarse uno y otro.

Martin Becerra

 
 
24 Jun 2013
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