En Página 12 Emanuel Respighi realizó el 31/3/2013 una nota sobre el debate acerca de la televisión pública en America Latina y entrevistó a Luis Albornoz, Omar Rincón, Valerio Fuenzalida y Martín Becerra (que analizan con mayor detalle el caso argentino). La nota incluye un recuadro sobre la aparición del libro “Cajas Mágicas” (ver https://martinbecerra.wordpress.com/2013/03/18/nuevo-libro-sobre-la-television-publica-en-america-latina/), del que Miradas al Sur, el 24/3/2013, publicó también un adelanto.

DOMINGO, 31 DE MARZO DE 2013

CULTURA › OPINAN EXPERTOS EN COMUNICACION DE LA ARGENTINA, CHILE, ESPAÑA Y COLOMBIA

Medios públicos en el centro del debate

Las funciones, objetivos y financiación de los sistemas de medios públicos generados en los últimos años en América latina dividen las posiciones del argentino Martín Becerra, el español Luis Albornoz, el colombiano Omar Rincón y el chileno Valerio Fuenzalida.

Por Emanuel Respighi

Los medios de comunicación públicos son, desde su misma génesis, un tema de debate en todo el mundo. Por lo general, las funciones, los objetivos y el origen de la financiación que los medios estatales deben tener son materia de discusiones interminables por especialistas, académicos, dirigentes políticos y gobernantes, a la vez que por los ciudadanos. ¿Cuál debería ser el objetivo primordial de un sistema de medios públicos? ¿Deberían plasmar en sus contenidos las temáticas y lenguajes que los privados-comerciales desechan cotidianamente? ¿O, por el contrario, tienen que conformar una programación con un fuerte perfil cultural-educativo, transmitiendo valores ciudadanos y democráticos? ¿O, acaso, deben apuntar a competir con los privados por una porción de la audiencia, con formatos y búsquedas que replican los contenidos mainstream? Estas son sólo algunas de las preguntas que giran alrededor de los medios públicos.

Desde hace algunos años los gobernantes de los países de América latina han desarrollado en paralelo –aunque con sus matices– sistemas de medios públicos que intentan equilibrar el mapa de comunicación nacional, dándoles un fuerte impulso para fortalecer su presencia en la sociedad, ya que históricamente estuvieron relegados o subordinados a la estética de los medios privados. Incipientes, en plena etapa de despliegue y a la espera de consolidarse, los renovados sistemas de medios públicos reeditaron un debate que parecía perdido en las sociedades latinoamericanas. Algo tan positivo como conflictivo. Las nuevas leyes de medios, aprobadas o en calidad de proyectos según cada país, alimentaron la discusión, no exenta de intereses –políticos, económicos y culturales– que contaminan un intercambio de opiniones que hay que dar abiertamente. Con ese espíritu de pensarlos y analizar su actualidad, Página/12 convocó a distintos especialistas sobre medios públicos para que sienten su posición respecto de lo que ocurre en América latina, pero sobre todo en la Argentina.

El rating de los medios públicos

Una de las discusiones primarias que surgen sobre los medios públicos se refiere a su finalidad. Hay quienes creen que su principal objetivo debe estar atado a brindar un servicio cultural-educador, en una suerte de formador electrónico de identidad y civismo. Otros, en cambio, señalan que es necesario que los medios estatales apunten a competir por la audiencia, como una manera de hacerlos más rentables y hacer que su mensaje llegue a la mayor cantidad de la población de un país. ¿Es posible, en el contexto latinoamericano, otorgarles un perfil cultural-educativo a sus programaciones y que, a su vez, compitan por la torta de audiencia y publicitaria? La discusión es infinita y al respecto chocan distintas posiciones. Se abre el primer round.

“El principal objetivo es constituir una emisora plural y respetuosa de la diversidad cultural, social y política que tienen las sociedades en América latina”, afirma Martín Becerra, especialista en política de comunicación e investigador UNQ-Conicet. “Ello conduce, a mi juicio, a que una emisora para ser pública no esté sujeta ni a los dictados del mercado con su correlato de generar una programación exitosa en términos de rating exclusivamente ni a la lógica gubernamental que subordina todo contenido informativo al previo cálculo de que debe beneficiar al partido gobernante, ya que en ambos casos se menoscaba la capacidad de la audiencia de elaborar su propia síntesis”, subraya el autor de Cajas mágicas, el reciente y gran trabajo sobre medios públicos en América latina que escribió junto a Luis Arroyo, Angel García Castillejo y Oscar Santamaría (ver aparte).

En la misma línea, el profesor del Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la Universidad Carlos III de Madrid, Luis Albornoz, cree que un operador público debe estar al servicio de los ciudadanos, pero con independencia económica y política. “A través de una o varias señales, debe ofrecer un abanico amplio de contenidos que satisfagan las necesidades e incentiven las inquietudes de los distintos sectores que conforman la sociedad. Esto implica una atención por las necesidades de (in)formación y entretenimiento tanto de grandes audiencias como de minorías. La Convención de la Unesco sobre la diversidad cultural (2005), a la cual adhirió la mayor parte de los países de la región, explica que para valorizar la diversidad cultural y propiciar el entendimiento mutuo son necesarios el acceso equitativo a una gama rica y diversificada de expresiones culturales procedentes de todas partes del mundo, y el acceso de las culturas a los medios de expresión y difusión”, analiza el autor de La nueva televisión del Mercosur (La Crujía), entre otros libros.

El primer quiebre en el debate lo da Omar Rincón, el especialista colombiano, autor de Televisión pública: del consumidor al ciudadano (La Crujía). En su manera de pensar los medios públicos, se arriesga a dejar de lado las concepciones tradicionales de la academia. “En el siglo XX soñábamos con una TV estatal que debía ser cultural, educativa y analítica de información. Siempre se quiso que no fuera de gobiernos sino de ciudadanía. Llegados al siglo XXI y viendo las experiencias de todo el mundo, creo que debe ser de entretenimiento y olvidarse de lo educativo y cultural; de gobierno, para que no sigamos jugando a esos eufemismos de que es pública pero se hace para el gobierno, así la evaluaríamos contra el proyecto político del gobierno y dejaríamos de jugar a la autonomía inexistente; y televisiva más que contenidista, ilustrada y moralista”, dispara el colombiano, en una posición transgresora.

En una síntesis entre ambas posturas, Valerio Fuenzalida, profesor e investigador del Departamento de Comunicaciones de la Universidad Católica de Chile, cree que es más fácil señalar los objetivos –que en su opinión se ajustan a cada época– que no deben perseguir los operadores públicos: “No debe estar al servicio del gobierno de turno, ni de intereses privados ni corporativos. Debe estar al servicio de la audiencia-ciudadana, lo cual hay que definir en cada época, pues es un servicio cambiante en la evolución histórica y tecnológica. En este momento y con la actual tecnología digital abierta, me parece que la TV pública debe operar varios canales segmentados para servir mejor a la audiencia: un canal con 24 horas de información, canal infantil, canales regionales, canal cultural, y otros según cada país”.

Entre los que mantienen una visión tradicionalista del rol de los medios estatales y quienes optan por pensarlos de acuerdo con la realidad latinoamericana del siglo XXI, la puja por la audiencia también se cuela. Desde España, Albornoz está convencido de que las variables a través de las que se debe evaluar un sistema de medios público deben correrse de los índices de audiencia. “Reducir la actuación de un operador que presta un servicio público a la tiranía del rating es un error. Es preciso pensar en otros indicadores de eficiencia que vinculen la oferta de programación con satisfacción, innovación, diversidad cultural o educación”, afirma. En contraposición, Rincón señala que “el rating debe existir porque nadie hace televisión para que no lo vean, pero también para dar trabajo a la gente del sector, experimentar modos de narrar, intentar otros modos de programar y narrar, crear pantalla para la gente, meter estéticas populares en lo público, potenciar la industria de creación audiovisual.”

Si bien tanto Fuenzalida como Becerra acuerda en que el rating no puede ser un fin en sí mismo para un medio estatal, ambos especialistas consideran que la audiencia debe ser un objetivo para pensar sus programaciones. “Un canal público sin público es una contradicción. Pueden existir canales de nicho, pero deben llegar a ese público de nicho: un canal cultural puede tener bajo rating, pero es necesario para expresar las creaciones culturales”, analiza Fuenzalida. Becerra, en tanto, agrega que para que “la televisión sea pública debe tener público, es decir que debe disputar la preferencia de las audiencias con programas que interpelen desde un espacio que no sea la apelación al consumo su interés”.

América latina unida por la misma voz

La creación o fortalecimiento de redes nacionales de medios públicos es un denominador común en América latina en la última década, en la que algunos gobiernos decidieron tomar un papel activo y propositivo en materia de política comunicacional, con el objetivo de modificar las relaciones de fuerzas con los privados. La Argentina, Venezuela, Brasil y Paraguay dieron importantes pasos al respecto. Ecuador, Uruguay y recientemente México se sumaron a la tendencia, con proyectos de leyes que, entre otras cosas, apuntan a desarrollar los sistemas de medios no gubernamentales. Esta avanzada estatal es tan celebrada por los especialistas consultados como necesariamente discutida, especialmente en torno de la difusa frontera entre lo gubernamental y lo público que se da en la práctica.

“Hay una moda de medios públicos, pero hay mucha propaganda y poca televisión, mucha ilustración y poco popular, mucho deseo y poco dinero, mucha ideología y poco entretenimiento. Obvio, es mejor que haya donde no había nada”, analiza Rincón, como punto de partida. “Desde el pasado siglo –se suma Albornoz–, América latina ha desarrollado un modelo de TV a la estadounidense: operadores privados brindando un servicio con fines comerciales y, por supuesto, con fuerte poder político. Las bases para el desarrollo de medios públicos son una novedad histórica. Este cambio, alentado por gobiernos y diversos colectivos sociales, se da en un marco complicado: alto grado de concentración de la propiedad del conjunto de las industrias culturales y dura confrontación política, donde los grupos empresariales se resisten a perder poder.”

El mayor inconveniente de la incipiente refundación de los medios públicos es, a juicio de los consultados, lograr consolidar autonomía y pluralidad. “Hasta ahora, no logran superar la crisis del fracaso de la TV de propaganda gubernamental: no logran encontrar definiciones de tareas de servicio público, masivas y de calidad. Un servicio público hoy indispensable es una información plural y balanceada, ya que vivimos en sociedades complejas pos fundamentalismos ideológicos, sociedades que requieren discusión de ideas para acordar las metas y medios, la búsqueda de los cuales ya no se puede guiar por dogmas infalibles”, reflexiona Fuenzalida. Para lograr la mentada democratización, Albornoz sostiene que “es primordial que la actuación de los operadores públicos descanse en marcos jurídicos capaces de garantizar una gestión independiente de los poderes políticos de turno y en modelos financieros transparentes, estables y sostenibles”.

Entre la función social y la búsqueda de acaparar mayores audiencias, entre la conformación de una programación popular y contenidos culturales–educativos, entre la necesidad de fortalecer sistemas de medios públicos para equilibrar el control informativo e imprimirles un marco jurídico que garantice la pluralidad y autonomía política y económica, los medios públicos dirimen su resurgir en América latina entre puntos de vista que no siempre terminan en consensos. Los objetivos, contenidos y finalidades de las emisoras públicas son tan vastos como las maneras de pensar la sociedad. Lo interesante es que, tras la tormenta de gobiernos neoliberales en la región, el debate se haya abierto. Más vale darlo que creerlo perdido e infructuoso.

DOMINGO, 31 DE MARZO DE 2013

CULTURA › VIRTUDES Y DEFECTOS

El caso argentino

Uno de los sistemas de medios públicos más longevos y recientemente fortalecidos por los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner es el argentino. Página/12 consultó a los especialistas la evaluación que hacían de la política comunicacional argentina en materia estatal. “Sus virtudes están en competir desde la producción y no desde el control de contenidos; la lucha es produciendo y eso me gusta mucha: se dio trabajo a más gente, más estéticas, más gustos, más ideas. Se creó un movimiento audiovisual de creadores públicos. Su debilidad: el dominio de las estéticas de cine sobre los modos televisivos, de las estéticas ilustradas sobre los saberes populares”, evalúa Rincón. Entre el debe y el haber, Becerra describe la experiencia nacional con sinsabores manifiestos. “En primer lugar diría que no es un sistema auténticamente público sino gubernamental. Esto no es novedoso, sino que es un rasgo histórico constitutivo de los medios estatales en el país, pero que desde 2008 se agudizó. En su impronta sobreactuadamente gubernamental radica su principal inconveniente, que es también su fuente de descrédito ante buena parte de la población. Es cierto que la reiteración de consignas oficialistas cohesiona a una minoría intensamente identificada con el Gobierno, pero para ello es que hay medios partidarios o privados. Me pregunto qué dirían algunos compañeros que hoy justifican el uso de recursos públicos como propaganda gubernamental si el presidente fuese Mauricio Macri, José Manuel de la Sota o Juan Manuel Urtubey, y si desde el único ciclo político que emite el canal estatal se denigrara toda idea que no replique la línea del Poder Ejecutivo”, analiza el investigador.

“Por otra parte y paralelamente –reconoce Becerra–, las emisoras estatales cobraron un vigor enorme gracias al aporte de audiencias interesadas en el fútbol por el programa Fútbol Para Todos y ensayan, con distinta suerte, la producción de contenidos de ficción de calidad y de ciclos de contenido social que se acercan al ideal de ‘lo público’. Es decir que en los últimos años las emisoras estatales disputan audiencia a las privadas, algo infrecuente para las últimas décadas, y además se crearon emisoras que por ahora tienen limitaciones en cuanto a su distribución, pero que comprueban que el Estado puede producir contenidos audiovisuales culturales de calidad, como la señal Encuentro o Pakapaka.” Tanto para Fuenzalida como para Albornoz, la corta vida del sistema obliga a ser cautos a la hora de emitir un veredicto sobre el caso argentino. Aunque ambos acuerdan en que la BBC de Inglaterra debe ser el sistema a alcanzar. “El mejor ejemplo europeo es la BBC, que tiene calidad, masividad y audiencia; tiene un régimen de administración responsable y profesional y un financiamiento interno que se complementa con el financiamiento de su producción de exportación”, afirma Fuenzalida.

espectaculosDOMINGO, 31 DE MARZO DE 2013

CULTURA

La TV pública en la región

Para quienes estén interesados en profundizar sobre la problemática de los medios estatales en la región Cajas mágicas – El renacimiento de la televisión pública en América latina (Ed. Tecnos) es el más reciente, detallado e imprescindible libro al respecto. Escrito a cinco manos por Arroyo, Becerra, García Castillejo y Santamaría, especialistas reconocidos de la región, el libro puede descargarse gratuitamente ingresando a http://es.scribd.com/doc/130919426/CajasMagicas-Arroyo-Becerra-GaCastillejo-Santamaria-Mar2013. En el trabajo, los autores realizan un minucioso repaso por la historia de la TV pública en América latina, desde su nacimiento en México en 1950 hasta el rejuvenecer actual. Además, el libro debate acerca de cómo deben programarse los medios no gubernamentales, da distintas concepciones sobre los controles y la financiación, y plantea una serie de conclusiones y propuestas globales sobre y para los medios públicos de la región. “El objetivo de este libro –se lee en la introducción– es identificar aquellas fórmulas que, más allá de la concepción teórica, sirvan en la práctica –porque ya están funcionando en países de la región– como ejemplo para lograr que la TV pública cumpla con la misión básica que comparte con el resto de los medios públicos y todavía vigente de informar, educar y entretener, y pueda hacerlo desde la autonomía de su sustentabilidad económica y la calidad de sus contenidos. Sin renunciar a llegar a un público cuanto más amplio, mejor. Porque un servicio público sin público tiene poco sentido.”

————————————–

La televisión pública contraataca

Año 6. Edición número 253. Domingo 24 de marzo de 2013
Por

Redacción

El libro Cajas mágicas: el renacimiento de la tv pública en América Latina, de Angel García Castillejo, Oscar Santamaría, Luis Arroyo y Martín Becerra, analiza la tendencia de este nuevo período político.

La conjunción de distintos procesos políticos, económicos, socioculturales y tecnológicos alteró sustancialmente ese statu quo en la América latina del siglo XXI. Desde aproximadamente 2005, se ha visto cómo en varios países los medios oficiales emergen como competencia de los grandes grupos privados aunque exhibiendo en muchas ocasiones –como los privados– un discurso imperante. El fragor de la polémica implicó, hasta ahora, el sacrificio de los matices. Las embestidas anónimas, la confusión entre críticas a corporaciones y a periodistas, la decadencia de la figura del “editor responsable” en los medios (sobre todo en la televisión) y la profusión de verbos impersonales marcan el estilo de esta etapa. La estructuración del espacio público en la región acusa –una vez más– la inexistencia de medios públicos no gubernamentales.
La novedosa discusión se extiende a toda América latina, donde los roces entre los principales grupos de medios privados y distintos gobiernos (como han sido los de Lula da Silva en Brasil, Tabaré Vázquez en Uruguay, Evo Morales en Bolivia, Rafael Correa en Ecuador, Álvaro Uribe en Colombia o Cristina Fernández de Kirchner en Argentina) tiene como característica la resistencia de los grandes conglomerados a que se revisen las condiciones bajo las que operan y que les reportan suculentos beneficios. Ello ocurre en un contexto marcado por la convergencia tecnológica y el advenimiento de la televisión digital, que está creando nuevas señales que podrían competir con las emisoras comerciales controladas por esos pocos grupos, en la medida en que los Estados reviertan la privilegiada relación que mantuvieron con las empresas y amplíen la posibilidad de que otros actores operen licencias audiovisuales y entren a jugar en la misma cancha. Este cambio de rol de la intervención del Estado en el sistema de medios y en especial en la orientación de los medios que los propios gobiernos gestionan, ha causado gran revuelo en los diferentes países de la región. Estos cambios aparecen representados por nuevas emisoras o por el cambio de perfil y por la mayor dotación de recursos que los gobiernos destinan al sector de los medios de comunicación. En Venezuela, por ejemplo, estos cambios aparecen ligados a una expansión de la cantidad de medios que gestiona el gobierno y de un sistema de emisoras comunitarias afines al mismo, fundamentalmente a partir de la nueva ley aprobada en 2004; en Bolivia, a través del lanzamiento de un periódico y del refuerzo de medios audiovisuales del Estado; en Brasil, con la puesta en marcha de una red de medios públicos de alcance nacional; en Paraguay, con el debut en 2011 del primer canal de televisión público en la historia del país; en Argentina están representados con la aparición de señales como Encuentro o el más reciente impulso a la creación de un sistema estatal-gubernamental de televisión digital, aunque los medios públicos continúan siendo dirigidos por una lógica netamente oficialista en sus contenidos periodísticos, informativos y en los segmentos de opinión y debate.
A pesar de ello, en general el espacio público mediático en América latina sigue tutelado por una lógica comercial de funcionamiento y tiene como común denominador la apelación al consumo que no halla contrapeso en el sistema de medios de la región, dada la dejación de funciones que hasta la fecha hacen en numerosos casos los medios estatales respecto de su compromiso ciudadano. Por otro lado, el carácter oficialista de la línea editorial de la mayoría de los medios públicos en América latina es probablemente el aspecto más visible pero no el único problema que enfrenta la gestión de estos medios. En rigor, uno de los dilemas que encaran los medios públicos en América latina, dada la historia que han atravesado en los distintos países de la región, es cómo construir una programación de calidad sin por ello renunciar a interpelar a grandes audiencias. No obstante, este panorama está experimentando algunos cambios que tuvieron su origen en, o provocaron, el enfrentamiento directo entre el gobierno y los grupos comerciales de medios de comunicación, como acabamos de señalar más arriba. Así, por ejemplo, frente a la escasa regulación y los altos niveles de concentración de la propiedad, una situación por otro lado paradójica como señalaron Fox y Waisbord –“el modelo comercial del audiovisual latinoamericano fue en muchos casos al mismo tiempo no regulado y fuertemente controlado”–, durante la primera década del siglo XXI han surgido diversos gobiernos que han revisado, al menos desde el plano discursivo, las nociones básicas del neoliberalismo. En el último lustro, varios gobiernos de la región propusieron cambios en la política de medios a través de un mayor grado de intervención del Estado en la regulación y ciertos controles relativos a los niveles de concentración de la propiedad. Asimismo se está promoviendo, en algunos casos y de manera inédita, la participación de grupos de la sociedad civil, tanto en la discusión de las políticas como en la propiedad de los medios. Aunque también es cierto que las nuevas regulaciones suponen otras formas de control y sus efectos, su capacidad de modificación de las estructuras de propiedad y su intención de producir contenidos con lógica no comercial podrán evaluarse en los próximos años. Es importante aclarar que el signo novedoso de la política de medios de los últimos años alcanza a gobiernos de orientación ideológica muy diferente. En general, se asiste a una original incursión en un territorio que representaba un verdadero tabú en la historia regional: la intención de modificar el sistema comercial de medios a través de una operación simultánea de construcción de nuevos marcos regulatorios y de injerencia del gobierno como importante operador comunicacional. Omar Rincón se refiere a los “telepresidentes”, cuya “obsesión por la narración” les condujo a librar “una batalla comunicativa por el relato de la historia y por la hegemonía política”.
De manera que los nuevos medios estatales, o las nuevas administraciones gubernamentales de los medios de gestión estatal en varios países de América latina (de forma más marcada en los casos de Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela) asumen como uno de sus objetivos centrales la disputa con los grupos privados comerciales y en general, la disputa por el interés de las audiencias. El rol secundario, subsidiario, respecto del sector privado al que fueron relegados durante casi toda su historia, comienza así a revertirse. Sin embargo, este cambio está lejos de acercar el manejo de los medios estatales (al menos en los países mencionados anteriormente) al ideal de calidad informativa, equidistancia editorial, diversidad cultural y política y maximización de la cobertura que caracteriza al servicio público audiovisual. A modo de resumen, se podrían identificar las tres grandes características que han aquejado, y que lo siguen haciendo en buena parte, a los medios públicos en América latina primero, una crisis de audiencia, reflejada en un bajo número de telespectadores, junto a la crisis económico-financiera y que ha deslegitimado como resultado la función social de las televisoras públicas de la región. Segundo, una crisis de legitimidad política: los medios públicos padecen además una gubernamentalización y un vaciamiento social de sus contenidos que pueden calificarse de crónicas en la mayoría de las experiencias de servicio público audiovisual de la región. Y, tercero, una crisis institucional: la evaluación de la gestión pública y la implementación de mecanismos de participación y representación social en los medios dependientes del Estado son todavía insuficientes, prevaleciendo la intervención política y/o burocrática que cuestiona la racionalidad institucional y la propia razón de ser de las empresas de titularidad estatal.
Así las cosas, el Estado, de no corregir problemas endémicos de semejante envergadura, podría correr el riesgo de quedar relegado a la función de simple observador del libre juego de la oferta y la demanda, mientras los grandes concesionarios privados ven ampliadas considerablemente sus prerrogativas y perspectivas de negocio.
Para finalizar este capítulo, dos ejemplos ponen de manifiesto la encrucijada y la diversidad de puntos de vista sobre el estado de la cuestión en América latina. Lorenzo Vilches, coordinador del Observatorio Iberoamericano de Televisión, señala:
“Me da la impresión de que mientras en Europa, que tuvo una televisión pública fuerte en el pasado, asistimos a una degradación, América latina va camino de construir una mejor televisión pública.”
Menos optimista es, por su parte, Omar Rincón, quien afirmó que:
“Después de realizar varios estudios y de repasar la historia de más de medio siglo, llegué a la conclusión, sin temor a equivocarme, de que la televisión pública de América latina no ha funcionado. Ningún canal estatal supo ganarse un respetado lugar de audiencia. La televisión pública de América Latina tiene muy buenos contenidos y suele estar en manos de gente idónea, pero nunca supo posicionarse como un medio masivo. ¿Y para qué vale hacer televisión si no te ve nadie? ¿Cuál es la gracia de pensar contenidos de calidad, de servicio social y en cierta manera formadores, si sólo son vistos por menos del 5 por 100 de la población?”.

Dominio público
Un libro que se puede leer en la web

Cajas mágicas fue editado en España por la editorial madrileña Tecnos (Grupo Anaya) en 2012 pero por cuestiones de distribución muy comunes en estos casos –altos costos, distancia geográfica, prioridades económicas, etc.–, aún no llegó en formato físico a varios países (entre ellos, Argentina y el resto de América latina). Por eso está disponible en forma gratuita una versión digital en línea que se puede bajar y /o leer en versión PDF en los sitios web que habitualmente ofrecen volúmenes de domini0 público es.scribd.com ywds.worldbank.org. Al respecto uno de sus cuatro autores, el académico argentino Martín Becerra (profesor e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes, la Universidad de Buenos Aires y el Conicet, uno de los mayores expertos en temas comunicacionales de la región ) dice que se trata de una nueva forma de difundir textos. “De esta forma tengo la esperanza de que la circulación en Internet beneficie la lectura y el acceso gratuito al contenido de este trabajo”, dice a sabiendas de que el tema de la propiedad intelectual y su circulación en internet no está resuelto.