MEDIOLOGIAS

Una ayuda del enemigo

Por Martin Becerra | @aracalacana

 

Diario Perfil, 17/02/13 – 01:02

Con 60 millones de euros como prenda de buena voluntad, Google y los editores de diarios franceses parecen dispuestos a inventar la cuadratura del círculo. Las necrológicas por el fin del periodismo deberán esperar todavía a que se despeje la incógnita acerca de si lo que está en crisis es un soporte impreso en papel o, en cambio, una forma de comprender y narrar el día a día de las sociedades.

El acuerdo entre Google y la prensa francesa parece una apuesta a la primera hipótesis, es decir, que se trata simplemente de que nuevos hábitos de consumo informativo están desplazando ese papel en el que se imprimen noticias una vez al día por pantallas ubicuas que actualizan varias veces su contenido. Por ello es que Google se convirtió en el principal enemigo de los medios de comunicación, ya que su sistema de catálogo, archivo y búsqueda resultó masivo, práctico y global. Junto a las redes sociales, canalizan los usos de internet, aprovechan los contenidos producidos por las industrias culturales tradicionales, sean noticias o entretenimientos, y capitalizan el tráfico mediante la venta de publicidad y datos. La relación de las industrias culturales con Google y con empresas como Facebook o Twitter es ambivalente: por un lado acusan a estas corporaciones digitales de ser parásitos de los contenidos que ellas crean con altos costos de producción, pero por el otro, precisan crecientemente del poder de catálogo, conexión y promoción en el entorno digital para acceder a las audiencias y para medir su impacto, así como los gustos y tendencias de una sociedad que migra aceleradamente su dieta comunicacional. Son las formas de socialización las que están cambiando. Las empresas periodísticas acusan además a los gigantes de internet de prácticas anticompetitivas por la deslocalización de su diseño corporativo que les permite eludir regulaciones impositivas locales.

Que haya sido el presidente de Francia, François Hollande, quien ofició de presentador del acuerdo entre Google y la industria de diarios, confirma las teorías sobre la mutación informacional del capitalismo que analizan autores como Manuel Castells. No es un mero acuerdo entre privados por el que el megabuscador financiará un “fondo de ayuda para la transición digital”. Se trata de una tregua en un conflicto que involucra a la política.

En los países centrales los periódicos intentan desde el cobro por acceso a los contenidos en internet, lo que sólo resulta eficaz en casos de grandes empresas de información de nicho (Financial Times) pero fracasó en diarios generalistas (El País), hasta el boicot a Google para que no pueda catalogar sus contenidos (estrategia de diarios brasileños). Otras industrias hacen lobby para extender hasta límites grotescos los plazos de explotación de derechos exclusivos por la difusión de obras. Como observa Ramón Zallo, hoy los viejos actores industriales del campo cultural libran una disputa con los nuevos conglomerados digitales que consiste en saber quién y cómo captura la creciente renta que, entre ambos, producen.

El “fondo de ayuda para la transición digital” es una millonaria ironía para los medios tradicionales que durante décadas gozaron de la inexistencia de otros intermediadores (con la espasmódica excepción de la política) en la relación con los grandes públicos. Ahora resulta que la invención de fórmulas de supervivencia que prolonguen su interlocución con la sociedad tendrá como sponsor al odiado y temido Google que, ni lerdo ni perezoso, sinceró que el fondo beneficiará la “innovación digital” y redundará en mejoras para “toda la web”. La segunda ironía es que el acuerdo es una forma de regulación forjada por el gobierno francés, que acercó a las partes tras amenazar a Google con imponer una tasa por el uso de contenidos producidos por autores de ese país. El salvataje de la prensa con el auxilio de la política y el padrinazgo de las firmas digitales tiene vocación de ser exportado al resto del mundo y, con imaginación, podría extenderse a otras corporaciones que intermedian en la difusión de los contenidos.

*Especialista en medios; en Twitter @aracalacana.

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