MEDIOLOGIAS

La economía como telón de fondo

Por Martin Becerra | @aracalacana

Perfil, 25/01/13 – 11:20

El telón de fondo de la discusión sobre la regulación de los medios es la inestable economía del sector. Es un tema incómodo para las posiciones que disputan públicamente en torno a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual ya que apunta a los nexos entre medios, negocios y política.

No es sólo la inconveniencia de asumir públicamente intereses económicos o políticos lo que opaca esta cuestión, sino también el peso noticioso de la guerra de guerrillas que se dirime hoy fundamentalmente en el campo judicial. Ahora bien, tanto en la perspectiva de que la Corte Suprema avale los dos artículos suspendidos de la Ley de Medios como en la hipótesis de que objete su constitucionalidad, habrá que afrontar luego el problema endémico de las cuentas en rojo del sistema de medios.
Ultimamente surgieron planteos que citan la dimensión económica como clave para objetar la Ley de Medios. Si bien incluyen observaciones de interés, una constante de estos ensayos es su ahistoricismo: se cita una premisa correcta al señalar que la Ley de Medios carece de soluciones para sostener la diversidad que postula, pero se omite informar que ninguna regulación en el pasado habilitaba condiciones de estabilidad al sector, incluso cuando la regulación previa restringía los márgenes de competencia pues sólo los operadores comerciales podían explotar licencias audiovisuales. Es decir, al criticar la ley actual por un motivo que alcanza a toda la normativa anterior (con el agravante de que se proscribía a gran parte de la sociedad como sujeto de derecho), se naturaliza la idea de que el problema es la Ley de Medios de 2009 y no, en verdad, la ausencia de reglas para que los medios sean sostenibles en un mercado singular como el argentino, de tamaño mediano pero con una población fuertemente centralizada en pocas ciudades, lo que condiciona la producción de contenidos en el resto del país.
Otro argumento afirma que la Ley de Medios, al tolerar niveles moderados de concentración de la propiedad que obligan a la transferencia o venta de algunas licencias de los conglomerados, constituye una trampa para desguazar a los grupos líderes, que son los que tendrían capacidad económica para “enfrentar la presión oficial”. Si el planteo anterior era ahistórico, éste resulta apolítico, pues desliga artificialmente la concentración de sus consecuencias. Se parte de una premisa validada por la obsesión del Gobierno con Clarín a partir de 2008 para luego asumir una conclusión desacertada, ya que el razonamiento es indulgente con la concentración de medios y es ingenuo al suponer que la alta concentración es condición para que los grupos enfrenten presiones oficiales.
La desmedida concentración de medios es una afrenta a la libertad de expresión al distribuir desigualmente un recurso esencial para la vida en comunidad, que cristaliza la predominancia de unos pocos actores a costa del resto. La concentración supuso en la historia reciente la desaparición de empresas medianas y pequeñas. La concentración reduce las fuentes informativas, produce una relativa homogeneización de géneros y formatos, tiende a la unificación de la línea editorial e incrementa el sesgo informativo por el cruce de intereses de otras áreas económicas o políticas, como demuestra el escándalo por las escuchas del diario británico News of the World, del grupo News Corp (familia Murdoch). Desde ya, la concentración puede ser privada o gubernamental.
Resulta muy extraño que desde una perspectiva económica la crítica a la Ley de Medios suprima toda referencia a los efectos de la concentración. Tan insólito como mentar la concentración como antídoto frente a presiones gubernamentales. En la Argentina, basta recordar los guiños entre el Gobierno y el Grupo Clarín entre 2003 y 2008, o las excelentes relaciones entre Telefónica y todos los presidentes desde Carlos Menem hasta Cristina Fernández de Kirchner como antítesis de tal pretensión. El actual enfrentamiento entre Clarín y el kirchnerismo es más una excepción que una norma en la profusa vinculación entre grandes medios y gobiernos.

*Especialista en medios;
en Twitter, @aracalacana.

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