Publicado en Diario Inédito

Opinión | Miercoles, 26 de Diciembre de 2012 · por Martín Becerra

La ruptura Kirchner–Clarín más allá de sus protagonistas

En exclusiva para diario Inédito y como cierre de un año donde el debate en torno a la ley de servicios de comunicación audiovisual aguarda aún una respuesta definitiva de la justicia.

En sus estudios comparativos sobre sistemas de medios de comunicación en distintos países, autores como Fox y Waisbord o Mancini y Hallin reconocen en el modelo latinoamericano un híbrido que asume la tutela del modelo comercial estadounidense pero que sin embargo no es su mera copia. El caso latinoamericano es caracterizado como un arquetipo hipercomercial, con escasa regulación estatal, casi sin presencia de medios auténticamente públicos, y con caciquismo político tanto dentro como fuera del sistema de medios.

En la práctica, la carencia de una regulación fuerte y estable se compensó históricamente en América Latina a través del control que ejerció en el sistema de medios el cuello de botella protagonizado por una estructura de propiedad muy concentrada. Las políticas de comunicación ejecutadas en la región han sido históricamente más concesivas a permitir o estimular, según el caso, la concentración de la propiedad mediática, resignando el objetivo de dotar de mayor diversidad al sistema de medios de comunicación.

En la Argentina la concentración del sistema de medios atravesó distintas etapas y las figuras de Alejandro Romay o de Héctor Ricardo García fueron productos de un tipo de concentración mediática a fines de los sesenta. Ese tipo de concentración fue reemplazado por una etapa multimedia, de conglomerados que expanden su interés a distintas actividades y que lubricaron desde los 80s la relación entre política y negocios. Esta nueva fase de concentración tuvo su germen en la dictadura militar pero se aceleró durante la década 1989-1999 por un lado, y durante el lapso 2003-2008 por el otro. Estos dos últimos períodos se caracterizaron por gobiernos (Carlos Menem y Néstor Kirchner) que produjeron desde la conducción del Estado una prolífica actividad en pro de la concentración en pocos grupos.

Si bien la tendencia general de la política de medios de Menem se corresponde con la orientación que signó el resto de sus medidas como gobernante, lo cual ha sido estudiado, la intervención de Kirchner para estimular la concentración de la estructura del sistema de medios resulta singular. Esta singularidad descansa, en primer lugar, en que no se inscribe en un programa orgánico de gobierno que represente la misma tendencia en otras actividades, lo cual encuentra un ensayo de explicación en la debilidad de origen de su ascenso a la Presidencia de la Nación en mayo de 2003. En segundo lugar, el giro que imprimió a la política de medios Cristina Fernández de Kirchner a partir de 2008, en un proceso que se identifica como de continuidad con el gobierno de Néstor Kirchner, suele atenuar la atención que merece el lapso 2003-2008 por la consolidación concentrada del mercado de medios.

Al asumir la presidencia Kirchner definió un campo de alianzas necesarias para incrementar su escaso margen de legitimidad (22% de los votos en 2003) y casi inmediatamente debió promulgar la Ley de Bienes Culturales que protegía a los grupos locales de la operación de capitales extranjeros cuando muchos de ellos sostenían deudas prácticamente incobrables con acreedores externos. Entre diciembre de 2004 y mayo de 2005 Kirchner concedió 20 años extra de explotación de licencias audiovisuales a los empresarios de medios, incluidos Clarín y Telefónica, los principales actores del sistema formateado en 1989. La justificación que el oficialismo hoy ensaya sobre esta generosa cesión de un recurso público para el lucro privado por dos décadas es que Kirchner, presidente políticamente débil, necesitaba evitar un enfrentamiento con los grupos de medios. Suponiendo que este argumento fuese adecuado, la autorización para que se fusione Multicanal y Cablevisión dispuesta por Kirchner el último día hábil de su mandato, el 7 de diciembre de 2007, cuando Cristina Fernández había ya ganado las elecciones con 20 puntos de ventaja sobre su principal oponente (entonces Elisa Carrió), no puede alegar debilidad política: la fusión entre Multicanal y Cablevisión significó para el Grupo Clarín el certificado de su dominio del mercado más lucrativo del sistema de medios, que representa dentro del grupo más del 70% de los ingresos. La intervención de Kirchner en favor de Clarín debe, en cambio, insertarse en una historia de estrechos vínculos entre política y negocios en la que los medios de comunicación funcionaron como lubricante. La posterior ruptura entre el kirchnerismo y el principal grupo de medios indica, a su vez, que esa estrategia de cohesión sufre alteraciones que superan, incluso, la voluntad expresa de sus contingentes protagonistas.

Si en otros ámbitos las gestiones de Cristina Fernández se dedicaron a profundizar algunas líneas ya trazadas por Kirchner y en otros se produjo una lenta metamorfosis, en la política de medios el giro impulsado por el gobierno a partir de 2008 y contemporáneo a la llamada crisis del campo, resulta verdaderamente transgresor porque su principio inalterable fue combatir al aliado con el que el kirchnerismo transitó el lapso anterior. Las causas de esta ruptura radical entre el oficialismo y Clarín forman parte del paisaje de interpretaciones que a diario circulan por los medios, pero es preciso analizar el giro en un contexto más amplio de erosión de la capacidad de los medios para lubricar la agenda entre política y negocios.-

 

por Martín Becerra. Es Licenciado en Ciencias de la Comunicación por la UBA y obtuvo su doctorado en Barcelona. Es docente de grado y posgrado en la Universidad Nacional de Quilmes e investigador del Conicet, @aracalacana es su dirección en twitter.

 

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