La conmoción provocada por el anuncio del sitio WikiLeaks de una megafiltración de más de 250 mil cables de intercambio de datos entre el Departamento de Estado de EEUU y sus embajadas en todo el mundo (excepto algunos países estrechamente aliados), la estrategia de difusión de esos cables y su conversión en noticia, a través de la intermediación de cinco grandes diarios, su impacto en la diplomacia, en el quehacer periodístico, en la persecusión del creador de WikiLeaks y en la “opinión pública” son analizados en la nota de Martín Becerra (en revista El Estadista, también publicada por Ambito Financiero y el portal Canal-AR). Se incluyen artículos de Marcelo Cantelmi (en Clarín), Juan Gelman (en Página 12) y Juan Gabriel Tokatlian (en Clarín). En tanto, las protestas virtuales por el acoso contra WikiLeaks motivaron una interesante nota de Richard Stallman en The Guardian (traducido por Kaosenlared.net). Como remates, una de las brillantes columnas de Javier Marías en la revista semanal de El País, que analiza el secreto y su revelación, que es uno de los grandes temas desarrollados en su obra literaria, a partir del caso WikiLeaks; y una columna de Manuel Castells en La Vanguardia que analiza el caso como parte de la “ciberguerra” e interpreta que más que la salvaguarda de datos personales, en la edición de WikiLeaks por los grandes medios aparece el respaldo a datos sensibles para los Estados.

Lecciones de la wikifiltración

La filtración de más de 250 mil cables cruzados entre el Departamento de Estado de EEUU y sus embajadas en todo el planeta cuestiona varias nociones extendidas sobre la transformación del periodismo al finalizar la primera década del siglo XXI:

por Martín Becerra (U. Nacional de Quilmes – Conicet)

El Estadista nº21, diciembre 2010, p. 27.

La profecía sobre la muerte del periodismo analógico, estructurado por la edición de noticias en diarios luego amplificadas por radio e instaladas como imágenes por la televisión, está lejos de cumplirse. El mundo digital, previsto como relevo de los medios tradicionales, necesitó nutrirse de la credibilidad y el oficio editorial de cinco grandes periódicos para alcanzar un impacto que no hubiera tenido sin esa transferencia. En lugar de reemplazo tecnológico, fue la colaboración entre Internet como sinónimo de la velocidad y de manejo de gigantescos volúmenes de datos, y los viejos medios con sus competencias editoras y sus rutinas secuenciales lo que se conjugó como estrategia de alto impacto.

El mito del sitio web autogestivo como alternativa de superación tecnológica al dominio que ejercen los grandes medios concentrados, fabricantes de la agenda pública, revela sus limitaciones: WikiLeaks precisó aliarse con cinco de las principales corporaciones periodísticas del mundo para que trascendiera la megafiltración. Esta alianza tiene costo en la independencia editorial. Un ejemplo evidente fue la selección de cables que presentó en los primeros diez días de la megafiltración el diario español El País (grupo Prisa, con intereses económicos en casi toda América Latina). La colaboración entre la flexibilidad que aportan nuevos actores del ecosistema informacional, como algunos sitios web, y la construcción de agenda que realizan los medios concentrados tradicionales, fue una de las claves del impacto obtenido.

Otra noción que la megafiltración ha problematizado es la de “audiencia informativa global”. Si bien la audiencia de WikiLeaks es global, para conmover al mundo debe articular con contenedores de contenidos de carácter local, que conocen el temperamento de las audiencias nacionales y pueden adaptarse a sus tendencias.

Las megafiltraciones ayudaron a comprender la relación circular que existe entre medios de comunicación y política: la diplomacia norteamericana se sirve de la publicación noticias (tanto de las zonas “fuertes” de información política como de las “débiles”, como los chismes) como fuente noticiosa, y a su vez constituye una de las más calificadas fuentes del periodismo. Los roles se alternan y se confunden: los medios de comunicación y los políticos o diplomáticos pueden ser fuente y recolector de información indistintamente. En términos de eficacia sistémica, el margen de error en la validez de la información que circula es muy alto por la endogamia que practican los agentes protagonistas.

Aunque hay quien interpreta la megafiltracaión como fragilidad en la coraza de seguridad (Marcelo Cantelmi en Clarín, 4/12), el caso admite también otra perspectiva: la megafiltración confirma que EEUU posee un aparato de inteligencia de alcance planetario que irriga con datos, estratégicos y superficiales, su sistema de toma de decisiones. La megafiltración es, así concebida, una advertencia y un correctivo interno acerca del control de datos del Departamento de Estado, pero también un disciplinador externo, pues las elites dirigentes del mundo son ahora más concientes sobre el conocimiento que la principal potencia planetaria posee sobre sus cuentas bancarias, sus planes de gobierno, sus opiniones y sus preferencias amatorias.

WikiLeaks fue aludido como un ejemplo de compromiso radical con la información libre, en la mejor tradición del periodismo como perro guardián de la democracia. Sin embargo, el tipo de acceso que ha permitido Wikileaks sobre los cables, su alianza con corporaciones periodísticas que ejercen de filtro y que reconocieron que no difundirán los datos que entrañen riesgo para la vida de las personas y las advertencias previas que The New York Times, Le Monde y El País hicieron al gobierno norteamericano sobre el contenido de lo que publicarían, horadan el compromiso radical con la información libre.

No obstante lo anterior, el cierre del sitio wikileaks.org, la presión sobre los hostings de Internet para que no alojen la página y las renovadas estrategias de censura revelan que mucho del antiguo sistema de monitoreo y control informativo sigue vigente, y que la censura no es patrimonio exclusivo de Corea del Norte o China.

Uno de los efectos que produce la sobreabundancia de información es la indiferencia. Probablemente, la combinación entre datos sensibles sobre planes gubernamentales y chismes sobre la vida privada de gobernantes, conduzca en el torrente informativo a neutralizar la eficacia que la megafiltración podría tener en el conocimiento de la opinión pública.

El “efecto WikiLeaks”, entre la frivolidad y el escalofrío

Uno de los primeros impactos de las revelaciones sobre los documentos secretos del Departamento de Estado es el de la exageración. Todo sigue como estaba, pero intensificado.

Por Marcelo Cantelmi – 04/12/10

Siempre se puede saber o sospechar lo que hay debajo de las sábanas, pero no hay certeza que compita y derrote a la pasión de mirar. Ese es el botón que oprimió el fenómeno WikiLeaks. Es su parte más obscena y atrevida lo que hace atractiva a esta montaña de documentos que lanzó este sitio, deteniendo la respiración en medio mundo: Un agujero en la pared para ver lo que el vecino hace distinto de lo que dice.

No es porque estos papeles revelen grandes secretos. No hay tal cosa, al menos en lo que hasta ahora se ha develado a diferencia de la información que brotaba en las dos anteriores oleadas de julio y octubre de documentos sobre las guerras de Afganistán e Irak. Pero sí aparecen en ellos evidencias de trampas y gestos infieles, en forma de opiniones incandescentes que escondieron los diplomáticos norteamericanos a sus interlocutores, y que luego, escribieron con una despiadada sinceridad.

No todo en esta parva de papeles tiene esa forma de chusmerío superficial pero sí en su mayor parte. Y muestra, además, algunas caracterizaciones de un abismal analfabetismo político . Como por ejemplo uno de los 3.620 documentos de la embajada de EE.UU. en España que describe al presidente José Luis Rodríguez Zapatero como un “izquierdista romántico” (¿qué???). La parte magra de este fenómeno también se advierte en otros capítulos de los papeles que revelan que la cancillería norteamericana cursó en 2009 a sus funcionarios en 38 embajadas y misiones diplomáticas ordenes confidenciales para reunir información en la ONU sobre “actividades palestinas” y datos “biográficos, biométricos y financieros sobre los líderes palestinos y de Hamas” . ¡Vaya! Tampoco debería asombrar que junto con esas ordenes se indagaran datos de las cuentas bancarias del funcionariado de la ONU, incluyendo a su secretario general. Así de violatoria es la realidad de estos manejos.

Pero en la otra mano y a favor, los papeles que resumen multitud de conversaciones, ayudan a echar más luz en numerosos casos de corrupción con gobiernos en todo el mundo, incluyendo lavado de dinero o delitos aún más graves. Y agregan, además, información importante en dos casos cruciales y controvertidos de este presente: Irán y Pakistán . No hay datos nuevos, pero si precisiones que confirman y amplifican antiguas sospechas.

Vale la pena detenerse un poco en esto. Se ve en estos documentos la existencia de una auténtica coalición antiiraní de facto en el mundo árabe que llegó, en casos como el de los Emiratos Árabes Unidos o Bahrein, a plantear abiertamente a Washington la alternativa de una guerra convencional contra el desafiante jugador persa. No es difícil imaginar una sucesión de efectos a partir de esa información. Que Arabia Saudita se sume a ese frente, no sorprende. Pero entre los hombres a favor de esa acción aparece Saad Hariri, el primer ministro de Líbano, quien acaba de construir una fluida relación entre su país y Siria, el principal socio de Teherán en la zona. Hay ahí una verdadera galera llena de preguntas sin respuesta.

Con el otro caso, Pakistán, los archivos dejan en claro que las fuerzas militares y de inteligencia de ese crucial aliado atómico de Washington, son imprevisibles, corruptas y desinteresadas en combatir a los Taliban , manteniendo el foco en su principal adversario, la India. También se confirma, consignado por The Guardian (uno de los cinco medios que obtuvo estos textos) que hay tropa norteamericana incrustada secretamente en el ejército paquistaní, operando en las áreas tribales. Los papeles revelan gigantescas violaciones a los derechos humanos , denunciadas por la embajadora norteamericana Anne Patterson. Washington, sin embargo, oculta esos testimonios porque las leyes de EE.UU. obligan a cesar la asistencia militar a naciones que cometan ese tipo de delitos. El escenario que se ha construido es tan frágil y peligroso que el enviado de Obama a la zona, Richard Holbrooke, ha admitido en uno de los cables que cualquiera que trabaje en los arsenales nucleares del país asiático “puede robar suficiente material para hacer un arma” o comerciar esa tecnología. Es posible especular que en ese comentario hay una intención para controlar el poder destructivo paquistaní , pero es conocido el lazo de los militares de ese país con Corea del Norte y la sospecha de que esa tecnología siguió también hacia Irán.

Es la percepción de que no hay piloto.

El enorme volumen de esta filtración de 250.000 documentos ha pulverizado los códigos y demolido los caminos de confianza que existieron siempre en el intercambio confidencial de información. Y en ese horno, justamente, han puesto en ridículo a los EE.UU. y su gobierno mostrando que, si incluso es verdad que un jovencito soldado fue el autor de esta extraordinaria filtración, esa impericia puede estar denunciado mucho más que una fragilidad en la coraza de seguridad.

La idea de que esto es consecuencia de una interna entre los dos partidos políticos norteamericanos, cuya rivalidad ha crecido geométricamente desde que Barak Obama llegó al poder, resume sólo parte de la verdad. Así como los republicanos le hicieron pagar a James Carter el fracaso de su estrategia en Irán por los rehenes en la embajada, ahora los halcones de ese partido que tiene una amplia ala extremista, también colocan en hervor por este episodio al mandatario norteamericano quien además está acorralado por la crisis global y una batalla imprevisible con las otras grandes economías capitalistas del mundo.

Pero suponer que WikiLeaks y su creador, Julian Assange, trabajan para ese sector político es por lo menos exagerado.

Alcanza con notar que han sido los republicanos quienes han pedido sanciones de niveles ridículos contra este australiano y sus fuentes aunque no haya cometido delito alguno por difundir los cables. Sarah Palin, la figura emblemática de ese nuevo Ku Klux Klan llamado Tea Party de la derecha republicana, ha pedido que la web de Assange sea calificada como organización terrorista por la Casa Blanca. Y su correligionario Mike Huckabee reclamó la pena capital para el soldado Bradley Manning, según la historia oficial, quien robó los documentos en discos con la foto de Lady Gaga. Los demócratas, que son las víctimas principales, no han llegado tan lejos. Pero es claro que a ellos también les cabe aquella condena de Oscar Wilde sobre que “ser natural es la más difícil de las poses”

CONTRATAPA

 ¿Assange es periodista?

Por Juan Gelman

Sí para algunos, no para otros, quién sabe para muchos. Este tema deriva, con presunción jurídica, de la voluntad de juzgar a Assange en EE.UU. que la Casa Blanca y varios congresistas no ocultan. Si el australiano es periodista y su difusión de documentos por Wikileaks es similar a la de cualquier periódico o agencia noticiosa, la Primera Enmienda de la Constitución estadounidense impide que lo procesen: prohíbe expresamente la promulgación de toda ley que inhiba el ejercicio de la libertad de prensa. Hay que buscar otro camino legal o con visos de legalidad.

 El Comité Judicial de la Cámara de Representantes comenzó a explorar el asunto el jueves que pasó. Una de las alternativas examinadas en esta primera audiencia, a la que fueron citados siete fiscales, abogados y peritos, fue la aplicación de la Ley de Espionaje aprobada en 1917, cuando EE.UU. decidió participar en la Gran Guerra del ’14-’18 y la histeria belicista guiaba los pasos de gobierno y Parlamento. Raras veces surtió efecto, en ocasiones ninguno. El senador independiente Joe Lieberman y dos colegas republicanos presentaron un proyecto de ley que califica de ilegal la difusión de informaciones clasificadas y que permitiría, si se aprueba, echarle el guante al fundador de Wikileaks. Se escucharon opiniones contrarias en la audiencia.

 Geoffrey Stone, profesor de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chicago, tachó de inconstitucional el proyecto de los tres senadores: aplicarlo a ciudadanos particulares que no son funcionarios del gobierno violaría la Primera Enmienda, aseveró. Ralph Nader, el repetido candidato a la presidencia por el Partido Verde, centró el problema en “la abismante falta de seguridad” que el gobierno muestra en el manejo de documentos delicados y subrayó: “La supresión de información ha provocado más pérdidas de vidas, verdadera amenaza a la seguridad estadounidense, y demás consecuencias que se atribuyen ahora a Wikileaks y a Julian Assange” (www.talkradio.com, 16/12/10).

 Para el presidente del Comité Judicial, el representante demócrata John Conyers, no hay nada que punir: “EE.UU. se ha basado en la idea de que la libertad de expresión es sacrosanta –declaró–. No hay duda de que Wikileaks es muy impopular en estos momentos, pero ser impopular no es un delito y publicar informaciones agresivas tampoco. Me incomodan mucho los llamados insistentes de políticos, periodistas y otros presuntos expertos que demandan un proceso penal o medidas extremas” (www.rawsroty.com, 16/12/10).

 William Keller, director ejecutivo del New York Times –uno de los cinco diarios que difunden los documentos filtrados–, tomó distancia: “No creo que (Wikileaks) sea la organización informativa de mi gusto, pero ha evolucionado. A lo largo de esta experiencia hemos considerado que Julian Assange y su alegre banda de provocadores y hackers son una fuente. No diría que pura y simple porque, como sabe todo periodista o director, las fuentes rara vez son puras y simples” (//blogs.forbes.com, 16/12/10). Agregó que lo perturbaría que el gobierno intentara procesar a Assange aplicando la Ley de Espionaje: “Dejando a un lado lo legal, eso me enviaría una señal de alarma… es una ley que se presta a los abusos”.

 Kenneth L. Wainstein, socio de la firma internacional de abogados O’Melveny & Myers, sugirió en la audiencia que Wikileaks es un medio “fundamentalmente diferente” de otros porque se limita a recoger y difundir información sin la supervisión editorial que rige en las publicaciones tradicionales. Para Thomas S. Blanton, director del Archivo de Seguridad Nacional de la Universidad George Washington, “se aproxima cada vez más a una organización mediática”. Entonces, Assange ¿es periodista o no?

 Abbe Lowell, abogado y miembro de la firma McDermott, Will & Emery, señaló que la respuesta a esa pregunta es un terreno resbaladizo desde el punto de vista legal que podría introducir fiscalizaciones ajenas en el proceso editorial. “En la historia de EE.UU., el reunir información y difundirla es periodismo clásico”, afirmó. No solamente allí.

 Los objetivos de la Ley de Espionaje fueron los opositores a la entrada de EE.UU. en la guerra y sirvió para destruir al joven Partido Socialista. El senador demócrata Kenneth McKellar lo dijo con claridad cuando el proyecto se presentó ante el Congreso en 1917: “Si no logramos que la gente entre en razón para que sea leal, llegó el momento de obligarla a ser leal”. El representante republicano William Green fue más lejos: “No hay medida lo suficientemente severa para exterminar a esa canalla perniciosa”. No faltan personalidades norteamericanas que hoy piden el asesinato de Assange. A los 93 años de la promulgación de la Ley de Espionaje, poco ha cambiado la clase política de EE.UU.

Se consumó el fin de la neutralidad sueca

Quienes se sorprenden de cómo Suecia actuó en el caso WikiLeaks deberían conocer los cables entre ese país y EE.UU. revelados por el sitio.

Por Juan Gabriel Tokatlian PROFESOR DE RELACIONES INTERNACIONALES, UNIV. DI TELLA – 22/12/10

Para muchos ha sido sorpresivo el hecho de que Interpol, a pedido de Suecia, solicitase la detención de Julian Assange, cabeza visible de WikiLeaks y arrestado en Inglaterra, por supuestos delitos sexuales. Suecia, país amplio en libertades, equilibrado en lo social, robusto en lo económico y neutral en lo internacional, no parecería ser el prototipo de país que, según Mark Stephens (abogado de Assange), se prestaría a una “maniobra política” destinada a extraditar a Assange como escala previa a su eventual extradición a Estados Unidos. Hay que recordar que la sede de WikiLeaks se ubicó en su momento en Suecia donde se localizaba el servidor central provisto por la compañía PRQ, conocida por proveer un servicio que “no hacía preguntas”.

Pero, ¿es en realidad inconcebible tal “maniobra política” por parte de Estocolmo? Con tantas filtraciones y tanto escándalo poco se han comentado en Argentina los documentos del Departamento de Estado filtrados por WikiLeaks que se refieren específicamente a Suecia y que fueron publicados por el periódico Svenska Daglbadet . Según revelaciones de la embajada estadounidense en Estocolmo, “Suecia ya no es neutral” tal como fue su larga trayectoria desde la Segunda Guerra Mundial, durante la Guerra Fría y presumiblemente en la Posguerra Fría.

En efecto, telegramas y cables de 2007 y 2008 muestran que la activa participación sueca en la Partnership for Peace de la OTAN y su rol de liderazgo en el Nordic Battlegroup de la Unión Europea nada tienen que ver con el proclamado y oficial no alineamiento de Suecia. A su vez, el país nórdico ha sido un referente en materia de cooperación antiterrorista (incluso llegó a tolerar, de mal agrado, que la CIA, que transportaba presuntos terroristas, hiciera en 2006 paradas en el aeropuerto de Arlanda) y es una fuente de información clave para Washington acerca del dispositivo militar de Rusia y el programa nuclear de Irán. Incluso después de la guerra entre Rusia y Georgia de 2008, Estocolmo procuró la expulsión de Moscú del Consejo de Europa, diferente de la Unión Europea, compuesta por 47 naciones y constituida como guardián continental del imperio de la ley, los derechos humanos y la democracia. Pero, la creciente cercanía entre Washington y Estocolmo no impidió el mal gusto : un cable de la embajada hizo esta afirmación sobre el ex Primer Ministro y entonces Ministro de Relaciones Exteriores, Carl Bildt: “Un perro mediano con actitud de perro grande”.

Sin duda el reciente triunfo de los conservadores en Suecia, sumado a un inusitado avance de la extrema derecha que ahora tiene representación parlamentaria reforzará el abandono de la proverbial neutralidad sueca en los asuntos internacionales: quizás el manejo del caso Assange sea, simbólicamente, el fin de un largo ciclo en la política exterior de Suecia.

Las protestas de Anonymous por WikiLeaks son una manifestación popular contra el control

Anonymous: protestas contra el Gran Hermano

Richard Stallman – The Guardian

Las acciones contra MasterCard y Amazon no son hacking. Se trata de gente que busca una forma de protestar en un espacio digital.

Las protestas en la red de Anonymous en apoyo a WikiLeaks son el equivalente en internet de una manifestación multitudinaria. Es un error denominarlas hacking (un juego de inteligencia y habilidad) o cracking (penetrar sistemas de seguridad). El programa LOIC que está utilizando Anonymous viene ya preparado de manera que no hace falta saber de informática para ponerlo en marcha, y no rompe ningún sistema de seguridad informática. Los manifestantes no han intentado hacerse con el control de la web de Amazon ni extraer ningún dato de MasterCard. Entran por la puerta principal y eso hace que las webs atacadas no puedan abarcar tanto volumen.

Tampoco se puede denominar a estas protestas como ataques distribuidos de denegación de servicio (DDoS). Un ataque DDoS se hace con miles de ordenadores “zombie”. Normalmente, alguien trata de romper la seguridad de esos ordenadores (a menudo con un virus) y se hace con el control remoto de las máquinas, después las monta en una red controlada para que obedezcan sus órdenes (en este caso, sobrecargar un servidor). Los ordenadores de la protestas de Anonymous no son zombies; la idea es que están operadas de manera individual.

No. Es mucho más correcto compararlo con la multitud que se agolpó la semana pasada en las tiendas de Topshop. No acudieron a las tiendas para llevarse nada, pero le dieron un quebradero de cabeza a su propietario, Philip Green. No me gustaría mucho que mi tienda (si tuviera una) fuera objeto de una protesta multitudinaria. A Amazon y MasterCard tampoco les gusta y seguramente sus clientes se enfadaron. Los que trataron de entrar a comprar algo en las tiendas de Topshop el día de la protesta seguramente se enfadaron también.

Internet no puede funcionar si hay multitudes que bloquean las webs, de igual manera que una ciudad no puede funcionar si sus calles están siempre llenas de manifestantes. Pero antes de precipitarse a pedir que castiguen a los que llevan a cabo estas protestas en la red, hay que plantearse por qué protestan: en internet, los usuarios no tienen derechos. Como ha demostrado el caso de WikiLeaks. Lo que hacemos en la red, lo hacemos mientras nos lo permiten.

En el mundo físico, tenemos derecho a imprimir y vender libros. Si alguien quiere impedirlo, tiene que acudir a los tribunales. Se trata de un derecho frágil en el Reino Unido (debido a la figura legal de la censura preventiva ordenada por un juez), pero al menos existe el derecho. Sin embargo, para montar una web necesitamos adquirir un dominio a una empresa, un proveedor de servicios de internet y a menudo una compañía de hosting; todas ellas pueden recibir presiones para cerrar nuestra web. En Estados Unidos, ninguna ley regula esta situación precaria. Es más, existen contratos que estipulan que hemos autorizado a estas empresas a funcionar de esta manera como algo habitual. Es como si todos viviéramos en habitaciones alquiladas y los dueños pudieran desahuciarnos en cualquier momento.

El acto de leer en el mundo virtual también se realiza sin un respaldo de derechos. En el mundo físico, puedes comprar un libro con dinero y es tuyo. Tienes libertad para darlo, prestarlo o venderlo a alguien. También tienes la libertad de quedártelo. Sin embargo, en el mundo virtual, los e-readers tienen grilletes digitales que te impiden dar, prestar o vender un libro, y hay licencias que lo prohíben. El año pasado, Amazon utilizó la puerta trasera de su e-reader para borrar remotamente miles de copias de 1984, de George Orwell. Han privatizado el Ministerio de la Verdad.

En el mundo físico, tenemos derecho a pagar con dinero y recibir dinero, incluso de manera anónima. En internet, sólo podemos recibir dinero con organizaciones como PayPal y MasterCard, y el “estado de seguridad” rastrea los pagos realizados minuciosamente. Leyes que anulan la presunción de inocencia como la “Digital Economy Act” amplían este modelo de precariedad a la conectividad en internet. Lo que haces en tu ordenador también lo controlan otros, con software que no es libre. Los sistemas de Microsoft y Apple introducen grilletes digitales, características diseñadas específicamente para limitar a los usuarios. El uso continuado de un programa también es precario: Apple le puso una puerta trasera al iPhone para borrar de manera remota aplicaciones instaladas y también Windows permitía a Microsoft instalar cambios en el software sin solicitar permiso.

Inicié el movimiento del software libre para sustituir el software no libre que controla al usuario por software libre que respecta la libertad. Con el software libre al menos podemos controlar lo que el software hace en nuestros ordenadores.

En la actualidad Estados Unidos es un nodo de poder de intereses empresariales. Como tiene que dar la apariencia de que está al servicio del pueblo, teme que la verdad se filtre. De ahí sus campañas paralelas contra WikiLeaks: aplastarlo a través de la precariedad en internet y limitar formalmente la libertad de la prensa.

Los gobiernos están intentando meter en la cárcel a las personas que participan en las protestas de Anonymous en lugar de a los torturadores y asesinos oficiales. El día en el que nuestros gobiernos persigan a los criminales de guerra y nos digan la verdad, podremos decir que el control de las multitudes en internet es nuestro principal gran problema a resolver. Me encantará ver ese día.

Traducción de Tomás González

Anonymous busca reclutas para la segunda fase de la “Operación Paperstorm” En la web de la iniciativa, ofrecen a los usuarios la posibilidad de suscribirse a una lista de correo a través de la cual se van a centralizar las acciones de la “fase 2”, que dará comienzo de forma inminente. Cadena SER

En una actualización de su Twitter publicada poco después de la una de la madrugada, hora española, los ciberactivistas anuncian el inminente comienzo de la “fase 2” de la Operación Paperstorm, con la que pretenden lavar su imagen después de los ataques informáticos a las webs de empresas como Mastercard, Visa, PayPal o Post Finance.

DAVID GÓMEZ 24-12-2010

Tras la ingente repercusión mediática cosechada por la “Operación Payback”, en la que emprendieron ataques de denegación de servicio (DDoS) contra las webs de varias empresas que interrumpieron el servicio a Wikileaks, Anonymous ha decidido limpiar la imagen de “ciberterroristas” que ha tomado forma en la mentalidad de algunos sectores de la ciudadanía norteamericana.

Con ese objetivo, han puesto en marcha dos operaciones “pacíficas”: “Leakspin” y “Paperstorm”. Con la primera pretenden dar difusión a través de blogs y redes sociales a los cables filtrados por Wikileaks que menos repercusión mediática han cosechado. La segunda tiene la misión de llenar las calles de las principales ciudades del mundo de panfletos, pasquines y proclamas en favor de Assange y en defensa de la libertad de expresión de Wikileaks.

“Operación Paperstorm”: comienza la segunda fase

En una actualización de su Twitter publicada poco después de la una de la madrugada, hora española, los ciberactivistas anuncian el inminente comienzo de la “fase 2” de la “Operación Paperstorm”, con la que pretenden lavar su imagen después de los ataques informáticos a las webs de empresas como Mastercard, Visa, PayPal o Post Finance.

Para ello, piden la colaboración de los internautas. En la web de la iniciativa, ofrecen a los usuarios la posibilidad de suscribirse a una lista de correo a través de la cual se van a centralizar las acciones y la información acerca de la “fase 2” de “Paperstorm”, que dará comienzo de forma inminente.

LA ZONA FANTASMA.

Ocultar y averiguar

By javiermariasblog – 26 de diciembre de 2010.

Sin duda suele ser divertido saber lo que no nos toca o incluso nos está prohibido. Nos regocija enterarnos de cosas a las que normalmente no tenemos acceso; oír las charlas privadas entre políticos o famosos de cualquier índole, escuchar qué dicen y cómo hablan “en realidad”, dando por descontado que lo que por lo general nos ofrecen es una estudiada representación, algo adecuado a la imagen que han decidido proyectar de sí mismos. Suponemos, por tanto, que todo el mundo finge en mayor o menor medida; que nadie se salva enteramente de ser hipócrita o cuando menos “diplomático”; que con frecuencia se calla lo que de verdad se piensa o se hacen declaraciones falsarias, o, si se prefiere, “de compromiso”; y gusta ver desenmascarados a los personajes notables, o a quienes desempeñan cargos públicos o tienen responsabilidades. Causa hilaridad descubrir que alguien ha metido la pata o que ha sido pillado por una cámara indiscreta, un micrófono abierto o una filtración con la que no contaba. Es natural, así pues, que la divulgación de los llamados “Papeles del Departamento de Estado” a través de Wikileaks y de cinco publicaciones, El País entre ellas, sea motivo de alborozo y jocosidad para parte de la población mundial. Lo que ya es más raro es que también suscite escándalo e indignación. La verdad es que el hecho me parece más divertido que trascendental.

En modo alguno quiero dármelas de blasé, ni presumir de estar al cabo de la calle, no es el caso. Pero, teniendo todos el convencimiento de lo que acabo de decir –de que se nos muestra lo que se nos quiere mostrar y nada más–, no entiendo que nadie se sorprenda o monte en cólera ante las revelaciones que nos están llegando. Es de cajón que cada país maniobre y presione para conseguir sus propósitos, defender sus intereses y beneficiarse; que los menos poderosos procuren no contrariar en exceso a aquellos de los que dependen económica, política o militarmente, y a veces se plieguen a sus indicaciones aunque les siente como un tiro. Y nada tiene de particular que, en privado y creyéndose sin testigos, los embajadores y funcionarios suelten inconveniencias sobre sus homólogos, sus superiores y los líderes mundiales. De hecho, me ha extrañado que no hayan aparecido opiniones más contundentes, del tipo “Ese es un enorme cretino” o “Este es el mayor tonto de la tierra” o “Aquel es un hijo de puta, un malvado”. Casi todo el mundo se despacha a gusto en privado, por lo menos en España, país en el que la exageración es norma: los empleados sobre sus jefes y viceversa, los periodistas sobre sus colegas, los directores de cine sobre sus actores, los escritores sobre los críticos y viceversa, los políticos sobre sus adversarios y sus aliados, los trabajadores sobre sus compañeros y cualquier hijo de vecino sobre sus vecinos. Incluso muchos maridos sobre sus mujeres y viceversa, como la mayoría de los vástagos –más si son adolescentes– acerca de sus progenitores. En ocasiones hablamos todos bien de otros, no es que crea que vivimos en el despellejamiento universal y perpetuo, en absoluto. Pero no es difícil que pongamos algún reparo, circunstancial o de fondo, incluso a las personas que más queremos o admiramos. Y si ese reparo llegase a nuestros oídos, aunque fuese junto a una montaña de elogios, es probable que nos sucediese lo que a Frasier en un episodio de la serie que llevaba su nombre: se invitaba a una docena de radioyentes a opinar sobre su programa, anónimamente; once de ellos lo alababan, y sólo uno manifestaba su desagrado; Frasier, tras escucharlos, se olvidaba en seguida de los once entusiastas y se obsesionaba con el detractor, cuyo nombre averiguaba y a quien perseguía para tratar de ganárselo.

Por eso suele ser mejor que ignoremos lo que dicen de nosotros, cuando no estamos delante, tanto los amigos como los enemigos. La hipocresía (si no es flagrante ni excesiva), la discreción, el secreto, forman parte de la educación y de la civilización, y si esas cosas no existieran, lo más seguro es que casi nadie saludase a casi nadie y que hubiera muchos más homicidios. La mayoría de la gente estaría cabreada con sus semejantes y el aire sería irrespirable. Por eso tampoco comprendo a quienes celebran sin reserva alguna la “transparencia” y abogan por la supresión general del secreto. Es natural que los tengan los diplomáticos, y los gobiernos, y los Estados, como los tenemos todos los seres humanos, y más vale así, desde luego, en pro de la convivencia. Quienes exigen “saberlo todo de todos” están yendo contra sus intereses, porque si se supiera “todo” de ellos no saldrían limpios ni impunes, y se buscarían más de un conflicto, desde ser despedidos por sus denostados jefes hasta pelearse con la familia o granjearse la inquina de muchos o perder sus amistades. Ojo, con esto no quiero decir que me parezca mal tratar de averiguar lo oculto ni de desvelar secretos, sobre todo –por salud– los que no nos conciernen personalmente. La curiosidad es humana. Pero cada cual debe asumir su papel: a unos les toca ejercer de intrusos, de sabuesos, de cotillas respecto a lo de los demás, llámenlos como quieran. Y a los demás les toca evitar por todos los medios a su alcance que aquéllos metan las narices en sus asuntos y espíen sus conversaciones privadas. Quienes guardan los secretos y escamotean datos no hacen mal ni resultan ser unos mendaces incurables: tan sólo cumplen con su deber, como lo hacemos todos cuando se trata de mantener los nuestros a salvo.

JAVIER MARÍAS – El País Semanal, 26 de diciembre de 2010

La ciberguerra de Wikileaks

Manuel Castells – Artículos | 11/12/2010 – 02:17h

Como documenté en mi libro Comunicación y poder, el poder reside en el control de la comunicación. La reacción histérica de EE.UU. y otros gobiernos contra Wikileaks lo confirma. Entramos en una nueva fase de la comunicación política. No tanto porque se revelen secretos o cotilleos como porque se difunden por un canal que escapa a los aparatos de poder. La filtración de confidencias es la fuente del periodismo de investigación con la que sueña cualquier medio de comunicación en busca de scoops. Desde Bob Woodward y su garganta profunda en The Washington Post hasta las campañas de Pedro J. en política española, la difusión de información supuestamente secreta es práctica habitual protegida por la libertad de prensa.

La diferencia es que los medios de comunicación están inscritos en un contexto empresarial y político susceptible a presiones cuando las informaciones resultan comprometedoras. De ahí que la discusión académica sobre si la comunicación por internet es un medio de comunicación tiene consecuencias prácticas. Porque si lo es (algo ya establecido en la investigación) está protegida por el principio constitucional de la libertad de expresión, y los medios y periodistas deberían defender a Wikileaks porque un día les puede tocar a ellos. Y es que nadie cuestiona la autenticidad de los documentos filtrados. De hecho, destacados periódicos del planeta están publicando y comentando esos documentos para regocijo y educación de los ciudadanos que reciben un cursillo acelerado sobre las miserias de la política en los pasillos del poder (por cierto, ¿por qué está tan preocupado Zapatero?).

El problema, se dice, es la revelación de comunicaciones secretas que podrían dificultar las relaciones entre estados (lo del peligro para vidas humanas es una patraña). En realidad habría que sopesar ese riesgo contra la ocultación de la verdad sobre las guerras a los ciudadanos que las pagan y sufren. En cualquier caso, nadie duda de que si esas informaciones llegaran a los medios de comunicación, estos también querrían publicarlas (otra cosa es que pudieran). Es más: una vez difundidas en la red, las publican. Lo que se plantea es el control de gobiernos sobre sus propias filtraciones y sobre su difusión por medios alternativos que escapan a la censura directa o indirecta. Una cuestión tan fundamental, que ha motivado una reacción sin precedentes en Estados Unidos, con llamadas al asesinato de Assange por líderes republicanos y hasta columnistas de The Washington Post y una alarmamundial generalizada desde Chaves hasta Berlusconi con la honrosa excepción de Lula y la significativa reacción de Putin.

A esta cruzada para matar al mensajero se ha unido la justicia sueca en una historia rocambolesca donde el pseudofeminismo se alía con la represión geopolítica. Resulta que los ligues suecos de Julian Assange (¿alguien investiga su conexión con servicios de inteligencia?) lo denuncian porque en pleno acto (consentido) se rompe el condón, ella dice que no quiso seguir y Assange no pudo o no quiso interrumpir el coito y esto, según la ley sueca, podría ser violación. Lo cual no impidió que la violada organizara al día siguiente en su casa una fiesta de despedida para Assange. A partir de tamaño acto de terrorismo sexual, Interpol emite una euroorden de captura con el máximo nivel de alerta desmintiendo que sea por presión de Estados Unidos. Y cuando Assange se entrega en Londres, el juez no acepta fianza, tal vez para enviarlo a Estados Unidos vía Suecia.

Con el mensajero entre rejas, hay que ir a por el mensaje. Y ahí empiezan presiones que motivan que PayPal, Visa, Mastercard y el banco suizo de Wikileaks le cierren el grifo, que le cancelen el dominio y que Amazon les retire el servidor (lo que no impide a Amazon el ofrecer el juego completo de cables filtrados por 7 dólares). La contraofensiva internauta no se hizo esperar. Los ataques de servicios de inteligencia contra la web de Wikileaks han fracasado porque han proliferado las webs espejo, o sea, copias inmediatas de las webs existentes pero con otra dirección. A estas horas hay más de mil en funcionamiento (si quiere ver la lista googlee wikileaks.mirror y salen). En represalia al intento de silenciar a Wikileaks, Anonymous, una popular red hacker, coordinó ataques contra las empresas e instituciones que lo hicieron. Miles de espontáneos se unieron a la fiesta, utilizando Facebook y Twitter, aunque con crecientes restricciones. Los amigos de Wikileaks en Facebook han superado el millón y aumentan en una persona por segundo. Wikileaks ha distribuido a 100.000 usuarios un documento encriptado con secretos sedicentemente más dañinos para los poderosos cuya clave se difundiría si se intensifica la persecución.

No está en juego la seguridad de los estados (nada de lo revelado pone en peligro la paz mundial ni era ignorado en los círculos de poder). Lo que se debate es el derecho del ciudadano a saber lo que hacen y piensan sus gobernantes. Y la libertad de información en las nuevas condiciones de la era internet. Como decía Hillary Clinton en su declaración de enero del 2010: “Internet es la infraestructura icónica de nuestra era… Como ocurría en las dictaduras del pasado, hay gobiernos que apuntan contra los que piensan de forma independiente utilizando estos instrumentos”. ¿Se aplica ahora a sí misma esa reflexión?

Porque el tema clave está en que los gobiernos pueden espiar, legal o ilegalmente, a sus ciudadanos. Pero los ciudadanos no tienen derecho a la información sobre quienes actúan en su nombre salvo en la versión censurada que los gobiernos construyan. En este gran debate van a retratarse las empresas de internet autoproclamadas plataformas de libre comunicación y los medios tradicionales tan celosos de su propia libertad. La ciberguerra haempezado. No una ciberguerra entre estados como se esperaba, sino entre los estados y la sociedad civil internauta. Nunca más los gobiernos podrán estar seguros de mantener a sus ciudadanos en la ignorancia de sus manejos. Porque mientras haya personas dispuestas a hacer leaks y un internet poblado por wikis surgirán nuevas generaciones de wikileaks.

Anuncios