Tras el anuncio del gobierno de impulsar un proyecto de ley que declare de interés público la producción de papel por parte de la empresa que comparte el Estado junto a Clarín y La Nación, Lucas Llach reflexiona en su blog La ciencia maldita sobre aspectos económicos del mercado de papel de diarios en la Argentina, Raúl Dellatorre informa en Página 12 sintéticamente cuál es el funcionamiento dicho mercado, mientras que Jorge Fontevecchia en Perfilrelativiza la trascendencia del abastecimiento de papel en el siglo XXI al consignar que el mercado internacional de la escasez en la oferta del insumo que dominó décadas enteras, ha pasado a una situación de abundancia de producción, baja de precios internacionales y diversificación de productores gracias a la reconversión tecnológica de la industria.

Papel de prensa: ¿debe regularse?

Por Lucas Llach

Lo que sigue es un ejercicio teórico. Toda similitud con la realidad es mera coincidencia. Se invita especialmente al lector a correcciones y comentarios.

Imaginemos dos mercados, el de diarios y el de papel de diarios. El de diarios es competitivo (cualquiera puede poner un diario) y de esa competencia resulta que hay dos diarios que tienen un X% del mercado, con X mayor a 60. Esos dos diarios se unen y fundan Papelera Uno. ¿Generan algún tipo de poder especial en el mercado de diarios, por ejemplo a través de un menor costo de insumos? No nos gustaría eso, porque queremos que la competencia en el mercado de diarios sea pareja: que el que quiera poner un diario enfrente los mismos precios de insumos que cualquier otro.

Hay dos grandes argumentos a favor de permitir que los diarios y la producción de papel de prensa puedan estar “verticalmente integradas”; admitiendo, por ejemplo, que un diario o un conjunto de ellos estén en la industria del papel para diarios:

1. Libre competencia en la producción de papel. La producción de papel de diarios tiene libre entrada y salida. El que quiera puede poner una empresa de producción de papel para diarios: Papelera Dos, o Tres, o Cuatro. ¿Por qué van a tener una ventaja los diarios dueños de Papelera Uno? Si se estén vendiendo a sí mismos por debajo de los costos del papel, la ventaja competitiva que consiguen de ese modo se ve compensada por el hecho de que Papelera Uno –de la que son dueños– pierde plata. ¿Qué ventaja les da esto sobre los otros diarios?

2. Libre importación de papel. Si a terceros diarios no les gustan las condiciones de Papelera Uno, no sólo pueden comprarle a Papelera Dos sino que también pueden importar papel libremente y sin aranceles, consiguiéndolo a precios internacionales.

¿Están bien estos argumentos? Van tres contraargumentos:

1. El poder de mercado de Papelera Uno. Papelera Uno puede tener dos ventajas competitivas sobre Papelera Dos: escala y certidumbre. En primer lugar, si hay economías de escala en la producción de papel, Papelera Uno va a tener costos menores que Papelera Dos sencillamente porque producirá más, ya que tiene garantizada más que una mayoría del papel de diario vendido. En segundo lugar, la demanda esperada que enfrenta Papelera Uno será más estable: cuenta con seguridad con la demanda de sus dos diarios-accionistas, y su incertidumbre se limita a si le compran o no otros clientes. Para Papelera Dos, en cambio, todo es incierto. Ese mayor riesgo implicará que Papelera Dos tendrá un mayor costo del capital (le prestarán plata más cara) y por lo tanto una desventaja competitiva.

2. ¿Son los diarios accionistas únicos en Papelera Uno? A los diarios dueños de Papelera Uno no les da una ventaja venderse a sí mismos por debajo del costo siempre y cuando sean sus únicos dueños. Si, en cambio, hay otros accionistas, les convendrá venderse a sí mismos por debajo del costo del papel, ya que la pérdida no será absorbida solamente por ellos, sino también por los otros accionistas. Desde luego, no les convendrá venderle a otros diarios a ese mismo precio subsidiado. ¿Algún accionista que no sea los propios diarios votará a favor de vender por debajo del costo? No. Pero si ese accionista es estatal, le importará un poco menos ya que no se trata de dinero propio.

3. Libre importación de papel. Si, entonces, Papelera Dos tiene desventajas competitivas respecto a Papelera Uno, ¿no puede suplirse la escasez de competencia genuina con importaciones de papel para diarios? Supongamos que la importación de papel para diarios es libre y sin aranceles. Aquí hay dos escenarios a considerar: (1) el costo de producción de Papelera Uno es inferior al precio de importación del papel; (2) el costo de producción es mayor al precio de importación. (Estas dos situaciones pueden ocurrir en distintos momentos del tiempo según las circunstancias macroeconómicas, como de hecho ocurrió en la Argentina, según explicaba Fontevecchia hace un tiempo). Si el papel importado cuesta menos que producirlo localmente, efectivamente no hay ningún poder de mercado de Papelera Uno. De hecho, a los dueños de Papelera Uno les convendría comprar el papel importado en lugar de producirlo localmente. Pero en el caso (2), esto es, si Papelera Uno tiene costos inferiores al precio internacional del papel, entonces la libre importación no garantiza igualdad de acceso al papel.

¿Entonces? Si los argumentos anteriores son correctos, cuando los costos de producción locales sean inferiores a los de importación, a los accionistas de Papelera Uno les convendrá vender el papel a precios diferentes, más bajo a sus diarios y más alto a competidores, aunque en ambos casos por debajo del precio internacional. Cuando el costo local sea igual o superior al precio internacional, no habrá una ventaja competitiva para los diarios dueños de Papelera Uno. Si ambas circunstancias se alternan en distintos momentos del tiempo, entonces –tomando un promedio– los diarios dueños de Papelera Uno tienen una ventaja sobre sus competidores derivada de su coalición en la producción de papel. Así las cosas, concluimos:

1. Regulación. Se trata de un mercado que requiere regulación si el objetivo es que el mercado de diarios funcione en competencia pareja. La regulación más sencilla es la prohibición sobre la discriminación de precios, incluidos los descuentos por volumen. De manera más radical, aunque posiblemente innecesaria, podría estar prohibida la integración vertical en la producción de papel para diarios. La integración vertical es más dañina cuando está combinada con colusión: si cada diario tiene su propia papelera, el poder de mercado sólo existe en la medida en que sea un diario híper exitoso; si se permite la colusión entre más de un diario para proveerse de papel, el poder de mercado da una ventaja al conjunto de diarios coaligados sobre los demás.

2. Participación estatal. La participación estatal directa en la producción de papel es un problema por encima de las ineficiencias que habitualmente se dan cuando el Estado se pone a producir. La participación estatal –sea como accionista en Papelera Uno o declarando al papel de diarios un ”mercado de interés público” en el que el Estado puede decidir quién participa y quién no, más allá de regulaciones generales sobre poder de mercado– amplía la influencia del Estado –ie., del gobierno– para definir a qué diarios favorecer vía un menor costo del papel, agravando lo que ya ocurre por la vía de la publicidad oficial.

EX-POST, 1: Fontevecchia dice hoy que todo esto ya no tiene mucho sentido. En el mundo de hoy, puede importarse papel en condiciones ventajosas, por mejoras tecnológicas y por el exceso de capacidad de las papeleras gracias a la crisis de los diarios.

EX-POST, 2: En la misma línea globalización-destruye-monopolios, el comentarista Tomás Vergara aporta:

Si el precio internacional es más alto que el local entonces aparece la posibilidad para Papelera 2, 3 y 4 de abrir su negocio y recibir beneficios vendiendo al exterior aun cuando Papelera 1 venda a precios infreriores al mercado local. El tamaño del mercado internacional permite además que Papelera 2, 3 y 4 alcancen las economías de escala de Papelera 1 y por lo tanto puedan abastencer también al mercado local con costos no superiores a los de Papelera 1. Dado este proceso Papelera 1 habría perdido su poder monopólico [sigue, ver primer comentario a este post].

Touché. El argumento expuesto más arriba sólo se sostiene si el costo de producción es más bajo que el precio de importación pero más alto que el precio de exportación. Eso ocurrirá, por ejemplo, si los costos de producción son iguales a los de Finlandia (por nombrar un típico productor de papel): en ese caso no será negocio exportar a Finlandia pero tampoco será negocio importar desde Finlandia, en ambos casos por costos de transporte. Si, en cambio, somos exportadores de papel, no hay motivo para que Papelera Uno tenga poder de mercado; sus competidores pueden alcanzar la misma escala.

Radiografía del mercado del papel

Por Raúl Dellatorre

La producción de papel para diarios en Argentina ha quedado, en los últimos años, prácticamente en manos exclusivas de Papel Prensa. Su única alternativa –mal podría denominarse “competencia”– era Papel del Tucumán, que produce a partir del bagazo de caña, con un procedimiento más costoso y un resultado de inferior calidad. Pero Papel del Tucumán fue dejando de producir papel para diarios para concentrarse en otros productos económicamente más rentables.

Así, un mercado consumidor de 220 a 250 mil toneladas anuales (compuesto por 130 a 170 diarios de distinto tamaño en todo el país) quedó frente a la alternativa de Papel Prensa o la importación. Aunque circunstancialmente el producto importado se llegó a ubicar por debajo del valor del producto nacional, lo normal es lo contrario. Actualmente, el valor promedio final del papel importado se ubica entre 5 y 15 por ciento por arriba del valor “normal” (sin descuentos) de Papel Prensa.

Papel Prensa adjudica su oferta por cupos anuales. Entre 2005 y 2009, el 71 por ciento de las 170 mil toneladas promedio anuales fueron para Clarín y La Nación (las dos terceras partes, para el primero). El excedente se reparte entre varias decenas de clientes que debieron aceptar las condiciones comerciales y no dejar de comprar el cupo asignado, a riesgo de perderlo en el período siguiente. El resto del mercado, de 50 mil a 80 mil toneladas, está condenado a importar.

Clarín y La Nación reciben descuentos por grandes volúmenes, que van del 15 al 20 por ciento del precio “normal”. Mientras otros pagan 600 dólares la tonelada, los dos accionistas privados abonan entre 480 y 520 dólares el mismo producto. El producto importado, si viene de Chile, podrá pagarse entre 650 y 680 dólares la tonelada. Pero si la oferta del país trasandino es insuficiente y hay que buscar el producto en Estados Unidos o Canadá, el valor aumenta proporcionalmente al costo del flete. El pronóstico de las propias autoridades privadas de Papel Prensa es que los precios internacionales subirán en este segundo semestre.

Para un diario chico o mediano del interior, que no ingrese al cupo de Papel Prensa, el acceso al mercado externo sólo puede darse en caso de asociarse con otros para conformar una masa suficiente para que la importación sea comercialmente viable.

Papel Prensa

Por Jorge Fontevecchia | 28.08.2010

Editorial Perfil es la mayor importadora de papel de diario de la Argentina. No sólo utiliza ese insumo para su propio diario, sino para algunas de sus revistas y varios diarios de terceros que imprime con papel incluido. También Editorial Perfil fue la más perjudicada cuando el precio de Papel Prensa era más barato que el importado y tuvo siempre que importar todo su consumo porque no le vendían papel nacional.

Pero a pesar de haber padecido Perfil –quizá más que ninguna otra empresa– la ventaja competitiva de Clarín y La Nación en Papel Prensa, prefiero que el Estado no intervenga. Me sentiría más incómodo con regulaciones gubernamentales al mercado de papel que con el eventual abuso de posición dominante que pudieran ejercer en el futuro Clarín y La Nación.

Es que el Gobierno atrasa, llega tarde y tiene una mirada anacrónica sobre el tema del papel. Hace veinte años, tener o no tener acceso al papel que producía Papel Prensa era determinante, porque diferencias de precio del 30% al 50% respecto del papel importado hacían casi inviable cualquier competencia. Pero en la última década hubo cambios sustanciales. Mientras el cobre, la soja, el petróleo, hasta la madera y todas las materias primas, duplicaron en promedio su precio en diez años, el papel es la única commodity que cuesta menos.

No es muy difícil adivinar por qué: las ventas de diarios en todo el mundo se redujeron un tercio y las fábricas de papel tienen exceso de capacidad ociosa. Se están cerrando plantas de papel de diario en distintos países porque pasaron a perder dinero.

Hace veinte años, el 90% del papel de diario importado se traía en barcos desde Finlandia, que tardaban casi un mes en llegar, y había que contar con un stock de varios meses porque cada tanto surgían problemas logísticos en la provisión, lo que obligaba a las editoriales a contar con grandes depósitos y enormes recursos financieros para anticipar casi medio año su principal materia prima. Hoy se sigue importando papel de diario desde el hemisferio norte (ya no mayoritariamente de Finlandia o Canadá sino de Rusia, China y decenas de países), pero cada vez menos porque, a menudo, resulta más económico y eficiente traerlo de países limítrofes, especialmente de Chile, donde llega por camión a Buenos Aires en cuatro días.

Antes se fabricaba papel con árboles de países muy fríos; avances en los sistemas de producción hicieron posible hacerlo con madera de árboles de zonas cálidas. Y para completar el cambio tecnológico, antes se colocaban las fábricas de papel en lugares cercanos a plantaciones de árboles, pero en el hemisferio norte se están ubicando fábricas de papel de diario cerca de ciudades donde se editan los principales diarios, porque la materia prima ya no es la madera sino el propio papel de los diarios leídos que se recicla de la basura.

Esto no quiere decir que Clarín y La Nación no continúen obteniendo beneficios por Papel Prensa, aunque sean cada vez menores. Tampoco sería lógico que el Gobierno quisiera imponer el mismo precio para todos porque iría en contra de la lógica económica de menores precios a quien compra mayores cantidades: es lo que se enseña en cualquier facultad de ciencias económicas como bonificación por volumen.

Al revés, no creo que si el Estado fuera dueño de Papel Prensa pudiera dejar de venderle a Clarín y La Nación, porque sin esos dos compradores, aun abasteciendo al cien por ciento de todos los diarios del país, Papel Prensa se quedaría con la mitad de su papel sin vender.

Exagera el Gobierno al decir que –hoy– quien controla Papel Prensa controla los diarios. Y exageran Clarín y La Nación al decir que si el Gobierno controlara Papel Prensa, correrían el riesgo de que los dejara sin papel salvo que prohibiera o limitara su importación.

Otra discusión falsa es presentar como algo deseable el autoabastecimiento de papel de diario y que todo el papel de diario que se consuma se produzca en la Argentina. Me encantaría que hasta exportásemos papel de diario, porque eso indicaría que somos más eficientes que los extranjeros, pero me atemoriza la palabra autoabastecimiento: temo que resulte una condena, porque eso se logre obligando a los diarios a comprar papel nacional de peor calidad y más caro simplemente colocando impuestos a la importación lo suficientemente altos.

Al igual que la publicidad oficial, lo ideal sería que todo lo relacionado con la producción de contenidos se rigiera por criterios económicos donde el Estado interviniera para desmonopolizar, penar el abuso de posición dominante y garantizar –precisamente– la libre competencia, no para sustituir al mercado.