Los cambios estructurales operados en el sistema de medios de comunicación de la Argentina en los últimos veinte años derivó, entre otros efectos, en la reinstalación de una antiquísima práctica de tercerización de espacios, mediante un esquema de loteo en el que se diluyen las fronteras entre el ejercicio periodístico y la venta de espacios comerciales, y en el que se producen fenómenos complejos como la discusión por el control de los contenidos entre quien ejerce la propiedad del medio y quien ejerce la propiedad de la productora que es, en definitva, el que vende el producto. Interesante informe de Diario sobre diarios, que nuevamente vence la omertá autoimpuesta en la profesión periodística documentando los numerosos casos de lotización de espacios y de cruces entre periodistas en diferentes medios.

Zona Dura: 2 de octubre de 2010 ·

Un sistema que abarca a más de 280 periodistas, varios de ellos provenientes de la gráfica

El loteo periodístico se enfrenta al dilema: cambia o sobrevive

Desde el pasado 1º de octubre, periodistas que participan de programas de TV por cable y las productoras que los realizan, están viviendo días de tensión. El diario La Nación y DsD (sección Además) se hicieron eco de esa preocupación el pasado mes de octubre. Es que la nueva Ley Audiovisual reduce el tiempo de publicidad en la televisión paga a 6 minutos por hora (que pueden llegar a 8 si se trata de la señal de “generación propia”). Como los envíos periodísticos se financian en base a publicidad privada y estatal, su presentación publicitaria antes de la nueva ley ocupaba un largo espacio dentro de la hora o la media hora de duración. La acotación a seis minutos (o a tres en caso de ser programas de media hora) hizo que muchos envíos no logren incluir todas las publicidades en ese tiempo.
Además, los “canjes” (pequeños cuadros que aparecen sobre el final de cada envío, en donde habitualmente se consigna “el periodista se viste en…”) serán tomados como tiempo de publicidad, junto con los diversos PNT (publicidad no tradicional o “chivos” en la jerga). Representantes de dos empresas productoras pequeñas le comentaron a DsD que en octubre tuvieron que dar de baja una o dos pautas, para no sobrepasar el límite que les impone la nueva norma y que los canales les hicieron llegar un “instructivo” con las indicaciones para adaptarse al cambio. Allí les explican el alcance temporal de la publicidad y les exigen consignar si la reciben directo del cliente o si lo hacen a través de una agencia (“bolseros” como se los llama en el ambiente).
Una fuente del sector le dijo a DsD: “Vuelve el esquema de Bernardo Neustadt”, en referencia al legendario conductor y periodista que anunciaba “las siguientes empresas que quieren al país, auspician Tiempo Nuevo” tras lo cual se presentaban placas con las diversas marcas, una tras otra. Desde hace algunos años, las empresas comenzaron a editar comerciales con artística, por lo cual ahora una publicidad puede extenderse durante un minuto. Por lo tanto, ahora poner al aire varios de esos avisos violaría la norma vigente.
Diario sobre Diarios (DsD) publica hoy aquí, algunas consideraciones del actual sistema de producción periodística de programas de cable o de radios AM y FM, al sólo efecto de que los lectores tomen dimensión del amplio espectro de periodistas y productoras que podrían ser afectados por la nueva legislación.
La nueva norma viene a jaquear un sistema de producción periodística, conocido en la jerga televisiva como “loteo”, cuyo funcionamiento resultó hasta aquí invisible a los ojos de los televidentes. La breve reseña que brinda el DsD más adelante demuestra que el “loteo” ha levantado críticas y observaciones durante los últimos 20 años de vigencia ¿Es el fin del loteo? ¿O loteo para unos pocos? ¿No se trata de una buena noticia? ¿Es un logro de la Ley de Medios? ¿Los periodistas no son victimas y victimarios de esta tercerización de los contenidos?
Siempre se dijo que muchos periodistas que trabajan en medios gráficos participan de este sistema. Que con él sumaban ingresos extras a los que perciben en su actividad principal. El listado que se reproduce más adelante apunta a dar una idea de la amplitud de producciones periodísticas que las empresas privadas y el Estado financian mes a mes.

Un poco de historia

En 2002, el libro “Grandes Hermanos” del periodista Eduardo Anguita (Editorial Colihue, en colaboración con Rubén Furman) usó por primera vez el término “perioproductores” para definir a la nueva actividad profesional que consistía en periodistas de diarios que aparecían conduciendo y/o produciendo programas radiales (AM y FM) y televisivos –mayoritariamente en señales de cable- luego de haber pagado a sus propietarios para adquirir espacios de media hora o una hora, sea en forma directa o a través de productoras. En ambos casos, les correspondía la explotación publicitaria y comercial de los espacios adquiridos.
En la página 73, Anguita describió la coyuntura de esta forma:
“La diferencia empezó a fines de los ochenta. Los medios, sobre todo los canales y las radios FM, empezaron a contratar programas cuya producción comercial también era hecha por los periodistas. Al principio hubo mucha oposición porque contrariaba el principio ético de que la información no debía ser interferida por la publicidad…”.
Más adelante señaló que “el cambio de hábitos hacia los perioproductores creó una zona difusa. La verdad, entonces, empezó a construirse sobre la base del posicionamiento de un ciclo o un periodista”.
“Un paso más en esa zona confusa fue el de los programas de radio y televisión de prestigiosos periodistas gráficos. Las empresas, lógicamente, se volcaron a apostar con publicidad a esos programas. Porque en su lógica de asociación a los negocios, no sólo estarían presentes ante esa porción –generalmente limitada- de escuchas o televidentes, sino que podrían ingresar en el influyente mundo de los medios gráficos”.
En efecto, para ubicar las causas del surgimiento de esta nueva actividad hay que remontarse a fines de los años 80 del siglo pasado cuando se extendían los primeros posteados de las nacientes señales de cable. A principios de la década del 90, la concesión de licencias de los grandes canales de TV porteños (de alcance nacional) y la adquisición a la par de las señales de cable potenció a la televisión como el medio de comunicación en escala, con mayor capacidad de impacto publicitario. Los nuevos propietarios de canales y cables ajustaron las finanzas: maximizar las ganancias y minimizar las pérdidas.
Así los primeros años de Telefe, Canal 13 y Canal 9 completaron buena parte de su programación con “enlatados”, novelas y películas extranjeras. Surgió por entonces el reclamo de los artistas, guionistas y técnicos en la entrega anual de un “Martín Fierro” con la consigna “Somos artistas, queremos trabajar”, para alentar la producción nacional en la TV. Los nuevos propietarios establecieron la tercerización de contenidos en pequeños emprendedores, que con el correr de las décadas se transformarían en las grandes productoras de contenidos: Pol-Ka, de Adrián Suar; Ideas del Sur, de Marcelo Tinelli; Cuatro Cabezas, de Mario Pergolini y Diego Guebel, entre otras.
La programación del cable fue cambiando: de las películas al alquiler de los espacios. A la vez, en el cable, los espacios se segmentaron en programas de media hora o una hora, con tanto éxito que en el caso de algunas señales permitieron extender la programación a 24 horas; y limitar o desplazar a las películas. Los primeros espacios fueron comprados por productoras internacionales capaces de garantizar contenidos diversos: programas gastronómicos, turísticos, de moda, de ficción, musicales, etc. Años después, muchos de ellos pasarían a conformar señales propias para públicos específicos. Otros se agruparon a partir de 1999 en la Cámara Argentina de Productores Independientes de Televisión (CAPIT). A 2010 su actual presidente es Alejandro Borensztein, de la productora BBTV SA y columnista dominical del diario Clarín.
En ese marco, se produjo la aparición -en escala- de los programas periodísticos. No todos tenían entonces, ni tienen ahora, la misma estructura: los hay producidos por empresarios que pagan a periodistas un honorario mensual convenido; hay productoras que pagan porcentajes a periodistas según la recaudación publicitaria; hay quienes reciben honorarios y porcentajes publicitarios más productos o servicios derivados de la publicidad no tradicional (PNT) y/o canjes. También profesionales que editan secciones o temáticas en grandes matutinos porteños que se encargan ellos mismos, o familiares y amigos de enviar carpetas y correos electrónicos a potenciales anunciantes públicos o privados para que auspicien sus programas. Este fenómeno de alquilar año a año espacios en la TV o cable se extendió a varias FM o AM –no a todas- y se lo conoció en los años 90, en la jerga empresarial como “loteo”. Simplemente porque los espacios se “loteaban”.
O para usar una palabra que ahora está en el tapete, se “tercerizaban”.

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