Emanuel Respighi y Santiago Marino proyectan los cambios que se sucederán en televisión y radio a partir de la aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, a pesar de la ofensiva judicial de los grupos más concentrados del sistema de medios. Publicó Página 12. En Perfil, Rodolfo Barros verifica que el texto de la ley permitiría avanzar en la desconcentración del mercado de medios, pese a la suerte adversa del art. 161, pero además de abogados que defiendan ante la Justicia el interés del Estado se precisará fortalecer la estructura orgánica de la Autoridad de Aplicación (a la que la oposición vacía de representación). En tanto, José Crettaz se hace eco en La Naciónde las quejas de productores televisivos que argumentan que el control de los 12 minutos por hora de tope para las tandas publicitarias en tv abierta y de 6 minutos horarios en tv por cable, dificulta el andamiaje del audiovisual que, en la práctica, se sostenía también con “auspicios” del Estado y de privados, que en algunos casos conforman una zona de publicidad “trucha” o “no tradicional”. Vale recordar que ese tope ya estaba presente en la anterior Ley de Radiodifusión de la Dictadura (nº 22285) y que fue flexibilizado por el Decreto 1005 de 1999, firmado por Carlos Menem. En Diario sobre diarios se refleja el “malestar” de productores de televisión por cable y se reproduce la declaración de una fuente (anónima) del mercado publicitario, quien indicó que se vuelve “al esquema de Bernardo Neustadt, van a poner la leyenda ‘las empresas que quieren al país’ y después una placa atrás de la otra”. Paracoordinador general de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca), Luis Lázzaro, “la pregunta es por qué, además de cobrar a los abonados, de facturar la distribución de sus señales y de vender su propia publicidad (los operadores del oligopólico mercado de tv por cable) le cobran también a las productoras que suministran los contenidos. Pareciera que se han convertido en una máquina recaudadora que factura en todos los frentes”. Laura Ventura, en La Nación, cita a defensores y críticos de la implementación de algunos aspectos de la ley en la televisión.

Domingo, 26 de septiembre de 2010

El mapa de la radiodifusión dibuja sus nuevas fronteras

Más allá de las últimas discusiones y recursos legales sobre los últimos aspectos a limar, la plena vigencia de la ley ya comenzó a introducir cambios. Un análisis en profundidad de lo que sucederá en los próximos meses en la TV abierta, el cable y la radio.

Por Emanuel Respighi

No será un cambio abrupto, pero sus consecuencias no serán escasas. La paulatina aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual irá modificando la circulación de contenidos culturales en los medios y el consumo audiovisual de los argentinos variará. Superada la discusión política –no así la judicial–, es necesario analizar la manera en la que la legislación pluralizará los contenidos, sumará lenguajes e incorporará jugadores al ámbito de la comunicación. El nuevo modelo televisivo y radial ya se puso en marcha y por estos días se comenzaron a ver los primeros cambios que los licenciatarios empezaron a implementar. Se trata de modificaciones para adaptarse a la ley que, por el momento, se refieren a cuestiones formales. Las relacionadas a los contenidos están por venir. No está mal, entonces, plantear los cambios que la TV y la radio deberán llevar adelante para adecuarse a la tan debatida y politizada Ley 26.522, pero tan poco analizada en relación con cómo circularán los contenidos audiovisuales una vez que la aplicación de la norma sea plena.

Los televidentes y oyentes más agudos se habrán dado cuenta de algunos cambios que la TV abierta y las radios experimentaron en las últimas semanas. Las emisoras televisivas comenzaron a diferenciar los bloques artísticos de la tanda comercial con placas que marcan el comienzo y fin del “espacio publicitario”, tal como exige la ley. De igual manera, el comienzo del horario de protección al menor, a las 22, volvió a remarcarse en pantalla, aunque con nueva leyenda: “Final del horario Apto Para Todo Público”. Claro que es un cumplimiento acorde con estos tiempos: las placas no necesariamente se emiten puntualmente a las 22. Otra consecuencia perceptible es que El Trece y Telefe colocaron en pantalla la hora y la temperatura. Una última placa también se sumó en la semana, la que previo a la difusión de avances informativos, contenidos noticiosos o de alto impacto informa “Atención: Contenido no apto para niñas, niños o adolescentes”.

La próxima novedad es el reordenamiento de la grilla en los servicios de TV paga, que entrará en vigencia desde el próximo viernes. Según estipuló la Autoridad Federal de servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca), los operadores deberán ajustar las señales de forma tal que “todas aquellas que correspondan al mismo rubro de programación se encuentren ubicadas en forma correlativa”. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y el GBA, la grilla quedará así: el Canal 2 para la señal de generación propia; el 3 para TN, el 4 para C5N, el 6 para Crónica TV, el 7 para Canal 26, el 8 para CN23, el 9 para América TV, el 10 para Telefe, el 11 para Canal 7, el 12 para El Trece, el 13 para Canal 9 y el 14 para Encuentro.

Luego de los canales de noticias nacionales y las emisoras abiertas nacionales y locales, los operadores deberán programar a partir de la frecuencia 15 las señales deportivas; luego las infantiles comenzando por Paka Paka; más atrás las periodísticas internacionales, con Telesur a la cabeza; y las restantes señales agrupadas por género, “comenzando si existiese por la señal del género del bloque producida por el Estado nacional o donde éste sea parte”. Con la reglamentación de la legislación, los operadores de TV por suscripción están obligados a incorporar a su oferta, sin codificar, las emisiones y señales de Radio Televisión Argentina Sociedad del Estado, todas las emisoras y señales públicas del Estado nacional y todas aquellas en las que el Estado participe.

Cambia, todo cambia

Más allá de estas formalidades, las mayores transformaciones del mapa televisivo se refieren al origen y al tipo de producción de los programas en el mediano plazo. Se calcula que en dos años los televidentes notarán sustancialmente una variación de las obras audiovisuales ofrecidas. La regulación de los contenidos que prevé la ley modifica la circulación de bienes culturales-informativos por la TV, fijando cuotas de pantalla que buscan pluralizar la oferta e incrementar las producciones locales, regionales y nacionales, propias y de terceros. En la TV de la nueva década, los productores independientes más pequeños tendrán una puerta de acceso más sencilla para insertar sus programas en la pantalla chica. Donde más se sentirá el cambio es en el interior del país, donde los canales locales ya no podrán abastecerse casi full time de la programación de Telefe y El Trece y se verán en la necesidad de aumentar la producción propia y la independiente local, lo que terminará por descentralizar el sistema televisivo vigente durante años en Argentina (ver aparte).

La nueva legislación, en su artículo 65, estipula que los cinco canales de TV abierta actuales deberán programar un mínimo del 60 por ciento de producción nacional, un piso de 30 por ciento de producción propia que incluya informativos y por lo menos un 30 por ciento de producción local independiente. Si se tiene en cuenta el relevamiento del trimestre marzo-abril-mayo publicado en el Informe de Contenidos de la Televisión Abierta Argentina, difundido la semana que pasó por la Afsca, se concluye que ni El Trece ni Telefe ni el 9 ni el 7 ni América tienen inconvenientes respecto de la producción nacional requerida. Sin embargo, en materia de producción propia, Telefe y Canal 9 son los que mayores esfuerzos deberán hacer, ya que el primero sólo produce el 14 por ciento de los contenidos que emite, mientras que el segundo llega al 20 por ciento. El 35 por ciento de producción propia que emite Canal 7 convierte a la señal pública en la única dentro de la ley en este punto, aunque El Trece y América, ambos con el 29 por ciento de producción in house, están cerca de lograrlo.

En cuanto a la producción de terceros, nuevamente Telefe (21 por ciento) y el 9 (12 por ciento) deberán modificar sustancialmente sus grillas e incorporar contenidos de productoras independientes, aunque en esta categoría también se suma El Trece, que apenas cubre el 13 por ciento de su grilla con producciones externas. En este punto, vale señalar que el marco jurídico aprobado diferencia entre la producción independiente y la producción vinculada (que se refiere a contenidos realizados por empresas con vinculación jurídica societaria o comercial, no ocasional, con los licenciatarios). Por tal motivo, la enorme cantidad de horas que Pol-Ka e Ideas del Sur le abastecen a El Trece no cuentan como producciones independientes, ya que el Grupo Clarín posee el 55 por ciento de la primera productora, y el 30 por ciento de la segunda.

El dolor de cabeza se incrementa aún más para las productoras de Adrián Suar y de Marcelo Tinelli ya que la normativa también prohíbe que un mismo licenciatario adquiera la totalidad de los contenidos que genere una productora asociada. Actualmente, todos los programas de Ideas del Sur y de Pol-Ka se emiten por El Trece, por lo que las productoras deberán ofrecer alguna producción a otros licenciatarios.

Las restricciones no se limitan al origen de la producción, sino también al tipo de programas. En este aspecto, la TV abierta contará en el mediano plazo con mayor espacio para la cinematografía nacional y la programación infantil, a la que protege e incentiva a través de la tipificación de cuotas de pantalla. Siguiendo el modelo impuesto en Francia, el artículo 67 establece una cuota de pantalla de cine y artes audiovisuales nacionales, que exige que “los canales de TV abierta deberán exhibir en estreno televisivo en sus respectivas áreas de cobertura, y por año calendario, ocho largometrajes nacionales, pudiendo optar por incluir en la misma cantidad hasta tres telefilms nacionales, en ambos casos producidos mayoritariamente por productoras independientes nacionales, cuyos derechos de antena hayan sido adquiridos con anterioridad a la iniciación de rodaje”.

La cláusula que pretende promover la industria cinematográfica nacional también abarca a la TV por suscripción, ya que especifica que “los canales de TV paga y los de TV abierta cuya área de cobertura comprenda menos del 20 por ciento de la población del país podrán optar por cumplir la cuota de pantalla adquiriendo, con anterioridad al rodaje, derechos de antena de películas y telefilms nacionales producidos por productoras independientes nacionales, por el valor de 0,50 por ciento de la facturación bruta anual del año anterior”.

La cuota de programación infantil, que durante años los canales abiertos habían abandonado y cedido a la TV paga, fijó tres horas diarias de transmisión de material audiovisual específico para niños y niñas, de las cuales la mitad deben ser de producción nacional. Hasta mayo, más del 50 por ciento del tiempo de emisión de infantiles en los canales capitalinos provenía de EE.UU. (desde hace una semana El Trece repuso Piñón Fijo es mi nombre e Hijitus). Además, la ley prohíbe la participación de niños o niñas menores de 12 años en programas que se emitan entre las 22 y las 8, salvo que hayan sido grabados fuera de ese horario, circunstancia que se deberá mencionar durante su emisión. Como ya lo realizan las señales de cine del cable, antes del inicio de los programas que no fuesen aptos para todo público, y con el comienzo de cada bloque, los canales de TV deberán emitir la calificación del contendido, de acuerdo con las categorías establecidas por la Afsca.

Todas las voces, todas

En continuidad con Fútbol para todos, el artículo 77 garantiza por TV abierta “los contenidos informativos de interés relevante y de acontecimientos deportivos, encuentros futbolísticos u otro género o especialidad”. El criterio para que un evento sea considerado de interés general por la Afsca deberá surgir de tres elementos: que tradicionalmente haya sido transmitido por TV abierta; que despierte atención de relevancia sobre la audiencia y que se trate de un acontecimiento de importancia nacional o de uno internacional relevante, con una participación de representantes argentinos en calidad o cantidad significativa.

Las transformaciones en el cable no se reducen a la grilla. Para garantizar el acceso a los servicios de comunicación, la legislación determina a los prestadores de servicios de TV paga disponer de un abono social, cuya oferta de señales y precio estará sujeta a las conclusiones de audiencias públicas y de la Afsca. El paquete de canales del abono social deberá ser ofrecido a todos los prestadores a precio de mercado y en las mismas condiciones en todo el país. Este artículo viene a cuenta de que en muchos lugares del territorio argentino, el cableoperador es el único servicio que existe para mirar TV. Además de que los operadores de TV paga deben incluir los servicios de TV abierta del área de prestación y una señal de producción nacional propia, la ley determina que los operadores deberán incluir en su grilla un mínimo de canales originados en países del Mercosur y/o latinoamericanos con los que el país haya suscripto o suscriba a futuros convenios. Esa cuota mínima de canales de la región aún no fue determinada.

La publicidad audiovisual tampoco quedó exenta del marco jurídico. Una vez que se aplique, la reglamentación estipula que todos los avisos deberán ser de producción nacional cuando fueran emitidos por los servicios de radiodifusión abierta o en los canales o señales propias de los servicios por suscripción, o insertas en las señales nacionales. A su vez, la ley fija un tope de publicidad de doce minutos por hora de emisión para la TV y de 14 para la radio. Es importante señalar que la limitación publicitaria afecta notoriamente a programas como Showmatch, plagados de Publicidad No Tradicional (PNT), ya que en ese tiempo máximo incluye la tanda comercial propiamente dicha y este tipo de anuncios. En la TV paga, los operadores sólo podrán insertar publicidad en la señal correspondiente al canal de generación propia.

En conjunto con el límite que la ley pone a las redes de radio y TV, puntualizando que la emisora adherida no puede cubrir con esas programaciones de “cabecera” más del 30 por ciento de sus emisiones diarias (a excepción de los servicios de titularidad del Estado nacional, provinciales y universidades), el hecho de que los canales y radios del interior deban mantener el ciento por ciento de los derechos de contratación sobre la publicidad en sus espacios hará que los anunciantes más importantes tengan que pautar en medios locales si quieren garantizarse una penetración federal. Incluso, como la otra condición para que los medios transmitan en red es que mantengan un servicio de noticias local y propio en horario central, cae de maduro que toda producción local se emitirá en el horario de mayor audiencia, por lo que se prevé que el prime time capitalino –hoy replicado en todo el país– vea reducido su espacio fuera del área de cobertura.

Al enfocar la mirada en la radio, se puede decir que la ley busca sumar artistas y discursos independientes al éter, con preponderancia de la producción de música y contenidos nacionales. Los servicios de radiodifusión sonora, privados y estatales, deberán emitir un mínimo de 70 por ciento de producción nacional, y un mínimo del 50 por ciento de producción propia que incluya noticieros o informativos locales. Pero además impone una cuota de contenidos beneficiosa para la cultura nacional: el 30 por ciento de la música deberá ser de origen nacional, de autores o intérpretes argentinos, cualquiera sea el tipo de música, por cada media jornada de transmisión. La norma explicita que la Afsca podrá eximir de esta obligación a emisoras dedicadas a colectividades extranjeras o a emisoras temáticas.

Ese no es el único beneficio para la cultura nacional. El aspecto más revolucionario de la legislación en relación con la radio, dada la circulación musical que las emisoras establecen en conjunto con las discográficas, es que contempla un espacio a los músicos independientes. “Esta cuota de música nacional –agrega el artículo 65– deberá ser repartida proporcionalmente a lo largo de la programación, debiendo asegurar la emisión de un 50 por ciento de música producida en forma independiente donde el autor y/o intérprete ejerza los derechos de comercialización de sus fonogramas mediante la transcripción de los mismos por cualquier sistema de soporte teniendo la libertada absoluta para explotar y comercializar su obra.”

Si la ley logra implementarse en forma plena, la producción nacional, los productores independientes, el cine y la música nacionales se beneficiarán. La duda pasa por lograr que el camino hacia la pluralidad y diversidad discursiva e informativa sea recorrido con la calidad como bandera. Recién entonces el marco regulatorio que tanto costó conseguir podrá transformarse en una de las construcciones más relevantes de la democracia.

LOS CAMBIOS QUE TRAE APAREJADOS LA LEY DE MEDIOS – OPINION

La transición hacia la variedad

Por Santiago Marino *

La ley debe ser comprendida como punto de partida hacia la democratización del sistema de comunicación y cultura. No es la etapa final de un proceso, es el comienzo de un camino. El recorrido que apenas se inicia implicará cambios en la estructura y composición del sistema de medios, como así también en los niveles de concentración de la propiedad de estas empresas. Estipula condiciones que podrán modificar la oferta cultural audiovisual, los tipos de discursos y los contenidos, como apertura hacia la diversidad.

La transición será un proceso complejo y largo. El nuevo marco legal establece condiciones que obligarán a incrementar la producción propia. Es un elemento central, sobre todo si se parte de situaciones como las que demuestra el 7º Informe de Contenidos de TV Abierta, que “ponen de manifiesto el centralismo del sistema y la alta penetración de los contenidos emitidos por los canales de cabecera propiedad del Grupo Clarín y Telefónica”. Los nuevos mínimos de producción local y propia habilitan a esperar más contenidos locales, regionales y federales. Y, tal vez, nuevos modos de contarnos cómo somos y qué nos pasa. E impactará en la forma en la que se configura el universo de nuestras representaciones y la construcción de nuestra identidad.

Los contenidos que podrían generarse se completan con la exhibición de varios films de producción nacional de los muchos que se realizan en nuestro país con dinero del Incaa, estableciendo nuevas ventanas de distribución y garantizando mejores condiciones de acceso de los ciudadanos para un cine que producimos, pero que no miramos masivamente. También se crean las condiciones para que los canales y productoras (definidas en sentido amplio, con y sin fines de lucro) realicen telefilms y productos de ficción relevantes para el desarrollo de la cultura local, la construcción de la identidad y la generación de empleos.

Si bien la diversidad de la oferta no está garantizada por la ley, pensar en un sistema audiovisual con mayor variedad no es una utopía, sino un desafío a resolver. Los niveles exigidos demandarán mucha inversión en la producción, sin que quede claro aún qué tipo de contenidos podrán generarse, cuáles serán los estándares de calidad y, sobre todo, cuáles las fuentes de financiamiento. Responder esta pregunta es urgente. Pensar mecanismos de promoción es necesario. Y estar atentos a los cambios será clave para identificar si cambia, como esperamos, la oferta cultural, para ver esa ley en nuestra pantalla.

* Coordinador académico Maestría en Industrias Culturales (UNQ), asesor del Programa Legislaciones de la Asociación Mundial de Radios Comunitarias.

lanzan sistema con la afip para controlar a los dueños de radios y tv

No podrán aplicar con rigor la Ley de Medios hasta tener un “súper Comfer”

El Gobierno planea cuadriplicar la planta de la autoridad de aplicación. Críticas por no auspiciar la creación de nuevas emisoras. Prometen que en marzo habrá un plan maestro.

Por Rodolfo Barros

Para fiscalizar las cuotas de producción de contenido local, el respeto de los tiempos máximos de publicidad por hora, los límites a las retransmisiones de programas desde Buenos Aires a las provincias, entre otras reglas planteadas en la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA), la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca) que conduce Gabriel Mariotto deberá, al menos, cuadriplicar su planta compuesta por un poco más de 800 funcionarios, según admitieron a PERFIL fuentes de ese organismo que también se encuentran entusiasmadas con la puesta en servicio “inminente” de una base de datos, compartida con la AFIP, con la que seguirán los pasos de los propietarios de los medios.

En la Afsca consideran que esa base “digital” será una piedra fundamental para aplicar la Ley. También aseveran que con los resultados del censo de medios, cuyos datos aún no fueron difundidos oficialmente, en marzo lanzarán un plan integral de reordenamiento del espectro radioeléctrico, por el que se transmiten las señales de radios y canales de TV. Ese plan maestro incluirá la apertura de concursos para “sumar nuevas voces”, como se suele afirmar en el discurso oficial.

Mapa. Fuentes del organismo, sindicadas como adalides de la libertad de expresión por la militancia K, pidieron a este medio mantener la reserva de sus nombres, sobre todo cuando se les preguntó las razones por las que aún no son conocidos los datos del censo de medios: “Fue demorado varias veces por medidas cautelares”, ensayaron, a pesar de que las planillas fueron entregadas hace tres meses.

Dos fuentes oficiales y otra con acceso al censo coinciden en que se recibieron 15 mil

registros.

Luego del golpe que sufrió en la Corte para aplicarle a Clarín el artículo 161 de la LSCA y obligar al principal multimedios de la Argentina a elegir, antes de las próximas elecciones, ser propietario de Canal 13 o de Cablevisión –entre otras limitantes–, el Gobierno admite que no podrá aplicarla con rigor hasta hacer crecer al viejo Comfer, ya que no cuenta con el personal necesario para la fiscalización.

Uno de sus ex directores lo sintetizó de la siguiente manera: “En cada ciudad pequeña hay al menos tres radios FM y canal de aire o de cable. La Policía Federal cuenta con 70 delegaciones y la Afsca sólo con 26. Es necesario dotar a cada una de ellas de los medios necesarios para poder controlar desde el respeto del horario de protección al menor, hasta las cuotas de producción local”.

“Para reducir la concentración, cualquier gobierno puede incrementar la cantidad de medios no concentrados. Esto en la Argentina implicaría vender pliegos de TV por cable. El Gobierno anunció que lo haría a partir de 2009, pero no se ve que existan nuevas adjudicaciones”, explicó el investigador Martín Becerra, que también recordó que, en complementación a la Ley de Medios, “el Gobierno podría integrar de una buena vez el Tribunal de Defensa de la Competencia, con amplio poder en el mercado para evitar posiciones dominantes desde una perspectiva de defensa del interés público.”

La ley de medios

Preocupan en la TV los límites a la publicidad

La reducción del tiempo para los avisos complica a las productoras

José Crettaz – LA NACION -Martes 5 de octubre de 2010

La reglamentación de la nueva ley de medios, que comenzó a regir este mes, no sólo se centró en el reordenamiento de la grilla de canales del cable y en cambios cosméticos como la hora en pantalla de manera permanente. También estableció nuevos límites a la cantidad de publicidad que puede emitir la televisión abierta (hasta 12 minutos por hora) y la paga (hasta seis minutos). Esta disposición despertó gran preocupación entre las productoras periodísticas de televisión, que se financian con auspicios institucionales de empresas y entes públicos y que disponían hasta ahora del doble de tiempo para emitirlos.

Sólo en Buenos Aires hay no menos de 200 productoras independientes de programas periodísticos, en su mayoría de media hora. Se transmiten desde señales del abono básico del cable, como Metro y TN (Grupo Clarín), América 24 (Grupo Uno-De Narváez) y Telemax y Canal 26 (Grupo Pierri), principalmente. Este modelo, en el que los canales se limitan a alquilar el espacio se repite casi en todas las ciudades que cuentan con señales locales de televisión. Da lo mismo que sean señales de cine, dibujos animados o programas periodísticos; que transmitan desde Miami para el continente o lo hagan desde y para una pequeña localidad.

El tope a la duración del espacio publicitario, que incluye spots tradicionales y zócalos en la pantalla, es más restrictivo para los contenidos televisivos periodísticos porque, en su gran mayoría, se trata de programas de media hora, que pueden contener hasta tres minutos de avisos. “Nos perjudica seriamente porque reduce el espacio publicitario a la mitad. Estos programas pagan un alquiler al canal que los emite y se financian con publicidad. Esta pelea es principalmente con Clarín, pero en el medio hay muchas productoras pyme que la van a tener difícil para sobrevivir”, dijo Mario Lion, de Vocación, la productora de los periodísticos de Jorge Lanata y Roberto García.

A diferencia de lo que sucede en los canales de aire, en los que la publicidad tiene una tarifa por segundo, aquí se trata de precios fijos por auspicio, que van de los $ 2000 a los $ 4000, y hasta ahora cada programa podía tener entre 10 y 15 auspicios. El costo de alquilar el espacio oscila en torno de los $ 6000, a lo que debe agregarse alquiler de estudios y honorarios de técnicos.

Aunque esta situación alcanza a los programas periodísticos producidos independientemente, los de periodistas menos reconocidos públicamente o que estén en horarios marginales serán los que más sufran, según las fuentes consultadas. “Esto daña a las productoras independientes y es producto de una reglamentación que fue draconiana y agravó la ley de medios. Con tres minutos no se llega a nada; muchas de las producciones van a ser inviables. Los comerciales típicos de la TV abierta que duran 30 segundos van a ser inviables. Esto nos saca del aire, habrá menos diversidad, no más”, opinó Diego Dillenberg, productor y conductor del programa La hora de Maquiavelo , que está organizando una reunión de las productoras con las empresas anunciantes para encontrar la forma de superar la restricción.

Una asesora jurídica del presidente de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca), que prefirió reservar su nombre, explicó a LA NACION: “La normativa no distingue entre una señal de cine o series, o periodísticos, porque son un nuevo sujeto regulado, y es el sujeto que más se debe estudiar. En cuanto a todo lo que es PNT [publicidad no tradicional] no ha sido taxativamente regulado”. Y añadió: “Se buscó un término medio, en el cual para la señal abierta que sólo vive de la publicidad, quedó en 12 minutos; ocho minutos para la señal de generación propia [los cables sólo pueden tener una], y seis para las demás señales”.

La reglamentación de la ley fija una tercera categoría, la de las señales de generación propia local, que pueden emitir hasta 8 minutos de publicidad por hora. La aplicación de esta tercera categoría está por verse porque, para eso, las empresas dueñas de sistemas de cable deberán quedarse con una sola señal propia de contenidos. Tanto el grupo Clarín como el grupo Pierri , los dos operadores de Capital Federal, deberían elegir cuál de sus señales conservarán.

“No tenemos en claro en qué nos puede perjudicar o favorecer la ley porque no se termina de entender muy bien en la reglamentación de qué estamos hablando, ni de cuántos minutos ni de qué formatos”, dijo Gustavo Novillo, gerente general de Devicom, productora de programas periodísticos de radio y TV, una de las empresas dueñas de Radio El Mundo. Novillo se preguntó si el espacio publicitario que los medios están obligados a ceder a las campañas de interés público están comprendidas o no dentro de esa regulación.

“Internacionalmente, el promedio de tiempo de publicidad está entre 10 y 14 minutos por hora”, explicó Antonio Ambrosini, especialista en medios y entretenimiento de la Universidad de Palermo (UP). En Europa, donde se buscan alternativas para financiar la televisión digital abierta y gratuita, se debate la ampliación de ese cupo, y algunas televisoras públicas dejaron de emitir publicidad privada, como TVE, para colaborar con la sustentabilidad del nuevo esquema.

“Es complicado. Por ejemplo, en el caso del fútbol, ¿cómo se va a medir la publicidad estática o de las camisetas, que están permanentemente en el aire? La nueva ley tiene grandes problemas de implementación, por el tema del financiamiento”, opinó.

LA SITUACION EN LAS PROVINCIAS 

“¿Cómo hacemos para sostener en una pequeña comunidad de 10.000 habitantes la publicidad por segundo, cuando tenemos el doble de tiempo que especifica la normativa? ¿Les informamos mañana a los auspiciantes que a se triplica el precio y se reduce a la mitad el tiempo del spot?”, se preguntó José María González, de la Agencia de Noticias Regional, de Realicó, La Pampa, que produce dos programas para la señal local del cable, donde las tarifas son de $ 200 por mes por pasada por programa.

Para González, “la ley de medios buscaba regular la diversidad informativa para que todas las voces se puedan escuchar, pero en ese punto exactamente es en el que nos afecta sensiblemente al punto de que poder desaparecer”.

Esta situación se repite en todas las localidades en las que las señales locales de televisión se abastecen de contenidos producidos por terceros (algo a lo que incluso la ley obliga).

Productores de programas viven horas de tensión

Unos de los actores del mercado periodístico que menos visibilidad tienen, pero que funcionan como engranaje comercial entre periodistas y empresas privadas u organismos públicos, son las productoras de programas de TV por cable.
Desde hace unos días, estas empresas están adquiriendo una módica visibilidad, debido a que la nueva ley audiovisual reduce la publicidad a sólo seis minutos por hora en cable.
El martes pasado, La Nación publicó una nota al respecto, en la que consignó la “preocupación” de algunas productoras de TV.
DsD difundió ayer que las firmas que producen contenidos para TN (en donde están los “peso pesados” del sector) están viendo como se adecuan a la nueva modalidad.
Durante la tarde de ayer, dos productores de programas de TV por cable le comentaron a DsD que “lo que está pasando es peor de lo que esperábamos”.
Según afirman, desde las señales donde se emiten esos programas “nos mandan un instructivo en donde nos dicen que a partir del 1º de octubre no puede sobrepasarse el límite de 3 minutos de publicidad por cada media hora”.
Agregan que también les exigen “si la publicidad nos la da el cliente en forma directa o a través de un bolsero”. Algunos productores admitieron a DsD que tuvieron que dar de baja algunas pautas este mes para no traspasar el límite fijado.
Estas productoras en general son firmas poco conocidas por el público consumidor de medios.
En algunos casos, pese a ser parte del mundo de la comunicación ni siquiera tienen sitio web, como si el negocio fuera que no se sepa quienes son.

“Volvemos al esquema Neustadt”
Una fuente del mercado de la publicidad en TV por cable le comentó ayer a DsD que, debido a la reducción de los minutos de publicidad, “las empresas no van a poder pasar publicidades muy extensas”. Con sentido del humor, señaló: “Volvemos al esquema de Bernardo Neustadt, van a poner la leyenda ‘las empresas que quieren al país’ y después una placa atrás de la otra”. Según consideró, es la única forma que en algunos programas entren todos los auspicios. De todas formas, aclaró: “cuando las empresas pautan en programas periodísticos de cable lo que en verdad están haciendo es generar un vínculo con el periodista, no promocionan ningún producto”. Por lo que consideró que “el sistema podría funcionar igual, con artística, con placas o sin nada”.

La mirada del Gobierno sobre la publicidad en cable

En los últimos días, Diario sobre Diarios (DsD) registró la tensión que por estas horas están viviendo los productores de programas periodísticos en señales de TV por cable. La reglamentación de la nueva ley audiovisual estipuló un tope de 6 minutos por hora de publicidad en cable (8 si se trata de la señal de “generación propia”), lo que –dicen los productores- les achica considerablemente el margen para incluir auspicios.
El coordinador general de la Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual (Afsca), Luis Lázzaro, le dijo ayer a DsD que “los dueños de las plataformas de la televisión por abono (que le facturan mensualmente a más de 6 millones de abonados, de los cuales 3,5 millones pertenecen a un mismo grupo) intimidan ahora a las productoras independientes con el recorte publicitario y generan un conflicto adicional sobre la ley de la democracia”.
Añadió que “la pregunta es por qué, además de cobrar a los abonados, de facturar la distribución de sus señales y de vender su propia publicidad, le cobran también a las productoras que suministran los contenidos.
Pareciera que se han convertido en una máquina recaudadora que factura en todos los frentes”.
Según Lázzaro, “los distribuidores de contenidos deberían adquirir estos a valores razonables y permitir una adecuada ecuación entre la artística y la publicidad, dado que ambos sostienen el negocio”.
Por último, aclaró que “las campañas de interés público no se contabilizan en los tiempos de emisión de publicidad, como algunos medios han difundido de manera equivocada”.

La televisión y un debate existencial

A un año exacto de su sanción, la ley de servicios de comunicación audiovisual generó, además de batallas judiciales, incertidumbre en la industria y desorientación en los televidenes. ¿Qué cambios reales hubo?

Por Laura Ventura – Para LA NACION – Domingo 10 de octubre de 2010

El desafío de dejar la política a un lado es complejo; hasta imposible. Hoy se cumple exactamente un año desde que la llamada ley de servicios de comunicación audiovisual fue sancionada, y además de las decisiones judiciales (esta misma semana la Corte avaló una medida cautelar que suspende el plazo de desinversión), hay un sinfín de asuntos en marcha ante los cuales el espectador se siente, como mínimo, desconcertado. Y la propia industria televisiva, en estado de incertidumbre. Mientras tanto, canales de todo el país y productoras aún se dedican a estudiar la letra chica de la legislación.

Un gran interrogante es cómo se podrán llevar al campo práctico algunas ideas fuerza para las que se movilizaron sectores durante el debate legislativo, pero que exigen, en primer lugar, una fuerte inversión y una mayor iniciativa de un Estado que hoy parece enfocado apenas en los artículos vinculados a su lucha contra el Grupo Clarín.

Los canales, tímidamente, ya incorporaron algunos cambios, escasos si se miden con la batería de medidas que propone la ley. Los más evidentes hasta ahora son apenas la inclusión de la hora en el ángulo inferior de la pantalla, placas que delimitan el inicio y el final de los espacios publicitarios y la comunicación diaria de quienes son los titulares de las licencias. Desde hace varios viernes, el día que ShowM atch comienza a las 21.30, Marcelo Tinelli detiene las peleas mediáticas para anunciar puntualmente, a las 22, esta nueva franja.

El viernes último, la Asociación de Telerradiodifusoras Argentinas (ATA), integrada por Telefé, El Trece, Canal 9 y América, entre otros, presentó una denuncia contra 34 artículos de la ley que se refieren a las licencias y a la reglamentación de los contenidos. Por contraste, el canal oficial, corre con ventajas en el nuevo escenario. Martín Bonavetti, director de Canal 7, analizó la pantalla que dirige como en pleno proceso de transformación. El ejecutivo admitió que el rating lo preocupa, pero que su prioridad es generar contenidos atractivos: “El canal está recuperando su matriz de producción propia, y una de las áreas donde aspiramos a crecer es en ficción. Es un desafío para el equipo que sí produce contenidos de no ficción. Por eso apostamos a la sitcom , que no es tan exigente como una tira.”

Dudas, en el interior
Hay algunos puntos aún difusos en la ley que propone un cambio radical para las emisoras del interior. La crítica de algunas autoridades de medios es que la ley plantea el qué, pero no el cómo, quizá como consecuencia de una apurada redacción para lograr su aprobación en el menor tiempo posible. Los canales no porteños deben reservar la mitad de su horario central a producciones propias, por lo tanto, habrá menos contenidos de Buenos Aires. Sobre esta restricción, los propios operadores deslizan la posibilidad de que los programas de alto rating sean seguidos a través de Internet, que plantearía un nuevo escenario de “evasión a la ley”.

¿Qué pasará con ShowM atch o Susana Giménez , que duran más de dos horas, el cupo de tiempo en que se pueden transmitir producciones nacionales en el interior? Una solución podría ser que fuesen editados. De este escenario se desprende que serían vistos en el interior más tarde que en el AMBA y, por lo tanto, no podrían participar de los juegos y concursos, por ejemplo, que se realizan en vivo.

¿Cómo harán las emisoras del interior para sostener las cuotas de producción que exige la ley, un rubro complejo y costoso? Esteban Falcón, presidente de Canal 10 de Córdoba (de la Universidad Nacional de esa provincia) adelantó que este canal abierto, público y universitario empezó a producir ficciones breves de humor de costo moderado de realización, con cómicos locales. “No estamos en condiciones de enfrentar presupuestariamente una tira de ficción”. Y confiesa que el monto del que dispone tampoco permite tener los humoristas locales de primera línea. “Hacer TV es costoso y la ley no resuelve el interrogante del financiamiento”, opina Falcón.

Otros de los puntos polémicos de la reglamentación de la ley es el reordenamiento de la grilla del cable, que debía regir desde el 1º de octubre, pero fue suspendido por una orden judicial. Además, y menos sabido, es que la ley impone a los sistemas de cable a incluir todas las señales que pertenezcan o que posean participación del Estado, entre ellas, las emisoras que están naciendo: Hacer TV (del Ministerio de Planificación), la señal de música Sonar, Incaa TV, Paka Paka. En un fuerte comunicado que emitió hace un mes la Asociación Argentina Televisión por Cable (ATVC), su presidente Walter Burzaco destacó: “El objetivo es beneficiar a los canales oficiales y a los canales amigos del Gobierno. La libertad no precisa de guías; sí, de reglas claras”.

La LSCA es específica en esta materia de publicidad: los programas de aire podrán emitir hasta 12 minutos de publicidad y en ellos se computarán las publicidades no tradicionales (PNT). La distribución de la publicidad preocupa a los canales de aire: la torta, ya escasa, se distribuirá en una mayor cantidad de porciones. Algunas autoridades de emisoras admitieron su miedo de que los contenidos se paupericen. Una ex autoridad de un organismo oficial le dijo a LA NACION: “Se buscarán audiencias reducidas y esto impacta en el mercado publicitario. Se vulnera la sustentabilidad de cada medio, y así, con empresas pequeñas y altos costos de producción, serán títeres oficiales”. Por el contrario, Bernarda Llorente, quien fue directora de programación durante una década de Telefé y es actualmente una de las dueñas, junto con Claudio Villarruel, de ON TV, opina sobre el espectador: “[Podrá ver] TV de alta calidad; es una apuesta compleja para mejor, y la TV se reinventará a sí misma”.

Mariano Chihade, de Mandarina, es optimista: “Creo que la torta publicitaria se adaptará a las necesidades del mercado”. Entretanto, Adrián Suar, gerente de contenidos del Trece y factótum de Pol-ka, en una nota concedida a LA NACION, publicada el 7 de agosto, opinó: “Que habrá más trabajo es engañoso. Puede pasar lo contrario. Es un titular que suena bien para los oídos, pero tengo miedo de que en la práctica no se cumpla. Producir no es hacer el brindis del estreno. Los costos son muy caros y la rentabilidad es muy chica”.

El escenario de menores ingresos también preocupa a los actores y autores. Por eso, debaten la creación del Instituto de Ficción de TV. Arturo Bonín, uno de sus impulsores, explicó su reclamo a LA NACION: “Queremos que se incluya la ficción en el 60% de producción nacional que exige la ley, porque no especifica qué contenidos. No sé si nos va a traer más puestos de trabajo, pero lo hacemos para defender nuestra cultura”. En 2001, cuando surgió el recordado lema de “Somos actores; queremos actuar”, había 9 horas de ficción diaria; en la actualidad, sólo existen 4.

Espacio publicitario

Durante todo el día, los canales anuncian luego de cada bloque de programación, antes de la tanda y cuando ésta culmina, el inicio y el final de los espacios publicitarios.

Protección al menor

El clásico horario de protección al menor fue reemplazado por una placa que señala el fin del “horario para todo público”, que los canales emiten a las 22.

Hora y temperatura

En el margen inferior de la pantalla (algunos canales, en el extremo izquierdo; otros, en el derecho), se anuncian la hora y la temperatura.

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