La diputada Vilma Ibarra relató en Clarín cómo se editó un informe del envío televisivo CQC que se mofaba de la ignorancia de los legisladores sobre producción cultural o política internacional, omitiendo las respuestas de aquellos representantes que eran correctas y eludiendo el juicio acerca del conocimiento que éstos poseen sobre su propia actividad parlamentaria.

“Si sale cara, gano yo; si sale ceca, perdés vos”

Por Vilma Ibarra – 24/04/11

En el programa CQC del domingo 17 se presentó un informe realizado en la Cámara de Diputados donde se mostraba a varios legisladores contestando preguntas de “actualidad”. Allí se veía a diputados y diputadas contestando erróneamente sobre la obra literaria de Mario Vargas Llosa, las centrales atómicas de Japón, las elecciones de Perú, o el nombre de las capitales de algunos países.

Curiosa unanimidad, ya que ningún entrevistado parecía conocer ninguna respuesta correcta a ninguna pregunta.

El primer dato que es necesario aportar es que en el desarrollo del informe el programa parece tener la pretensión de “fiscalizar” a los representantes del pueblo en el Parlamento. Es un hecho curioso, en primer lugar, que para valorar a un diputado o diputada que está en un día de sesión parlamentaria, se omita cualquier pregunta relativa a las leyes que se están tratando .

Creo que esto no es menor, ya que a los fines de la calidad de la representación política, habla mucho más del valor de un legislador, su opinión fundamentada sobre la ley que se acaba de votar, que sus aciertos o desaciertos literarios. Y esto vale para oficialismo y oposición. Se dirá que el programa es un show humorístico y efectivamente lo es. Pero también en el humor subyacen las ideas y los valores. Cuando se aborda la representación institucional ningún programa puede desentenderse de su rol en la construcción de ciudadanía .

Yo también fue entrevistada ese miércoles. Me abordó una notera muy simpática y me preguntó, con cámara encendida, cuál era la diferencia entre xenofobia y discriminación, si conocía cuál era el resultado de las elecciones en Perú, los años que Muamar Gadafi llevaba en el poder y cuál es la capital de Libia.

Si me hubiese preguntado sobre la capital de la República de Belice, o el nombre del actual mandatario guatemalteco que alcanzó la fama por divorciarse de su mujer para que ella pueda ser candidata a presidenta, sin dudas hubiese acompañado el informe de mofa que se vio el último domingo. Pero tuve más suerte que otros y pude contestar las preguntas en forma correcta, con más o menos precisiones. Sé que otros diputados y diputadas hicieron lo mismo.

La pregunta obligada entonces es: ¿por qué no aparecimos en el informe de CQC? Tal vez porque no sea gracioso contestar bien . ¿Es esto leal? ¿Sólo se trasmite la entrevista si me equivoco en las respuestas? ¿El entrevistado, nunca puede salir bien parado? Eso se llama trampa: es el viejo engaño del pícaro que sortea con una moneda y dice: “Cara gano yo, ceca perdés vos”. Como en todos lados, algunos legisladores saben de literatura, otros de música, otros de ambas cosas y otros de ninguna de ellas, pero a todos les debemos exigir que cumplan su mandato como representantes en el Parlamento.

Como diputada nacional puedo no conocer la obra de Marguerite Yourcenar o de Carlos Fuentes y creo que nada grave va en ello, si es que puedo fundamentar mi voto a favor o en contra de las leyes y puedo dar cuenta de mi aporte a la construcción de un país más justo, igualitario e inclusivo. Pero me parece triste, pobre y fundamentalmente injusto para los televidentes, esconder las entrevistas que no los dejan ejercer la mofa y la burla fáciles.