El Grupo Vila-Manzano, reactivo a la ley de servicios de comunicación audiovisual, en cambio apoya el envío del proyecto para que el Congreso declare de interés público la producción monopólica de papel a través de Papel Prensa. Como dice el refrán: “por la plata baila el mono”. El blog Señales reproduce artículos y editoriales de los diarios del Grupo Vila-Manzano (socios del diputado nacional Francisco de Narváez) en donde se aporta información sobre el funcionamiento del mercado de papel.

Vila y Manzano apoyan al gobierno en Papel Prensa y ¡critican los monopolios!

Los diarios del Grupo UNO (La Capital, UNO Mendoza, UNO Santa Fe y UNO Entre Ríos) publican notas referidas a Papel Prensa. Con agregados y diferencias de matices toman gran parte de la nota de Jaime Correas, Director Periodístico de UNO Mendoza. Quienes denunciábamos a los grupos que ejercían situaciones monopólicas no reparamos en la valentía de Daniel Vila y José Luis Manzano en contra de esta práctica (es un chiste, ché!!!). Imagino que esto tendrá amplio despliegue en TelAm. Si hasta don Héctor Timerman recomendó desde Twitter leer la editorial de La Capital. Todas las notas a continuación:

Editorial del Diario La Capital:

Papel Prensa: el objetivo de restablecer un justo equilibrio

El país ha asistido en los últimos días a la indignada y desproporcionada reacción de la oposición política, que también está representada por medios de comunicación, contra la decisión del Ejecutivo nacional de declarar de interés público la fabricación, comercialización y distribución de pasta celulosa y de papel de diario, por el cual se quiere abastecer en forma igualitaria la provisión del insumo para todos los periódicos argentinos.
Tratándose de un asunto que involucra nada menos que a un valor tan decisivo en el sistema democrático como la libertad de expresión, convendría separar los enfrentamientos coyunturales de la candente cuestión de fondo.
Si se analiza, en efecto, la situación de manera ajena a intereses sectoriales, no será difícil llegar a la conclusión de que la lógica que alimenta el planteo del gobierno es férrea: se trata, simplemente, de restablecer el equilibrio perdido, con el loable objetivo de evitar que los monopolios fijen a voluntad el valor del vital insumo que constituye el papel, Y es que sin él, sencillamente, no hay diario posible.
La escena, sin embargo, ha sido invadida por la distorsión argumental y el enmascaramiento de intereses particulares con la retórica libremercadista. Olvidan los adalides de un discurso cuya puesta en práctica hundió al país en el más profundo de los abismos que uno de los roles esenciales del Estado democrático es controlar. Y sobre todo, impedir que los peces grandes devoren a los más pequeños. La concentración económica es esencialmente antidemocrática y el caso de Papel Prensa resulta paradigmático en tal sentido.
Ya es hora de cambiar. La Argentina entera, y sobre todo el siempre postergado interior, se verá beneficiada.

La Capital es víctima de la situación monopólica

El perjuicio de la monopólica posición comercial de Papel Prensa para los diarios del interior es difícil de medir a lo largo de tantos años de inequidad.
Sin embargo, si se toman los últimos doce meses La Capital tuvo que erogar casi medio millón de dólares más para proveerse de papel en el exterior que si lo hubiera hecho de Papel Prensa.
La Capital paga el papel chileno, polaco, finlandés o ruso, entre otros orígenes, a 719 dólares la tonelada.
En la Argentina, Papel Prensa lo vende a 635 dólares la tonelada pero, seguramente, tanto a Clarín como a La Nación les cuesta aún más barato. Para cubrir la necesidad mensual de papel, este diario debe comprar 450 toneladas, de las que la empresa Papel Prensa sólo le provee menos del 20 por ciento. Las cifras son elocuentes.
Y si se pudiera calcular el perjuicio económico de los últimos 36 años (en 1976 Papel Prensa pasó a ser una empresa de Clarín, La Nación y el Estado nacional) se alcanzarían valores varias veces millonarios.
En tanto, el Diario UNO de Mendoza tuvo que gastar casi $4 millones de más para abastecerse de papel entre 2005 y 2009 que si hubiera tenido acceso a comprarlo en la controvertida Papel Prensa. A su vez, su directo competidor, Los Andes, tuvo acceso a comprar ese insumo en la papelera porque es propiedad del Grupo Clarín, que lo controla. La papelera es hoy motivo de discusión entre sus dueños privados, los diarios Clarín y La Nación y el gobierno nacional, que a través de la participación estatal tiene 27 por ciento de la propiedad.
Durante años la sección compras de Diario UNO viajó a Buenos Aires e hizo gestiones telefónicas para adquirir el insumo básico de los diarios en Papel Prensa y la respuesta fue siempre que “no había cupo para satisfacer ese pedido”. Diario UNO se vio obligado a adquirir en Papel Tucumán, que tiene problemas de calidad, o a importar a un precio superior.
El caso es emblemático y permite entender que más allá de la pelea entre el kirchnerismo y el grupo por Magnetto ha existido una enorme cantidad de operaciones comerciales que se han visto afectadas por el coctel de una empresa editora de diarios que a su vez es, en asociación con el Estado, la productora del insumo básico de la industria.

El Canciller Timemerman recomendó su lectura:

UNO Mendoza:
Por años, el papel le costó más a Diario UNO que a “Los Andes”

En un lustro pagó casi $4 millones de más, que se hubiera ahorrado de poder comprar en Papel Prensa. Su competencia, por ser de Clarín, tuvo la posibilidad de tener “cupo” del insumo clave.
Por: Jaime Correas, Director Periodístico UNO Mendoza, jcorreas@arlink.net.ar
El Diario UNO de Mendoza tuvo que gastar casi $4 millones de más para abastecerse de papel entre 2005 y 2009 que si hubiera tenido acceso a comprarlo en la controvertida Papel Prensa. A su vez, su directo competidor, Los Andes, contó con acceso a comprar ese insumo en la papelera porque es propiedad del Grupo Clarín, que lo controla.
La papelera es hoy motivo de discusión entre sus dueños privados, los diarios Clarín y La Nación y el Gobierno nacional, que a través de la participación estatal tiene 27% de la propiedad.
Durante años la sección Compras de Diario UNO viajó a Buenos Aires e hizo gestiones para adquirir el insumo básico de los diarios en Papel Prensa y la respuesta fue siempre que “no había cupo para satisfacer ese pedido”. Diario UNO se vio obligado a comprar en Papel Tucumán, que tiene problemas de calidad, o a importar a un precio superior al que hubiera pagado de haber conseguido esa cuota que se le negó.
Sugestivamente, en mayo de este año, con el conflicto en las calles, un enviado de Papel Prensa viajó a Mendoza para ofrecer a Diario UNO el papel que quiera, sin cupo. Hoy, el que vende esa firma está parejo con el que se importa en cuanto a precio.
Es básico aclarar que a Los Andes al tener acceso al insumo de Papel Prensa se le abarataba su operación. Ese dinero ha podido orientarlo a todas las acciones que posibilitan a un diario mejorar el producto y promocionarlo para ganar mercado. Es decir, el beneficio era doble. Lo que uno gastaba de más lo tenía que restar al resto de su operación, mientras su competencia directa ese ahorro lo podía volcar a mejorar su oferta.
El caso es emblemático y permite entender que más allá de la pelea entre el kirchnerismo y el grupo liderado por Héctor Magnetto ha existido una enorme cantidad de operaciones comerciales que se han visto afectadas por el cóctel de una empresa editora de diarios que a su vez es, en asocio con el Estado, la productora del insumo básico de la industria.
Vale la pena apuntar estos datos porque el caso argentino es único en el mundo. No se logran detectar ejemplos de países donde una firma que tiene periódicos sea también quien controla la provisión del papel. Por supuesto tampoco que esa empresa haya contado con que el Estado sea socio en la firma. Tampoco se han logrado obtener datos de países democráticos donde el gobierno regule la venta del papel a los que hacen diarios.
Lo grave es que durante años la particular economía argentina hizo que el tener acceso al papel de modo cautivo haya sido una ventaja comparativa enorme, que permitió manejar muchos mecanismos para hacer desleal la competencia. Por dar sólo algunos ejemplos, es lo que viene sucediendo en Mendoza entre Diario UNO y Los Andes o lo que permite casos de encarecimiento de la operación como le sucede a diario La Capital en Rosario (ver aparte).
Durante años, Clarín y La Nación se beneficiaron con esta situación, al igual que diarios como Los Andes, que siendo propiedad de ellos fueron partícipes de contar con “cupo” para tener una posición de privilegio en el mercado de modo artificial.
Es interesante seguir el análisis de Marcelo Zlotogwiazda, periodista de radio Mitre, del Grupo Clarín hecho en la Revista 23: “En números gruesos, la demanda interna de papel de diario se conforma con 120.000 toneladas que requieren Clarín (CL) y La Nación (LN) y otras 100.000 el resto de los diarios. La oferta de Papel Prensa (PP) abastece el total de las necesidades de CL y LN, pero sólo la mitad de lo que insumen los otros diarios, que importan el faltante sin pagar arancel”. El párrafo tiene validez parcialmente, pues no considera a los que no cuentan con “cupo” de Papel Prensa, como son todos los que compitieron en estos años con Clarín, La Nación o sus diarios cautivos, al estilo de Los Andes o La Voz del Interior de Córdoba.
Agrega Zlotogwiazda que los dueños de Papel Prensa “tienen ventaja sobre el resto sólo cuando el precio internacional del papel es superior al precio de PP, que depende de su costo de producción. Es lo que sucedió durante muchísimo tiempo. Nadie lo pone en duda”. Cierra su nota con una reflexión sobre el modo de equiparar a todos mediante la compensación en las importaciones.
Por su lado el dueño de Editorial Perfil, Jorge Fontevecchia, reflexiona sobre el papel que puede jugar el Gobierno: “Al igual que la publicidad oficial, lo ideal sería que todo lo relacionado con la producción de contenidos se rigiera por criterios económicos donde el Estado interviniera para desmonopolizar, penar el abuso de posición dominante y garantizar –precisamente– la libre competencia, no para sustituir al mercado”.
El debate no es sólo entre el Gobierno y Clarín, también incluye a quienes se han perjudicado por las acciones comerciales del grupo económico y las dudosas acciones del kirchnerismo para intentar detenerlas, luego de haberlas alentado durante años, mientras eran amigos.

El caso de “La Capital”
El perjuicio de la monopólica posición comercial de Papel Prensa para los diarios del interior es difícil de medir a lo largo de tantos años de iniquidad. Sin embargo, si se toman los últimos doce meses La Capital tuvo que erogar casi medio millón de dólares más para proveerse de papel en el exterior que si lo hubiera hecho de Papel Prensa.
La Capital paga el papel chileno, polaco, finlandés o ruso, entre otros orígenes, a 719 dólares la tonelada. En la Argentina, Papel Prensa lo vende a 635 dólares la tonelada pero seguramente tanto a Clarín como a La Nación les cuesta aún más barato.
Para cubrir la necesidad mensual de papel, La Capital debe comprar 450 toneladas, de las que la empresa Papel Prensa sólo le provee menos del 20porciento. Las cifras son elocuentes. Si se pudiera calcular el perjuicio económico de los últimos 36 años –en 1976 Papel Prensa pasó a ser una empresa de Clarín, La Nación y el Estado nacional– se alcanzarían valores varias veces millonarios.

Deslealtad
La pelea entre Papel Prensa y Clarín dejó a la luz un tema silenciado durante años.
Para competir contra un diario como “Los Andes”, del Grupo Clarín, no había cupo de Papel Prensa.
Desventaja. El papel para imprimir diarios es uno de los insumos más caros de la industria gráfica.
Comportamiento. Tras años de negarse a venderle bobinas de papel a Diario UNO, Papel Prensa reactivó el contacto ofreciendo parte de su producción.

UNO Entre Ríos:

El impacto del monopolio del papel en diarios del interior

UNO de Entre Ríos paga 140 dólares de más por cada tonelada de papel que debe comprar fuera del exclusivo circuito de Papel Prensa. Por lo mismo, La Capital perdió 2 millones de pesos en un año
Al no haber cupo disponible, Diario UNO de Entre Ríos paga 140 dólares de más por cada tonelada de papel que compra por fuera del circuito comercial de Papel Prensa.
Diario UNO de Mendoza tuvo que gastar casi 4 millones de pesos de más para abastecerse de papel entre 2005 y 2009 que si hubiera tenido acceso a comprarlo en la controvertida Papel Prensa.
A su vez, su directo competidor, Los Andes, tuvo acceso a comprar ese insumo en la papelera porque es propiedad del Grupo Clarín, que lo controla.
El perjuicio de la monopólica posición comercial de Papel Prensa para los diarios del interior es difícil de medir a lo largo de tantos años de inequidad. Sin embargo, si se toman los últimos 12 meses, el diario La Capital de Rosario tuvo que erogar casi medio millón de dólares más para proveerse de papel en el exterior que si lo hubiera hecho en Papel Prensa.
La Capital paga el papel chileno, polaco, finlandés o ruso, entre otros orígenes, a 719 dólares la tonelada. En la Argentina, Papel Prensa lo vende a 635 dólares la tonelada pero, seguramente, tanto a Clarín como a La Nación les cuesta aún más barato.
Para cubrir la necesidad mensual de papel La Capital debe comprar 450 toneladas, de las que la empresa Papel Prensa sólo le provee menos del 20%. Las cifras son elocuentes. Si se pudiera calcular el perjuicio económico de los últimos 36 años (en 1976 Papel Prensa pasó a ser una empresa de Clarín, La Nación y el Estado nacional) se alcanzarían valores varias veces millonarios.
Los tres ejemplos descriptos tienen que ver con empresas de distinto tamaño, a juzgar por su circulación, pero el problema es el mismo: tanto el Decano de la prensa argentina con sede en Rosario como UNO Entre Ríos liderando la circulación en la provincia sufren tremendo daño producto de la acción monopólica de Papel Prensa. Y lo mismo le sucede a UNO de Mendoza como a tantos diarios ajenos a La Nación y Clarín.

El conflicto
La papelera es hoy motivo de discusión entre sus dueños privados, los diarios Clarín y La Nación y el gobierno nacional, que a través de la participación estatal tiene el 27% de la propiedad.
Durante años ejecutivos de la sección compras de Diario UNO viajaron a Buenos Aires e hicieron gestiones telefónicas para adquirir el insumo básico de los diarios en Papel Prensa y la respuesta fue siempre que “no había cupo para satisfacer ese pedido”.
UNO se vio obligado a adquirir en Papel Tucumán, que tiene problemas de calidad, o a importar a un precio superior al que hubiera pagado de haber conseguido esa cuota que se le negó.
Sugestivamente en mayo de este año, con el conflicto en las calles, un enviado de Papel Prensa viajó a Mendoza para ofrecer a UNO el papel que quiera, sin cupo. Hoy, el que vende esa firma está parejo con el que se importa en cuanto a precio.
Es básico aclarar que a la competencia, Diario Los Andes, al tener acceso al insumo de Papel Prensa se le abarataba su operación. Ese dinero ha podido orientarlo a todas las acciones que posibilitan a un diario mejorar el producto y promocionarlo para ganar mercado. Es decir, el beneficio era doble. Lo que uno gastaba de más lo tenía que restar al resto de su operación, mientras su competencia directa, además ese ahorro lo podía volcar a su oferta.
El caso es emblemático y permite entender que más allá de la pelea entre el kirchnerismo y el grupo liderado por Héctor Magnetto ha existido una enorme cantidad de operaciones comerciales que se han visto afectadas por el cóctel de una empresa editora de diarios que a su vez es, en sociedad con el Estado, la productora del insumo básico de la industria.

Únicos
Vale la pena apuntar estos datos porque el caso argentino es único en el mundo. No se logran detectar ejemplos de países donde una firma que tiene periódicos sea también quien controla la provisión del papel. Por supuesto tampoco que esa empresa haya contado con que el Estado sea socio o contralor de la firma. Tampoco se ha logrado obtener datos de países democráticos donde el gobierno regule la venta del papel a los que hacen diarios.
Lo grave es que durante años la particular economía argentina hizo que el tener acceso al papel de modo cautivo haya sido una ventaja comparativa enorme, que permitió manejar muchos mecanismos para hacer que la competencia fuera desleal. Por dar sólo algunos ejemplos, es lo que viene sucediendo en Mendoza entre Diario UNO con respecto a Los Andes o lo que permite casos de encarecimiento de la operación como le sucede a UNO Entre Ríos o La Capital en Rosario.
Durante años, Clarín y La Nación se beneficiaron con esta situación, fueron partícipes de tener el dichoso “cupo” para tener una posición de privilegio en un mercado de modo artificial.
Es interesante seguir el análisis de Marcelo Zlotogwiazda, periodista de radio Mitre del Grupo Clarín hecho en la Revista 23: “En números gruesos, la demanda interna de papel de diario se conforma con 120.000 toneladas que requieren Clarín y La Nación y otras 100.000 el resto de los diarios. La oferta de Papel Prensa abastece el total de las necesidades de Clarín y La Nación, pero sólo la mitad de lo que insumen los otros diarios, que importan el faltante sin pagar arancel”.
El párrafo tiene validez parcialmente, pues no considera a los que no cuentan con “cupo” de Papel Prensa, como son todos los que compitieron en estos años con Clarín, La Nación o sus diarios cautivos, al estilo de Los Andes o La Voz del Interior de Córdoba.
Agrega Zlotogwiazda que los dueños de Papel Prensa: “Tienen ventaja sobre el resto sólo cuando el precio internacional del papel es superior al suyo, que depende de su costo de producción. Es lo que sucedió durante muchísimo tiempo. Nadie lo pone en duda”. Cierra su nota con una reflexión sobre el modo de equiparar a todos mediante la compensación en las importaciones.
Por su lado el dueño de Editorial Perfil, Jorge Fontevecchia, reflexiona sobre el mejor papel que puede jugar el Gobierno: “Al igual que la publicidad oficial, lo ideal sería que todo lo relacionado con la producción de contenidos se rigiera por criterios económicos donde el Estado interviniera para desmonopolizar, penar el abuso de posición dominante y garantizar –precisamente– la libre competencia, no para sustituir al mercado”.
El debate no es sólo entre el Gobierno y Clarín, también incluye a quienes se han perjudicado por las acciones comerciales del grupo económico y las dudosas acciones del kirchnerismo para intentar detenerlas, luego de haberlas alentado durante años.