A raíz de las protestas sociales que en Egipto provocaron la caída de la dictadura de Hosni Mubarak en febrero, se ha escrito mucho sobre la censura que impusiera el régimen en sus últimos días a Internet y sobre la posibilidad cierta de control de la red de redes, tantas veces erigida como símbolo de la libre expresión. Interesantes artículos y entrevistas de Ariel Torres en La Nación, Xavier Ibarreche en Ambito Financiero y Mariano Blejman en Página 12. Se incluyen dos reflexivas notas, una de Vicenc Navarro en Publico y otra de Sebastián Lacunza (Ambito Financiero), sobre el sobrevalorado rol de las redes sociales en la revuelta egipcia.

La compu

Apagar Internet, receta simple, pero sin futuro

Por Ariel Torres – Sábado 12 de febrero de 2011

El 27 de enero a las 10 y media de la noche (19.30 hora argentina) Egipto se desconectó de Internet. Por completo. Casi de forma simultánea, los 80 millones de habitantes de este país de Africa del Norte, que ha vivido sangrientas jornadas de protesta contra el gobierno de Hosni Mubarak, volvieron a ese pasado ya casi olvidado de la era previa a la gran Red. Este blog de la consultora Renesys ( http://www.renesys.com/blog/2011/01/egypt-leaves-the-internet.shtml ; en inglés) muestra los gráficos de la súbita desconexión masiva de una nación de la red de redes.

El hecho, aunque inédito en la historia de Internet, sobrevuela como una sombra la incipiente nueva era de democratización de la información. Es que Internet tiene no ya uno, sino muchos botones de apagado.

De hecho, hace dos años la Red se vino abajo casi por completo durante una hora. Una hora no es nada, podría decirse, pero el cataclismo no nos dejó aterrados por su duración, sino por sus causas.

Aquella hora de silencio IP, de mails, mensajes y órdenes de compra y venta no enviados, de avisos no vistos ni cliqueados, de videos y fotos inaccesibles, esa hora de oscuridad digital se debió al error de un proveedor de Internet checo. El análisis de lo que ocurrió ese día, aquí: http://www.lanacion.com.ar/1101425-una-postal-del-apocalipsis-cibernetico

Dos años después, los proveedores egipcios, tras recibir una orden del gobierno, usarían el mismo conjunto de mecanismos para desaparecer del espacio virtual. No por error, esta vez, sino cambiando la configuración de los equipos y sistemas que se utilizan para distribuir la informacion sobre qué rutas deben seguirse para alcanzar las redes egipcias que forman parte de Internet.

El 2 de febrero a las 9.29 de la mañana (UTC), es decir a las 11.29, hora de El Cairo (6.29, hora de la Argentina), Egipto volvió a estar accesible desde Internet. Los derroteros numéricos para llegar a las redes internas del país volvieron a aparecer en las tablas de ruteo y todo volvió a la normalidad, al menos, en lo que concierne a la conectividad ( http://www.renesys.com/blog/2011/02/egypt-returns-to-the-internet.shtml ).

Habían sido cinco días y medio que alcanzaron para demostrar que, pese a toda la esperanza que la Red ha traído de un mundo más libre, más democrático y más justo, la posibilidad de apretar el botón de apagado sigue horrendamente vigente.

El destino que usted intenta alcanzar

¿Es decir que Internet podría apagarse? Teóricamente y por segmentos, sí. En la práctica, casi ningún país está en condiciones de sobrevivir a un apagón de la Red. Egipto, a pesar de que constituye una fracción mínima de la red global (más sobre esto luego) aguantó sólo cinco días. Luego tuvo que volver. No por la presión internacional ni por un cambio de rumbo político. Lo que ocurrió es que ninguna economía moderna puede funcionar sin las computadoras e Internet.

Pero, técnicamente, el botón de apagado existe. Para entender esto hablé con Jorge Amodio, uno de los hombres que hizo posible la conexión de la Argentina con Internet en 1990 y que hoy vive y trabaja en Estados Unidos; si alguien sabe de las menudencias de la Red es él.

Le pregunté cómo se desconecta una nación de la Red.

-Lo primero y más básico es entender que Internet en realidad no es una red, sino una colección global de redes autónomas, donde algunas pueden contar con conexiones redundantes entre sí y otras dependen casi exclusivamente de enlaces a las redes que proveen tránsito. En principio, dada su autonomía, cada red puede decidir estar o no física o lógicamente conectada con el resto.

Obviamente, la forma más fácil de desconectarse sería cortar los enlaces; la otra, interrumpir el intercambio de información de ruteo de cómo llegar a ese conjunto de direcciones de red.

-¿Eso significa…?

-Dejar de anunciar, por medio de la interconexión con otras redes o proveedores, la información que permite distribuir los prefijos o las direcciones de red que forman parte de cada red autónoma y que se utiliza para calcular las tablas de ruteo en el nivel global. Al hacer eso, el resto del mundo no sabe cómo llegar a las direcciones de esas redes. Egipto normalmente anuncia algo más de 5000 prefijos de red por medio del protocolo BGP ( Border Gateway Protocol ), que corresponden a las redes autónomas de su pedacito de Internet.

-¿Qué es una red autónoma?

-Cada una de las redes (que, a su vez, pueden ser un conjunto de redes) que forman Internet. Por ejemplo, todos los clientes de un área de Telefónica son representados por un número único llamado Número de Sistema Autónomo (asignado en América latina por Lacnic, http://lacnic.net/sp/index.html ).

-El ASN.

-Así es. Cada sistema autónomo es responsable de anunciar a sus vecinos, ergo, a otros sistemas autónomos, cuáles son las direcciones que forman parte de esa red y a qué otras direcciones se puede llegar por medio de ese sistema autónomo (lo que se llama tránsito ). El intercambio de esa información de ruteo se hace por medio del protocolo BGP. Dicho brevemente, es la forma de decirle al mundo “éste es mi rango de direcciones IP y éstos son los grupos de direcciones que son accesibles a través de mí”.

-Explicame bien qué es el ASN.

-Este numerito ASN es distinto a las direcciones IP. Representa uno o más prefijos de direcciones IP. En las tablas de ruteo se generan AS Paths y, por medio de BGP, se distribuye cuáles son los prefijos que pertenecen a cada ASN. Entonces, aun cuando existan rutas alternativas, vas a ver que ciertos prefijos de direcciones IP son accesibles por medio de diversos AS Paths. En la práctica se utilizan para implementar políticas de ruteo que determinan cómo y cuántas veces cada ASN aparece en el Path; por lo general la ruta elegida es la que cuenta con el AS Path más corto, de esa forma se decide cuál es el mejor camino para dirigir el tráfico.

-¿Qué ocurrió en Egipto?

-Si por algún motivo, en este caso fue claramente por orden del gobierno, dejan de anunciar desde sus routers cuáles son los ASN y prefijos asociados que constituyen la Red en Egipto, quedan virtualmente desconectados de Internet, porque los routers no encuentran ningún camino para mandar los paquetes de datos a esas redes.

Realmente lo que hicieron fue dejar de anunciar una gran cantidad de prefijos en forma intencional, digamos un cambio de configuración en la información de ruteo, porque nunca se perdió el 100% de la conectividad. Creo que inicialmente desaparecieron de las tablas de ruteo más de 3500 de los 5000 distribuidos en más de 50 ASN que aproximadamente anuncia Egipto. De hecho, los primeros días la red donde están los servidores del mercado de valores de Egipto ( http://www.egyptse.com/English/homepage.aspx ) todavía estaba accesible, pero dos días más tarde sólo quedaron 80.

“Además, en el nivel de la aplicación, también se impide establecer la conexión con servidores de Web o correo electrónico en Egipto, al dejar de ser accesibles los servidores primarios para los nombres de dominios en Egipto (.EG). O sea que cualquier cosa de estas es bien fácil de implementar, sólo tienen que ordenar la acción a unos pocos proveedores de tránsito de nivel internacional, y chau.

-En la práctica, ¿qué hace el ISP? ¿Apaga servidores, cambia su configuración?

-En realidad es un simple cambio de configuración. En un router sólo bastaría escribir no bgp . No es tan así, pero dada la voluntad política y la orden del gobierno para dar ese paso, no es algo muy difícil de implementar.

***

Sí, ya sé, todo esto suena un poco excesivamente técnico. Pero es como es. Cuando las cosas se ponen difíciles, simplificar no es una buena idea. Los párrafos anteriores consignan -grosso modo- cómo es que se elimina una nación del mapa de Internet.

No obstante, hay una analogía, imperfecta, por supuesto, pero bastante acertada como para ofrecer una visión clara de todo este asunto de los AS, ASN, prefijos de red y BGP. Y es la guía de teléfonos.

Imagine que está en el extranjero y quiere llamar a alguien en la Argentina. Tiene el nombre, el apellido y la dirección postal, así que simplemente toma una guía internacional y busca el teléfono. Hay un problema, sin embargo: descubre que la sección dedicada a la Argentina ha sido arrancada de esa guía. Así que busca otras guías. Y lo mismo. Quizás en alguna encuentre que quedaron unas pocas páginas, pero no las suficientes para encontrar a la persona a la que usted quiere llamar. Así que disca el número de información y le dicen, cordialmente, que el destino que usted intenta alcanzar no está disponible.

La infraestructura de telecomunicaciones y hasta quizá las llamadas internas pueden estar funcionales en la Argentina, pero ha desaparecido para el resto del mundo. (La parte incorrecta de esta analogía es que no explica lo que ocurre si alguien le da el número correcto, pero sí muestra que las tablas de ruteo funcionan de una forma semejante a una guía que nos diga cómo llegar hasta un aparato de teléfono.)

La Argentina, vulnerable

La pregunta que queda flotando es si es posible apagar toda la Internet y qué tan vulnerable es la Argentina a una desconexión masiva al estilo egipcio.

La buena noticia es que una desconexión total de Internet es prácticamente imposible. El inextricable tramado de conexiones hace que se parezca a vaciar el océano con una cucharita de café. Me refiero al aspecto técnico. La política y las leyes creadas para fortalecer no ya una sociedad sino un gobierno son harina de otro costal y, como sabemos, es un escenario mucho menos racional y predecible que el de la tecnología. Le dedicaré unas líneas al final, pero ahora estoy hablando de posibilidad práctica real de apagar Internet.

Como me explicaba Amodio en una posdata de la conversación que habíamos mantenido el día anterior, la clave está aquí en la interconexión entre un número de proveedores que concentran la salida de un país a la Red, para decirlo de forma sencilla. En una primera instancia, había pensado que la clave estaba en el número de sistemas autónomos. Mi amigo Eduardo Suárez, administrador de la red del Observatorio Astronómico de La Plata, me había pasado este muy revelador sitio en el que se desmenuza la participación de cada país en la gran Red ( http://bgp.potaroo.net/ ). Aquí, por ejemplo, la distribución de conexiones que usan IPv4 ( http://bgp.potaroo.net/iso3166/v4cc.html ) y aquí, el número de sistemas autónomos por país ( http://bgp.potaroo.net/iso3166/ascc.html ). Como se ve, Estados Unidos tiene 20.592 sistemas autónomos, mientras que la Argentina posee 279 y Egipto, 58. Sin embargo, la cosa es más complicada.

-No existe una relación entre el número de AS y la conectividad -me aclaró Amodio-. Lo que hace más difícil una maniobra como la de Egipto es que haya realmente más conectividad. Acá en Estados Unidos quizá sería imposible bajar la Red. En cambio, si todos los AS se conectan a través de uno o dos proveedores, entonces la desconexión masiva es más simple. Uno muy posiblemente pueda dibujar la topología de la red egipcia en un papel; tratá de hacer lo mismo con Estados Unidos o algún país grande de Europa… Además, en Estados Unidos, por ejemplo, la interconexión entre proveedores es mucho mejor que en otros lados, como la Argentina, donde no existe prácticamente interconexión a nivel nacional.

Por eso, deduje, la ley propuesta para darle al presidente de los Estados Unidos el poder de desconectarse de Internet frente a una ciberamenaza ( http://www.wired.com/threatlevel/2011/01/kill-switch-legislation ) tiene pocas chances de ser aplicable en el mundo real. Viceversa, alcanzaría con que un gobierno ordenara a tres proveedores bajarse la Red para borrar a la Argentina del espacio virtual, o para afectar su operabilidad de forma drástica.

Econobits

Por cierto, y como dije antes, el desconectarse de Internet tiene otra cara. Que sea técnicamente posible no significa que sea económicamente viable. Ese es, quizá, su mayor reaseguro. También, en su momento, se intentó prohibir el libro, se erigieron hogueras, se lo vio como propulsor de un cambio no deseado, aun cuando sólo era su catalizador. Al final, la economía no pudo funcionar sin el libro y las tecnologías que hacía posible y de proscrito paso a ser objeto de culto y garantía de cultura, progreso y prosperidad. Toda persecución se extingue cuando deja de ser económicamente conveniente.

Lo mismo ocurre con Internet. Sí, es técnicamente posible apagarla, y algunos países son más vulnerables que otros a esta clase de suspensión. Pero ninguna economía moderna es capaz de soportar más de unas pocas horas, a lo sumo algunos días, como ocurrió con Egipto, un tal infarto digital.

Lo de Egipto es una advertencia, sí, pero es también el síntoma de que estamos asistiendo al final de la primera etapa de un cambio histórico. Si ese país hubiera persistido en mantenerse fuera de Internet, entonces sería una mala noticia. Pero no pudo. Cuando la tecnología doblega a la política, significa que estamos llegando a un punto de quiebre con el pasado.

La receta para apagar Internet ni siquiera es muy complicada. Lo que no tiene es futuro.

Los casos Irán, China y el escándalo WikiLeaks

Censura 2.0: el control sobre Internet

Por: Xavier Ibarreche

Las revueltas en Egipto reabrieron el debate sobre la importancia de las redes sociales y el posible control gubernamental sobre Internet. En ese país las autoridades decidieron cortar la conexión en un intento de contener a los usuarios.

En consecuencia, muchos usuarios hicieron todo lo posible para superar las barreras de esa prohibición. ámbito.com contactó a especialistas en la materia para debatir sobre este y otros casos.

La decisión de interrumpir la conexión a Internet en Egipto implicó ordenarles a los cuatro operadores del país dar de baja el tráfico de la red. En un principio la medida se tomó a raíz de que muchos manifestantes se organizaron a través de sitios como Tiwtter o Facebook. Internautas egipcios señalaron que el corte en la conexión se produjo el viernes 28 de enero y recién volvió a funcionar el miércoles 2 de febrero. El reestablecimiento del acceso a la red sucedió tras presiones políticas de la comunidad internacional.

Como consecuencia de esta medida Facebook registró su mayor número de usuarios en esa nación del norte de África. “Desde que se restableció el acceso (a internet), tenemos más usuarios que nunca” en Egipto, señaló un vocero de Facebook, Andrew Noyes. Según la empresa, hay alrededor de cinco millones de usuarios en ese país, y la quinta parte de ellos accede al sitio a través de la telefonía celular.

Durante el apagón de la red las autoridades egipcias pusieron a prueba la capacidad de los internautas para mantenerse conectados. Lejos de amedrentarse ante la dificultad de comunicarse por la web, los usuarios apelaron a diversas estrategias. “Cuando el gobierno bloqueó las conexiones internacionalesla gente se las arregló para difundir información por todos los medios, incluso desempolvando viejos módems de 56k”, apuntó el periodista especializado en tecnología, docente e investigador de la UBA, Jorge Gobbi.

Sin embargo, para él la relativa fuerza de las redes sociales radica en lo que se fue gestando a través del tiempo, provocando que los usuarios salgan a las calles a movilizarse: “Pueden servir para expresar enojo o voluntad de cambio, pero normalmente se transforman en más relevantes cuando hay colectivos que se comprometen en movilizarse”.

En similar sentido, la investigadora y periodista especializada en Tecnologías de la Información, Laura Siridestacó que las redes sociales en general no pueden llegar a “cambiar un curso de acción planeado” ya que “para que la resistencia pueda llegar a tener algún efecto, debe manifestarse también en presiones más concretas”.

Durante las protestas en El Cairo los manifestantes salieron a las calles a demostrar su descontento exigiendo la renuncia del presidente Hosni Mubarak. Dichas críticas son el resultado de un descontento que se ha ido acumulando a lo largo de los años. En ese sentido, Siri sostiene que las redes sociales son herramientas y que “no son las únicas ni las principales a la hora de hacer caer un gobierno”. 

Con el crecimiento de las redes sociales en los últimos años se puso el ojo sobre los controles que los gobiernos pueden ejercer sobre la Web. ¿Pueden las autoridades controlar el tráfico en la red a gusto y paciere? Según Gobbi, “los usuarios se las van a arreglar para comunicarse, a través de diversas tácticas, como publicar de manera anónima”. En tanto, Siri enfatizó que el caso de Egipto “muestra que es muy factible censurar toda la red si se considera oportuno”. La especialista aseguró que “si se dice algo censurable en Facebook o Twitter, las autoridades pueden presionar a estas empresas para brindar los datos personales para ubicarlo y, si lo desea, encarcelarlo”.

El gobierno de Egipto no fue el primero que intentó ponerle un freno a las redes sociales. Tal vez el caso más recordado hayan sido las protestas tras las elecciones presidenciales de Irán en 2009.

Luego de los comicios se realizaron importantes manifestaciones en Teherán contra un presunto fraude electoral. En aquella oportunidad los especialistas sindicaron que las redes sociales fueron también una herramienta para comunicarse entre los manifestantes. Luego que estallaran las revueltas, las autoridades iraníes bloquearon la conexión de Internet afectando principalmente a sitios como YouTube, Facebook y Twitter.

Pero tal vez uno de los casos más resonantes de los últimos meses haya sido el de WikiLeaks. Días después que estallara el escándalo de los cables filtrados, autoridades norteamericanas presionaron a la empresa Amazon.com para que deje de alojar el sitio que reveló los informes diplomáticos. En diciembre del año pasado el presidente de la Comisión de Seguridad Nacional del Senado estadounidense, Joe Lieberman llamó “a cualquier otra organización que brinde el servicio de hosting a WikiLeaks a terminar inmediatamente su relación con ellos”.

En aquella ocasión los servidores de WikiLeaks dejaron de ser alojados en EEUU para mudarse a Europa. Algunos internautas, ante el temor que la prohibición de alojamiento alcanzara al Viejo Continente, montaron sitios espejos que rápidamente se propagaron por la web manteniendo online el sitio.

Sin embargo, para algunos especialistas la red china es una de las más censuradas del mundo. Según un informe publicado en junio de 2010 por Isaac Mao Xianghui, miembro del Centro Berkman de Internet y Sociedad de la Universidad de Harvard (EEUU), se calcula que en China elimina a diario un 95% de los contenidos que se publican en los 220 millones de “blogs” existentes en el país asiático. El experto aseguró que “los internautas son como ratas y el mecanismo de censura es un gato. Hay demasiados ratones y el gato no sabe cuál cazar”.

Para Gobbi el caso de China y su Great Firewall “difícilmente se extienda” a otros países porque “implica una enorme inversión en buscar censurar a los ciudadanos, y pocos gobiernos tienen los medios para hacerlo”. Por otra parte, Siri agregó que Internet “no tiene propiedades que intrínsecamente favorezcan la libertad” porque “su arquitectura puede ser modelada tanto para la libertad como para el control”.

En definitiva, si bien funcionaron como un instrumento más, lo cierto es que no fueron las plataformas como YouTube, Facebook o Twitter las que hicieron poner en vilo al mandatario del país árabe: “Muchos gobiernos han caído en la historia cuando no existía Internet”, enfatizó Siri. 

Las protestas en Egipto actualizaron la supuesta relevancia que adquirieron las redes sociales en momentos de descontento popular y la posibilidad de los gobiernos de censurar sus contenidos. ¿Puede un gobierno impedirle de forma total a los usuarios publicar material en Internet? ¿Podrán los propios internautas superar las posibles restricciones? El debate sigue abierto.

RAUL ECHEBERRIA EXPLICA COMO SE GOBIERNA INTERNET

“Sacarle Internet a la gente es una mala idea”

Es la persona con más peso mundial en el manejo de las direcciones de Internet y el máximo responsable de la Internet Society, que regula las decisiones tecnológicas. Los casos de Wikileaks, Túnez y Egipto.

Por Mariano Blejman

¿Quién gobierna Internet? Si bien es una maraña burocrática tan compleja como un sistema político planetario, podría decirse que hay dos grandes organizaciones que manejan los hilos de la red: una es la Icann (Internet Corporation), que asigna números y direcciones, y por otro lado la Internet Society, que organiza y financia a la IETF (Internet Engineering Task Force), que trabaja sobre las mejoras tecnológicas. En términos concretos, si cada dispositivo que se conecta a Internet tiene un número IP (Internet Protocol), quien gobierna esos números es el “dueño” de la red.

Nadie sabe exactamente cómo fue que sucedió, pero el magister uruguayo Raúl Echeberría tiene en estos momentos tres de los cargos más importantes en el burocrático gobierno de Internet. Es por ello que escucharlo hablar sobre los boicots a Wikileaks, las censuras de Túnez o el “apagón” de Internet ocurrido en Egipto, aunque sea a título personal, es para prestar atención. “Lo que demostró el corte de Internet en Egipto es que sacarle a la gente el acceso a la red es una mala idea, incluso para quienes tienen malas ideas. Ni siquiera es malo moralmente, sino que no contribuye a lo que se quiere lograr”, dice Echeberría, en exclusiva desde Miami, donde se entregaron hace unos días las últimas direcciones de la red disponibles según el viejo formato.

El funcionario –que lleva diez años en la gobernanza de la red– entiende que no sólo los gobiernos hacen política, sino también las corporaciones. “Y aunque defiendan ciertos principios, son capaces de revisar esos conceptos en tiempos de crisis. Por ejemplo, en la discusión de la gobernanza de Internet siempre el gobierno de Estados Unidos ha emitido una posición de ‘cero participación’ de los gobiernos para dejar los modelos de autorregulación de la industria. En el caso de Wikileaks, aunque si bien hay cosas que no pudieron confirmarse, algunos oficiales estadounidenses optaron por ser intervencionistas en la difusión de información.”

Rubén Echeberría es, sin duda, la persona con más peso a nivel mundial en cuanto a la regulación de las direcciones IP (Internet Protocol). Es director ejecutivo de Lacnic, la organización que regula el uso de las direcciones para América latina y el Caribe. Es presidente de la Internet Society, organización que decide las cuestiones tecnológicas vinculadas con el funcionamiento de la red (fue creada e inicialmente presidida por Vinton Cerf, uno de los padres de Internet y ahora estrella de Google). Y es, de momento, presidente de la Number Resources Organization (NRO), entidad que nuclea a las cinco regiones del mundo que manejan la distribución de los números IP. De cualquier modo, su rol histórico más importante es la defensa de las direcciones para América latina.

Hace dos semanas, mientras el mundo tecnológico debatía sobre la caída de Internet en Egipto, la Icann –organización que Echeberría todavía no preside, pero quién sabe cuánto le falta– entregó a cada una de las cinco regiones los últimos números IPV4, que hasta ahora era la forma en que se comunicaban las computadoras a través de Internet. A partir de ahora, en dos años se acabarán los 4300 millones de IPV4. Cuando se creó en los años ’70, nadie pensaba que Internet tendría tal tamaño y que estas direcciones fueran a ocuparse totalmente. Pero advertidos de esta situación hará una década, el “gobierno” de Internet decidió implementar un nuevo tipo de comunicación: esta vez, se supone, habrá lugar para todos. El número exacto de IP disponibles en la versión 6 será de 340 282 366 920 938 463 463 374 607 431 768 211 456 direcciones.

La Icann tiene un directorio que representa los grupos de interés dentro de Internet: está conformado por los gobiernos, los proveedores de Internet, las asociaciones de usuarios, las empresas que compran y venden dominios, la comunidad técnica. Los registros regionales son organizaciones que funcionan como autogobiernos. Desde la semana pasada, la Icann no tiene más direcciones IPV4 en su poder: todas están en las organizaciones regionales y se irán acabando paulatinamente a medida que éstas se las entreguen a los proveedores. A diferencia de Asia o los países centrales, las 70 millones de direcciones entregadas a América latina durarán más tiempo. Como se dijo, manejar estas direcciones es manejar quién y cómo se usará Internet en el futuro. La nueva versión de estas direcciones –que tendrán números imposibles de recordar– requerirán un vasto trabajo de administradores de sistemas para empezar la migración. “La cantidad de direcciones nuevas alcanzan como para darle una dirección a cada grano de arena del desierto del Sahara”, dice Echeberría.

Ahora como presidente de la Internet Society, Echeberría asegura que en América latina hay un 40 por ciento de penetración de Internet. Y mientras mayor es el uso de la red, más impactan los problemas que hasta ahora parecían prioritarios del primer mundo. Uno de esos temas es el de la famosa pérdida de “neutralidad” de la red: esto es, que los proveedores de Internet hagan una diferencia entre distintos tipos de servicios para manejar el tráfico, o que prioricen la velocidad de contenidos propios por sobre contenidos no creados por ellos. “El tema de la neutralidad de Internet es uno de los más importantes del momento y del futuro más cercano”, dice Echeberría. “Internet es un éxito, básicamente, por los principios de neutralidad que tiene la red. Para poner un ejemplo: conocemos medios no neutrales como la televisión, donde se recibe contenido para abonados. Uno se conecta a la televisión con un proveedor, pero no tiene acceso a todos los canales sino sólo a aquellos que tienen contrato con el proveedor. Es un medio no neutral. La pérdida de neutralidad llevará a fragmentar la red.”

El otro gran tema, según Echeberría, es el problema de la privacidad que atrae la digitalización de las sociedades. “Está relacionado con el nuevo contexto de una Internet diferente, con otras aplicaciones, con otra cultura. Las implicancias en temas de privacidad son inmensas. Porque en aras de perseguir objetivos loables –y también porque la tecnología lo permite–, los encargados de la prosecución van más allá de lo que debiera ser aceptable en políticas de privacidad. Las empresas que proveen servicios de contenidos globales hacen un manejo de la información que muchas veces implica el manejo de datos personales, perfiles, preferencias de consumo. El usuario está amenazado desde varios puntos de vista y es necesario trabajar para mejorar la privacidad de los usuarios de Internet.” Echeberría cree que la penetración de Internet, la globalización de las relaciones sociales y la aparición de nuevos servicios son “un desafío para todos”. Según Echeberría habrá que empezar a pensar el mundo de manera diferente: “Si ponés un mensaje en Twitter pensando que lo ven diez personas, deberías saber que lo pueden ver mil millones. La gente deberá estar más segura de lo que quiere decir, antes de decirlo en la red. Porque la demanda de mayor libertad de expresión –que para que algunos es muy natural– no aplica a toda la humanidad. No toda la humanidad vive en las mismas condiciones. Hay muchos países donde la libertad de expresión no es respetada”.

Lo que no se conoce sobre Egipto

VICENÇ NAVARRO – 17 feb 2011

La caída del dictador Mubarak como resultado de la movilización popular es un motivo de alegría para toda persona con sensibilidad democrática. Pero esta misma sensibilidad democrática debiera concienciarnos de que la versión de lo ocurrido que ha aparecido en los medios de información de mayor difusión internacional (desde Al Yazira a The New York Times y CNN) es incompleta o sesgada, pues responde a los intereses que los financian. Así, la imagen general promovida por aquellos medios es que tal evento se debe a la movilización de los jóvenes, predominantemente estudiantes y profesionales de las clases medias, que han utilizado muy exitosamente las nuevas técnicas de comunicación (Facebook y Twitter, entre otros) para organizarse y liderar tal proceso, iniciado, por cierto, por la indignación popular en contra de la muerte en prisión, consecuencia de las torturas sufridas, de uno de estos jóvenes.

Esta explicación es enormemente incompleta. En realidad, la supuesta revolución no se inició hace tres semanas y no fue iniciada por estudiantes y jóvenes profesionales. El pasado reciente de Egipto se caracteriza por luchas obreras brutalmente reprimidas que se han incrementado estos últimos años. Según el Egypt’s Center of Economic and Labor Studies, sólo en 2009 existieron 478 huelgas claramente políticas, no autorizadas, que causaron el despido de 126.000 trabajadores, 58 de los cuales se suicidaron. Como también ocurrió en España durante la dictadura, la resistencia obrera democrática se infiltró en los sindicatos oficiales (cuyos dirigentes eran nombrados por el partido gobernante, que sorprendentemente había sido aceptado en el seno de la Internacional Socialista), jugando un papel clave en aquellas movilizaciones. Miles y miles de trabajadores dejaron de trabajar, incluidos los de la poderosa industria del armamento, propiedad del Ejército. Se añadieron también los trabajadores del Canal de Suez (6.000 trabajadores) y, por fin, los empleados de la Administración pública, incluyendo médicos y enfermeras (que desfilaron con sus uniformes blancos) y los abogados del Estado (que desfilaron con sus togas negras). Uno de los sectores que tuvo mayor impacto en la movilización fue el de los trabajadores de comunicaciones y correos, y del transporte público.

Los centros industriales de Asyut y Sohag, centros de la industria farmacéutica, energía y gas, también dejaron de trabajar. Las empresas en Sharm El-Sheikh, El-Mahalla Al Kubra, Dumyat y Damanhour, centros de la industria textil, muebles y madera y alimentación también pararon su producción. El punto álgido de la movilización obrera fue cuando la dirección clandestina del movimiento obrero convocó una huelga general.
Los medios de información internacionales se centraron en lo que ocurría en la plaza Tahrir de El Cairo, ignorando que tal concentración era la cúspide de un témpano esparcido por todo el país y centrado en los lugares de trabajo –claves para la continuación de la actividad económica– y en las calles de las mayores ciudades de Egipto.
El Ejército, que era, y es, el Ejército de Mubarak, no las tenía todas consigo. En realidad, además de la paralización de la economía, tenían temor a una rebelión interna, pues la mayoría de soldados procedían de familias muy pobres de barrios obreros cuyos vecinos estaban en la calle. Mandos intermedios del Ejército simpatizaban también con la movilización popular, y la cúpula del Ejército (próxima a Mubarak) sintió la necesidad de separarse de él para salvarse a ellos mismos. Es más, la Administración Obama, que al principio había estado en contra de la dimisión de Mubarak, cambió y presionó para que este se fuera. El Gobierno federal ha
subvencionado con una cantidad de 1.300 millones de dólares al año al Ejército de aquel país y este no podía desoír lo que el secretario de Defensa de EEUU, Robert Gates, estaba exigiendo. De ahí que el director de la CIA anunciase que Mubarak dimitiría y, aunque se retrasó
unas horas, Mubarak dimitió.

Ni que decir tiene que los jóvenes profesionales que hicieron uso de las nuevas técnicas de comunicación (sólo un 22% de la población tiene acceso a internet) jugaron un papel importante, pero es un error presentar aquellas movilizaciones como consecuencia de un determinismo tecnológico que considera la utilización de tecnología como el factor determinante. En realidad, la desaparición de dictaduras en un periodo de tiempo relativamente corto, como resultado de las movilizaciones populares, ha ocurrido constantemente. Irán (con la caída del sha), el Muro de Berlín, la caída de las dictaduras del Este de Europa, entre otros casos, han caído, una detrás de otra, por movilizaciones populares sin que existiera internet. Y lo mismo ocurrió en Túnez, donde, por cierto, la resistencia de la clase trabajadora también jugó un papel fundamental en la caída del dictador, cuyo partido fue también sorprendentemente admitido en la Internacional Socialista.

El futuro, sin embargo, comienza ahora. Es improbable que el Ejército permita una transición democrática. Permitirá establecer un sistema multipartidista, muy limitado y supervisado por el Ejército, para el cual el enemigo número uno no es el fundamentalismo islámico (aunque así lo presenta, a fin de conseguir el apoyo del Gobierno federal de EEUU y de la Unión Europea), sino la clase trabajadora y las izquierdas, que son las únicas que eliminarían sus privilegios. No olvidemos que las clases dominantes de Irán, Irak y Afganistán apoyaron el radicalismo musulmán (con el apoyo del Gobierno federal de EEUU y de Arabia Saudí) como una manera de parar a las izquierdas. Una de las primeras medidas que ha tomado la Junta Militar ha sido prohibir las huelgas y las
reuniones de los sindicalistas. Sin embargo, esta movilización obrera apenas apareció en los mayores medios de información.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universitat Pompeu Fabra y profesor de Public Policy
en The Johns Hopkins University

Tentadora tesis de que Facebook desató semejante vendaval

Por: Sebastián Lacunza

El gerente egipcio de Google que permaneció detenido 12 días en manos de los servicios de seguridad de su país, Wael Ghonim, se apresuró ayer a festejar antes de tiempo la finalmente no concretada renuncia de Hosni Mubarak. «Revolución 2.0: Misión cumplida», tuiteó. Más temprano, había pasado por la plaza Tahrir para declarar la primera victoria de internet sobre una dictadura.

El joven, cuyo protagonismo parece que ahora no agrada del todo a su empleador Google, acepta ser el emblema de quienes se tientan a explicar lo que ocurre en Egipto como una épica victoria de Facebook. Víctima del régimen en carne propia, el encargado de marketing de Google para Medio Oriente y el norte de África tiene, al fin y al cabo, derecho a ensayar explicaciones, imbuido en su propio mundo.

En cambio, algunos intelectuales árabes no dudan en tachar de «simplistas» o, directamente, de «racistas» las tesis encandiladas por internet que provienen de capitales distantes de El Cairo.

El atractivo postulado sostiene que jóvenes egipcios hartos, con ganas de occidentalizarse, fluido dominio del inglés, no muy ideologizados ni creyentes, amantes ellas de los jeans y los anteojos oscuros, con «hijab style» tolerado; hipertecnologizados y un desaliño «cool» ellos, pusieron en marcha el andamiaje de la revolución gracias a… ¡Facebook! A partir de allí, el contagio habría atraído a las masas no internetizadas.

Rami G. Jouri, director del Issam Fares Institute of Public Policy de la American University y editor del Daily Star, ambos de Beirut, vio en el enfoque exacerbado en Facebook la«tradición y el racismo romántico de los orientalistas occidentales». Ironizó, en un artículo reproducido en medios árabes, que la explicación asumida por «la mayoría de los medios occidentales» resulta «fascinante pero bastante provinciana».

Ya en la caída del Muro de Berlín hubo quienes atribuyeron a las nuevas tecnologías el poder decisivo de barrer con el régimen soviético. Hace 20 años, la versión indicaba que el amigo que permitió a los revolucionarios salir del placard no fue internet, que no existía como world wide web, sino el satélite, sumado a las cámaras hogareñas, el videocasete y los disquetes. Siempre según el postulado tecnologicista, en esos formatos entró la algarabía, el consumo y las libertades civiles occidentales por la ventana de los grises edificios soviéticos, y la noción de ese mundo empujó a los europeos del Este a derribar al alemán Erich Honecker, el rumano Nicolae Ceaucescu o el polaco Wojciech Jaruzelski.

Ahistórica

Esta perspectiva ahistórica e idealista no se preocupa por aclarar por qué una parte el mundo árabe-musulmán entra en una vorágine de esta magnitud ahora y no antes, ni por qué la revolución nació en Túnez o Egipto y no en China, Irán, Marruecos o Arabia Saudita.

En un país que ocupa el puesto 101 en el índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas (2010), con una tasa de penetración de internet del orden del 20% de sus 80,4 millones de habitantes (el dato difiere según la estadística, aunque todas coinciden en un crecimiento exponencial desde 2000), las redes sociales pueden acaso explicar la eficacia comunicativa de algún segmento específico, pero difícilmente den cuenta de las raíces de lo que vive Egipto desde el 25 de enero, ni siquiera su dinámica.

El sitio especializado en estadísticas de Facebook socialbakers.com indica que la red social cocreada por Mark Zuckerberg cuenta con 5.200.000 usuarios, un 6,46% de la población, algo inferior al 8,79% de Marruecos, una monarquía dictatorial.

Se han visto jóvenes en las calles de El Cairo y otras ciudades. Cómo no verlos en un país con edad promedio de 24 años y con un 33% de la población con menos de 15 años.

Coinciden las crónicas y atestiguan las fotos de las ciudades egipcias que predominan clases populares (¡cómo no!), convicciones más firmes que las que convocan las ventanas de Facebook (salvo que los «amigos» egipcios se distingan por mensajes profundos que van más allá del saludito, la anécdota o el suspiro habituales de la red social), necesidades históricas y actualizadas, y víctimas de la asfixia religiosa y política.

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU precisó esta semana algunos datos útiles para entender el momento. En el último trimestre de 2010, los alimentos exhibieron un aumento del 20% interanual en Egipto, y el precio del trigo que importa el país árabe lo hizo entre un 50% y un 60%. En promedio, los egipcios gastan un 44% de su presupuesto en comida.

En el plano político, fue tan solo el 28 de noviembre pasado cuando se celebró la primera vuelta de la elección legislativa en la que la Hermandad Musulmana no consiguió ningún diputado; el partido liberal Al Wafd, dos; y la izquierda, uno, en medio de un proceso fraudulento y plagado de detenciones.

La inflación, el desempleo, el fraude y la asfixia acaso sean razones más poderosas que Facebook para que, en términos de Jouri, los árabes, «por primera vez en su historia moderna, puedan hablar y actuar por sí mismos».