Los grupos de medios están concentrados en pocas manos y tienen grandes intereses en toda América Latina. Sin embargo, sólo en la Argentina la pérdida de popularidad del gobierno es tan marcada, mientras que Lula, Evo Morales o Correa, quienes también gestionan con la áspera crítica y la constante presión de los grupos multimedios, cuentan con gran consenso en sus respectivos países. Horacio Verbitsky dedicó párrafos de sus últimas dos notas en Página 12 en las que aborda esta cuestión comparativa: ¿por qué una constante (medios muy concentrados) produce resultados tan dispares en países latinoamericanos? Y concluye que en el propio gobierno debe buscarse una explicación. Editado por Diario sobre diarios.

Dos consejos de Verbitsky para tratar con medios

En sus últimas dos columnas dominicales, Horacio Verbitsky pareció explicarle al Gobierno algunas reglas básicas de la relación con los medios. El domingo 14, escribió: “Los medios argentinos, incluyendo al tan vituperado Grupo Clarín, no son menos interesados ni más agresivos que sus homólogos de Brasil, Bolivia, Ecuador o Venezuela. Sin embargo, sus gobernantes gozan de índices de aceptación popular superiores a los que se registran aquí. La discusión con los medios es saludable siempre que no se transforme en una coartada para excluir del análisis los errores no forzados del otro lado de la red”.

En tanto, en la nota del pasado domingo, explicó: “Clarín y otros medios son objetables por la distorsión premeditada de su cobertura sobre las cuestiones políticas y económicas (…) Lo mismo vale para la crisis internacional, cuyo escamoteo dificulta valorar por contraste las políticas que el gobierno argentino implementó para conjurarla, contradiciendo lo que esos mismos medios recomendaban y/o vaticinaban. También se les puede enrostrar la subordinación del interés general a sus propios negocios o a los de sus accionistas (…) Pero no que investiguen las condiciones de una contratación pública o el patrimonio de algún funcionario, casos en los que el gobierno y sus integrantes tienen la obligación de responder con información precisa y no con gestos de fastidio. Ésa es una de las razones de la existencia del periodismo y no es razonable reprocharle cuando la cumple, por aviesa que sea la intención de quienes emplean ese recurso para desgastar un proceso político y económico contra el que se alinean por otras razones”.

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