El dueño y director de Perfil, Jorge Fontevecchia, compara el nacimiento de Tiempo Argentino con la extinción de Crítica de la Argentina en el contexto de enfrentamiento entre el gobierno y el grupo Clarín.

Nuevos diarios

Los diarios son un vicio. Tanto para quienes disfrutamos haciéndolos como para quienes gozan con su consumo. Incluso hasta son irresistibles para financistas que no tienen este vicio (¿será que al ver tanta pasión en los otros quieren asegurarse de no estar perdiéndose algo?).

Por Jorge Fontevecchia | 21.05.2010 | 23:12

‘CRITICA’ Y ‘TIEMPO ARGENTINO’. La última tapa de Crítica, y la primera de Tiempo Argentino.

Los diarios son un vicio. Tanto para quienes disfrutamos haciéndolos como para quienes gozan con su consumo. Incluso hasta son irresistibles para financistas que no tienen este vicio (¿será que al ver tanta pasión en los otros quieren asegurarse de no estar perdiéndose algo?). El vicio explica la cantidad de locuras que se generan a su alrededor. Cómo no entenderlo yo que hace doce años cometí el serio error de lanzar un diario cuando no tenía suficientes recursos para hacerlo. Y quizá esté vacunado contra ese error, pero no contra otros excesos que desarrolla la pasión por hacer diarios.
Entiendo, entonces, la ilusión que embarcó a las casi 200 personas (la mayoría de ellos periodistas con el vicio en la sangre, pero también muchas “personas normales” que venían de un banco o un comercio) con el lanzamiento del diario Crítica hace poco más de dos años, aunque sus posibilidades de éxito fueran remotas, como lo es hoy su continuidad.
Entiendo también el entusiasmo de la redacción del recientemente lanzado diario Tiempo Argentino y la esperanza de un presente lo más independiente posible del Gobierno (y de un futuro financieramente autónomo para sobrevivirlo).
Pero aun si no prosperara la reapertura de Crítica, o Tiempo Argentino no lograra en el futuro superar sus desafíos, me saco el sombrero por todos los periodistas que con infinito fervor tratan de hacer posible cada nueva redacción.

Clarín-Kirchner. La coincidencia de la aparición de Tiempo Argentino en el mismo momento que Crítica se discontinuaba generó una serie de versiones –que incluyen a PERFIL– en un medio político y periodístico polarizado y sensibilizado por el enfrentamiento del Gobierno con el Grupo Clarín.
La perspectiva que publicó Clarín se podría sintetizar en que Crítica se extingue porque el Gobierno lo discrimina con la publicidad oficial y presiona a los anunciantes privados para que no avisen en él por ser un medio crítico, mientras el mismo Gobierno subvenciona a Tiempo Argentino con publicidad oficial para que sea un medio adicto.
La visión del diario Miradas al Sur, de innegable alineamiento con el kirchnerismo y de los mismos accionistas que Tiempo Argentino, es que Clarín quiere aprovechar la discontinuidad de Crítica para acusar al Gobierno de ser su responsable por “asfixiarlo” económicamente.
Y dice Miradas al Sur: “Resulta por lo menos extraño que Clarín acuse al Gobierno de una maniobra de ese tipo, cuando fueron sus maniobras con las empresas avisadoras las que, a mediados de 1998, hundieron el diario PERFIL. En aquella oportunidad, el CEO de Clarín, Héctor Magnetto, advirtió a Jorge Fontevecchia, director y editor de PERFIL, que no se metiera ‘en el negocio de los diarios’. Como éste desoyó ese consejo, Clarín presionó a sus avisadores para que no le dieran pauta publicitaria al nuevo diario. PERFIL duró apenas tres meses en la calle”.
Tanto Clarín como Miradas al Sur están equivocados. Ni Crítica se discontinúa por la discriminación publicitaria del Gobierno, ni hace doce años este diario dejó de aparecer por la presión de Clarín con los anunciantes. Claro que el Gobierno y Clarín se comportan igual con la publicidad, como en tantas otras cosas son idénticos. Discriminan y presionan con todas las herramientas a su alcance. Pero ni Crítica ni PERFIL de 1998 pueden soslayar que –independientemente de la publicidad– no lograron un diario que atrajese a la suficiente cantidad de lectores.

Los números. El promedio de venta de los cuatro domingos del último mes de Crítica –abril– fue de sólo 8.739 ejemplares (de ellos, 4.738 en la Ciudad de Buenos Aires). El promedio de venta de los días sábado del mes de abril fue de 3.826 (2.450 en la Ciudad de Buenos Aires). Y la venta los días de semana en el último mes de abril fueron: los viernes, 3.260 ejemplares (2.180 en Bs. As.); los jueves, 5.291 (3.550 en Bs. As.); los miércoles, 4.720 (3.100 en Bs. As.); los martes, 5.120 (3.488 en Bs. As.); y los lunes, 5.042 (3.350 en Bs. As.). O sea, un promedio de 5.143 ejemplares de venta para todas sus ediciones.
Lo mismo sucedió con PERFIL en 1998: después de haber comenzado con más del doble de circulación, en su último mes vendió un promedio de 28.490 ejemplares (de ellos, 14.225 en la Ciudad de Buenos Aires), proporcionalmente muy pocos para su ambición de aspirar a los mismos anunciantes de Clarín.
El caso de Tiempo Argentino es distinto porque sus aspiraciones no están, por lo menos en esta etapa, orientadas a la publicidad comercial. Pero igual es interesante tomar dimensión de su audiencia. Tuvo un muy buen lanzamiento, el domingo pasado, con 25 mil ejemplares vendidos en la Ciudad de Buenos Aires, para bajar luego a 11 mil ejemplares el día lunes, 8.400 el martes, 8.200 el miércoles y 7.500 el jueves, último día de venta cerrada. Vale comparar con Crítica, que también fue lanzado hace poco más de dos años un domingo y vendió 58.800 ejemplares; el día lunes, 34.600; el martes, 27.300; el miércoles, 23.600; y el jueves, 23.300 (70% de esos ejemplares en la Ciudad de Buenos Aires). O sea, Crítica comenzó vendiendo alrededor del doble que Tiempo Argentino.
Es difícil tener éxito con un diario, por eso es tan excitante su creación. También por eso el fracaso no deshonra y muchas veces hasta engrandece. Nuevamente: mi respeto y admiración por todos los periodistas que se embarcan en esa hermosa aventura.