En una preocupación editorial sin antecedentes, Clarín recordó un ejemplo del colaboracionismo de los medios de comunicación con la última dictadura militar al cumplirse el 34 aniversario del golpe de 1976. El caso elegido no es inocente: se trata del verspertino La Tarde, dirigido por el actual embajador argentino en EEUU, Héctor Timerman, hijo de Jacobo. Notas de Ricardo Mosso y Miguel Wiñazki. En beneficio de los lectores, sería ideal que el caso se convierta en serie y tenga continuidad en el análisis de la colaboración de los medios masivos con el golpe y con la represión previa del gobierno de Juan Perón e Isabel Martínez (desde 1974). El sábado 27/3 Clarín publicó una respuesta de Timerman en la que reconoce el apoyo al golpe como un error estratégico del que, asegura, otros periodistas y muchos medios no han aprendido a 26 años del inicio de la Dictadura, citando la conformación irregular de Papel Prensa y las dilaciones en la investigación sobre el origen de los hijos adoptados de Ernestina Herrera de Noble. A su vez, Clarín -en una nota firmada como “De la redacción de Clarín”- responde a Timerman y éste desmiente parte de la réplica al día siguiente, mediante una solicitada en Página 12 que reprodujo en parte la agencia Telam.

A 34 AÑOS DEL GOLPE MILITAR DEL 76

La Tarde, el diario procesista que dirigió Héctor Timerman

El primer número se publicó ocho días antes del golpe. Sólo duró cinco meses.

Por Ricardo Mosso

Todo empezó a gestarse a fines de 1975, cuando el huevo de la serpiente del golpe ya permitía vislumbrar las garras del horrror. El diario vespertino La Tarde de Buenos Aires se publicó en la Capital Federal entre marzo y agosto de 1976. Pero durante todo el verano la redacción trabajó a pleno produciendo números ceros (pruebas, simulaciones del diario real, en la jerga periodística)
Así de efímero como fue, casi no tiene lugar en la bibliografía relativa a la prensa durante aquellos años negros. Fue Jacobo Timerman, el periodista y editor que lo creó y sacó a la calle, luego de crear medios escritos que habían funcionado como mutación cualitativa del periodismo, en los años 60 y 70, como las revistas Primera Plana y Confirmado primero, y luego el diario La Opinión.
Sin embargo, analizar el vespertino La Tarde sirve para comprender de qué manera el Proceso diagramó su modus-operandi sobre la prensa. El diario fue lanzado con la misión evidente de apoyar al golpe –que era un secreto a voces desde fines del año 1975- pero no sólo eso: el proyecto apuntaba a la consolidación en la opinión pública del gobierno militar que lo seguiría. En mayor o menor medida los medios gráficos, en ese momento, padecieron la censura y también la autocensura. Pero La Tarde fue otra cosa: salió para respaldar a la dictadura. Se expandía una situación delirante y aberrante. La condición “procesista” de La Tarde no fue un obstáculo para que su dueño fuera secuestrado por los militares pocos meses después del cierre de su vespertino, el 15 de abril de 1977.

Jacobo Timerman cayó en las siniestras garras de Camps y de Etchecolatz.Tras un inmenso tormento, Timerman volvería a dirigir un diario recién a su vuelta al país, en 1984, cuando intentó -sin éxito- convertir al antiguo vespertino La Razón –instalado en el mismo edificio de Barracas donde en los ’70 había funcionado La Opinión- en un éxito editorial.La Tarde llegó a los kioscos ocho días antes del golpe: el 16 de marzo de 1976. El diseño estaba basado en el del diario alemán Bild Zeitung, con títulos impactantes, grandes fotografías y poco texto, lo que en esa época se percibía como sensacionalista. En el staff figuraba como director Héctor Timerman, uno de los hijos de Jacobo, que en ese momento tenía 22 años. Hoy es el embajador del gobierno K en los Estados Unidos. Según él mismo dijo en una nota al diario Perfil, en noviembre de 2007, en ese momento casi no había ejercido el periodismo, aunque aceptaba, como director que fue, “las responsabilidades por el contenido de las notas”. Héctor Timerman se justificó en aquella entrevista diciendo que el vespertino de su padre utilizaba “términos no diferentes a los demás medios que no apoyaban ideológicamente a Videla, pero se autocensuraban para seguir funcionando”.

Periodistas que se desempeñaron en La Tarde explicaron que el manejo cotidiano y efectivo de la publicación estaba en las manos del director periodístico, Luis Clur, que había sido fundador de los exitosos noticieros televisivos Reporter Esso (1963) y Telenoche. Clur reconoció en 1999 que aun siendo oficialista, debían “ir a la Secretaría de Guerra a que revisaran las páginas”. Tras la muerte de su financista David Graiver (ver recuadro “El socio muerto”), Jacobo Timerman comenzó a temer que el “secreto” fundacional de su empresa periodística –su relación comercial con el empresario que tenía también como clientes a los Montoneros- fuera castigada por los militares y que la confiscación de los activos del grupo Graiver -que efectivamente siguió a la muerte de su fundador- terminara matando a sus criaturas de papel La Opinión y La Tarde. La tragedia efectivamente fue atroz: Timerman fue “chupado” por un grupo de tareas, torturado y finalmente expulsado del país, mientras que La Opinión se publicó durante poco tiempo más a cargo de un director militar.

Clarín, sábado 27/3/2010

GOLPE DEL 24 DE MARZO: CARTA DE HECTOR TIMERMAN Y RESPUESTA DE CLARIN

Los medios atacan a la democracia

Por Héctor Timerman

Ayer Clarín recordó el diario La Tarde. Aplaudo la decisión de sus periodistas de tener presente en este nuevo aniversario del Golpe Militar el diario que dirigí entre Marzo y julio de 1976. Porque recordar el fracaso editorial más rotundo de la prensa durante la dictadura puede ser el mejor ejemplo para entender la importancia de discutir el rol de los medios y los periodistas en la vida de nuestro país. Ayer y hoy.

No voy a explicar las razones o realizar una reflexión sobre esos meses de mi vida. No lo hago porque prefiero seguir como desde hace 34 años recriminándome por esa acción. Tampoco hablo de mi trabajo por los derechos humanos porque nada de lo que vengo haciendo desde 1977 quiero que me sirva de alivio. Mi único y silencioso consuelo es la actual amistad de quienes fueron mis compañeros de militancia y sobrevivieron con más dignidad que yo.

Quienes creemos en Dios sabemos que el verdadero arrepentido es aquel que enfrentado a la misma situación se abstiene de volver a pecar. El Clarín de esta época es un diario que repite los errores de la prensa de aquellos años con el agravante de ya haber vivido aquella pesadilla. Eso es lo que yo denuncio y eso es lo que le molesta a los redactores de Clarín. Y por eso ayer recordaron La Tarde.

Igual voy a seguir denunciando lo que yo considero ataques de los medios a la democracia para recordarme y recordarles a quienes son periodistas, y especialmente a quienes ya lo eran en la dictadura el riesgo de sus actuales acciones.

Aun dentro de mis muchas inseguridades si sé que hice y voy a hacer todo lo posible para evitar que una vez más la prensa intente destituir un gobierno democrático. No lo hago por heroísmo sino, justamente, porque sé que uno no es un héroe y, entonces, puede cometer errores que terminen en horrores.

Ojalá estas notas de Clarín sobre La Tarde y mi respuesta sirvan para hablar públicamente con los periodistas de Clarín sobre dos temas que unen el pasado y el presente. Me refiero a Papel Prensa y la identidad de los jóvenes criados por Ernestina Herrera de Noble.
Hace unos días Joaquín Morales Solá describió que la compra de Papel Prensa fue un acuerdo comercial que el ex dueño (Familia Graiver) nunca protestó. Lo cierto es que durante el gobierno de Raúl Alfonsín el Estado indemnizó a los Graiver por los daños materiales surgidos por la expropiación de Papel Prensa. Ya Alfonsín reconoció que Papel Prensa no fue un “acuerdo comercial” como hoy dice el columnista de La Nación, accionista de Papel Prensa.

Los periodistas de Clarín podrían comparar la cronología de los secuestros de Juan, Eva, Isidoro, Lidia Graiver y de Lidia Papaleo de Graiver con los pasos que llevaron a sus patrones a la titularidad de la empresa en cuestión.

Podrían investigar cuando, cómo y dónde murió el Dr. Jorge Rubinstein, contador de David Graiver. ¿Dónde estaban todos los Graiver cuando celebraron la primera asamblea de accionistas La Razón, Clarín y La Nación junto a Videla.

Saber el origen de la principal fuente de insumos de la industria gráfica es, creo, tan importante como entender los efectos que generé desde La Tarde los meses que fui su director.

¿Y los jóvenes Herrera Noble? En un país en que aun permanecen más de 400 chicos secuestrados por los asesinos de sus padres no intentar el esclarecimiento de la identidad de esos dos jóvenes no es haber sido un cómplice de la dictadura, es ser cómplice ahora, hoy, en este instante de un crimen que lesiona nuestra dignidad.

¿Los periodistas de Clarín no deberían exigir saber si trabajan para apropiadores de niños y empresarios que obtuvieron un bien perdido por una familia en una mesa de torturas?
Hoy los periodistas de Clarín escriben sobre empresas en un medio que no puede explicar el origen de su principal activo estratégico. Escriben sobre derechos humanos sin saber si quien los dirige cometió el delito de apropiación ilegal de menores. Escriben sobre gremialismo en un diario que no permite la libertad sindical. Escriben sobre la dignidad nacional mientras sus lobistas se arrastran por el Departamento de Estado denunciando una falsa falta de libertad de expresión. Escriben sobre discriminación en una empresa que la DAIA denunció por apañar el antisemitismo.

Respuesta de Clarín a Timerman, sábado 27/3/2010

GOLPE DEL 24 DE MARZO: CARTA DE HECTOR TIMERMAN Y RESPUESTA DE CLARIN

Fábulas y favores al kirchnerismo

De la Redacción de Clarín

Héctor Timerman no puede negar lo que ha sido: director fundador del diario La Tarde, que se publicó en la Capital Federal desde marzo hasta agosto del 76 para promover y acompañar el golpe militar. En un nuevo aniversario del 24 de marzo, Clarín recordó esa breve pero relevante experiencia periodística en la sección Medios de ayer.

Timerman dice que está arrepentido y que sigue recriminándose por esa acción, Y eso es lo que corresponde. Tiene de qué arrepentirse: como muestran las tapas que abajo reproducimos, mientras duró su diario exaltó el golpe y elogió a la represión. Llamaba subversivos a las víctimas de la dictadura. Una de ellas fue, por ejemplo, un periodista paradigmático de La Opinión, el diario de su padre: el senador uruguayo Zelmar Michelini, perseguido por la dictadura de su propio país. Michelini fue secuestrado el 18 de mayo del 76 y apareció muerto unos días después.

Timerman dice que está arrepentido pero al arrepentimiento le dedica apenas dos de los 11 párrafos de la declaración enviada a este diario. El resto lo destina a atacar a Clarín, a sus periodistas y a la directora. Esto demuestra al fin cuáles son los objetivos de su nota. Dice que Papel Prensa fue expropiada por los militares luego de torturas a sus dueños, los Graiver, y cedida a Clarín, La Nación y la Razón. Es una fantasía. Los tres diarios compraron las acciones a la familia Graiver casi seis meses antes de la detención. Había muerto David Graiver, el principal accionista y la familia decidió desprenderse de la empresa cuando aún se desconocían los vínculos financieros de Graiver con los Montoneros. La compra fue en noviembre del 76. En marzo del 77, la viuda de David, Lidia Papaleo, que conservaba una parte minoritaria, estuvo en una asamblea de accionistas. Al mes siguiente fue secuestrada.

Los tres diarios siguieron pagando las cuotas de la compra por vía judicial. La dictadura se apropió de ese dinero y de otros bienes de los Graiver. El gobierno de Alfonsín los indemnizó.
El almirante Massera intentó –no pudo– intervenir Papel Prensa para apoderarse de la empresa. Ahora es el gobierno kirchnerista el que también pretende ahogar y controlar la compañía.

Timerman no sólo adultera la historia de Papel Prensa del modo que más le conviene a este Gobierno del que forma parte También cierra de un plumazo una causa que aún investiga la Justicia: dice que los hijos de la directora de Clarín fueron apropiados ilegalmente. Es otro servicio que le presta hoy al kirchnerismo.

En 2004 y ante el juez Bergesio, el mismo Timerman había declarado no tener “ni idea si los hijos (de la señora de Noble) son de desaparecidos o no”. Y en la declaración agregó que su padre, Jacobo, había hablado con Rogelio Frigerio quien le explicó que ayudó a la señora de Noble en los trámites de adopción. También afirmó que su padre consideraba demasiado inteligente a Frigerio como para involucrarse en un caso de hijos de desaparecidos.

Ernestina Herrera de Noble jamás fue siquiera indagada por una supuesta apropiación de menores. Y Marcela y Felipe Noble Herrera aceptaron hace ya más de seis años hacerse un examen de ADN para contrastarlo con el de las dos familias que reclaman ser sus familiares. Esas dos familias rechazaron la prueba porque junto a las Abuelas de Plaza de Mayo exigen que el ADN de Marcela y Felipe sea cotejado con el de todos los desaparecidos. En ese punto está hoy la cuestión judicial y no en el que dictamina Héctor Timerman, que además pretende enlodar a los periodistas de Clarín.

Timerman dice además que los periodistas de este diario “escriben sobre discriminación en una empresa que la DAIA denunció por apañar el antisemitismo”. Es otra fábula montada a partir de un blog con expresiones antisemitas en una plataforma de una empresa del grupo. Fue de inmediato levantado y la DAIA y el Centro Simón Wiesenthal felicitaron a Clarín por esa decisión editorial. Este sí es un caso cerrado.

Timerman interpreta cualquier crítica al Gobierno como un ataque a la democracia. Es también lo que quiere el Gobierno que él haga. Y advierte a los periodistas sobre “el riesgo de sus actuales acciones”. ¿Cuál riesgo? ¿El de la dictadura? ¿O en realidad quiere decir que informar es poner en peligro al sistema democrático? Es exactamente al revés. El fue quien dirigió un diario que apoyó y propagandizó el golpe. Y si Clarín no lo hubiera recordado, él no habría abierto la boca.

Nota correspondiente a la publicación del día Domingo de 28 de Marzo de 2010

12:52 – POLITICA

“Clarín, La Nación y La Razón se apropiaron de Papel Prensa sabiendo que sus dueños estaban secuestrados”

El embajador argentino en los Estados Unidos Héctor Timerman sostuvo hoy que “Clarín, La Nación y La Razón se apropiaron de la empresa Papel Prensa sabiendo que sus dueños (los Graiver) estaban secuestrados en las cárceles de Ramón Camps” en la dictadura militar iniciada el 24 de marzo de 1976

Timerman, que publicó hoy una solicitada en la que refiere a ese tema bajo el titulo “Historia de un asco en la Argentina”, dijo a Télam que “es curioso que la ’redacción de Clarin’ que me responde ayer en su diario no habla de cómo y cuando murió el apoderado legal David Graiver, Jorge Rubistein, que había desparecido varios meses antes y tenía más información sobre Papel Prensa que la viuda de Graiver porque él era la pieza clave del grupo Graiver”.

El embajador precisó además que “Clarín dice en su nota que la compra de Papel Prensa fue en noviembre del ’76 y que en marzo del ’77 la viuda de Graiver, Lidia Papaleo, que conservaba una parte minoritaria estuvo en una asamblea de accionistas”.

Timerman precisó, sin embargo, que “el inventario de la sucesión de David Graiver realizada el 24 de noviembre de 1976 registra que las acciones de Papel Prensa están depositadas en el BANADE a nombre de la sucesión”.

El embajador dijo que “llama la atención que a los agudos preguntadores de Clarín de ’toda la redacción’ no se les haya ocurrido entonces interrogar cómo y en qué llegó la señora Lidia Graiver a dicha asamblea de accionistas ¿en un taxi en un Ford Falcon verde?” se preguntó.

“Si Clarín sabía que los Graiver estaban desparecidos no les pareció poco ético o vomitivo seguir pagando las cuotas como si los vendedores estuvieran veraneando la Rivera Francesa”, dijo finalmente.

En tanto, en la solicitada publicada hoy en Pagina 12 Timerman precisó datos acerca de la compra de papel Prensa por parte de los diarios Clarín, La Nación y La Razón en épocas de la dictadura militar.

El texto bajo el titulo “Historia de un asco en la Argentina”, Timerman señala que “ayer sábado la redacción de Clarín firma una columna para refutar mi extrañeza sobre la desidia de esa redacción en averiguar las condiciones como Clarín, La Nación y La Razón se apropiaron de la empresa Papel Prensa perteneciente a una familia cuyos miembros habían desaparecido en las cárceles clandestinas de Ramón Camps”.

Timerman en su solicitada responde además a una nota de Clarín aparecida ayer y dice que “le podrían preguntar antes de defender la apropiación de una empresa porqué el actual gerente general de Papel Prensa informa ya en 1978 que no consta ninguna transacción accionaria en los libros de Papel Prensa”.

Agrega que “en su nota de ayer, toda la redacción de Clarin afirma que la señora Lidia Papaleo de Graiver participó de una reunion de accionistas. Es posible. Pero llama la atención que a los agudos preguntadores de toda la redacción de Clarín no se les haya ocurrido interrogar cómo y con quién llegó la señora Lidia Graiver a dicha asamblea”.

Timerman se pregunta de inmediato por esa situación y dice “en que habrá ido en taxi o en un Ford Falcon verde?” al sostener que “los redactores, en una muestra de su buena información, dicen que Lidia Graiver fue secuestrada en abril, pero mi padre (Jacobo Timerman) fue secuestrado en abril de 1977 y por el estado en que encontró, vio y oyó a Lidia, ella, ya llevaba mucho tiempo en las salas de torturas de Ramón Camps”.

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