Perfil recuerda una nota publicada en Clarín en donde Ernestina Herrera de Noble admitía que sus hijos adoptados pueden haber sido víctimas de apropiación ilegal durante la Dictadura, y que podrían ser hijos biológicos de desaparecidos. Nota de Mariano Confalonieri.

la causa noble

Ernestina admitió en 2003 que pueden ser hijos de desaparecidos

Por Mariano Confalonieri

Ernestina Herrera de Noble admitió, en una carta pública, la posibilidad de que sus hijos adoptivos fueran hijos de desaparecidos. Lo hizo el 11 de enero de 2003, después de haber estado en prisión acusada de falsedad ideológica de documento público. Había llegado a la cárcel por adulterar los expedientes de adopción de Marcela y Felipe, y el juez la acusaba de supresión de identidad y alteración del estado civil. El juez fue destituido por mal desempeño y ella fue liberada. Pero la causa siguió su curso.

Ernestina y sus abogados sostienen aún que hubo una adopción regular y se oponen al cruce de los datos genéticos de los jóvenes con el de todos los familiares de desaparecidos. Solo aceptan que se hagan los estudios en el Cuerpo Médico Forense, que no depende del Poder Ejecutivo, y que los resultados se comparen únicamente con las dos familias reclamantes.

“Muchas veces he hablado con mis hijos sobre la posibilidad de que ellos y sus padres hayan sido víctimas de la represión ilegal. Y siempre les he dicho que yo apoyaba la decisión que ellos tomaran”, escribió Ernestina en una “Carta abierta de la directora de Clarín” que se publicó en el matutino porteño.

En la misma misiva, la empresaria advertía que la adopción había sido de buena fe. En ese punto, la Justicia probó lo contrario. Los expedientes fueron adulterados. Herrera de Noble dijo que le dejaron a Marcela en una caja de cartón en la puerta de su casa en Lomas de San Isidro. Puso como testigos a una vecina y a un jardinero. Era el primer año de la dictadura militar. Cuando en democracia el caso llegó a la Justicia, el hijo de la vecina (ya que ella había muerto) dijo que su madre no conoció a Ernestina Herrera de Noble y que la dirección que la dueña de Clarín ponía como propia era en realidad la casa de su madre ya fallecida. Cuando se citó a declarar al jardinero, el hombre, sorprendido, dijo que no había sido testigo de nada. ¿Era un jardinero? No, había sido 25 años chofer de la familia Noble.

Herrera de Noble también alegó que se encontraba en el juzgado de San Isidro justo cuando la madre de Felipe llegó para dejarlo con el objetivo de que alguien lo adoptara porque ella no lo podía mantener.

Decía también Ernestina en su carta: “Ellos saben que yo los adopté de buena fe, en un procedimiento legal y transparente, investigado una y otra vez por la Justicia. Mi adopción fue un acto de amor y de felicidad: ese es un lazo que nos une a los tres para siempre. Y la prisión injusta que he sufrido –primero en la celda y luego en mi casa– reforzó aún más nuestra unión”.

En el resto de la carta, Ernestina dedicó varios párrafos a denunciar una persecución por parte del entonces juez Roberto Marquevich y de políticos. Ya en ese entonces la dueña de Clarín advertía que querían censurar al Grupo. Corría la etapa final del Gobierno de Eduardo Duhalde. Mucho después llegaría la Ley de Medios y la pelea de un presidente/a con Clarín.

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