La profusión de libros sobre los líderes políticos, ¿representan un ejercicio de periodismo? Y si así fuera, ¿son investigación periodística? ¿Qué es el periodismo de investigación? Estas preguntas motivaron a Osvaldo Aguirre a contrastar opiniones en su nota publicada en La Capital.

En busca del periodismo de investigación

La definición de Víctor Hugo Morales sonó lapidaria. “Llamarle investigación al libro de Luis (Majul) es una falta de respeto a la verdadera investigación periodística”, dijo. Sin embargo, El dueño, la obra en cuestión, lidera desde fines del año pasado las listas de libros más vendidos en Argentina y asoma como la culminación de un fenómeno con varios años en el mercado: las investigaciones sobre “historias secretas”, “caras ocultas” y “enigmas” de los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, las denuncias sobre sus principales funcionarios, los análisis sobre sus políticas, en fin, la literatura anti K. La polémica pone en cuestión a un género que parece reducido a la etiqueta de un envase: el periodismo de investigación.

Néstor Kirchner. Un muchacho peronista y la oportunidad del poder, de Valeria Garrone y Laura Rocha (2003) fue uno de los primeros libros dedicados al tema, en una perspectiva más analítica que beligerante. Luego siguieron, entre otros, Justicia. Era Kirchner. La construcción de un poder a medida (2005), de Pablo Abiad y Mariano Thieberger, una trilogía de Jorge Asís publicada entre 2006 y 2008, El último peronista, de Walter Curia, y Hablen con Julio. Julio de Vido y las historias ocultas del poder kirchnerista (2007), de Diego Cabot y Francisco Olivera, que a continuación dedicaron un libro a otra bête noire del kirchnerismo: El buen salvaje. Guillermo Moreno, La política del garrote.

El conflicto con el campo deparó biografías de Alfredo De Ángelis que hoy no se consiguen ni siquiera en mesas de saldo y aceleró la salida de libros que han cubierto casi todos los aspectos del kirchnerismo. Lucio Di Matteo investigó en Gracias Néstor. La política de los negocios a personajes y empresarios allegados al poder. Guido Braslavsky abordó en Enemigos intimos la relación de los Kirchner con los militares y su política de derechos humanos. Hugo Alconada Mon, en El hombre de la valija, siguió la pista de Guido Antonini Wilson, aquel venezolano que llevaba 800 mil dólares sin declarar y se topó en el aeroparque metropolitano con María Luján Telpiuk, la policía aeronáutica devenida en chica Playboy.

Hay más. El pacto Menem-Kirchner, de Juan Gasparini; Patria o medios, de Edi Zunino, y otro best seller, ¿Qué les pasó?, de Ernesto Tenembaum. El apellido Kirchner vende. El reciente Indec, de Francisco Jueguen y Lucrecia Bullrich, no llamaría tanto la atención sin una oportuna aclaración: se trata de “una destrucción que lleva el sello de los Kirchner”.

Los libros de denuncia periodística tuvieron su apogeo durante los gobiernos de Carlos Menem y desde hace un tiempo parecen reverdecer. Pero de la denuncia a la investigación periodística hay un trecho por recorrer. Y una agenda que hoy ofrece pocas variantes. “Los temas del periodismo de investigación suelen pecar de «gobiernocentrismo» o «estadocentrismo», y en cambio son mucho menos usuales las investigaciones sobre abusos, corrupción, manejos indebidos o ilegales por parte de los grupos económicos o financieros, en algunos casos ligados a estados o gobiernos y en otros, no —opina Martín Becerra, investigador y docente de la Universidad Nacional de Quilmes—. Esta constatación demuestra que el poder no está sólo enquistado en la esfera del Estado sino que es mucho más extenso”.

Según Becerra, “en la Argentina hay investigación periodística en medios gráficos y en la industria editorial, es decir, investigaciones que son publicadas directamente como libros. En los medios audiovisuales prácticamente no existe, ya que requiere tiempos que están a contramano del vértigo inmediatista que se ha impuesto como rutina productiva en radio y televisión”.

El periodista Germán Ferrari, autor de Símbolos y fantasmas, obra que analiza el intento de restaurar la teoría de los dos demonios, inscribe los libros sobre los K en un marco político. “El enfrentamiento entre el gobierno y parte de la prensa generó una avalancha de títulos llamados de periodismo de investigación. Tendríamos que definir con mayor profundidad qué es periodismo de investigación: si es un trabajo minucioso con fuentes diversas y con análisis o algo más parecido a un panfleto”, dice.

“El debate que se generó —agrega Ferrari— es saludable porque enriquece el análisis de nuestro trabajo. Y está muy vinculado a cómo la sociedad percibe al periodismo. Términos como «periodismo independiente» u «objetividad periodística» han perimido desde hace muchos años, y esta polémica ayuda a correr un velo de oscuridad. La discusión excede el marco de los libros para entrar en otra más general sobre el periodismo del siglo XXI y el rol actual del periodista”.

Paulina Brunetti, investigadora y docente de la Universidad Nacional de Córdoba, destaca que “el prestigio que los periodistas tienen o tuvieron no les vino sólo por lo que hicieron en la época de Menem sino también porque en los años 90 ocuparon un lugar que dejaron los intelectuales. Hoy, lamentablemente, el kirchnerismo ha deteriorado en parte esa imagen. A la vez se sabe más del periodismo como construcción de la realidad que en los 90. De todos modos uno se informa por los medios, y por el medio que quiere”.

En ese sentido, Ferrari destaca que “en parte de la opinión pública y a veces en el gremio de prensa aparece la imagen del periodista como una especie de investigador privado, un superhéroe que devela misterios o hace de juez. El debate tendría que ubicar también cuál es el rol del periodista en la sociedad, en un tiempo determinado y en un contexto de país. Ayudaría a reflexionar y a quitarle esa omnipotencia al periodista. El periodista es un trabajador de prensa que debería utilizar sus herramientas para trabajar en profundidad con la coyuntura y con la historia”.

Brunetti señala a su vez “una idea muy anacrónica de los medios” en el kirchnerismo. “Me parece que todavía creen en la teoría de la aguja hipodérmica, una de las primeras acerca de la influencia de los medios de comunicación, aquella de que la gente reacciona según cómo actúan los medios”, dice.

Volviendo a los libros de actualidad, Martín Becerra ofrece una visión crítica. “No hay allí investigación y no sé hasta qué punto hay periodismo. El periodismo consiste en consultar diversas fuentes, no en ser uno mismo, el periodista, la fuente. Y en contar novedades, o bien en asociar hechos ya conocidos de una forma novedosa. A su vez, la investigación intenta siempre arribar a objetivos que no se conocerían si no se hiciese la investigación”, apunta.

Hay un ABC. “Toda investigación —dice Becerra— supone develar incógnitas e interrogantes. Es un proceso laborioso en el que la curiosidad y el método van de la mano. No hay investigación cuando todo lo que se hace es reforzar una idea previa, independientemente de si es correcta o incorrecta”.

Becerra agrega: “Este tipo de literatura sobre personajes públicos suele reforzar los preconceptos y las nociones previas del autor, y por supuesto los destinatarios ya conocen el final antes de comprar el libro. Por ello yo no incluiría de ningún modo los libros sobre Kirchner, Macri o Carrió en la categoría de periodismo de investigación. Es otro género, con reglas y resultados muy diferentes”. Para pensar cuando uno va a la librería.

Luis Majul y Víctor Hugo Morales, protagonistas de una polémica que se profundiza.

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