Para el especialista Daniel Aspiazu en “la posconvertibilidad, la industria no volvió a ser el eje organizador de la economía que era en los 70 y se profundizó el perfil de especialización de los 90”, es decir que no hubo un cambio real de régimen de acumulación en el país. En el modelo agroexportador, “el salario es un componente de costo, nada más, mientras que para las industrias que producen para el mercado interno, es también un componente de demanda”. Entrevista publicada en Perfil.

 daniel aspiazu, investigador de flacso

“Hubo cambios, pero se mantiene el modelo de acumulación de los 90”

Uno de los economistas más citados del progresismo asegura que la política industrial es cortoplacista y que el tipo de cambio no alcanza para desarrollarla.

Por C.L.I.


“En la posconvertibilidad, la industria no volvió a ser el eje organizador de la economía que era en los 70 y se profundizó el perfil de especialización de los 90.” Este crudo diagnóstico es la principal conclusión del libro Hecho en Argentina. Industria y economía, 1976-2007 (Siglo XXI Editores), que escribieron el economista Daniel Azpiazu y el sociólogo Martín Schorr, ambos investigadores de Flacso y del Conicet. PERFIL dialogó con Azpiazu:

—Plantean que el crecimiento fabril se focalizó en un grupo acotado de ramas y que no hubo una ruptura del patrón de especialización del neoliberalismo. ¿A qué se refieren?

— En la posconvertibilidad hubo un repliegue de unos grandes grupos nacionales hacia sectores vinculados con el comercio exterior, como la agroindustria. Además, hubo una creciente extranjerización del aparato industrial que ya venía de los 90. El 70% de la facturación de las grandes empresas es de las firmas extranjeras. Si bien hubo un cambio en el régimen macroeconómico no cambió el modelo de acumulación. La industria no retomó lo que era en los 70, en términos de eje organizador de la economía y, en términos de perfil de especialización, se profundizó lo que venía de los años 90. Estamos más volcados a exportar productos casi primarios, lo cual no está mal, pero se podría incorporar más valor.

—¿Qué consecuencias tiene esta primarización del perfil productivo?

—Conspira en términos de futuro. ¿Hasta cuándo los precios internacionales van a permitir que sigamos teniendo este perfil? Por otro lado, para estos productos, el salario es un componente de costo, nada más, mientras que para las industrias que producen para el mercado interno, es también un componente de demanda. Al empresario que vende en el mercado interno no le gusta aumentarles el sueldo a sus trabajadores, pero le interesa que todos los demás les aumenten el salario a sus empleados para que consuman sus productos. En cambio, si un empresario exporta, le interesa que bajen los salarios en dólares. Por eso, recurrentemente muchos grandes empresarios insisten con la devaluación. “Hay que devaluar” quiere decir “hay que bajar los costos salariales en dólares”.

—¿La única política de reindustrialización fue el “dólar alto”?

—Sí, el tipo de cambio alto y algunas medidas puntuales como limitar las importaciones. No hubo una política activa de reindustrialización. Y el efecto del “dólar alto” no fue tan grande como para lograr sustituir importaciones.

—¿Qué le pareció la amenaza del secretario de Comercio de prohibir las importaciones de alimentos?

—Me parece una política pobre. No hay un proyecto de largo plazo donde la industria tenga un papel activo y las políticas sean coordinadas. Hay algunas políticas para pymes, la ley de software, la ley de autopartistas, pero no están articuladas.

—¿Sigue siendo alto el tipo de cambio?

—Por la manipulación del Indec, no se puede definir cuál es el tipo de cambio real multilateral. El dólar está menos alto que en 2007, pero sigue siendo ligeramente superior al de la convertibilidad. Sigue habiendo tipo de cambio alto, lo cual no quiere decir que Buzzi o la UIA no aspiren a una devaluación.

“La concentración es más alta”

—¿Crece o no la concentración económica en la Argentina?

—La participación de las empresas grandes en la producción venía creciendo despacito hasta que, en 2002, en plena crisis, subió bastante y después se estableció, pero en un nivel más alto que en los 90. Porque dentro de las grandes empresas, las exitosas son las dedicadas a la exportación, por lo que las grandes crecieron mucho más que las medianas y las pequeñas.

—¿Qué pasó con la inversión en la posconvertibilidad?

—Había capacidad ociosa y el crecimiento de la inversión que hubo, en términos relativos, fue muy inferior al de la producción. Y, en paralelo, en 2003-2008, eran altísimas las tasas de rentabilidad.

—¿Por qué no invierten?

—Es el gran tema del empresariado argentino. Desde los 70, invierte sobre seguro, sólo si recupera la inversión en dos años, si le dan garantías.

—¿Qué evaluación tiene de la gestión de la ministra de Industria, Débora Giorgi?

—Absolutamente cortoplacista y de respuesta a la coyuntura, aunque excede a Giorgi. La ley de Promoción Industrial es un desastre, subsidia proyectos que, de todos modos, se hubieran hecho porque eran negocio.

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