Para Carlos Pagni, en La Nación, el gobierno avanza sobre la venta de las acciones de Telecom que posee Telecom Italia gracias a un tandem protagonizado por el millonario Matías Garfunkel -separado de sus relaciones con otros empresarios también cercanos al gobierno hasta ahora- y el banquero Raúl Moneta.

El escenario

Kirchner va por Telecom (otra vez)

Por Carlos Pagni – 10.5.2010

A pesar de las dificultades que siguen apareciendo en el camino, la captura de Telecom sigue siendo un objetivo principal de Néstor Kirchner. El imagina a esa compañía en el centro del aparato de poder político-empresarial con el que pretende ganar la presidencia en 2011, o en el que piensa replegarse si cae derrotado.

El deseo de Kirchner es más obsesivo a medida que se estrechan los márgenes legales para su satisfacción. Dos episodios de la semana pasada expusieron esta paradójica dinámica.

El miércoles, los apoderados de Telecom Italia presentaron ante la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) una resolución del organismo equivalente de Brasil, el Conselho Administrativo de Defesa Econômica (CADE), que debilita el único argumento del Gobierno para expulsar a esa compañía de Telecom Argentina. El CADE dictaminó que la compra de una fracción de Telco -controlante de Telecom Italia- por parte de Telefónica de España, no representa un peligro de monopolio en el mercado brasileño. Es una opinión atendible, ya que proviene de un país que, por integrar el Mercosur, cuenta con un régimen de homologaciones con la Argentina. El pronunciamiento de los brasileños se suma a otros fracasos del Gobierno: la justicia penal-económica anuló las resoluciones que ordenaban la venta y prohibió a su autor, Guillermo Moreno, intervenir en el trámite.

Mientras en Buenos Aires se conocían estas novedades, un joven empresario golpeaba las puertas de Telecom Italia en Roma, interesado en comprar las acciones de Telecom. Era Matías Garfunkel, el nuevo depositario del sueño telefónico de Kirchner.

El viaje de Garfunkel revela que el oficialismo ha cambiado de estrategia en esta operación. En enero, este heredero de dos fortunas -la de su padre, Jorge, y la de su madre, Mónica Madanes- había anunciado su asociación con Eduardo Eurnekián y Ernesto Gutiérrez, de Aeropuertos Argentina 2000. Eurnekián y, sobre todo, Gutiérrez eran hasta entonces los candidatos del Gobierno a quedarse con la parte de los italianos en Telecom.

Ahora ese grupo se fracturó. La bendición del poder para Garfunkel y su separación de Aeropuertos confirmarían que Kirchner está malhumorado con Gutiérrez. Los motivos del malestar son varios: las investigaciones de la Securities and Exchange Commission (SEC) sobre su relación con Eurnekián y Gutiérrez, la dificultad de Gutiérrez para financiar su participación y la ansiedad del propio Kirchner, que ve cómo sus amigos empresarios suman dificultades, mientras la Justicia va derribando los argumentos que forzarían la venta de los italianos. Tampoco entre los Werthein, socios argentinos de Telecom y enemistados con los italianos, reina la armonía. Dos de ellos, Daniel y Darío, habrían transferido sus acciones al primo Adrián. Alguien inapelable les aconsejó actuar de esa manera.

Los movimientos de Garfunkel tampoco están desprovistos de intereses políticos. Este joven e inquieto millonario está asociado al ex banquero Raúl Moneta en un holding que administra una decena de emisoras de radio. La proximidad de Moneta podría explicar por qué Kirchner eligió a Garfunkel. Moneta protagoniza un encarnizado conflicto con el grupo Clarín desde mucho antes que el esposo de la Presidenta. Hoy suena increíble, pero esa enemistad llegó a convertirlo en una figura indeseable para Olivos, como seguro recuerda su ex socio Daniel Hadad. Eran otros tiempos, en los que Kirchner confraternizaba con su odiado “monopolio”.

Moneta

La llegada de Moneta a este juego es, en realidad, un regreso. Quince años atrás, el actual papel de Kirchner lo encarnaba Carlos Menem, a quien Moneta también seducía con la construcción de un aparato de medios destinado a reducir a Héctor Magnetto y a sostener un proyecto de poder por varias décadas. También en este caso la repetición histórica se realiza como quería Marx: primero como tragedia y después como farsa. La ensoñación que Moneta le vendía a Menem en los 90 era bastante verosímil: el mecano ya contaba con Telefónica y una red de canales de TV con centro en Telefé. Ahora todo es más modesto. Moneta protagonizó un estrepitoso derrumbe que, entre otras cosas, lo alejó de Telefónica. Además, esta compañía no quiere desprenderse de Telefé, a pesar de las ofertas de Cristóbal López y del ahorrativo ex chofer Rudi Ulloa. Tampoco los españoles de Prisa quieren vender Radio Continental a un amigo del Gobierno. En síntesis: por ahora la columna mediático-empresarial del proyecto nacional y popular se constituye con tres o cuatro diarios marginales, alguna radio, y un programa estatal de TV que no supera los dos puntos de rating.

En este contexto, se entiende el enfado de Kirchner por las demoras de sus amigos en disponer de Telecom. A cada paso aparece una nueva dificultad. El viaje de Garfunkel a Roma -donde también estuvo Moneta- desató el malestar de otros aspirantes a quedarse con la compañía. Ese fastidio se hizo conocer de la manera menos esperada: las autoridades del banco Credit Suisse, que lleva adelante la licitación de las acciones de Telecom Italia, recibieron una nota con membrete del Senato della Repubblica , firmada por el senatore Esteban Caselli, que representa a los italianos de ultramar. El ex funcionario de Menem, Eduardo Duhalde y Carlos Ruckauf acusa allí a Garfunkel de haber integrado “un grupo investigado por la SEC”. También reprocha al banco no haber aceptado el financiamiento propuesto por otro competidor -todo indica que es Eduardo Elsztain, de IRSA-. Draconiano, Caselli pide a Credit Suisse que separe a los responsables del trámite: Pedro Chomnalez y Andrea Camp. En el caso de Chomnalez -a quien llama Clomlaes-, tal vez il senatore haya llegado tarde: al parecer ya dejó el banco. El día que se escriba la historia financiera del kirchnerismo, Chomnalez tendrá su página: responsable de banca de inversión de Credit Suisse para América latina, por sus manos pasaron la colocación internacional de los fondos de Santa Cruz, la venta de acciones de YPF a la familia Eskenazi y el concurso de Telecom.

Caselli justificó su irrupción en la defensa de los accionistas italianos. Pero se pueden adivinar otras motivaciones. No sólo su amistad con Elsztain, sino, sobre todo, su enemistad con los Werthein, a quienes Antonio, su hijo, enfrentó en la interna de River Plate. El capitalismo argentino se construye, por lo visto, con todo tipo de pasiones.

Mientras el armado de su escuadra privada de telecomunicaciones se demora, Kirchner confía la recuperación de su imagen a la creación de un aparato estatal de intervención sobre la opinión pública. La confiscación de Papel Prensa es un capítulo de ese proceso, ya que facilitaría la extensión de una cadena de diarios encargada de la apología del oficialismo en el interior del país. Otro dispositivo es la TV digital terrestre, a cuya plataforma está consagrado Julio De Vido. En Olivos pretenden que esté disponible antes del campeonato mundial de fútbol, para que los beneficiarios de planes sociales puedan disfrutar del servicio con los decodificadores que les proveerá el Gobierno. El nuevo sistema ofrecerá un canal de noticias para promover las ideas y las obras del matrimonio gobernante y, sobre todo, para descalificar las de sus adversarios. Hay una sola dificultad: si la ley de medios sigue suspendida por la Justicia, la TV digital carecerá de regulación. Se entiende, entonces, que Kirchner quiera que la Corte se pronuncie rápido sobre esta nueva norma, sin perder el tiempo atendiendo a empresarios en reuniones inconvenientes.