A pesar de lo prescripto por la ley 25.326 de protección de datos personales, en la Argentina hay un descontrol en el uso y abuso de las bases de datos. Nota de Carlos Galván en Clarín.

CONSUMO: ALERTAN SOBRE EL MAL USO QUE PODRIAN DAR A INFORMACION PERSONAL SENSIBLE

Las bases de datos de los argentinos, fuera de control

Registraron 60 mil, estiman que hay 1,6 millón

Por: Carlos Galván

Una tradicional fabricante de tapas de tartas y empanadas acaba de lanzar una campaña promocional en la que se pueden ganar electrodomésticos para renovar la cocina. Según la publicidad, para participar hay que visitar una página de Internet y allí ingresar el número de lote del producto comprado. Pero cuando se entra al sitio, el primer dato que se solicita no es el del lote sino otro más sensible: el número del DNI. A continuación piden más información: nombre y apellido, cuenta de correo electrónico, teléfono, localidad y provincia. Recién después de ingresar todo esto hay que poner el número de lote.

A este tipo de estrategias, que son legales, recurren cada vez más empresas para formar bases de datos con información de sus clientes. “Esos datos le sirven a las compañías para corroborar la identidad y conocer acabadamente a su clientela. Esa información después puede ser usada para hacer tareas de marketing directo sobre sus clientes y también los potenciales”, explicó Gustavo Tanús, abogado especializado en privacidad.
Los datos que pueden figurar en un banco son cautivadores para las empresas, más aún cuando se los entrecruza con los de otros bancos. La información almacenada es variada y puede servir para campañas de marketing directo y segmentación de la oferta:

Una cadena de venta de electrodomésticos que tenga fichados a sus clientes sabe qué productos ya compró y cuáles le faltan.
Un supermercado conoce los hábitos de consumo de toda la familia, desde los alfajores que comen los chicos hasta qué vino toman los adultos.
Una empresa, a través de una base de datos como Veraz, sabe si es conveniente ofrecerle un crédito a determinada persona.
Por ley, cualquier empresa, banco, asociación, fundación o profesional que tenga un banco de datos debe registrarlo ante la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales, dependiente del Ministerio de Justicia. A la fecha hay 18.293 responsables de bases registrados ante ese organismo.

“Si cada uno tiene alrededor de tres bases de datos, es decir una con los empleados, otra con proveedores y una más de clientes, se puede estimar que registradas debe haber cerca de 60.000”, dijo el abogado Tanús.
Pero las cifras oficiales parecen quedarse cortísimas. “Sólo en la Ciudad de Buenos Aires hay unas 200.000 sociedades comerciales operativas y cada una tiene sus bases, lo que da una idea de la distorsión entre las bases existentes y las realmente inscriptas”, sostuvo Facundo Malaureille Peltzer, abogado especializado en protección de datos personales. Malaureille Peltzer calcula que la cantidad real de bases de datos argentinas debe ser bastante semejante a las españolas, es decir cerca de 1.600.000.
Con el fin de poner en caja a las empresas que manejaban información de los argentinos, en octubre de 2000 se sancionó la ley 25.326. El primer artículo define su objetivo: “La protección integral de los datos personales asentados en archivos, registros, bancos de datos, u otros medios técnicos de tratamiento de datos, sean éstos públicos, o privados destinados a dar informes, para garantizar el derecho al honor y a la intimidad de las personas”. Dos años después se creó el órgano de control para el efectivo cumplimiento de la norma, la Dirección Nacional de Protección de Datos Personales (DNPDP).
Por el solo hecho de no haberse registrado ante la DNPDP, la enorme mayoría de las bases de datos está en infracción, afirmó el abogado Tanús.

Fue imposible saber qué cantidad de bases estiman las autoridades hay en el país ni el porqué de la escasa cantidad de sanciones aplicadas (7) por la DNPDP: ni Juan Antonio Travieso, director del organismo, ni en el Ministerio de Justicia contestaron ninguno de los llamados de Clarín.
Al encontrarse registrado en un banco, cualquiera puede saber a dónde dirigirse para pedir que le informen qué data tienen sobre él; exigir que la modifiquen o actualicen y, llegado el caso, hasta exigir que se lo borre del banco.
Pero a no entusiasmarse que la ley tiene excepciones: de la AFIP o de bancos de datos como el Veraz no se puede pedir la baja.

Cómo proteger la información personal

No completar formularios al azar. Muchos de los relacionados con concursos, sorteos o premios que se ofrecen en la calle o en la Web son en realidad sólo excusas para obtener datos personales, pero no necesariamente con fines comerciales claros.

No dar más información que la necesaria. Según la ley 25.326, sólo se puede guardar la información personal que se necesita para cumplir con el fin para la cual se requirió. En caso de ser solicitada mayor información que la lógicamente necesaria, se puede exigir la justificación del pedido o negarse a entregarla si no está claro el destino de la misma.

Educar a los chicos. Es necesario enseñarles los peligros que puede entrañar dar información a terceros, que podría ser usada en distintas modalidades delictivas.

Qué dicen las empresas

Clarín consultó en la empresa que fabrica tapas de empanadas qué hacen con los datos de los que participan de su campaña. “Se piden esos datos”, dijeron en la firma, “únicamente para identificar a la persona en caso de que gane. Tenemos prohibido usarlos en cualquier tipo de acción”. Pero Gustavo Tanús, abogado especialista en privacidad, planteó: “Si es sólo para identificar al ganador podrían pedir sus datos recién si es que gana y no antes”.

En una aerolínea uno puede encontrarse con que sin jamás haber volado en esa compañía sus datos ya figuran en el programa de viajero frecuente. En la empresa reconocieron que eso puede pasar, pero argumentaron: “Si están los datos es porque la persona alguna vez dio su consentimiento”.

En una tienda del Centro, cuando se va a cambiar una prenda piden el número de DNI. Uno puede negarse e igual se la cambian, pero muchos aceptan. “Es para saber si ya tenemos a la persona ingresada como clienta y facilitarle el proceso del cambio en caso de que pierda el ticket”, dijeron.

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