En Brasil comienza a debatirse una nueva regulación sobre medios (la información sobre la conferencia nacional de la comunicación en Brasil está en el sitio del Forum Nacional por la Democratización de las Comunicaciones), con muchas coincidencias con la aprobada por el Congreso argentino en octubre y en el marco de la resistencia de algunos de los principales grupos por ceder privilegios. Nota de Nicolás Teresiuk en El Argentino. Como contexto, se reproduce el texto del blog de Lucas Llach en La Nación.com, “La ciencia maldita“, intitulado “No somos Brasil: por suerte”.

¿O Globo puede desaparecer?

Por Nicolás Tereschuk* – 20.11.2009

“Cuantas más televisoras haya, cuanto más periodismo, cuanto más programación cultural, cuanto más debate político haya, más democracia y menos monopolio habrá.” ¿Acaso un argumento conocido? Lo esgrimió el fin de semana pasado el presidente brasileño, Lula Da Silva, al inaugurar estudios del canal Red TV, en San Pablo. En esa ocasión, el mandatario acusó también a “algunos formadores de opinión” de querer conformar un “pensamiento único”. Sólo faltaba ponerle nombre y apellido al señalamiento contra la cadena O Globo.

Dos días más tarde, el diario Folha de Sao Paulo consignó que el oficialista Partido de los Trabajadores cuenta con una propuesta para modificar la legislación que regula las licencias de televisión. La posición será llevada a la Conferencia Nacional de Comunicación, a realizarse el mes próximo en Brasilia. Según puede leerse en una cartilla del PT dirigida a sus militantes, la normativa actual para el sector es evaluada como “anacrónica, autoritaria, fragmentada”, ya que “privilegia a los grupos comerciales, en detrimento de los intereses de la población”.

El PT sostiene que ese tipo de regulación “permite a unos pocos grupos empresarios –muchas veces asociados a fuertes conglomerados extranjeros– ejercer un control casi absoluto” sobre los medios. Ante esa situación, propone, entre otras acciones, imponer “atribuciones y límites para cada eslabón de la industria de la comunicación (creación, producción, procesamiento, realización, montaje, distribución y entrega), impidiendo que una misma empresa pueda actuar en los mercados de contenido e infraestructura”.
Se impulsa además asegurar “pluralidad y diversidad de contenidos” y “fomentar la producción privada no comercial o pública no estatal”, junto con el “fortalecimiento de los medios y de la producción pública-estatal”. El eco de la ley de medios audiovisuales promulgada en la Argentina resulta notorio.

El oficialismo brasileño movió con blancas y ya se empiezan a ver algunas respuestas de manual. “Golpe a la prensa” se lee en la editorial de un medio local paulista, que se refiere a una “evidente intención de controlar” a los medios por parte del PT.

El clima político no es del todo apacible para Lula, a pesar de las loas que recibe de publicaciones como The Economist, y de que algunos poco informados referentes de la derecha argentina, aferrados a su default ideológico, lo entronizan como “gran esperanza blanca” latinoamericana.

El ex presidente Fernando Henrique Cardoso, en una durísima nota de opinión, advirtió a principios de este mes que si la ministra Dilma Rousseff se convierte en la sucesora de Lula se consolidará un “subperonismo” (sic) en el país. El sociólogo sostuvo que “poco a poco” toma forma en el país un “autoritarismo popular” que va “minando el espíritu de la democracia constitucional”.

“Partidos flacos, sindicatos fuertes, fondos de pensión convergiendo con los intereses de un partido de gobierno y atrayendo socios privados privilegiados, es el bloque sobre el cual el subperonismo lulista se sustentará en el futuro si gana las elecciones”. Impacta la frase en la pluma del impulsor de la Teoría de la Dependencia. El doctor Cardoso no se priva de tratar a Lula de maleducado. Afirma que el actual mandatario pronuncia frases “aparentemente sin sentido” y que de “la propia boca presidencial salen improperios para matar moralmente a empresarios, políticos, periodistas o quien sea que ose discordar con el estilo de ‘Brasil potencia’”. En la misma línea, días atrás, el influyente músico Caetano Veloso trató de “analfabeto y grosero” a Lula.
Para completar el panorama hay que repasar también declaraciones recientes de Rousseff. La titular de la Casa Civil, lanzada hacia una postulación presidencial, acusó sin vueltas a la prensa de “partidización”. Ante intendentes petistas habló de la “sustitución de la oposición partidaria por una oposición casi mediática”. Y alertó sobre los peligros de un “creciente aislamiento de sectores políticos, básicamente de la oposición, que se ve sin proyecto, sin discurso y cada vez más sin base social”.

Apenas algunas imágenes para palpar mejor el juego pesado que muchas veces implica la política diaria brasileña, lejos de una imagen idílica de consenso tropical imaginada desde cierta dirigencia argentina.  Pensar que América Latina enfrenta por todos lados nuevos desafíos ante la necesidad de consolidar y profundizar los cambios que vinieron con la primera década del nuevo siglo no parece errado.

*Politólogo. Coeditor de Artepolitica.com

“No somos Brasil”: por suerte

OK, ellos tienen todo para estar de moda:

– Presidente con 80% de popularidad, antes de la designación de Rio como sede de los JJ.OO.

– Pertenecen al BRIC, grupo que está de moda.

– Pero a su vez se benefician del crecimiento del IC (India, China) porque son, cada vez más, exportadores de commodities, artículos que en los mercados internacionales están actualmente de moda.

– Dentro de las commodities, cada vez tienen más potencial para exportar precisamente aquellas que están más de moda: soja y petróleo. Ese país en verdad angosto, que tiene un 80% de la población en una franja a la chilena, atrapada en 100km entre la costa y la selva/el sertao/los morros ahora encuentra petróleo al este de esa franja (en el mar) y tira árboles –cosa que no está de moda– al oeste de esa franja, para producir soja.

Todo muy lindo. Pero me quedo, por mucho, con la Argentina.

No es una cuestión patriotera. Es que no hay que dejarse llevar por el político más marketinero del siglo XXI, Inácio Lula da Silva. Lula es un gran contrabandista de consignas. Le dice a la derecha que es fiscalmente responsable y le creen porque se pone corbata, pero la verdad es que tienen un déficit fiscal bastante mayor que el argentino. Le dice a la izquierda que Brasil está solidificando su gran burguesía industrial, le creen porque fue obrero metalúrgico, pero la verdad es que Brasil ha primarizado sus exportaciones (data en excel). Un maestro.

Vamos a los bifes: ¿Le está yendo bien a Brasil? ¿Desde cuándo? Veamos el PBI per capita comparado con Argentina y Chile:

 

No es sólo que son más pobres. En los últimos 30 años, la distancia a favor de Argentina nunca fue tan grande como en 2008. Y no, no es producto del INDEC. Es porque desde 1990 la economía argentina es una historia de alto crecimiento interrumpido por un cuatrienio crítico (1998-2002), mientras que la de Brasil es una de crecimiento (muy) moderado.

Para comparar mejor los niveles, creo que vale la pena anotar que el 10% más rico de los brasileños se lleva un porcentaje del ingreso (circa 45%) mayor que el 10% más rico de los argentinos (no lo sabemos bien, pero anda por los treintilargos). Si en el total de la población le ganamos 13200 a 9500 en PBI per capita (casi un 40% más), contando el 90% de la población fuera de los más ricos les ganamos por casi 50%.

Gran marketing el de Brasil. Sus playas están buenas, pero no te dicen que llueve todo el tiempo. Sus legendarias garotas están sobredimensionadas (uso la palabra en un sentido conceptual y físico). Salvo por los licuados, su comida es penosa — la Lonely Planet dice: “From the rice-bean-farofa core, meals go in one of three directions: meat, chicken or fish”. La principal ruta del país (BR-101) tiene más pozos que el lado oscuro de la luna. La corrupción y el clientelismo políticos no son menores que aquí. Y sí, lo digo: su equipo de fútbol es normalmente mejor que el nuestro, pero el de hoy es peor que cualquier selección brasileña que recuerde salvo la del mundial 90.

OK, quizás me estoy excediendo. Hay cosas que me dan envidia: a diferencia de nosotros, tienen una inflación y un riesgo país de una economía emergente normal, sus estadísticas son confiables y tienen algo así como un programa de ingreso universal.

En resumen: son peores o iguales que nosotros en casi todas las cuestiones estructurales salvo el fútbol, y son mejores en las que podemos cambiar en un par de meses si en diciembre de 2011 asume un presidente poco excepcional, cosa que es bastante probable.

PD: me avisan que Don Julio María Sanguinetti, ex presidente de ese pequeño gran país que es el Uruguay, escribió una columna mucho más convincente y educada que este post, con la mala suerte de que cayó el día de la elección de Rio. Qué lindo el Uruguay, lástima que no seamos provincia de ellos.

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