Washington Uranga reflexiona en La Ventana, de Página 12, sobre la inexistencia de “periodismo independiente” en el largo proceso de discusión (política y mediática) de la ley de medios, cuestionando tal categoría. En tanto, Diario sobre diarios constata que los dos principales matutinos, Clarín y La Nación, silencian los casos de corrupción cuando afectan al jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri, en tanto que elogian a legisladores cuando su voto se aparta de la decisión partidaria para oponerse al gobierno nacional, pero acusan de corruptos a diputados y senadores cuando quiebran la lealtad de sus bloques para votar a favor del oficialismo. También en Diario sobre diarios se comenta con ironía las “discrepancias” escenificadas entre el editor general del diario, Ricardo Kirschbaum, y el periodista Marcelo Moreno a raíz de la publicación de una fotografía de Brooke Shields desnuda cuando era menor de edad.

LA VENTANA › MEDIOS Y COMUNICACION

Para prestar atención

Por Washington Uranga

Todavía queda mucha tela para cortar respecto de las consecuencias de la aprobación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. Porque el debate no está cerrado aunque la norma esté sancionada, porque habrá renovadas batallas (algunas seguramente impensadas hasta por los más conspicuos analistas) y, muy particularmente, porque todo lo sucedido en lo previo ayudó también a desenmascarar, a quitar velos, a poner blanco sobre negro posiciones y argumentos que en otras circunstancias y momentos estuvieron solapados o disueltos en la opacidad.

Uno de ellos se refiere a la proclamada “objetividad periodística”, que tiene en el “periodismo independiente” una versión más adaptada a los tiempos. Si algo quedó decididamente claro es que los periodistas (todos y todas, sin exclusión) somos actores políticos. Y que no dejamos de serlo porque nos proclamemos más “objetivos” o más “independientes”. Seleccionamos desde nuestra mirada, hacemos recortes según nuestros criterios, incluimos u omitimos de acuerdo con nuestro parecer o al criterio editorial de las empresas para las que trabajamos. La coincidencia entre las elecciones personales y las de las empresas no siempre existen y la libertad para moverse de la línea editorial depende tanto de la capacidad de autonomía profesional de los escribas como de la amplitud de miras de los patrones. Es un equilibrio siempre difícil, que arroja los resultados más diversos.

Pero lo que queda claro es que la práctica periodística es una práctica política, aunque ello no implique posiciones partidarias. Así lo señalan también las doctoras Stella Martini y Lila Luchessi: “El trabajo periodístico, ubicado en el espacio de la subjetividad y en el del poder, tiene la capacidad para que el mundo ‘se vuelva a ver’. (…) La práctica periodística es una actividad ante todo política: la producción de la noticia, marcada por la temporalidad, implica fijar la mirada (la moral), aportar al control (organización social), negociar (consensuar) y dialogar (con el poder y la ciudadanía en general)”. (Los que hacen la noticia, información y poder, Biblos, Buenos Aires, 2004).

El debate sobre la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual dejó en claro –una vez más– que no existe ni objetividad ni independencia en la profesión periodística. Y que la autonomía entre los comunicadores y sus patrones es una ecuación que se resuelve en cada circunstancia por el desigual juego de poder entre el periodista y el medio para el que trabaja.

En vista de lo anterior lo importante es que quienes ejercemos la profesión periodística dejemos transparentar con la mayor claridad nuestras posiciones. Es la manera de quitarles opacidad a nuestras prácticas y es también un modo de darles libertad a las audiencias. Porque tan importante es lo que se dice como quién lo dice.

Pero a no confundir objetividad e independencia con veracidad, entendida esta última como el apego a la verdad de los hechos y la decisión firme de evitar la mentira y la hipocresía. Mucho se ha mentido en los días en que el proyecto de ley ocupó los principales titulares. La veracidad tiene que ver con la calidad ética. La objetividad es un imposible, porque supondría anular la subjetividad.

Otro tema. Los profesionales de la comunicación construyen “actores” a los que se posiciona en el escenario, se los hace jugar en el ámbito público, se los “personifica”. Es una simplificación que induce a equívocos, que impide ver y que deja de lado la mirada compleja, que es la única que ayuda realmente a comprender los acontecimientos históricos. Así en su momento “el campo” se convirtió en actor porque había que encontrarle un oponente al Gobierno. Y ahora se ha repetido hasta el hartazgo que el mismo gobierno se opone a “los medios”. ¿A qué medios? ¿Quién representa a los medios? Además de simplificar, este tipo de caracterizaciones se convierten en otra forma de exclusión: “el campo” es hablado solamente por poderosos productores agropecuarios con la exclusión de los peones y de la mayoría de los chacareros; “los medios” son los grandes grupos multimedios concentrados, no las radios populares y comunitarias, para dar tan sólo un ejemplo.

Son algunas (no las únicas) lecciones que nos deja el debate. Es bueno no dejarlas pasar por alto.

Dos ejemplos de asimetrías a la hora de editar noticias

El pasado 6 de octubre, Página/12 reveló la presencia de un agente que hacía “espionaje” a familiares de la AMIA y al empresario Carlos Ávila, contratado en una dependencia del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Tres días después amplió la información consignando que el supuesto espía, Ciro James, estaba a punto de ser incorporado a la Policía Metropolitana. En tanto, Ámbito Financiero llevó el lunes pasado el tema a lo alto de su portada bajo el título “PRO-gate: por pinchaduras ya tambalean funcionarios”.

Al menos hasta ayer, ni Clarín ni La Nación se hicieron eco de la información en sus portadas. El enfrentamiento del Grupo Clarín con el Gobierno nacional puede hacer pensar que el diario decidió no tensar con un opositor, como Mauricio Macri. En el caso de La Nación, es habitual que el jefe de Gobierno reciba un trato favorable.

En estos días también se pudo observar otro ejemplo de una persistente construcción mediática por la cual cuando un opositor cambia su postura para plegarse a la del oficialismo es cuestionado, mientras que cuando ese “pase” se da desde las filas oficiales a la oposición se lo minimiza y hasta se lo elogia. El cambio del voto de la senadora correntina Dora Sánchez, que había afirmado que el proyecto audiovisual era un “mamarracho”, le sirvió a los diarios para instalar “sospechas” o “sugestivo canje”. Mientras que el cambio de la senadora rionegrina del Frente Grande, María José Bongiorno, que votó contra la ley (por lo cual fue expulsada de su partido, que estaba en favor), apenas mereció un recuadro de diez líneas en Clarín y una breve en La Nación.

Un editor de Clarín discrepó por escrito con Kirschbaum

Clarín publicó el pasado viernes 3 una nota titulada “Retiran de una muestra una foto infantil de Brooke Shields desnuda”, ilustrada precisamente con la foto de la actriz desnuda cuando tenía 10 años. El domingo 5, en una nota titulada “Una cuestión de criterio”, el editor general del diario, Ricardo Kirschbaum, afirmó: “La publicación de la foto de la actriz Brooke Shields desnuda cuando era niña merece una reflexión crítica”. Agregó que “el libro de estilo del diario indica que hay imágenes que deben publicarse sólo cuando ‘su valor social, histórico o político justifique la excepción’”, y consideró que “esta obra no la justificaba”. La polémica siguió el pasado domingo 11.

En una nota titulada “Crítica, autocrítica y discusión entre editores de la redacción de Clarín”, Marcelo Moreno consideró que “nuestro primer deber es el de informar. Y que haber publicado la foto le dio a nuestros lectores la información central para formarse una opinión sobre la controversia. Estimo que los lectores de los medios que eligieron no publicar la imagen no tuvieron esa opción. Y se vieron privados de ejercer sus opiniones porque debieron someterse a la opinión que los editores de esos medios concluyeron sobre la foto”. Y agregó: “Creo que es importante poder disentir públicamente en un diario con su Editor General. Y que sirve para transparentar la voluntad que tenemos en Clarín para que nuestras discusiones internas puedan llegar a nuestros lectores”.

Un saludable ejercicio en las páginas del diario que sería auspicioso leer también en otras secciones y con otros temas, que no sean, por ejemplo, Brooke Shields