Para Manuel Mora y Araujo el declive de la prensa “analógica” y la mudanza de los lectores hacia fuentes de entretenimiento de índole audiovisual e informática genera un serio interrogante acerca de la función informativa que cumplían los periódicos. En tanto, Roberto Guareschi analiza las tendencias que germinan en el periodismo que utiliza como plataforma de ejercicio a Internet. Notas publicadas en Perfil.

El periodismo que viene (I)

La prensa en el futuro inminente

Es un hecho que la prensa gráfica declina en el mundo. Los lectores migran a las versiones on line; la publicidad decrece y busca también adaptarse a los nuevos medios, en gran medida siguiendo a los lectores; los gastos no son sostenibles.

Por Manuel Mora y Araujo*

Es un hecho que la prensa gráfica declina en el mundo. Los lectores migran a las versiones on line; la publicidad decrece y busca también adaptarse a los nuevos medios, en gran medida siguiendo a los lectores; los gastos no son sostenibles. Estamos asistiendo a un fenómeno que ya parece tendencia: las plantas de periodistas se reducen en los medios de prensa.

El negocio de la prensa se transforma y se redefine al mutar a los medios digitales. Una duda mayúscula es qué sucederá con la función que la prensa cumple en la sociedad y cómo se modificará el vínculo más activo que transformó durante el último siglo la vida social: la relación entre los medios de prensa y la opinión pública.

La función de la prensa, prácticamente desde la aparición de las innovaciones técnicas que la hicieron posible –la imprenta de gran tirada y el telégrafo–, ha sido triple: informar, editorializar y entretener. A partir de cada uno de esos planos, y de la interacción entre ellos, fueron construyéndose los puentes que conectaron a los medios de prensa con la opinión pública, transformaron a ésta y establecieron la estructura del espacio público que hasta hoy conocemos.

La función de entretenimiento seguirá existiendo y adoptando nuevas y asombrosas formas y soportes; de eso no cabe duda alguna. Pero el entretenimiento per se es una cosa y el entretenimiento como envase para la transmisión de información es otra. Posiblemente se profundice aún más el proceso conocido desde mediados del siglo XX, cuando la televisión comenzó a ocupar el lugar de gran medio de comunicación, apoyado ahora crecientemente por las nuevas tecnologías digitales electrónicas.

La función de editorializar no parece en riesgo. Todo aquel que desee transmitir opiniones encontrará el medio para hacerlo y buscará al público al que apunta. El medio puede ser poco relevante para esa función.

La mayor duda está en el plano de la información. Antes de la invención de la prensa gráfica la opinión pública era parroquial y no podía ser otra cosa: la gente sólo podía hablar cotidianamente de lo que ocurría en su entorno inmediato, porque del resto no sabía nada. Con la irrupción y el desarrollo de la prensa se produjo la gran transformación de la opinión pública; las sociedades occidentales establecieron el canon de la pluralidad de información y de la libertad de entrada al mercado de emisores de información. Informar sobre los hechos relevantes del mundo, ocurridos cada día, pasó a ser entonces el pilar de la construcción cotidiana de la opinión pública. “Construir la agenda”, esa función que los expertos atribuyen casi sin discusión a los medios de prensa, significó a partir de entonces el poder de decidir acerca de qué se habla cada día, en cada lugar de cada sociedad. En muchos países ese modelo ha sido resistido, pero la resistencia casi siempre ha cedido: ese modelo de sociedad de la información es demandado por todos los pueblos del mundo y los desarrollos técnicos contribuyen a desbordar las capacidades de los gobiernos de poner frenos a la circulación de información plural.

Existe hoy una corriente de opinión que concibe que las innumerables fuentes de información que surgen a través de los nuevos medios pueden abastecer las demandas informativas de la mayor parte de la gente. Sin duda, esto tiene que ver con el tipo de información que cada persona busca. Desde esa perspectiva, el ciudadano atento que demanda información cotidiana con visos de objetividad es un resabio decimonónico. Pero lo cierto es que ese tipo de información, producida cada día por una profesión que antes no existía –el periodismo– fue la matriz sobre la cual se construyó la opinión pública de las sociedades modernas.

Puedo imaginar muchas maneras a través de las cuales las sociedades seguirán buscando satisfacción a sus demandas de informarse cada día de la vida. Me cuesta más imaginar cómo la información –lo que hoy conocemos como información acerca de los acontecimientos de cada día– podrá circular con la misma fluidez que hemos conocido durante más de un siglo, si los medios de comunicación dejasen de contar con los profesionales preparados para producirla, esa especie llamada periodistas.

 *Rector de la Universidad Torcuato Di Tella.

El periodismo que viene (II)

Hay que prepararse para disfrutar

Una colega me escribió el jueves. Ella entiende que Internet está “enterrando” al periodismo y me instó a defenderlo como “valor constitutivo de la democracia”.

Por Roberto Guareschi*

Una colega me escribió el jueves. Ella entiende que Internet está “enterrando” al periodismo y me instó a defenderlo como “valor constitutivo de la democracia”. Le respondí que en lo que escribo intento mostrar un periodismo en gestación más eficaz que el actual para enriquecer la democracia. Muchas veces los periodistas creemos que hemos sido claros, pero lo hemos sido sólo para nosotros: tal vez haya más lectores que piensan que mis columnas no defienden al periodismo lo suficiente.

Lo que sigue es un intento de explicar ese periodismo que veo.

Internet arrasó con las barreras que impedían un crecimiento exponencial de la comunicación. Nunca en la historia hubo tanta circulación de información. El “exceso” de información es un tema que prometo tratar en otra columna; por ahora podemos acordar en que nunca hubo tanta posibilidad de compartir y de crear colectivamente.

Los medios masivos de comunicación, los gobiernos, las grandes corporaciones pierden poder en su capacidad de moldear nuestra percepción de la realidad y –tan crucial como eso– de lo que debería hacerse para cambiarla, según observa Yochai Benkler, profesor de Derecho en Harvard.

Esos medios masivos –periodísticos y no, que ocupan vastos territorios con una oferta copiosa y, por muy variada, poco profunda– están forzados a competir, por la atención y el tiempo de la gente, con fuentes de producción de información y conocimiento antes impensables, muchos de ellos gratuitos: sitios, blogs, redes sociales. Lidian, mal equipados, con una cultura nueva: un público segmentado que no tiene la tolerancia del viejo lector capaz de pagar 64 páginas y leer 9. O peor, de aceptar un producto no destinado enteramente a él y a su tribu sino a casi todo el mundo (o sea a casi nadie).

Los medios masivos no se han extinguido. Están lejos de eso. Aunque debilitados y vulnerables a presiones políticas o económicas, todavía son dominantes. Pero están en declinación. Clarín tiene hoy la circulación de hace casi 40 años. La venta global de los diarios de EE.UU. es la misma de hace 54 años. La TV de cable con sus señales de nicho le quita publicidad (y audiencia, claro) a la TV abierta.

Grandotes, solemnes y progresivamente solos: los grandes medios masivos resuelven qué publicar, cómo y cuándo; así configuran un usuario pasivo y una esfera pública igual de rígida y vertical donde las instituciones, empezando por el mismo medio con sus periodistas, bajan línea como en aula magna. Ni en Internet modifican esta relación con el usuario.

Benkler sostiene que junto con esta esfera pública mediada por los medios masivos va creciendo otra esfera pública en red. Es la de Wikipedia (50 mil voluntarios construyen la enciclopedia digital gratuita), Linux (sistema operativo abierto en la que trabajaron miles de programadores); es la de tantos blogs y sitios donde circula conocimiento valioso y la de ciertos nuevos medios de base periodística. Son producciones intelectuales creadas colectivamente por el interés de compartir o de lograr reputación. ¿No tienen calidad? Algunas son rudimentarias. Otras son mucho mejor que eso. Prefiero medir los resultados contra el tiempo de desarrollo y calcular el potencial. Internet no nos hace más buenos; el modo que la usemos, puede ayudarnos a eso, colectiva e individualmente. No subestimemos a las redes sociales porque aún estamos tanteando en la oscuridad: ofrecen una herramienta que no teníamos.

La eficacia de estas nuevas formas de producir información, conocimiento y cultura estudiadas por Benkler está en debate. Pero hay evidencias de una mayor participación social y más horizontalidad en las relaciones sociales. En todo caso, la red construye otro ciudadano, no reproduce exactamente las relaciones de poder de la esfera pública tradicional.

¿Recuerdan la columna de Eliseo Verón del domingo pasado? Por favor, reléanla. A propósito de un software, Verón dice que se “abre la puerta para un proceso global de apropiación individualizada de los espacios urbanos”. Y dice que la convergencia tecnológica hará posible “una reapropiación colectiva de la realidad social bajo formas que desbordarán los marcos institucionales”.

La gente usa tecnologías para crear colectivamente y eso se traducirá en acciones en el mundo real. Con nuevas herramientas, los ciudadanos crearán una esfera pública a su medida: eso es una acción política.

Gracias por esperar hasta aquí. Este es el territorio del periodismo que viene, mucho más dotado como herramienta democrática porque se inscribe en una cultura de colaboración y participación. Ciudadanos capaces de crear colectivamente –sin una estructura jerárquica tradicional, sin y con incentivos económicos– posiblemente sean ciudadanos más autónomos y críticos. Eso va también para los periodistas.

Claro que habrá muchos tipos de periodismo. El que me interesa es el que acompañe y exprese a esta cultura. Los periodistas cederemos la centralidad y una ilusión de poder que nos aleja de la gente. Ese periodismo no será ya un lugar exclusivo de los profesionales. El usuario activo ya está aquí, capaz de crear contenidos y de tomar contenidos de otros y reformularlos y darles valor. Trabajaremos junto con ese usuario/lector. Seremos facilitadores, coordinadores, creadores colectivos. Si este es el periodismo que nos interesa, no exageremos nuestro rol ni nuestras capacidades. En tanto periodistas, somos artesanos. Que la Argentina esté atrasada en todo esto no quiere decir que esté al margen por mucho tiempo. Me parece que conviene prepararse para disfrutar esto.

*Periodista www.robertoguareschi.com