Mientras disminuye la repercusión del boicot a la ley de medios y otros temas igualmente editados como “desastres” o “amenazas”, avanza sin pausa la degradación de derechos humanos y civiles básicos en la Ciudad de Buenos Aires tanto por la patota paraestatal de la UCEP (“Unidad de Control del Espacio Público”, nada menos) como por el affaire de las escuchas ilegales a familiares de víctimas del atentado a la AMIA desde funcionarios del gobierno porteño. Es llamativo el encuadre de algunos medios en este caso.

En la mañana del viernes 23/10, el jefe de informativos de Radio Continental calificaba como “típico de la Gestapo” un cambio de edición del diario Crónica (que quitó de su primera edición la noticia del “picado” que jugaron Kirchner y Maradona en Ezeiza y en una torpe y costosa operación propia de un film de Nino Manfredi recorrió al alba kioscos de diarios para reemplazar una edición por otra). El mismo periodista (D. López) expresó un minuto después de su brulote (que Víctor Hugo Morales le hizo constar como excesivo) sólo “dudas” sobre la responsabilidad gobierno de M. Macri en los escándalos de “Fino” Palacios y Ciro James. Este encuadre noticioso se expande si no se encienden alertas. En este caso, la desmesura del periodista fue evidente y por lo tanto, ineficaz. Sin llegar a estos extremos, un sentido común desinformado y desinformante se expande cuando, por ejemplo, se objeta el clientelismo que ejercen sectores populares organizados pero se omite toda referencia a los mucho más abultados subsidios que financian -y que también se distribuyen con arreglo a apoyos políticos directos- a muchos de los principales grupos económicos (grandes medios incluidos). Al parecer, hay desmesuras y desmesuras…

Sobre la UCEP, el CELS emitió un documento digno de lectura como fuente de información y también como evidencia para contextualizar con ella los encuadres periodísticos sobre el tema, que condicionan opiniones y acciones.

Mientras disminuye la repercusión del boicot a la ley de medios y otros temas igualmente editados como “desastres” o “amenazas” (incluidas hiperbólicas invocaciones al “chavismo” al “mussolinialismo”), avanza sin pausa la degradación de derechos humanos y civiles básicos en la Ciudad de Buenos Aires tanto por la patota paraestatal de la UCEP (“Unidad de Control del Espacio Público”, nada menos) como por el affaire de las escuchas ilegales a familiares de víctimas del atentado a la AMIA desde funcionarios del gobierno porteño. Es llamativo el encuadre de algunos medios en este caso.

En la mañana del viernes 23/10, el jefe de informativos de Radio Continental calificaba como “típico de la Gestapo” un cambio de edición del diario Crónica (que quitó de su primera edición la noticia del “picado” que jugaron Kirchner y Maradona en Ezeiza y en una torpe y costosa operación propia de un film de Nino Manfredi recorrió al alba kioscos de diarios para reemplazar una edición por otra). El mismo periodista (Daniel López) expresó un minuto después de su brulote (que Víctor Hugo Morales le hizo constar como excesivo) sólo “dudas” sobre la responsabilidad gobierno de M. Macri en los escándalos de “Fino” Palacios y Ciro James. Este encuadre noticioso se expande si no se encienden alertas. En este caso, la desmesura del periodista fue evidente y por lo tanto, ineficaz. Sin llegar a estos extremos, un sentido común desinformado y desinformante se expande cuando, por ejemplo, se objeta el clientelismo que ejercen sectores populares organizados pero se omite toda referencia a los mucho más abultados subsidios que financian -y que también se distribuyen con arreglo a apoyos políticos directos- a muchos de los principales grupos económicos (grandes medios incluidos). Al parecer, hay desmesuras y desmesuras…

Sobre la UCEP, el CELSemitió un breve documento digno de lectura, tanto como fuente de información (documentada), como también porque aporta evidencia para contextualizar con ella los encuadres periodísticos sobre el tema, que condicionan opiniones y acciones.

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