A partir de un artículo de Miguel Wiñazki en Clarín (“De qué hablamos cuando hablamos de monopolio”), la revista Contraeditorial invitó a Martín Becerra y Guillermo Mastrini a responder. Becerra y Mastrini afirman que “los dos principios organizadores de la resistencia a la sanción de una norma democrática para los medios son: en primer lugar, sostener que la concentración en pocas manos no perjudica la libertad de expresión y, en segundo lugar, que el único poder que restringe la libertad de expresión es el del Estado y el de su gestión contingente (el gobierno).”

Por Martín Becerra y Guillermo Mastrini

La plaza mediática se abre el vecindario

14-10-2009

Uno de los aportes principales del proyecto de ley de servicios de comunicación audiovisual está desvinculado de su contenido: es el destape de un tema que ha sido silenciado durante décadas. Es tan novedoso hablar públicamente sobre los medios, que el debate se exaspera y las posiciones carecen, a veces, de fundamento. Como dijo Carlos Raimundi en la sesión en Diputados, la privilegiada situación de los grandes grupos, la concentración de intereses y negocios, y la íntima vinculación entre medios y política salen por fin a la luz pública.

En este contexto inédito, la defensa del statu quo procura restaurar el dogma del mercado autorregulado que concita cada vez más cuestionamiento. Los dos principios organizadores de la resistencia a la sanción de una norma democrática para los medios son: en primer lugar, sostener que la concentración en pocas manos no perjudica la libertad de expresión y, en segundo lugar, que el único poder que restringe la libertad de expresión es el del Estado y el de su gestión contingente (el gobierno).

Al rechazar el dogma, Gustavo Arballo piensa a los medios como una plaza pública, a la que todos tienen derecho a acceder (y no sólo quienes acreditan más capital económico). “Para que eso pase, el Estado tiene que intervenir, evitar que vayan cuatro tipos a poner un corralito y decir: la mitad de la plaza es mía para siempre; poner una mínima seguridad para que no haya mafia de punguistas; cuidar que no haya charcos de agua podrida y mosquitos con dengue; delimitar las zonas en las que se pueden poner vendedores ambulantes y las que no; sembrar el césped de los canteros (…)”.

La objeción de los principales grupos mediáticos a la metáfora de la plaza pública arguye que en materia de medios las opciones son variadas y que, entonces, el juego de la oferta y la demanda resuelve “naturalmente” las preferencias. Para desmontar este argumento es preciso distinguir entre pluralidad y pluralismo: la pluralidad alude al número de medios; el pluralismo a la diversidad de medios. Es incorrecto considerar que la existencia de numerosos diarios asegura el pluralismo cuando en una misma localidad la mayoría de estos pertenecen a uno o dos grupos editoriales (como sucede en Córdoba, Rosario o Mendoza) o si son abastecidos de su principal insumo (el papel) o de sus contenidos (vía la misma agencia de noticias) por parte del principal editor, que es entonces juez y parte en el mercado.

En la Argentina hay varios títulos periodísticos, pero muy pocos tienen influencia masiva y capacidad económica para orientar los dos aspectos que distinguen su accionar: la articulación de la agenda pública y la absorción de la pauta publicitaria. En la Argentina se editan más de 150 diarios. Pero Clarín concentra el 31% de la circulación, es decir que cada tres diarios que se venden en la Argentina, uno es Clarín (a su vez es accionista de los diarios de mayor venta en el interior). Por supuesto, ello influye en la distorsiva distribución de recursos: el dueño y director de Perfil, Jorge Fontevecchia, recordó recientemente que “al fin del menemismo nos tocó ser la principal víctima de las aspiraciones hegemónicas de Clarín, que boicoteó al diario Perfil de 1998 amenazando a los anunciantes para que no pusieran publicidad hasta ahogarnos”. El mismo grupo Clarín desarrolló prácticas anticompetitivas en el sector del cable, que en muchos casos significaron la desaparición de cientos de empresas, la mayoría pymes familiares, en el interior del país.

Estos datos explican la diferencia entre pluralidad y pluralismo. El mercado de diarios no es plural ni diverso, aunque haya un buen número de empresas editoras. Lo mismo ocurre con la televisión por cable. Análogamente, si bien existen en el interior muchas cooperativas telefónicas, el mercado de telecomunicaciones no presenta diversidad, toda vez que se halla cautivo del duopolio Telefónica/Telecom (hoy casi un monopolio) en más del 95% de las líneas en actividad. Sería igualmente errado sostener que hay pluralismo porque los actores en telecomunicaciones son varios.
Ahora bien: la prensa escrita no está alcanzada por el proyecto de ley de servicios audiovisuales, y por otro lado las telecomunicaciones fueron –a nuestro juicio artificialmente– excluidas del proyecto. En cambio, sí se intenta regular los medios audiovisuales; es potestad del Estado hacerlo ya que utilizan recursos y vínculos públicos.

En nuestro libro Los dueños de la palabra, en el que estudiamos los porcentajes de concentración de las industrias infocomunicacionales de la Argentina, se constata que en promedio, los cuatro principales grupos concentran el 78% del mercado de la televisión abierta, por cable y de la radio. Estos sectores, que son el objeto de regulación del proyecto de medios, están fuertemente controlados por las primeras cuatro firmas. La situación se agrava al contemplar los grupos a los que esas firmas pertenecen: generalmente se trata de los mismos dueños ramificados en todas las hileras productivas de los medios. Particularmente los casos de Clarín, Vila-Manzano-De Narváez y Telefónica se destacan como grupos dominantes.

En los últimos meses la distorsión de la línea periodística por los negocios corporativos fue una constante en los principales grupos de medios, que no aclararon a sus destinatarios sobre el conflicto de intereses que consiste en informar sobre sí mismos. La concentración conduce así a los grupos a representar su propio interés (y el de sus alianzas) como el interés general. La plaza no es de todos, su acceso no es gratuito y su manutención requiere del periódico socorro económico de un Estado que, en otro tipo de intervenciones, es denunciado por los mismos grupos beneficiarios como censor o como amenaza.

Gracias al incipiente debate sobre los medios y a un cambio de regulación que, sin ser perfecto, es un progreso ante el esquema heredado de la dictadura y empeorado tras 1989, hoy es posible cuestionar los dogmas, comprender mejor el funcionamiento de los medios y discutir públicamente las opciones para abrir la plaza mediática a todo el vecindario.

Por Miguel Wiñazki

De qué hablamos cuando hablamos…

14-10-2009

Según la teoría económica se denomina monopolio a un mercado en el cual hay un solo oferente del producto o servicio en cuestión. El Grupo Clarín es el principal grupo de medios de comunicación de la Argentina. No es el único oferente de la información en el país. Está lejos de ser un monopolio.
La Argentina tiene la mayor oferta mediática de América latina y con una de las más diversas a nivel internacional. Medios que pertenecen a distintos propietarios configuran un escenario plural y competitivo en cada segmento.

En prensa gráfica, Clarín es uno de los trece diarios nacionales pagos de información general que se editan en la ciudad de Buenos Aires. Allí compite en los quioscos con La Nación, La Prensa, Diario Popular, Crónica, Página/12, Crítica de la Argentina, Bae, Buenos Aires Herald, El Cronista, Ámbito Financiero, Perfil y Miradas al Sur. En el país compite con más de 200 diarios regionales y locales que son voces de referencia en su zona, donde los diarios nacionales tienen una inserción comparativamente muy baja.

En televisión abierta, el Grupo es licenciatario, a través de Artear, de uno de los cinco canales de la ciudad de Buenos Aires. Ganó por concurso la licitación de Canal 13 en 1990 (también obtuvo el primer puesto en el concurso por Canal 11, pero optó por el 13). La oferta de TV abierta en Buenos Aires es similar a la de las principales ciudades del mundo (entre 4 y 6 canales). Donde hay falencias es en el interior del país: sólo 7 ciudades tienen más de un canal abierto (…).

La cuestión de los canales de noticias por cable es un fenómeno aún más singular. La Argentina cuenta con 5 señales informativas nacionales, todas de dueños diferentes (Crónica TV, América 24, C5N, Canal 26 y Todo Noticias). Una de ellas, TN, es de Clarín. No hay otro país en el mundo, salvo Estados Unidos, con una diversidad de oferta semejante (…).

En el mercado de la televisión paga, Clarín invirtió desde 1993 en la conformación de una red de cable que hoy encabeza Cablevisión, en un espacio sin concesiones públicas exclusivas, ni tarifas subsidiadas. Hoy la TV por cable es generada por más de 700 operadores (…).

El proyecto de ley de medios del oficialismo restringirá esta competencia al ponerles límites a los cables, mientras que las grandes telefónicas, que facturan globalmente 70 veces más que el mayor cable argentino, no tienen tope alguno en sus mercados y poseen más del 95% de participación en sus territorios.

Pero hay más. Se pretende licenciar desde el gobierno a los productores audiovisuales, que generan trabajo y pluralismo (…).

Hay otro aspecto de la cuestión que es esencial. Clarín no tiene el monopolio de la audiencia. El diario tiene el aproximadamente 31% de la audiencia de medios escritos. Radio Mitre, un 23% de la audiencia radial porteña. Está segunda en el ranking detrás de Radio 10, que tiene el 34% (…).


http://www.clarin.com/diario/2009/09/13/elpais/p-01997780.htm

*Filósofo y periodista. Actualmente se desempeña en el diario Clarín como secretario de redacción y jefe de Capacitación Periodística. Es director del Master de Periodismo de Clarín. Trabajó en la revista Somos, en el diario La Voz y en la revista Noticias. Es autor de, entre otros libros, El último feudo; Ataque de pánico; Periodismo, ficción y realidad; Puro periodismo; Sobremonte. Una historia de codicia argentina; El Adolfo. Crónicas del fascismo mágico en la Argentina; y La noticia deseada. Leyendas y fantasmas de la opinión pública.