Un informe de Daniel Cecchini en Miradas al Sur y una nota de Martina Noailles en Crítica actualizan el estado de avance de la causa por apropiación de hijos de desaparecidos en el caso de Ernestina Herrera de Noble.

Informe especial

El silencio de los culpables

Por Daniel Cecchini – dcecchini@miradasalsur.com

La causa que investiga la presunta apropiación, en 1976, de dos hijos de desaparecidos por parte de la directora del Grupo Clarín, Ernestina Herrera de Noble, avanza a paso de hormiga. Cuando no queda paralizada. La semana pasada, el careo entre el CEO del monopolio, Héctor Magnetto, y el periodista José Ignacio López, autor del libro El hombre de Clarín, no aportó ningún nuevo elemento. Su objetivo era aclarar dichos contradictorios sobre el conocimiento y/o la participación que Magnetto podría haber tenido en el proceso que culminó con la inscripción irregular de Marcela y Felipe Noble Herrera como hijos adoptivos de la viuda del fundador del diario. Este resultado se debió, dicen cerca de la querella, a que el juez Conrado Bergesio no permitió que se le hicieran preguntas clave al CEO del multimedios Clarín (ver recuadro).
La noticia sobre el careo –realizado la misma semana que el Senado aprobó la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual que terminará con el monopolio radial y televisivo del Grupo Clarín– no fue publicada por ningún diario de alcance nacional. La cobertura fue también nula en radio y en televisión. Este silencio no es novedoso ni extraño, sino apenas un eslabón más de una prolongada y exitosa estrategia de Clarín para que el tema no sea tratado (no exista) en los medios del Grupo –que obviamente le responden– ni por otros que no le pertenecen pero lo temen. Una estrategia cuya eficacia, quizás, esté a punto de terminar, pero que durante décadas no ha reparado en utilizar cualquier arma para conseguir su único objetivo: el silencio.
Mejor prevenir que curar. En abril de 1998 –cuando uno de los temas recurrentes entre los periodistas argentinos era la inminente salida del diario Perfil–, el director de una consultora especializada en la capacitación de ejecutivos de empresas para el contacto con el periodismo en situaciones críticas recibió una sorprendente llamada del gerente de Comunicaciones Externas de Clarín, Ramiro Costa.
–Necesito que prepares un curso para algunos directivos del Grupo –dijo el hombre después de los saludos de rigor–.
–No entiendo. Ustedes son gente de medios, tienen medios propios –fue la respuesta del estupefacto consultor–.
–No es para nuestros periodistas… mejor hablemos personalmente.
Días después el consultor participó de una reunión en el cuarto piso del edificio del diario, en la calle Tacuarí. Además de Costa lo esperaban su segundo, Martín Etchevers, y el gerente de noticias de Canal 13 y TN, Carlos De Elía. Después de explicar las características generales del curso, que incluía un training intensivo para enfrentar airosamente el asalto de los movileros, preguntas poco cómodas en conferencias de prensa, y duras entrevistas radiales y televisivas, el consultor agregó:
–Lo mejor es preparar un caso definido, así el entrenamiento se hace sobre una crisis posible para la empresa. Algo que pueda pasarles.
–De acuerdo. En unos días te contestamos –le respondió Costa–.
Una semana más tarde, un periodista que solía colaborar con la consultora fue convocado a una breve reunión con el directivo de Clarín en el cuarto piso del edificio de la calle Tacuarí.
–Todavía no decidimos si vamos a tomar el curso –dijo el hombre del Grupo–, pero me gustaría que avanzáramos en la preparación del caso.
–¿De qué se trata? –preguntó el periodista, que por entonces trabajaba en el diario Crónica–.
–Como primer paso tendrías que escribir una nota de tapa al estilo de Noticias, de esas bien fuertes, con toda la información que puedas encontrar. Una nota de tapa contra Clarín.
–Sí, pero dame un tema concreto… –insistió el periodista–.
La respuesta lo dejó helado:
–Tenés que escribir sobre los hijos de la señora de Noble.
El periodista nunca escribió la nota en cuestión.
La elección de Noticias (de una “nota al estilo de Noticias”) no era caprichosa. El anuncio de la salida del diario Perfil había tensado al máximo las relaciones entre Clarín y la empresa periodística de la familia Fontevecchia, tradicionalmente dedicada a la publicación de revistas y que nunca antes había incursionado en el mercado con un diario. Por esos mismos días, el CEO de Clarín, Héctor Magnetto, había mantenido una reunión tan dura cuanto reservada con Jorge Fontevecchia en un hotel céntrico de Buenos Aires. Las palabras que allí cruzaron fueron publicadas hace dos semanas en Miradas al Sur:
–Vengo a aconsejarle que no se meta en el mercado de los diarios– disparó el hombre de Clarín.
–Me tengo que meter en el mercado de los diarios porque ustedes se metieron en el de las revistas –le contestó el director de Perfil, refiriéndose a la remozada edición de Viva, la revista dominical que se vendía los domingos con el diario Clarín.
El diálogo era una virtual declaración de guerra y los estrategas de Clarín sabían muy bien cuál era el punto más débil de las defensas de su propio Grupo, aquel que Editorial Perfil podía llegar a atacar para causarles el peor daño: el origen de Felipe y Marcela, los hijos que la directora de la corporación, Ernestina Herrera de Noble, había adoptado durante la última dictadura. Más precisamente, en 1976.
La guerra fue corta. El diario Perfil, aparecido el 9 de mayo de 1998, duró menos de tres meses en la calle. Hoy, después de mucho tiempo y como todo el mundo sabe, circula como semanario doble, los sábados y los domingos. De diario ni hablar.

Kelly por López Foresi (o viceversa). El Grupo conocía bien su punto –política, judicial y éticamente– más vulnerable y tenía experiencia en defenderlo sin reparar en las armas. Desde hacía muchos años.
El jueves 2 de mayo de 1991 en la quinta de Olivos el presidente Carlos Saúl Menem y el secretario general de la Presidencia, Eduardo Bauzá, recibieron a la directora de Clarín, Ernestina Herrera de Noble, y al CEO del Grupo, Héctor Magnetto, para compartir un almuerzo en el que ambas partes tenían algo importante que negociar.
El riojano estaba molesto. Se quejaba de una  “campaña de desprestigio” del diario, centrada en denuncias de corrupción en el gobierno, pero más que nada le molestaban las encendidas críticas (fundamentalmente contra los indultos y la decisión de enviar tropas argentinas al Golfo Pérsico) que la periodista Liliana López Foresi le venía haciendo desde Revista 13, su programa en Canal 13, la tele emisora que desde el año anterior estaba en manos del Grupo Clarín. Menem quería que terminaran.
Del otro lado de la mesa, la viuda de Noble y su acompañante tampoco las tenían todas consigo. Los preocupaba un anuncio que Guillermo Patricio Kelly –ex miembro de la Alianza Libertadora Nacionalista, pseudoperiodista, operador a favor del mejor postor, pero también receptor de buena información– repetía sistemáticamente en Sin Concesiones, su programa de Canal 7. “Voy a contarles de dónde vienen los hijos de las ‘señoras nobles’”, venía diciendo. Un periodista del diario con fluidos contactos con el entorno más íntimo del presidente les había aportado, además, un dato: que las amenazas de Kelly eran una operación de Menem para forzar una negociación sobre la manera en que lo trataban algunos medios y periodistas del Grupo.
En otras palabras, era cuestión de entenderse.
A los postres, la viuda, madre adoptiva y directora fue al grano:
–Que se calle Kelly –le dijo a Menem.
El presidente sonrió e hizo una pausa antes de contestar:
–Que se calle Liliana.
Ese mismo día, apenas unas horas después, el radical César Jaroslavsky, casualmente invitado a Revista 13, le dijo fuera del aire a López Foresi: “Ese almuerzo te va a costar la cabeza”.
Guillermo Patricio Kelly no volvió a hablar de los hijos de la viuda de Noble en Canal 7. Liliana López Foresi fue restringida a la lectura de noticias (sin opinar sobre ellas) en la medianoche. Ocho meses después la dejaron sin aire en el 13.
Nada personal, diría Brando en su mejor papel.

De eso no se habla. El 12 de enero de 2003, en una carta abierta publicada en Clarín, Ernestina Herrera de Noble se refirió al origen de Marcela y Felipe: “… muchas veces he hablado con mis hijos sobre la posibilidad de que ellos y sus padres hayan sido víctimas de la represión ilegal”, escribió. Fue su primera y única declaración pública sobre el tema en más de 25 años de democracia. Y la hizo porque no tenía alternativa: un mes antes, el 17 de diciembre de 2002, el juez federal de San Isidro Roberto Marquevich la había detenido por los delitos de “falsificación de documentos públicos, inserción de datos falsos y uso de documento público falso”, durante los trámites de adopción de sus dos hijos. La directora del Grupo Clarín pasó tres días detenida en la División de Delitos Complejos de la Policía Federal, en Cavia 1350, en Palermo, y luego beneficiada con la detención domiciliaria. Con llamativa celeridad, quince días después la Sala II de la Cámara Federal de San Martín ordenó su excarcelación, pero ya nada sería igual: el caso había tomado estado público.
El juez Marquevich pagó cara la audacia de poner en evidencia a la dueña del monopolio mediático más grande de la Argentina. El Consejo de la Magistratura lo suspendió el 11 de diciembre de 2003 y dos años después fue procesado por el delito de “haber obrado en forma ilegítima” cuando detuvo a la viuda de Noble. “Fue una presión del Grupo Clarín sobre el Consejo de la Magistratura. El encargado de visitar a varios consejeros fue (el director de Relaciones Institucionales de Clarín), Jorge Rendo. De esta manera, la causa pasó a manos de otro juez que dilató las cosas. Desde el arresto de Ernestina ordenado por Marquevich hasta hoy nada se avanzó. Las pruebas de ADN están paralizadas”, dijo a Miradas al Sur Pablo Llonto, autor de La noble Ernestina y abogado de los Lanoscou, una de las posibles familias biológicas de Marcela Noble Herrera.
Los motivos para realizar las pruebas de ADN son sobrados. De acuerdo con la denuncia de Abuelas de Plaza de Mayo y los resultados de la investigación que llevó adelante Marquevich, las adopciones de Felipe y Marcela estuvieron plagadas de irregularidades:
1) Ernestina Herrera de Noble declaró que dos personas habían visto que una beba (Marcela) había sido dejada en la puerta de su casa el 2 de mayo de 1976, pero esas dos personas la desmintieron.
2) También dijo que una de esas personas (Yolanda Echagüe de Aragón) era su vecina cuando en realidad no vivía en esa localidad, y que la otra (Roberto García) era el “cuidador de una finca vecina”, pero se comprobó que era su chofer personal.
3) La persona que se identificó como Carmen Luisa Delta y que supuestamente concurrió al Tribunal de Menores con la intención de “entregar a su hijo (Felipe) en adopción”, brindó un nombre y un número de documento (correspondiente a una persona de sexo masculino) que no eran los suyos. Además, nadie intentó corroborar que efectivamente fuera la madre de la criatura.
4) La viuda de Noble dijo que vivía en San Isidro, dando un domicilio distinto al que efectivamente tenía, en Avenida del Libertador 3752, en la Capital Federal. Esta cuestión invalida la competencia del tribunal que intervino en el trámite de adopción.
5) Se omitió el sistema de turnos para que la guarda del niño (Felipe) quedara radicada en el mismo tribunal que la de la niña (Marcela).
6) Se inscribió a ambos niños con el mismo apellido (Noble Herrera), de acuerdo con una legislación (los artículos 45 del decreto ley 8.204 y 76 de la ley 5.725) que había sido derogada desde siete años antes.
Las investigaciones realizadas por la Asociación Abuelas de Plaza de Mayo determinan que la familia biológica de la niña inscripta como Marcela Noble Herrera podría encontrarse entre 12 grupos de familiares de víctimas del terrorismo de Estado, mientras que la del niño inscripto como Felipe Noble Herrera podría encontrarse entre otros 18. Para descubrir la verdad (y permitir que los dos hijos adoptivos de la directora de Clarín conozcan sus identidades) sólo es necesario realizar una prueba de ADN en el Banco Nacional de Datos Genéticos. “Cada vez aparecen más elementos que indican la apropiación. Queremos el examen de ADN para que se les diga la verdad a los chicos y para que se impute a los responsables – dijo Llonto a Miradas al Sur–. Magnetto y Noble saben de dónde trajeron esos chicos.”
Así las cosas, la causa está lejos de avanzar. Por estos días, la estrategia de los abogados de la viuda de Noble apunta a limitar análisis comparativos de ADN a dos familias (Lanoscou-Miranda y García-Gualdero, que iniciaron querellas individuales) con las que, suponen, los niños anotados como Felipe y Marcela Noble Herrera no tendrían lazos biológicos. “Como es muy difícil que los chicos sean hijos de aquellos desaparecidos, la idea es cerrar la causa con el pretexto de que las pruebas se efectuaron y fueron negativas” explicó a Miradas al Sur Alan Iud, abogado de Abuelas de Plaza de Mayo. La entidad, en cambio, pide comparar las muestras con las de 30 familias posibles.
Quizás en un futuro próximo, sin monopolios mediáticos que obligan a silencios cómplices o temerosos, pueda llegarse a la verdad.
Informe: Graciela Pérez

la causa sobre los hijos de ernestina

La decisión en manos del juez

La Cámara Federal le ordenó al juez Bergesio avanzar en los estudios de ADN. Pero los hijos de la dueña de Clarín quieren acotar los cruces.

Martina Noailles – 20.10.2009

La decisión que puede revelar la verdad sobre los hijos adoptados de manera irregular por Ernestina Herrera de Noble, en 1976, está en manos del juez federal Conrado Bergesio. Aunque ya recibió un espaldarazo de la Cámara Federal de San Martín para extender la investigación sobre veintidós familias de desaparecidos, las medidas concretas no llegan.

En 2003, Marcela y Felipe Noble Herrera aceptaron hacerse los análisis con una lista de restricciones. Una de ellas era que sus muestras genéticas se cruzaran con las de las familias Lanoscou-Miranda y Gualdero-García, respectivamente. En el escrito que presentaron sus abogados, Alejandro Carrió, Jorge Anzorreguy y Roxana Piña, descartaban “toda vinculación biológica con estas familias” pero explicaban que accedían “para contribuir a un más rápido desenlace del proceso y a la conclusión de la causa”.

La posibilidad de entrecruzar las muestras de ADN de los jóvenes sólo con las de los dos querellantes originales y fuera del Banco de Datos Genéticos fue rechazada por Abuelas de Plaza de Mayo. “En cualquier otra causa que no tenga a la dueña de Clarín como acusada, ya se hubiera hecho el cruce con todas las muestras del Banco. Pero es Ernestina”, señaló Alan Iud, abogado de la asociación.

Más allá de la intención de la familia Noble, el juez Bergesio ya definió ampliar la investigación a todas las mujeres desaparecidas que pudieron haber dado a luz durante el año 1976, en el que Ernestina dijo que había encontrado una bebé dentro de una caja en la puerta de su casa de San Isidro. Dos meses después de adoptar a esa niña, a la que llamaría Marcela, la dueña del multimedios decidió criar a otro chico, a quien llamó Felipe. Ambos trámites contienen serias irregularidades que ponen en duda su veracidad. Incluso, en la causa ya quedó acreditado que la jueza de menores que firmó las adopciones es la misma que participó en otro expediente por el cual entregó en adopción a un hijo de desaparecidos que ya recuperó su identidad.

La orden del juez de realizar el cruce de muestras en el Cuerpo Médico Forense fue apelada por la Abuelas porque viola la Ley del Banco de Datos Genéticos, que establece que es en el Hospital Durand donde se deben hacer los análisis. Además, tampoco acataría un decreto que en mayo pasado firmó la presidenta Cristina Fernández de Kirchner para prohibir que la sangre de abuelos y tíos se entrecruce fuera del Banco.

El 29 de septiembre, la Cámara Federal de San Martín le recomendó a Bergesio que “en forma urgente y sin más demoras” cumpla con los estudios periciales correspondientes a estas dos familias. La resolución también hace referencia al fallo de la Corte Suprema que, hace tan sólo dos meses en el expediente conocido como “Prieto”, estableció que en casos en que las víctimas no acepten hacerse los análisis genéticos el juez puede ordenar un allanamiento para tomar muestras de ADN de elementos personales. Esta herramienta alternativa, que podría echar luz sobre la verdadera identidad de Marcela y Felipe, podría ser utilizada en el expediente Noble. El juez tiene la última palabra.