Una encuesta administrada en la última elección en Capital Federal sobre los consumos mediáticos y percepción de la influencia de los medios entre los votantes revela que éstos descreen de la neutralidad de los medios y reconocen su influencia a la hora de definir el sufragio. Nota de Carlos De Angelis en La Ventana, de Página 12.

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La máquina mediática

El reciente proceso electoral abrió muchas ventanas para la reflexión. Una de ellas sobre los medios y el papel que juegan en la vida política. Carlos De Angelis aporta hoy nuevos datos sobre la importancia que los electores les asignan a los medios a la hora de decidir su voto.

Por Carlos F. De Angelis *

El rol que jugaron los medios masivos de comunicación en las últimas elecciones merece un análisis detenido y probablemente alguna autocrítica. Mientras que los políticos, como en toda elección, pusieron en juego su capacidad de convocar a la ciudadanía en torno de sus propuestas y promesas explícitas o implícitas, defender o atacar el accionar de la gestión de gobierno, los medios pusieron en juego su activo más valioso: su credibilidad.

Es sabido que las campañas realzan aspectos parciales de los candidatos y, abandonadas las plataformas políticas, los publicistas ocupan un rol central y se enfocan en su especialidad: la producción de slogans y la generación de imagen. Allí el lugar esperado de los medios era el de desarmar esa estructura, que los viejos manuales de comunicación política llamaban “propaganda”, para reenfocarse en la decodificación y análisis de los personajes y sus discursos o al menos sus trayectorias y posibilidades, cada medio desde su óptica y en la diversidad de voces.

Lejos de esto, se pudo identificar un sistema de mensajes cruzados y a veces contradictorios (en la jerga: “Operaciones políticas”) que globalmente generó un modelo entrópico en el medio de los miles de mensajes generados por las usinas de campaña. En esta maraña de señales pudo observarse con cierta claridad la puesta en juego de los intereses propios de los sectores más prominentes de la industria de la información. El uso intencionado de las encuestas de opinión con información contradictoria es uno de los capítulos más destacados. Allí también las empresas más importantes de gestión de la opinión pública apostaron (y en algunos casos dilapidaron) la credibilidad de una de las herramientas más valiosas de la democracia moderna.

Pero la actuación de ese complejo generador de sentido, que es el sistema de medios, no ha pasado desapercibida por sus propios usuarios, como pudo determinarse en el estudio efectuado por el Observatorio Político y Electoral a partir de 620 casos realizados en las puertas de los colegios donde se cumplió la votación en la ciudad de Buenos Aires.

Por un lado, se pudo comprobar el masivo uso del sistema de medios durante la campaña, considerando sus cuatro componentes: televisión, radio, Internet y diarios y revistas papel. El 98,8 por ciento se informó por al menos uno de los componentes y el 35 empleó un medio. Pero el 38,9 por ciento empleó dos y el 17,1 tres. El 7,5 restante se informó por todos los soportes. Realmente una utilización intensiva.

Pero independientemente de la exposición a un componente u otro del sistema, más del 80 por ciento cree que en esta instancia los medios favorecieron a algún candidato en particular. Asimismo, el 76,8 de los ciudadanos no cree que los medios sean neutrales a la hora de informar. Esto es, ni más ni menos, el epitafio en la tumba de la objetividad.

Hay un dato peculiar entre quienes se informaron para las elecciones mediante diarios y revistas en papel: sólo el 10,3 por ciento creen que los medios son neutrales a la hora de informar, contra el 17,4 que se informan mediante otros medios. El desarrollo de una mirada crítica por parte de los lectores es un hecho auspicioso dentro de la selva mediática. Pero, a pesar de lo expuesto, la ciudadanía asume que los medios poseen un enorme poder al momento de influir a la sociedad, ya que casi el 62 por ciento piensa que la mayoría de la gente vota según lo que sugieren los medios. Poco lugar quedaría para el discernimiento y la vocación ciudadana.

Sin embargo, este poder otorgado a la razón mediática no es omnímodo: sólo una cuarta parte de la ciudadanía cree que los medios les imponen a los políticos su agenda. Esta asumida autonomía de la clase política supondría una suerte de negociación permanente entre el sistema político y el sistema de medios, donde la ciudadanía ocuparía un rol de observador pasivo.

Cada uno de estos tres actores señalados: ciudadanía, el sistema de medios y el sistema político puede recoger una enseñanza del último proceso electoral. La ciudadanía, la importancia de recuperar involucramiento y participación; el sistema de medios, credibilidad y el político, capacidad para escuchar las necesidades de la sociedad.

* Sociólogo, docente e investigador UBA.