“Escuchando a los demás, también se construye poder”, señala Martín Becerra entrevistado por PrensaRed, la agencia de noticias de CISPREN , sobre el debate reactivado por la reforma de la ley de radiodifusión de la dictadura militar.

“Para desarmar a los grandes grupos
mediáticos el gobierno necesita consenso”

Según el investigador Martín Becerra, en el sistema de medios debieran tener idéntica participación las organizaciones comunitarias, las empresas y un sector de medios públicos, no gubernamentales. Además, propone un ente regulador independiente del ejecutivo de turno.


Martín Becerra

2009-03-09 – Por Mónica Ambort (*)

Una nueva ley que reordene el uso del espacio audiovisual no tendría que surgir del gobierno, sino de un debate con los distintos sectores de la sociedad civil. “Escuchando a los demás, también se construye poder”, observa Martín Becerra (40), al advertir la magnitud de los intereses que se oponen al fin de la ley vigente que ha dado letra al mapa de la concentración en Argentina: “El gobierno tiene menos poder que los grandes grupos mediáticos”, subrayó el doctor en comunicación social en diálogo con Prensared.

En la sesión inaugural de las sesiones ordinarias del Congreso el 1º de marzo, la presidenta Cristina Fernández anunció que el próximo 16, presentará en el Teatro Argentino de La Plata el proyecto oficial para una nueva ley de comunicación,  reclamada durante más de un cuarto de siglo por centenares de organizaciones sociales, entre ellas el Círculo Sindical de la Prensa y la Comunicación de Córdoba, en el marco de la Coalición por una Radiodifusión Democrática.

Docente e investigador, secretario académico de la Universidad Nacional de Quilmes y autor, junto con Guillermo Mastrini, de Periodistas y magnates, estructura y concentración de las industrias culturales en América Latina, Becerra sostuvo también que la regulación del sistema de medios debiera recaer sobre un ente plurisectorial, de modo que sus decisiones no fueran sospechadas de vendetta oficialista.

Martín Becerra, quien como periodista trabajó en La Razón, El Cronista Comercial y la revista Humor, recordó además que la precarización laboral derivada de la concentración de medios y el desarrollo tecnológico conlleva disciplinamiento, y que el tratamiento del delito en los medios es una gran operación ideológica, semiológica, que excluye de la palabra inseguridad, a las mayores causas de muerte en el país, los accidentes laborales y los viales.

El investigador estuvo en Córdoba, donde dictó un seminario en el Centro de Estudios Avanzados de la Universidad Nacional, en el marco del doctorado en Estudios Sociales de América Latina.

– ¿Qué opinás del anuncio presidencial sobre la ley de radiodifusión?

-Debiera ser vital el trabajo con sectores de la sociedad, para que no se transforme en una nueva 125. Hay que construir consenso con sectores políticos que no sean únicamente el PJ o el Frente para la Victoria. Que puedan hacer propio el proyecto. Lo mismo con sectores sociales, cosa que hasta ahora no ha ocurrido, porque nadie conoce el proyecto.

– El año pasado el gobierno impulsó encuentros y cabildos abiertos… 

– Es cierto, la presidenta se reunió en Casa Rosada con distintos sectores, y escuchó, y  muchos funcionarios de Comunicación, de la Secretaría de Medios, del Comfer, han recorrido el país, pero también es cierto que hasta ahora la letra de lo que el Poder Ejecutivo quiere reformar, no es conocido. Eso para mí es un error político, porque hay que construir consenso. Una ley de radiodifusión no puede ser de un gobierno solo. Debe ser una ley de un sector amplio de la sociedad. El gobierno, éste y cualquier otro que quisiera avanzar en ese sentido, necesita aliados, porque tiene enfrente a los principales grupos de medios. Me parece que es señal de debilidad si el gobierno pretendiera avanzar solito y su alma con una iniciativa de desarmar a los grandes grupos mediáticos, porque desde mi lectura de la realidad, el gobierno tiene mucho menos poder que los grandes grupos mediáticos. Ampliando el espectro, escuchando más a los demás, también se construye poder. Una modalidad de construcción de poder que este gobierno todavía no ha tenido.

– ¿Tenés expectativas de que se convoque a una discusión sincera?

– Expectativas tengo. Ojalá que sí. El gobierno hasta ahora no ha sido precisamente deliberativo con distintos sectores de la sociedad para adoptar sus iniciativas. Más bien las adopta y el que quiera acompañar, acompaña, y el que no, no… Y así le va… Las únicas iniciativas que tuvo desde esta perspectiva de construcción de poder, abriendo el debate de distintos sectores sociales, han sido la renovación de la Corte Suprema, la estatización de las jubilaciones, la nacionalización de Aerolíneas Argentinas y la política de derechos humanos. Estas iniciativas desarrolladas con la vocación de ganar consenso, tejer alianzas, escuchar a los demás, estar dispuestos a modificarse en las condiciones que uno tiene en aras de ganar consenso, creo que apuntan a sostener ese consenso que yo desearía para una nueva ley de servicios audiovisuales.

– ¿Qué debería incluir la nueva ley?

– Primero, que el sistema de medios esté conformado por tres tercios. Un tercio bajo el control de empresarios, con una lógica comercial que ahora son la mayoría. Otro tercio, gestionado por organizaciones de la comunidad, sindicatos, cooperativas, organizaciones no gubernamentales, universidades… Y otro tercio, del Estado, creando medios públicos no gubernamentales, que acá en Argentina no existen. Públicos de verdad. Con representación de las mayorías y minorías parlamentarias, de académicos de las universidades, de trabajadores que participan en la producción de esos medios. Sería un gran avance, significaría que no solo el fin de lucro opere como lógica de funcionamiento de los medios radiales y televisivos. Ahora, la única lógica es la comercial. En segundo lugar, creo que tendría que existir una reglamentación que le ponga techo a la cantidad de medios que un mismo grupo empresario puede poseer… Alguien dice que ese tope deberían ser seis, u ocho, otros diez, doce… Actualmente son veinticuatro. Igualmente hay grupos que superan los veinticuatro.

–  ¿ Pensás que debiera existir una autoridad independiente de regulación?

–  Sí porque las experiencias más virtuosas que yo conozco de gestión y regulación del audiovisual, la radio y la televisión, es cuando existe una autoridad independiente del Poder Ejecutivo. Gran Bretaña, Francia, Alemania, Suecia… Se dice que esto no se corresponde con la idiosincrasia nacional. Bueno… en 1809 tampoco se correspondía con la idiosincrasia nacional abolir la esclavitud y sin embargo la hemos abolido. Que algo no se haya hecho hasta el momento, no significa que no podamos probar hacerlo, si coincidimos en que es bueno.

Yo creo que es muy bueno. No significa que el Poder Ejecutivo no va a tener ingerencia. Por supuesto que como representación ejecutiva de la voluntad mayoritaria, en esa autoridad independiente, habrá algunas personas que estarán designadas por el Poder Ejecutivo. Entonces, cuando se sanciona a un medio de comunicación porque incumple la tanda comercial, porque programa contenidos que no se corresponden con el perfil que la licitación le ordenaba, cuando vulnera las franjas de programación infantil, o lo que sea, ya no puede ser visto como una vendetta.

Cuando a un licenciatario le imponen una sanción no va a poder decir es una venganza… que es lo que hace ahora el grupo Prisa con Radio Continental. Un grupo extranjero,  que no podría sostener la licencia de una radio, compra otra licencia, sin autorización del Comfer, para duplicar sus contenidos, no para crear más fuentes de trabajo. Quita fuentes de trabajo, quita diversidad, y resulta (impedírselo) que es una vendetta del Poder Ejecutivo, una censura indirecta contra los periodistas.

– ¿Por qué la discusión sobre una nueva ley no termina de instalarse como un tema en la sociedad? ¿Por qué no ocurre por ejemplo como en México, donde la sociedad civil le cerró el paso a la llamada ley Televisa?

– La ley Televisa era escandalosa…

– Lo de Argentina también lo es… Como dicen ustedes en Periodistas y Magnates, Argentina es el país de la región con mayor concentración de medios.

– Sí… No tengo una explicación cerrada. Por un lado, en la historia argentina, la política de medios de comunicación nunca fue debatida públicamente. No hay una tradición de discusión sobre la política de comunicación y cultura y de los medios.  Sí sobre otros temas que a veces, hay que decirlo, son mucho más urgentes… Siendo un tema estratégico, históricamente no aparece. ¿Por qué? Los grandes grupos que detentan la producción y circulación de más del 80% de los contenidos que la sociedad consume cotidianamente, boicotean de manera sistemática la discusión de las reglas de juego en el sistema de medios. Los medios de comunicación comerciales en Argentina son muy esquizofrénicos. Le reclaman al estamento político transparencia. Son muy gallitos a la hora de ir a increpar un político, le reclaman al estamento económico… con mucho menos énfasis, no? … pero cuando se tiene que hablar de sí mismos, es silencio de radio, y cualquier observación que se haga desde la sociedad a los medios de comunicación, es censura…

– Un ataque a su libertad de expresión…

– Sí, pero como sabemos, es un reclamo eminentemente retórico. Libertad de expresión es lo que la sociedad argentina necesita, y no tiene.

– En tus textos señalás frecuentemente la precarización laboral del sector…

– Es un trabajo cada vez más precarizado. No estoy diciendo nada nuevo. Por un lado, la concentración de la propiedad conduce a que haya menos empleadores, y consecuentemente un temor creciente internalizado en los trabajadores de prensa. Si me peleo con este empleador, cada vez tengo menos opciones fuera de este empleador… conduce a la mansedumbre, a aceptar condiciones de trabajo, de empleo, que probablemente en otro contexto histórico no se hubieran aceptado. Si me piden que cubra una nota para radio, televisión, para la prensa escrita, para el portal… acepto. Porque fuera de eso hay mucha intemperie, mucho miedo, y el miedo disciplina. La precarización trae disciplinamiento, y a eso contribuye tanto la concentración del mercado de medios, como el salto tecnológico que facilita que con una misma tecnología el periodista pueda hacer varias actividades.

– ¿Qué realidad construyen los medios cuando hablan de inseguridad?

– A mí me sorprende cuando los medios hablan de inseguridad refiriéndose a los delitos. No puedo dejar de pensar que una de las mayores causas de muerte en Argentina, los accidentes de tránsito o los accidentes laborales, no están tipificados como inseguridad. Es una operación ideológica tan poderosa, que hace olvidar otras causas de inseguridad que causan muchas más muertes que la presunta inseguridad a raíz de los delitos violentos que por supuesto que existen. Es una operación semiológica, te diría. Cómo se reduce la significación de un término. Inseguridad tiene un solo anclaje semántico, delitos violentos. También está dicho por algunos autores, que eso ha contribuido a un giro de recluirse a la vida privada, mayor consumo de medios, de vivir a través de la representación que los medios plantean porque salir a la calle es peligroso… La inseguridad vende más. No solamente diarios, y noticieros, y audiencias en la radio, sino que también instala candidaturas… Es un muy buen negocio la inseguridad.

– ¿Por qué dejaste el periodismo?

– Me harté de un estilo que significaba que yo tenía  que ir a buscar declaraciones. El periodismo argentino es muy declaracionista. Para eso puedo poner una máquina. Ponerle un micrófono a la señora Carrió para que diga tres cosas, ir a Aníbal Fernández para que le conteste esas tres cosas… Sin ninguna interpretación, sin ninguna contextualización histórica de por qué esta señora dice tal cosa… quién es ella, si no se contradice con lo que dijo antes de ayer… Eso, me parece que lo puede hacer perfectamente una máquina. Eso me irritaba conmigo mismo. Iba como una pelota de ping pong, no me gusta. Pero tampoco tenía tiempo, y esto tiene que ver con la precarización, de trabajar una nota como a mí me gustaba, no me daba el cuero.

(*) Periodista.  www.prensared.com.ar