Para Carlos F. De Angelis el consumo periodístico estructuralmente modificado en la última década del Siglo XX implicó además una exclusión de los sectores populares y juveniles como público lector de diarios. Publicado en La Ventana, de Página 12.

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Noticias sobre los diarios

Por Carlos F. De Angelis *

En medio de las tantas veces anunciado fin de los diarios papel, vale la pena hacer algunas reflexiones. Cuando al gran historiador inglés Eric Hobsbawm le preguntaron en una entrevista cómo podía definir al siglo XX, él indicó sólo dos cosas: el abandono del campo por parte de la humanidad y la incorporación de las mujeres al mercado laboral. Para sorpresa de muchos, salteó guerras y grandes acontecimientos.

Siguiendo a Hobsbawn, podríamos definir la evolución reciente del diario papel como el resultado de dos abandonos: el de las clases medias bajas y el de los sectores más jóvenes.

Analizando series de datos durante 2008, se puede observar que casi el 50 por ciento de los sectores altos se informan mediante el periódico, contra el 20 de los sectores medios bajos. Podrían plantearse varias hipótesis de por qué ocurre esto. La explicación más a mano reside en el problema de los recursos, lo económico.

Me atrevo a ir un poco más allá y sospechar que los sectores de menos ingresos, las clases medias bajas, fueron, en los ’90, pauperizadas no sólo en términos económicos, sino en términos culturales. Perdieron la facultad de comprender el “código” que maneja la prensa papel. En palabras simples, perdieron la capacidad de lectura más compleja que implica el seguimiento de los diarios actuales.

Esto explica, en parte, el progresivo declive de los llamados “diarios populares”, que se caracterizaron históricamente por tener grandes tiradas y un lenguaje directo, con prominencia de noticias espectaculares, bajo la lógica de la noticia policial. Un dato peculiar es que algunos medios de gran tirada intentaron e intentan, bajo diversas fórmulas, acercar al histórico lector de aquellos diarios y, por la misma razón, terminan alejando o al menos disgustando a otro tipo de lector, por decirlo de alguna forma, “más sofisticado”, que va al medio en busca de análisis y profundización de las noticias, y no le importa tanto el despliegue gráfico.

Sin embargo, más que un abandono del diario papel por un cambio de soporte informativo, se observa que a gran parte de los jóvenes ya no le importa la “cosa pública”. Los sucesos políticos y económicos que nutren la gran mayoría de los diarios en Argentina, entre noticias y opiniones, con matices y discrepancias, no les interesan a los jóvenes. Por supuesto que se vuelcan a Internet, pero mayormente buscando otro tipo de contenidos. Y si se observa el comportamiento de los más jóvenes, de 12 a 18 años, pleno territorio de los “nativos digitales”, menos de un 10 por ciento busca mediante Internet “saber lo que pasa”. Sus intereses pasan prioritariamente por sus vínculos cercanos y las redes sociales.

Es verdad que el abandono de la práctica de la lectura de diarios por parte de los jóvenes cuestiona en el mediano plazo la supervivencia de los periódicos, al menos como hoy se los conoce. No obstante, ese mismo abandono que preocupa a las empresas periodísticas debe preocupar aún en mayor medida a la sociedad, porque los jóvenes no sólo dejan una práctica puntual, sino que ésta es apenas una marca del desinterés y la apatía por el bien común. Y como dice el viejo refrán cuando la deuda es grande el más preocupado termina siendo el acreedor.

* Sociólogo y docente UBA.