Los grandes grupos que lideran la producción y las ventas de las industrias culturales más amenazas por el intercambio de bienes entre usuarios alegan enormes pérdidas, pero un artículo de The Independent que transcribe Página 12 cuestiona esa premisa y se pregunta si el modelo colaborativo de circulación de la cultura industrializada acaso no representa una oportunidad incluso para los grandes sellos.

INTERNET › EL ESTADO DE LA GUERRA ENTRE LA INDUSTRIA Y LOS UPLOADERS

El desafío de vencer a los piratas

La filtración de Wolverine reactivó la furia de los estudios cinematográficos, que libran una batalla por demás difícil contra un sistema de descargas elusivo. Al mismo tiempo, los piratas produjeron innovaciones que pueden ser aprovechadas.

Por Tim Walker * Domingo, 12 de Abril de 2009

¿Pueden los gigantes del entretenimiento vencer a la piratería? La semana pasada, una copia no terminada del blockbuster X–Men Origins: Wolverine se filtró online, y fue descargada unas cien mil veces en 24 horas. El estudio cinematográfico 20th. Century Fox pidió al FBI y la Motion Picture Association of America (MPAA) que investiguen, y esta semana su subsidiaria de noticias, Fox News, fue forzada a despedir a un columnista que admitió haberse bajado el film. Roger Firedman, que llevaba diez años trabajando para el sitio web de Fox News, escribió en su columna que bajar Wolverine era “mucho más fácil que salir a caminar bajo la lluvia” para ir a verla al cine. La película se estrenará el 29 de abril.

¿Y qué más está pasando? En Estocolmo, los jóvenes detrás de Pirate Bay –-un sitio sueco de intercambio de archivos que recolecta links de contenido pirata, incluyendo la versión “cruda” de Wolverine– esperan el veredicto de su juicio por violación de copyright, que se conocerá la semana próxima. El juicio captó una atención considerable, un caso testigo para los futuros procesos de aquellos que facilitan la distribución de contenido ilegal en Internet. La piratería en la red comenzó con Napster y su sistema de programas “peer to peer”, que permitían a dos usuarios compartir archivos. En 2000, Napster fue demandado por las compañías discográficas y forzado a cerrar. Pero un año después fue inventada una nueva herramienta: BitTorrent. En vez de intercambiar archivos entre dos usuarios, BitTorrent les permite a quienes bajan material recolectar pedazos de archivo de varias personas simultáneamente. Este “enjambre de archivos” hace la bajada mucho más eficiente, y mucho más rápida. Aunque BitTorrent en sí es legal, es inevitable que se use para compartir contenido ilegal, como versiones pirateadas de películas, música y juegos.

Con el advenimiento de la banda ancha para hogares, millones de personas son capaces de bajar películas enteras con calidad de DVD en pocas horas. Portales Torrent como Pirate Bay o Mininova (basada en los Países Bajos) no alojan archivos piratas, colectan los links que llevan a donde esté ese material. Pueden argüir que son solo motores de búsqueda, al estilo de Google, y por ello no deberían tomar la responsabilidad por los archivos que sus usuarios comparten. Y son muchos: BitTorrent tiene más de 150 millones de usuarios en el mundo. Pirate Bay llega a 3,5 millones, pero se calcula que hay 21,5 millones de personas no registradas, y alcanza un billón de visitas por mes. Según un estudio realizado en 2006 por la consultora de internet Envisional, las redes de archivos compartidos concentran al menos un 60% del tráfico de Internet. En 2007, sólo en Gran Bretaña más de 6 millones de personas realizaron un estimado de 98 millones de descargas ilegales, y cada vez es más fácil para el navegante encontrar material pirata. Pirate Bay acaba de implementar una función de “compartir en Facebook” que les permite a los usuarios recomendar contenidos descargables (legales o no) directamente a los contactos.

Y entonces, ¿quiénes son los responsables de poner ese contenido en Internet? The Pirate Bay y Mininova son sólo dos de muchos sitios que rastrean torrents. Su contenido es provisto por incontables y entusiastas subidores, que corren una carrera a ver quién es el primero en subir copias a la red antes del estreno. Estos piratas anónimos a menudo marcan sus archivos con seudónimos como FXG, Klaxxon y el más popular de todos, Axxo, una figura misteriosa cuyas películas son bajadas por cerca de un millón de personas cada semana.

Más allá de lo que digan sus representantes, nadie sabe realmente cuánto dinero pierde la industria del entretenimiento cada año. Regularmente se citan grandes cifras, como los 486 millones de libras de lucro cesante para la televisión británica y los directores, o los 18 billones anuales de pérdidas de la industria cinematográfica a causa de la piratería. Ninguno de esos números fue probado fehacientemente, y algunos se sostienen en la no muy segura premisa de que cada copia pirata de un film representa un ticket o la venta de un DVD perdidos. La piratería explota, pero también las taquillas: los estudios grandes sospechan que este año será el primero en que alcancen los 10 billones en venta de entradas. En Inglaterra, la asistencia al cine creció un 16% en 2008.

Por supuesto, la piratería causa mucho más daño al mercado de entretenimiento casero. A pesar de ello, las ventas de DVD, que los estudios suelen utilizar para compensar una performance pobre en la taquilla, se mantienen. El film más pirateado de 2008 –según el blog TorrentFreak.com– fue El caballero de la noche, que fue bajado más se siete millones de veces en BitTorrent: eso no pareció afectar la venta de entradas, ya que el film de Batman fue al mismo tiempo el más taquillero del año, ganando casi un billón de dólares en todo el mundo. Y 3 millones de DVD oficiales fueron vendidos en su primer día en los negocios.

En enero de este año, Lord Carter, ministro de Comunicaciones inglés, presentó una legislación que requiere a los proveedores de Internet enviar advertencias a los usuarios sospechados de estar compartiendo archivos ilegales. Si persisten, los infractores podrían ser denunciados a la industria del entretenimiento y los poseedores de derechos, para que tomen acciones legales. Las probabilidades de que esa ley se sancione aún son inciertas. En Nueva Zelanda, una medida similar fue desestimada luego de que las partes involucradas no llegaran a un acuerdo sobre un código de conducta. El gobierno sueco puso en marcha una controvertida ley que permite a los poseedores de derechos conseguir los nombres de usuarios de Internet sospechados de piratear su material. En Francia, este jueves la Asamblea Nacional rechazó un controvertido texto que preveía la suspensión del acceso a Internet en caso de descarga ilegal desde la red, que había sido tratado por el Senado esa misma mañana y que era firmemente defendido por el gobierno de Nicolas Sarkozy. En Estados Unidos, un proyecto impulsado por su predecesor requiere que el presidente Obama nomine una especie de “zar” del copyright para atender esta clase de temas. Pero en este momento parece tener asuntos algo más urgentes.

En general, la persecución judicial a individuos le ha hecho ganar pocos amigos a la industria, y mucha mala prensa. Por desgracia, procesar a grandes uploaders como Axxo requiere primero saber su identidad real. Y sitios como Pirate Bay, una especie de vidriera de piratas a perseguir, puede alegar su inocencia bajo la ley. Por naturaleza, la piratería identifica agujeros en el mercado mainstream y los explota. Ha probado ser más simple no detener a los piratas, sino vencerlos en su propio juego: la industria cinematográfica debería seguir el ejemplo de la musical. iTunes produjo una alternativa legítima a los MP3 ilegales y se convirtió en la tienda de música más grande del mundo, online y offline. Para el horror de su ex sello EMI, Radiohead eliminó los intermediarios y distribuyó por su cuenta el disco In Rainbows usando un sistema de “pagá lo que quieras”. Algunos expertos sospechan que la banda hizo más dinero con In Rainbows que con todos sus anteriores discos combinados. Ahora, la música gratuita (que se sostiene con publicidad) en sitios de streaming como Spotify y Last.FM proveen un nuevo y legítimo modelo para compartir música, que hubiera sido imposible sin las innovaciones generadas por la piratería.

* De The Independent de Gran Bretaña. Especial para Página/12.

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