El anunciado y dos veces postergado “apagón analógico” se produjo ya en EEUU. La televisión digital, precedida por una campaña de promesas, ya está funcionando. Columna de Mario Diament en La Nación.

Adiós a la televisión análoga

Por Mario Diament – Sábado 13 de junio de 2009 | Publicado en edición impresa

MIAMI.- La televisión norteamericana marcó ayer el fin de una era que comenzó en 1928, cuando Charles Jenkins, un inventor de Dayton, Ohio, obtuvo la primera licencia para operar un canal de televisión, el W3XK, en Wheaton, Maryland.

Desde aquellas primeras imágenes que debían perseguirse como escurridizos fantasmas con una antena rudimentaria, hasta los extravagantes artificios visuales de los Juegos Olímpicos de Pekín, la televisión operó con una constante: la emisión análoga, en la que imagen y sonido son codificados y transmitidos en una señal curvácea que registra las variaciones en la amplitud y la frecuencia.

Todo eso terminó en el primer minuto del día de hoy, cuando todas las estaciones de televisión de los Estados Unidos apagaron sus transmisores análogos y encendieron los digitales, en los que la señal es codificada en infinitas variaciones de ceros y unos.

La nueva tecnología requiere de unos decodificadores especiales, lo cual ha ocasionado que aproximadamente 2,8 millones de hogares o el 2,5% del mercado televisivo, según la empresa Nielsen, encuentren esta mañana sus pantallas en blanco cuando enciendan sus televisores.

Precisamente para evitar que un número mucho mayor de personas se viera afectada por el cambio de sistema, fue que el Congreso, que originalmente había fijado la fecha del cambio en 2006, la postergó en dos ocasiones. La fecha límite se estableció, finalmente, para la medianoche del 12 de junio, un plazo ratificado la semana pasada por el presidente Obama.

Los decodificadores se venden a un precio aproximado de 80 dólares y el Departamento de Comercio ha estado distribuyendo vouchers de 40 dólares, hasta un total de 650 millones de dólares, para ayudar a las familias más necesitadas.

Pero muchos no pueden permitirse ni siquiera erogar esa diferencia y esto explica la cifra de quienes se verán privados de ver televisión.

Espectro millonario

La razón de la mudanza a la televisión digital no es exclusivamente tecnológica. El cambio le ha permitido al gobierno liberar espacio en el espectro de radiofrecuencia (las señales digitales utilizan menos espacio que las análogas) que ha sido rematado entre empresas de telefonía celular y que le ha permitido colectar la bonita suma de 19.600 millones de dólares.

A su vez, para las empresas de telefonía, este espacio adicional les permitirá una considerable expansión de sus servicios.

En cuanto a la TV digital, más allá de que su advenimiento se considera la más importante innovación de este medio desde la llegada de la televisión en color en la década del 50, no debe esperarse que cambie demasiado la vida de nadie.

Para quienes reciben televisión por cable o satelital, la mutación pasará inadvertida. El resto observará una mejoría en la calidad de la imagen y un aumento en la oferta de canales, pero nada verdaderamente drástico.

Sucede que las promesas que en el pasado se cifraron sobre la televisión digital no se han cumplido por dos razones fundamentales:

1) Nadie apareció con alguna idea razonable de cómo cambiar la televisión.

2) Internet, con su vasta capacidad de interacción, reemplazó a la televisión como medio innovador.

Todos aquellos programas que alguna vez apuntaron a transformar el formato y el propósito de la televisión sucumbieron prematuramente bajo el poder ineludible del rating. Los ejecutivos concluyeron en que el rating es conservador y le gusta consumir más de lo mismo y esta premisa se convirtió en el mandamiento fundamental del medio.

Esta circunstancia, por curioso que parezca, no escapó a los inventores de la televisión. De hecho, los historiadores aún debaten si la gloria de la invención corresponde a Vladimir Kozmich Zworykin, ingeniero ruso que trabajaba en los laboratorios de Westinghouse, o a Philo Taylor Farnsworth, inventor mormón instalado en un pequeño laboratorio de Los Angeles.

Aunque apasionados por su descubrimiento, ambos desarrollaron un intenso resentimiento por la dirección que la televisión había tomado. Zworykin declaró: “Nunca voy a permitir que mis propios hijos miren televisión”. Y Farnsworth solía decir, según la versión de su hijo Kent: “No hay nada valioso en ella, y no vamos a mirar televisión en esta casa. No quiero que forme parte de tu dieta intelectual”.

Farnsworth murió en 1971, y Zworykin, en 1982. Nunca imaginaron lo que vendría después.

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