La nueva promesa del gobierno sobre el envío al Parlamento de un proyecto de ley que permita modificar la vigente 22.285, realizada ayer en la Asamblea Legislativa por la presidenta Cristina Fernández, fue anticipada en Crítica por Diego Schurman. En tanto, Mario Wainfeld dedicó en Página 12 tres párrafos de su crónica sobre la apertura de la Asamblea Legislativa al anuncio: dice Wainfeld que los grandes grupos mediáticos confunden “adrede la defensa de sus intereses económicos y su poder con la libertad de prensa. A menudo sostienen una contradicción en los términos, un oxímoron: la libertad se sostiene restringiendo el número de emisores”.

PJ-OLIVOS

¿Ahora sí?

En el momento de mayor debilidad, y con la guerra gaucha como telón de fondo, enviará al Congreso una nueva ley de radiodifusión. D. Schurman.

Por D. Schurman – 01.03.2009

Cristina Kirchner enviará al Congreso un proyecto de ley de servicios de comunicación audiovisual. La medida se anunciaría hoy en la apertura de las sesiones ordinarias con el propósito de fomentar la competencia en un mercado signado por la concentración.

La iniciativa oficial se pondrá a consideración de los legisladores en un año electoral y con la guerra gaucha como telón de fondo, lo que le dará un aditamento marcadamente político a la discusión.

La propia Presidenta analizó esta última semana el rol de los medios en el conflicto agrario y sin nombrarlo machacó con particular avidez al Grupo Clarín, al cual acusa de hacer una campaña contra el Gobierno.

El combate con ese multimedio alcanzó su pico el año pasado, cuando Néstor Kirchner levantó un cartel condenatorio y alentó la proliferación de estandartes con la consigna “Clarín miente”. El punto culminante fue cuando la mandataria interpretó como “mensajes cuasimafiosos” las ilustraciones que Hermenegildo Sábat realiza en el periódico desde hace décadas con los poderosos como tema recurrente.

A pesar del armisticio que los Kirchner firmaron con Clarín tras la derogación de la resolución 125, el matrimonio presidencial parece dispuesto volver a la carga. “No es verdad lo que dicen algunos sectores políticos y amplifican los grupos mediáticos concentrados que éste no es el tiempo de tratar una nueva Ley de Radiodifusión. Hace 25 años que se posterga el tema”, aseguran en el Gobierno.

Junto al proyecto oficial –que busca reemplazar una norma sancionada durante la última dictadura militar– también se promovería una ley complementaria para poner coto a los derechos de exclusividad en la transmisión del fútbol, afectando así un negocio millonario en favor del interés público.

La iniciativa que Cristina guarda bajo siete llaves la redactó el Comfer en base a los 21 puntos consensuados por la denominada Coalición por una Radiodifusión Democrática. Es precisamente aquél organismo el que viene anunciando extraoficialmente la decisión de poner freno al proceso de fusión de Multicanal y CableVisión.

A propósito del negocio de la televisión por cable, el Gobierno reabrirá la venta de pliegos para los interesados que deseen obtener una licencia de TV de cable. Esto habilitará la participación de nuevos actores en perjuicio de los actuales popes de esta industria, quienes verán florecer flamantes competidores. Desde 2000 que está vedada esa posibilidad.

El mercado de medios se convulsionó en los últimos años, en gran parte por la incursión en prensa gráfica, radial y audiovisual de empresas vinculadas al Gobierno nacional.

Una oferta que no prosperó fue la que Daniel Hadad recibió de Daniel Vila para un intercambio de acciones y la unificación de contenidos periodísticos entre el canal América y la señal de cable C5N. Hubo una participación efímera de Francisco de Narváez en las tratativas. Ahora se dice que detrás de la compra del canal de Hadad está el Grupo Werthein, a cargo de Telecom. Por presentarse como una de las competidoras de TN, el canal de noticias de ClarínC5Ncuenta con un fuerte respaldo del kirchnerismo.

Está claro que la batalla que se proponen los K para cambiar las normas audiovisuales en el país no resultará sencilla. Dependerá de la capacidad de convencer a la sociedad y, sobre todo, a una mayoría legislativa que cada día le cuesta más encolumnar.

EL PAIS › OPINION

Ritos, palabras, costumbres

Por Mario Wainfeld

La Presidenta habló largamente, dedicando la parte del león de su discurso a la defensa de los gobiernos kirchneristas. A veces el cronómetro indica mucho: el pasado insumió 55 minutos, al presente y al futuro le quedó poco más de un cuarto de hora. Como es su hábito, hizo pocos anuncios precisos, el más llamativo una nueva ley de radiodifusión. Recibió muchos aplausos de su bancada y unos pocos de otros legisladores, pero su modo de exponer no incita a la efusión, que ella misma abrevia para no perder el hilo. Su registro es racional, esta vez fue notoriamente templado en los modos. Desgranó una profusión de cifras, haciendo gala de una retentiva notable y sólo se puso los lentes para leer guarismos de transferencia federal de recursos a Catamarca y Santa Fe. Tiene buenos recursos de oradora, hace cómodo uso de ellos. Prescindir de la lectura es uno de sus blasones, le cuesta algunos errores u omisiones. Seguramente en los próximos días habrá quien descubra un desliz informativo aquí o allá, ya es regla. Dos observó este cronista: rebautizó “Ministerio de Asuntos Sociales” a Desarrollo Social. Y se le chispoteó (tan luego) evocar la reforma del sistema jubilatorio, seguramente la ley más relevante de su Gobierno e hizo falta que se la recordara Eduardo Fellner.

Una alusión a crear todos los instrumentos de intervención estatal necesarios para enfrentar la crisis piropeó a la niña bonita de estos días: la creación de un ente que intervenga activamente en los mercados de productos agropecuarios. No anunció el proyecto, no calló del todo, lo dejó sobrevolando. Hubiera sido atolondrado e inoportuno obrar de otro modo.

Cristina Kirchner habla muy a menudo, era improbable que introdujera novedades sorpresivas en su discurso, no lo hizo. Sus tópicos habituales son conspicuos. Tanto como que el fuerte de las gestiones de la pareja presidencial son los números de la economía, las finanzas y el empleo.

En espejo, también la oposición tiene mucho micrófono cotidiano, sus réplicas se podían imaginar de antemano escuchando a la Presidenta. Una rutina institucional deviene también en cristalización del juego de roles.

En el hiperconversado protocolo de su seco reencuentro con el vicepresidente Julio Cobos se pactó que el ceremonial sería igual al de 2008, el discurso de la Presidenta también fue muy similar. A los ojos del cronista, con calidad, firme defensa de sus banderas y sus logros, mas dejando vacante la caracterización del nuevo escenario local, como consecuencia del colapso capitalista mundial.

Días de radio: “Vieja deuda de la democracia” tildó atinadamente a la falta de una adecuada ley de radiodifusión. Es incorrecto el rótulo “la ley de la dictadura”, porque la convalidaron sucesivos gobiernos surgidos del voto (incluidos los kirchneristas, hasta ahora) que la empeoraron con varias reformas. Propuestas de reforma abundaron en 25 años, de legisladores de variadas bancadas. Siempre tuvieron el veto (tácito o no tanto) de las grandes empresas de medios, muy aferradas a una estructura centralizada y oligopólica. Confunden adrede la defensa de sus intereses económicos y su poder con la libertad de prensa. A menudo sostienen una contradicción en los términos, un oxímoron: la libertad se sostiene restringiendo el número de emisores. No hay tal, la comunicación democrática debe ser, por definición, polifónica y diversa.

El gran sujeto, por lo general escamoteado, del derecho a la información es el ciudadano común, que debe tener las más amplias posibilidades de expresarse (de emitir, pues), no sólo de ser receptor pasivo de la oferta capitalista, cual consumidor ante una góndola. Y también de tener acceso a la mayor cantidad de información posible, recurso tan mal distribuido como tantas otras riquezas.

Promover un sistema más amigable y promotor de los medios sin fines de lucro, regular un sistema de medios públicos fuerte y no partidista son tareas imprescindibles.

El objetivo debería ser abrir y no cerrar, aumentar el número de voces y no acallarlas. La construcción del consenso previo, una mayoría política y social amplia, será una prueba interesante, debería bosquejar lo que se quiere construir. El Gobierno debería ser el eje de una convocatoria amplia a medios de todo pelaje, comunicadores, trabajadores de prensa, académicos, organizaciones sociales y comunitarias. Pagar una vieja deuda es edificante, tiene sus bemoles hacerlo de un modo congruente.

Superclásicos: Cristina Kirchner recorrió el espinel tradicional de sus adversarios favoritos: los gurúes económicos, las grandes consultoras, los organismos internacionales de crédito. Destinó un reproche específico a un título de tapa de Clarín de anteayer, desmentido horas después por la Embajada de Estados Unidos. Fustigó la abundancia de huelgas docentes y, en paralelo, les tiró un palo a ciertos gobernantes por decir que no hay plata para los maestros e incitar a reducir los impuestos a los más ricos. Cundió la interpretación de que aludía a Macri (a quien no mencionó), puede ser que pensara en algunos más.

Los cuestionamientos más severos recayeron sobre las entidades agropecuarias y los gobiernos que la precedieron. Tuvo razón cuando recordó al “campo” y sus adláteres que, si rigiera el proyecto sobre retenciones móviles aprobado en Diputados el año pasado, las retenciones a la soja serían menores y habría compensaciones y subsidios ahora inexistentes. Reincidió en un error germinal del Gobierno en ese conflicto cuando acusó al sector de acaparar materia prima sin venderla. Eso sólo lo hacen los productores más grandes dentro de un espectro muy amplio que el oficialismo no acierta en abordar e interpelar en su complejidad.

Sin agresividad, la oradora reclamó a la Justicia mayor celeridad en las causas que investigan violaciones de derechos humanos. Enunció bien: los poderes Ejecutivo y el Legislativo hicieron su aporte, el Judicial está en mora. El reclamo debería ser computado no por el irreductible (y no mínimo) conjunto de magistrados de derechas que harán lo imposible por frenar los juicios. Sí por sus colegas de buenas credenciales democráticas que los defienden en exceso por pruritos corporativos. Y por la Corte Suprema, mucho más eficaz para exigir conductas sistémicas a otros poderes que para imponer sus correctas directivas puertas adentro del Foro.

Sumas y restas: El núcleo de la retórica presidencial es la defensa de lo hecho, del “modelo”. El cronista piensa que ese “modelo” mostraba síntomas de agotamiento desde 2007 y que, en el actual contexto mundial, necesita correcciones importantes. Es válido revalidar objetivos y logros como la mejora de los niveles de empleo, el crecimiento del PBI y de las exportaciones, el aumento de las reservas, la solidez de las arcas públicas, el protagonismo estatal en la economía. Pero es acuciante recapacitar y registrar que todo cambió. En este año, en el mejor de los casos, habrá crecimiento inercial, arrastre de 2008. Si se conjuran la suerte y la muñeca, se pasará de las tasas chinas al 2 por ciento. No se creará empleo y será difícil evitar la destrucción de puestos de trabajo, el designio es minimizar ese impacto. Así las cosas, un buen tercio de la población que sigue en niveles de pobreza, con empleo de baja calidad o desocupado, no tiene trazas de ascenso social, por ser optimistas, en un año o dos. No innovar, a su respecto, es dejarlos donde están.

Ese núcleo de contingencias, producto en gran medida de las repercusiones internas del colapso del capitalismo central, no agotan la nómina. Pero grafican que, si subsisten los objetivos generales del “modelo” (que son la promesa de este Gobierno que el pueblo votó), los instrumentos para plasmarlos deben ser otros, novedosos. La correlación entre cambio y continuidad respecto de 2003 fue en exceso conservadora desde los albores del mandato de la Presidenta. En el nuevo contexto internacional esa carencia es más notoria.

Algunos medios anticiparon importantes anuncios y luego dieron por desalentada la expectativa que fabularon. Era bien imaginable que, en su estilo, la Presidenta hiciera pocos.

Lejos del tono crispado de otros momentos, Cristina recordó varias veces que fue parlamentaria, de modo afectuoso, y sonrió en la mención a María América González cuando ésta aplaudió uno de sus párrafos. Fueron excepciones: el humor y la caricia no son sus ingredientes más usuales.

Más allá de las interpretaciones, la Presidenta emitió un discurso de infrecuente nivel y acorde con el marco institucional. Un relato organizado y bien articulado aportan al debate, aun para los que lo controvierten. Sería muy injusto (a su favor) comparar la verba presidencial con los pobres intentos de Mauricio Macri para leer con justeza frases con más de cinco palabras, que le complican la existencia.

Ah, sí: Cristina Fernández le dio la mano a Julio Cobos y, para no desentonar, hizo lo propio con Fellner y José Pampuro. El más usual beso en la mejilla para sus compañeros llegó recién al terminar el discurso con los aplausos y silencios de rigor mientras tirios y troyanos salían a buscar micrófonos antes de que empezaran los partidos de fútbol, copando la rutina dominical y el ágora mediática.

mwainfeld@pagina12.com.ar

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