Nota de Martín Becerra en el periódico Hoy la Universidad publicado por la Universidad Nacional de Córdoba en La Voz del Interior, sobre televisión digital.

Periódico Hoy la Universidad > 2008 > Número 44 > 12 de octubre 2008

Enigmas de la televisión digital

La Casa Invita es un espacio donde personas provenientes de ámbitos académicos, políticos o sociales, reflexionan sobre problemáticas que forman parte del debate ciudadano. En esta oportunidad, Hoy la Universidad convocó a Martin Becerra para reflexionar sobre los interrogantes que se abren a partir de la elección del gobierno nacional de la norma de televisión digital que utilizaremos los argentinos las próximas décadas.

Por Martín Becerra (*)

La firma de acuerdos de cooperación entre los presidentes de Brasil, Ignacio Lula da Silva, y Argentina, Cristina Fernández, en la visita que ésta realizó al vecino país a comienzos de septiembre, incluyó una declaración sobre la colaboración conjunta en televisión digital. Aunque hubo apresuramiento al suponer que ello implicaba la adopción inmediata por parte de Argentina de la norma japonesa (ISDB-T), lo cierto es que todos los indicios conducen a que se resolverá uno de los dos enigmas asociados a la televisión digital: el tecnológico. Queda pendiente el segundo enigma, que es a la vez social, cultural y político.

¿Por qué dos enigmas? Porque la televisión conjuga, como medio masivo de comunicación, aspectos técnicos (frecuencias, compresión, distribución y descompresión de imágenes y sonidos) con otros sociales, culturales y políticos (qué contenidos pueden emitirse, qué representación de la sociedad se expresa en el medio, quién puede convertirse en emisor, qué requisitos de programación propia tienen los canales -cuando los tienen-, cómo se ejerce el control). Por supuesto, podrían listarse otros aspectos centrales, como el económico (cómo se financia el medio), que ilustrarían acerca de distintos modelos de televisión en modelos, también diferentes, de sociedades.

Por ello, y porque es casi inédito que los presidentes de los dos países más grandes del MERCOSUR enuncien acuerdos sobre la cultura y sus soportes masivos de producción y difusión (los medios), el rumbo que aparenta tomar Argentina complementando la senda ya recorrida por Brasil en televisión digital es digna de atención. Más aún en un país como Argentina que -a diferencia de su vecino- carece de políticas públicas que orienten la convergencia de tecnologías de la información y la comunicación hacia fines de inclusión social.

Si el anuncio prosperase, entonces, Argentina se alejaría del estándar estadounidense (ATSC, preferido por operadores televisivos en abierto y en cable, como el Grupo Clarín), y también descartaría la norma europea (DVB, defendida por Telefónica/Telecom). Brasil ya había elegido en 2006 el estándar nipón, al negociar su aporte al desarrollo y adaptación de esa tecnología y su participación en la producción de receptores y codificadores.

El complemento de estándares de funcionamiento de industrias culturales en su fase digital con un país como Brasil, que cuenta con una poderosa política industrial, permitiría reconducir algunas de las carencias que son tradición en Argentina. Pero, por importante que sea, la “televisión digital” no se reduce a este nivel industrial y tecnológico.

El enigma social, cultural y político

Como en todo medio audiovisual, es su puesta en circulación social lo que define su rumbo. Por lo tanto, la cuestión de fondo es quién y cómo, con qué criterios, asigna las señales digitales en un país en el que sus ciudadanos consumen un promedio de cuatro horas diarias de televisión, casi la misma cantidad que las exigidas como carga mínima por el nivel de educación primaria.

La televisión digital permitirá crear entre 4 y 6 nuevas señales donde hoy emite un canal en analógico. Corresponde preguntarse, entonces: ¿nuevas señales implicarán también nuevas licencias, y por consiguiente, nuevos licenciatarios?; ¿serán las nuevas señales digitales de acceso gratuito para la población, o serán aranceladas?; ¿qué organismo tendrá a su cargo el llamado a concurso para asignar esas señales?; ¿por qué lapso y con qué compromisos se darán las licencias?; ¿qué requisitos tendrán que cumplir los interesados en operarlas?; ¿se privilegiará la diversidad de contenidos a través del estímulo de operadores no comerciales, de cooperativas, de emisores de la propia sociedad civil?; ¿se aprovechará el potencial digital para federalizar la programación televisiva, hoy dominada por Buenos Aires?

El especialista Luis Valle reclama “una política de Estado para la televisión digital: con el país extenso que tenemos, habría que hacer un buen plan para Canal 7, más ahora que Brasil está avanzando exitosamente, pues algunas zonas de frontera van a captar su televisión. Estos temas nunca se discutieron seriamente.” Es difícil que se aborden si el Congreso de la Nación no avanza con el reemplazo de la normativa vigente para radio y televisión, dispuesta por Jorge Videla en 1980 (Decreto Ley de Radiodifusión 22.285), que constituye un lastre para la calidad democrática y para la articulación del espacio público.

La televisión digital permitiría multiplicar señales de acceso gratuito y abrir licencias para operadores de la sociedad civil (cooperativas, universidades, emisores comunitarios, sindicatos) que han estado vedados de participar en los concursos hasta hace muy poco. Por lo tanto, se podría descomprimir la hipertrofia de la concentración mediática argentina que erosiona el pluralismo sin afectar a los licenciatarios actuales. Por ello, la incorporación en la agenda de la televisión digital sería incongruente si no se enmarca en una nueva ley de servicios de radio y televisión.

(*) Doctor en Ciencias de la Comunicación e investigador en la Universidad Nacional de Quilmes. Integrante del Instituto de Estudios sobre Comunicación del Sistema Nacional de Medios Públicos (SNMP)