La polución de rumores sobre aspectos de la vida de los políticos se amplifica a través de Internet. Los medios y los propios políticos suelen reproducir la especie, a través de la entidad que le otorgan los desmentidos. Informe del diario El País.

REPORTAJE

Política y periodismo en el límite del pecado

La línea entre lo público y lo íntimo se hace cada vez más difusa – Las elecciones de EE UU y los bulos sobre Aznar marcan el último capítulo

FRANCISCO PEREGIL 07/09/2008

Durante su reciente visita a Londres, el ex presidente del Gobierno José María Aznar cenó tres noches seguidas en el restaurante Paparazi, de Bond Street, en compañía de la modelo británica Naomi Campbell. El ex presidente y la modelo fueron vistos también practicando footing a primera hora de la mañana del miércoles en los alrededores de Buckingham Palace.

¿Debería Aznar desmentir semejante patraña? ¿O debería hacerlo sólo en caso de que Campbell quedase embarazada y se le atribuyera la paternidad del hijo a Aznar? El párrafo anterior, inventado para la ocasión, adolece en principio de la misma solvencia que el artículo publicado por el diario digital marroquí L’Observateur el pasado miércoles en el que se aseguraba que el bebé que espera la ministra francesa de Justicia, Rachida Dati, soltera de 42 años, es hijo de Aznar.

En España sólo algún medio digital sin apenas resonancia se había hecho eco del infundio publicado por el diario marroquí. Pero Aznar a las seis y diez de la tarde del miércoles, a través de la fundación FAES, emitió un comunicado en el que amenazaba con “emprender todas las acciones legales contra quienes han vertido tales falsedades o quienes se hagan eco de ellas”. A partir de ese momento, los medios digitales recogieron la mentira y su desmentido. Y al día siguiente hubo diarios de difusión nacional que le dedicaron al chascarrillo hasta dos páginas con sus correspondientes análisis.

¿Tiene que desmentir el ex presidente el siguiente bulo en el que se le pueda vincular con una tenista bielorrusa, una profesora de inglés o una monitora de pádel? Ya el pasado 23 de noviembre, a las ocho menos cuarto de la tarde y ante otros infundios (como su posible separación de su esposa), llegó a las redacciones un comunicado del propio matrimonio: “Esta infamia forma parte de la campaña permanente de intento de desprestigio personal de don José María Aznar. El matrimonio Aznar-Botella ha dado ya instrucciones a sus abogados para que emprendan acciones legales con carácter inmediato contra todos aquellos que han vertido calumnias sobre ellos”.

Los chascarrillos de cafetería que casi nunca lograban salir de la tasca de turno, y si lo hacían rara vez se les dejaba penetrar en las redacciones de los medios, ahora, gracias a Internet, adquieren una dimensión planetaria en cuestión de horas.

“Los medios digitales hacen más fácil que se propalen todo tipo de infundios”, explica Ramón Salaverría, profesor de periodismo especializado de la Universidad de Navarra y autor del blog e-periodistas. “Cuando algo es publicado en un medio impreso es perfectamente detectable quién lo ha publicado en primer lugar. Pero en la Red al final no sabes quién ha escrito qué ni de dónde proviene. A cambio de eso, la Red ha traído más democratización, hay más pluralidad. Y nunca hay que olvidar que la información no habría pasado de simple chascarrillo si no hubiese entrado la FAES a desmentirlo”.

¿Por qué nos interesa tanto la vida íntima de los políticos? “Lo único verdaderamente importante de los políticos es su vida privada”, dice Javier Gomá, premio Nacional de Ensayo en 2003. “Cuando se contrata a una niñera uno no sólo se interesa por si sabe cocinar. No basta tampoco que los políticos te digan si cuentan con antecedentes penales. Ellos influyen sobre mi patrimonio, mi vida cotidiana, mi libertad. Por tanto, yo puedo pedirles lo que Cicerón llamabadecorum y podría traducirse como uniformidad de vida. Han de ser ejemplares en su vida íntima. Después, cada país interpreta la ejemplaridad de forma distinta, pero es esa cualidad la que los hace dignos de nuestra confianza”.

Si Sarah Palin, la candidata a la vicepresidencia de Estados Unidos por el Partido Republicano, hace uso en política de su postura contra el aborto, se muestra contraria a los programas de educación sexual en las escuelas y al reparto de preservativos en los colegios… ¿es relevante y necesario informar sobre el hecho de que su hija de 17 años está embarazada de cinco meses?

Para el portavoz del PP, Esteban González Pons, sí que lo es. “Mi forma de vivir dice mucho sobre mi forma de pensar. Asumo que se debe informar sobre la intimidad de los políticos”, sostiene Pons.

Para Daniel Innerarity, profesor de filosofía de la Universidad de Zaragoza y docente invitado en La Sorbona, no es necesario hablar sobre el estado de la hija de Palin, ni de los sentimientos de los políticos.

“El hecho de que un político te diga que es optimista me pone muy nervioso. No me interesan sus sentimientos; prefiero que hablen de las cosas. En ese sentido, que la hija adolescente de Palin tenga un comportamiento distinto del de su madre no me parece incoherente con lo que la candidata a vicepresidenta dice. Puedo pensar que no tiene autoridad moral para imponer sus convicciones sobre la hija. Pero eso no cambiará mi forma de pensar sobre ella. Otra cosa sería si ella misma hubiera abortado estando en contra del aborto o si hubiese presionado a la hija para abortar. Eso sería una incoherencia entre lo que defiende y lo que practica”.

“En Francia”, añade Innerarity, “todo el mundo sabía que el presidente François Mitterrand viajó de vacaciones a Egipto con dos aviones, uno en el que iba su familia oficial y otro con su amante y su hija no reconocida legalmente. Y la gente no lo veía ni bien ni mal. Lo habrían visto mal si Mitterrand hubiera defendido un modelo de familia tradicional. Ahí sí que habría una incoherencia”.

Sin embargo, Innerarity cree que es necesario informar sobre la intimidad de los políticos. “Porque concederles un derecho a la intimidad sin limitaciones les aseguraría un poder excesivo de control sobre el discurso público y rebajaría la calidad del debate democrático. Pero habría que distinguir entre el chisme y la información relevante”.

¿Y cómo distinguirlos? “Que Aznar salga con una modelo sería irrelevante. Que se divorcie, no. Como ciudadano tengo derecho a saber el estado civil de mis políticos. Pero si yo fuera periodista ese dato lo daría con una cierta moderación, casi de forma similar al del lugar donde haya nacido”.

El filósofo cree que la desviación de la agenda pública a la esfera privada ha despolitizado a la sociedad. “Me temo que en la campaña americana se habla muy poco de política. Y que no se hable de economía, de política exterior, de la ONU, de seguridad social… beneficia a la derecha… Si yo fuera del Partido Demócrata no escarbaría en las cuestiones privadas. Obama tiene que hablar de política. Ni de raza, ni religión, ni familia”.

“El affaire Clinton-Lewinsky desplazó en los medios a otras cuestiones como las nuevas propuestas políticas sobre la Seguridad Social, la financiación de las campañas, y la posición de Estados Unidos respecto a Irak, cuya preparación militar ya se estaba cociendo”, añade el filósofo.

Rui Ferreira, periodista y bloguero de origen portugués afincado en Miami desde 1995, cree que Barack Obama tiene muy claro que desea hablar de política. “Pero ahora hay una natural curiosidad por hurgar en el pasado de una persona de quien hasta hace una semana nadie sabía quién era. Lo peor está por venir. Puede que salgan informaciones sobre si prohibió la difusión de algún libro clásico en la biblioteca pública de su pueblo. O si no pagaba los impuestos en algún negocio que tuviera. Y eso ya no sería una cuestión de vida íntima. Eso ha de interesarnos a todos”.

El portavoz del PP Esteban González Pons asume que un político no tiene derecho a la intimidad. Pons está casado en segundas nupcias y en su familia conviven los hijos del primer matrimonio suyo y de su esposa y otro hijo común. “Yo estoy acostumbrado de que mi vida íntima salga a la palestra, porque se supone que no es la tradicional en un político del PP. Y he aceptado vivir con cierto grado de desnudez. ¿Dónde está el límite? Para mi persona, no puede haber ningún límite. Para mi familia, todos. Yo no tengo derecho a la intimidad. Pero mi familia no ha de cargar con mi decisión de dedicarme a la política”.

Pons, experto en cuestiones de Internet durante su etapa como portavoz del partido en el Senado, cree que en España el tratamiento de los medios es “impecable”. Y el adjetivo sirve para los medios digitales también. “Internet no es ninguna amenaza, es un campo abierto a la libertad. Lo que pasa es que aún no nos hemos acostumbrado a distinguir en los medios digitales entre cabecera con credibilidad o sin credibilidad, como lo hacemos con el resto de los medios”.

González Pons considera que en España hay un doble rasero según se informe de hombres o mujeres. “En España la vida íntima de las políticas es más pública que la de los políticos. Nadie sitúa mi modelo familiar en primera línea de mi currículo. Si fuera mujer, sí que lo harían”.

Carmen Alborch, ex ministra de Cultura (1993-1996), senadora socialista y concejal en el Ayuntamiento de Valencia, recuerda que a menudo las políticas han tenido que decir al periodista de turno: “¿Esa pregunta que usted me plantea sobre mi imagen se la plantearía a un ministro?”. “A pesar de todo”, asume Alborch, “en este país, hasta hace muy poco tiempo, ha habido un gran respeto hacia la vida privada de los políticos. Yo me he considerado una persona muy respetada. Y para una persona poco tradicional como yo eso es muy de agradecer”.

Un lunes de 1994 el diputado conservador británico Stephen Milligan, de 45 años, fue hallado muerto en la cocina de su domicilio londinense. Vestía medias de mujer y una bolsa de plástico le cubría la cabeza. Tenía un cable eléctrico de espiral ceñido al cuello. Se le paró el corazón mientras intentaba asfixiarse en una compleja sesión masturbatoria. El caso, en medio de varias dimisiones que sufrió el Gobierno de John Major a causa de escándalos sexuales, sirvió para ilustrar cuánta distancia puede haber entre un político rodeado de apretones de manos, flashes, aplausos y abrazos y su intimidad. Incluso, la distancia entre la vida íntima de alguien y su vida interior. John Major declaró a su muerte: “Debió de ser un hombre muy infeliz, pero no dejó que lo notáramos”.

Cazados ‘in fraganti’

– El ex presidente Bill Clinton (1998) reconoció haber tenido “contactos íntimos inapropiados” con Monica Lewinsky en el Despacho Oval.

– James McGreenvey (2004). El gobernador de Nueva Jersey, casado y con dos hijas, dimitió tras anunciar una relación extraconyugal homosexual.

– El alcalde de Los Ángeles, Antonio Villaraigosa (2007), reconoció semanas después de separarse de su esposa, haber mantenido una relación con una reportera de televisión.

– El senador estadounidense Larry Craig (2007) fue denunciado por un policía que le acusó de acoso sexual.

– El alcalde de Detroit (2008), Kwame Kilpatrick, no podrá postularse a un cargo público en los próximos cinco años después de haber sido declarado culpable en una serie de delitos cometidos para encubrir su relación con una secretaria.

– El primer ministro de Italia, Silvio Berlusconi (2007) se topó una mañana con una carta escrita por su esposa, Veronica Lario, en la portada del diario opositor La Repubblica en la que ella le exigía disculpas públicas por los coqueteos con una diputada de Forza Italia durante una gala de televisión. Berlusconi escribió otra carta en la que pedía excusas en público.

– El ex concejal del PP en el Ayuntamiento de Palma de Mallorca Javier Rodrigo de Santos (2008) gastó en clubes de alterne para gays 50.800 euros de la empresa pública que presidía.

– El gobernador de Nueva York, Eliot Spitzer (2008) dimitió por su implicación como cliente en una red de prostitutas de lujo. Llevaba 16 meses en el cargo y se había fraguado una imagen como abanderado de la moralidad.

– François Miterrand, presidente de Francia desde 1981 a 1995, tuvo durante 20 años una amante y una hija ilegítima de la que no se hablaba en los medios. Para ocultar la existencia de su hija Mazarine a los medios llegó a organizar una red de escuchas ilegales. En 1994 la revista Paris Match publicó la noticia de la hija ilegítima de Miterrand.