Entrevista a Martín Becerra en La Capital, de Rosario, sobre la peculiar incorporación de tecnologías de la información en la Argentina, sus repercusiones en la producción de los medios de comunicación y sobre el debate por la modificación de la ley de radiodifusión y por el Observatorio de la discriminación en los medios (en recuadro). Por Lisy Smiles.

Invitados a otra revolución

06-07-08 | Por Lisy Smiles / La Capital

El currículum de Martín Becerra impresiona. Es doctor en comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona, desempeña diversos cargos en el ámbito académico y de investigación, escribió varios libros, dicta conferencias en el país y en el exterior. Ejerció el periodismo en los diarios El Cronista y Sur y la revista Humor. Las tecnologías y sus usos, el sistema de medios y el periodismo digital figuran entre sus temas de estudio. Lo virtual aparece como un universo que lo atrapa, pero prefiere no reflejarse en espejitos de colores. “Un país pobre con computadoras sigue siendo un país pobre”, advierte.

Becerra actualmente dirige la maestría sobre industrias culturales de la Universidad Nacional de Quilmes y estuvo en Rosario para disertar en el Primer Foro de Periodismo Digital, organizado por la Dirección de Comunicación Multimedial de la Universidad Nacional de Rosario y la Fundación La Capital.

Durante su conferencia expuso sobre las debilidades y fortalezas del periodismo digital, su emergencia e impacto en la prensa gráfica pero además definió el mapa de la comunicación en el país, sobre el que resaltó la fuerte concentración no sólo de medios tradicionales sino también de las nuevas tecnologías.

En ese mapa algunos datos dan para repensar cuánto hay de cierto en eso de que las denominadas Tics (Tecnologías de la Información y Comunicación) plantean un territorio democratizado en cuanto a la circulación de la información. En diálogo con Señales, Becerra avanzó sobre esa cuestión y el impacto del periodismo digital.

—¿Una vez más la aparición de una nueva tecnología pone en jaque el tablero de la comunicación?

—Sí, pero no en jaque mate porque abre un interrogante. Armand Mattelard dice que ante cada salto tecnológico grande en comunicación se reedita un imaginario, primero mitológico respecto de que la nueva tecnología va a remendar problemas sociales, económicos, culturales, cuando una tecnología es sólo una tecnología. Y por otro lado, ese imaginario parece auspiciar la muerte de lo anterior, cuando una nueva tecnología lo que hace es reposicionar a la vieja. Como es un jaque fuerza a la vieja a moverse de casillero. Reposiciona o resignifica la función que tiene, como ocurrió con el teatro y el cine, éste y la televisión, luego el video, la TV abierta y el cable. Ninguna de esas tecnologías murió.

—¿Los diarios argentinos en papel ya hicieron su movida en el tablero?

—Creo que sí, y la verdad es que me sorprende favorablemente. Las empresas editoras de diarios en Argentina fueron más veloces al reaccionar, aunque no tienen en claro cómo tiene que ser la reacción. Fue más reacción que acción. Igual, las preguntas son todavía muchas más que las respuestas.

—¿Y cómo es el impacto puertas adentro de las redacciones tradicionales?

—Me parece que se subestimó y subestima la cuestión de la calidad en los portales de noticias, porque el fuerte de los recursos humanos, tecnológicos y materiales de las empresas periodísticas sigue estando en la versión papel, por lejos. Basta sólo comparar las redacciones. Hay redacciones con trayectoria, consolidadas, maduras, en el diario papel, versus redacciones inmaduras, con relaciones laborales precarias, con muy poca gente y con cierta filosofía de “lo atamos con alambre, total está en internet y si te equivocás lo podés cambiar”. Eso me parece que desdibuja una apuesta que podría ser mucho más interesante si hubiera más compromiso.

—Hay otro versus que ya es un clásico, al menos en este país…

—Sí, hay problemas entre las redacciones, son dos mundos que no sé si son fácilmente compatibles. Hay una resistencia de muchos periodistas de las ediciones papel a trabajar también en la versión on line. Parte de esa resistencia es legítima ya que son trabajadores que durante su historia profesional han hecho un trabajo y no quieren que con el mismo salario les imputen una doble carga laboral, o casi, lo cual es lógico. Pero también hay resistencias que son más culturales, que no son gremiales o económicas, que tienen que ver con cierta desvalorización. Eso ocurre con todos los saltos tecnológicos. La reacción de la Escuela de Frankfurt cuando acuña el termino industria cultural a fines de los 40 es también una reacción del universo Gutenberg contra la pantalla y el sonido. Es una desconfianza que si uno la piensa es injusta, porque para ser justos uno debería desconfiar de toda la industria cultural, también de la industria del libro, del papel, de la palabra escrita. Hay algo de esto en el imaginario de los periodistas. Si aparece en letras de molde en el papel, tiene un valor. En cambio, si aparece digitalmente no.

—Pero este no es el único impacto. Los diarios papel, empujados por las noticias digitales, modifican su diseño y trabajan los contenidos de otra manera, privilegiando los recursos gráficos por sobre los textos.

—En Argentina pareciera que eligieron trabajar con códigos de pantalla en el papel. Y ahí hay un problema, el de la lectoría. O sea, el uso que uno como lector hace de un medio escrito en soporte papel y en la pantalla. La misma persona hace dos usos distintos. Uno como lector le pide al papel una cosa distinta de lo que busca en la pantalla. La pantalla, además, está asociada al imaginario del entretenimiento y no me parece mal que los portales noticiosos en internet incorporen recorridos de lectura que aprovechan el contrato de lectura que tiene la pantalla. Pero es un error que los diarios se mimeticen, porque están importando un código que no les pertenece cuando tienen atesorados 400 años de historia propia, que revelan que su fortaleza es diferenciarse, profundizando el análisis. Creo que mimetizarse no es una opción eficaz si se tiene en cuenta que lo que quiere un editor es captar más lectores. Y en Argentina los lectores del diario papel están cayendo, de una manera amesetada, pero es una meseta hacia abajo.

—El periodismo digital se funda mientras se realiza. ¿La inmediatez imposibilita profundizar los contenidos?

—Para nada, es una tendencia en los grandes diarios y sus portales. No tiene por qué ser así, lo que sucede es que en general en Argentina uno encuentra redacciones on line con gran precariedad laboral, falibles y débiles en términos periodísticos y de recursos materiales en comparación con las redacciones papel. Si uno no tiene buenos columnistas, no tiene buenos cronistas ni buenos editores, el resultado va a ser dudoso.

La tecnofilia

Existe una ilusión que encolumna a más de uno tras las tecnologías de la comunicación. La posibilidad de oponerlas a la concentración informativa. Distintas voces ante un discurso único. A la vez, esa ilusión se completa con que tener acceso a ellas promueve la inclusión social. “Ni tecnofilia ni anarcocapitalismo”, dice Becerra ante este debate. Las tecnologías son eso, tecnologías, recuerda.

—Muchas veces se presenta a las nuevas tecnologías como la contracara de la concentración informativa. ¿Mito o realidad?

—No me parece que sea razonable ligar una propiedad de un proceso social como es la democratización con la tecnología. No creo que haya relación entre una cosa y la otra. Entiendo que una de las cuestiones que puede estar pivoteando en torno a esta asociación es que las Tics pueden incrementar el acceso a bienes o servicios informativos. Pero me pregunto: ¿la sociedad argentina de 2008, donde todos los argentinos estadísticamente tenemos un teléfono celular, es más democrática que la sociedad argentina de 1985, cuando nadie tenía móvil? Creo que no es pertinente la comparación. El indicador de democratización no es la telefonía móvil, que es una de las tecnologías ejemplares y más masivas de comunicación de las nuevas Tics. ¿Se democratiza la palabra porque haya más gente que puede armarse un blog o una página en internet o acceder a fuentes de información o de conocimiento? No. Esto sin desconocer que pasan cosas, son procesos que están en curso, no sé como termina. Reconozco algo que dice Umberto Eco: nunca antes en la historia hubo tanta gente que escriba. Escribimos con códigos cada vez más heterodoxos, los mensajes de texto son un ejemplo. Eso es un fenómeno pero yo no lo llamaría democracia. Asocio la democracia con un tipo de convivencia en una comunidad con una legitimidad sobre cómo está organizada esa convivencia. Que tengamos más celulares no sé si es más democrático.

—En el país el mapa comunicacional parece acumular capas de concentración. Cinco distritos acaparan los medios tradicionales, la banda ancha, la telefonía celular. Sin embargo, internet ha logrado que localidades tuvieran su portal local de noticias.

—Eso es un fenómeno interesante y positivo, propio de estas nuevas Tics, que relaciona de una manera original comunidades locales con fenómenos globales, siempre que se tenga un buen acceso a una buena calidad de tecnología, que en Argentina es lo que falta. Es cierto que en cinco distritos esa disposición es mayor, y es cierto que aparecen fenómenos locales interesantes, pero a mí me gustaría ver qué tan estable son en el tiempo, ver si se mantienen. En Argentina, con medios tan concentrados, quisiera ver cómo esas experiencias que son tan interesantes logran estabilidad y perdurabilidad o si finalmente son fagocitadas por los grandes grupos.

—¿Creés que una vez que los portales se conviertan en un negocio más rentable estos sitios locales pueden pasar a manos de los grandes medios?

Es posible, de hecho así sucedió con otras tecnologías, como los canales de cables. No es que quiera ser pesimista pero la TV por cable es un antecedente claro al respecto: primero hubo televisión por circuito cerrado, luego empresarios locales la ampliaron al cable. Pero cuando se transformó en negocio apareció la chequera, y hoy el sistema de cable pertenece a tres o cuatro operadores.

—Vos planteás que difícilmente se pueda achicar la brecha tecnológica si primero no se interviene en la social. ¿Existe un mientras tanto?

—Estoy convencido de que si hay un proceso de organización social que, por ejemplo, trabaje por un mejor acceso a la tecnología, ese proceso de organización social puede permitir superar otras brechas, pero estamos hablando de un proceso de organización social. Para mí eso no ocurre con el típico discurso pro-tecnología que cree que sólo hay que conectar, tipo el programa “Una laptop por chico”. Eso no soluciona nada. Había un economista que decía en los años 60: “Si yo llevo tractores al nordeste de Brasil no van a servir para nada porque no hay caminos, no hay gasolinerías, porque no hay nada en relación a esa nueva tecnología que se supone podría modernizar el sector”. Pero hay procesos sociales a veces alentados por políticas públicas, en donde se aprovechan las Tics y eso contribuye, por ejemplo, a alfabetizar, una problemática ligada a la brecha social. Lo que planteo es que en países tan fracturados como el nuestro no se puede sólo atender a la brecha tecnológica. Un país pobre con computadoras sigue siendo un país pobre. En un territorio donde los chicos van a la escuela para suplir fallas alimenticias, creo que “Una laptop por chico” no tiene sentido, revela una fantasía que no se condice ni compadece con la realidad que vivimos. No es casual que las escuelas que tienen mejor aprovechamiento de tecnologías son las que tienen mejores bibliotecas, mejores pupitres. No apostaron a las tecnologías: tienen una mejor dotación de recursos en general.

“Es bueno que existan observatorios de los medios”

Los ya famosos cien días de crisis entre el sector agropecuario y el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner trajeron además la posibilidad de que se convoque a un observatorio de medios. Tanto la presidenta como Néstor Kirchner no muestran una posición ingenua en referencia al lugar que ocupan los medios de comunicación en el terreno político. Y disputan.

Con la llegada de la democracia en 1983, los candidatos aprendieron rápido la lección de aggiornarse a los códigos mediáticos. Era el momento en que el escenario principal ya no era la plaza pública, sino los sets de TV. Pero nada es gratis. Esos nuevos escenarios construyeron poder simbólico y real, y dejaron de ser meras plataformas amplificadoras para convertirse en actores de procesos sociales, políticos y económicos.

Desde esa perspectiva histórica, Martín Becerra apoya la existencia de un observatorio de medios pero critica que la actual gestión Kirchner lo promoviera justo en el medio de una disputa con uno de los grupos periodísticos más grandes del país y en plena crisis con el campo.

—¿Cuál es el rol del Estado en un observatorio de medios?

—Primero hay que decir que en Argentina no hay un observatorio de medios, hay uno del Inadi contra la discriminación en los medios, con convenios con otros organismos del estado. En muchos países desarrollados funcionan observatorios de medios, y funcionan muy bien; y no uno, varios. En mi opinión en una democracia es bueno que haya observatorios. En realidad debería haber de todo lo que es público. Todo tiene que ser observado por todos. La reacción corporativa de que nosotros podemos opinar de todo pero nadie puede opinar de nosotros a mi me parece francamente oscurantista, premedieval. No se compadece con una sociedad democrática, compleja, del siglo XXI. No obstante, creo que el Estado tiene que convocar, motorizar la creación de observatorios de medios, pero esos observatorios no pueden ser estatales sino públicos, no gubernamentales. Los tres poderes deben tener voz igual que otros sectores de la sociedad.

—¿Por qué provocó tanta alteración que se haya convocado a crear un observatorio?

—Porque yo creo que es una anomalía de la democracia argentina desde el 83, antes no era así. Antes del 76 en períodos democráticos se podía hablar de los medios sin tabú. Ahora bien, creo que no fue oportuno el aprovechamiento que se hizo de esta cuestión, en el marco de un enfrentamiento del gobierno y algunos sectores del sistema de medios ,y no sólo del sistema de medios. Yo creo que es importante que Argentina cuente con una nueva ley de radiodifusión pero no me parece oportuno mezclar los tantos. La verdad es que en los medios argentinos hay discriminación hace mucho y no sólo por temas políticos. Es más, hay discriminación fundamentalmente en temas que no son políticos, como en las telenovelas, en los programas de espectáculos, en casos policiales. Y que nadie observe esas cuestiones es escandaloso.

—Si uno escucha los discursos de la presidenta o de Néstor Kirchner pareciera que algunos medios representan para ellos mucho más que la oposición política.

—El gobierno de Néstor Kirchner tuvo una relación privilegiada con los grandes medios. Atendió sus demandas de una manera casi inédita en la historia del país, favoreciéndolos. Paradójicamente ahora tiene un enfrentamiento importante. Yo creo que hay que esperar y ver cómo sigue este proceso.

—¿Cuál es tu opinión en torno al tratamiento que se dio en los medios al conflicto entre el gobierno y el sector agropecuario?

—Creo que en la zona metropolitana de Buenos Aires la radio y la televisión funcionaron en buena parte de estos 100 días en cadena, a favor del reclamo de las cuatro entidades del campo. Lo cual me parece que revela la falta de objetividad de los medios, lo que en buena hora se pone sobre la mesa, porque permite discutir que efectivamente los medios no son objetivos, no son neutrales. La radio y la televisión le dieron mucha visibilidad a determinados sectores, jamás problematizaron ni abrieron espacio para la reflexión crítica. Ante esto se argumenta que estaba D’ Elía, pero D’ Elía no es la contracara reflexiva de la posición de las entidades del campo. En Argentina hay mucha gente que puede aportar reflexiones muy serias y que cuestionaría seriamente ese reclamo, pero ellos no aparecen en la televisión. En cuanto a los diarios, en la Universidad de Quilmes estamos haciendo un análisis de contenido de la cobertura de los diarios en la zona metropolitana de Buenos Aires y las fuentes utilizadas, los actores consultados, las fuentes no utilizadas y los actores no utilizados, los títulos, todo revela un apoyo muy fuerte a este sector.

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