¿La extrema cercanía entre el periodismo y los actores de la noticia desvirtúa la esencia de la profesión periodística? Una nota de Angela Lerena en Crítica aborda la existencia de “periodistas mendigos” en Deportes, probablemente la sección que más subordina (pero no la única que lo hace) la práctica profesional a la relación personal con los sujetos de la noticia.

el estrecho vínculo entre periodistas y jugadores

Relaciones peligrosas

Algunos los llaman “cronistas mendigos”. Son los comunicadores que se hacen amigos de los futbolistas y a veces rozan la obsecuencia para conseguir una entrevista o primicia. Pero más allá de cuestiones éticas, resultan necesarios para recabar información de primera mano.

Ángela Lerena – 03.07.2008

En estos tiempos, el fanático del fútbol no se pierde nada. Puede ver en vivo y en directo cómo un técnico echa a un jugador de la práctica o enterarse qué almorzó el 10 de su equipo. Pero la omnipresencia implica un sacrificio: el de los periodistas que se ven obligados a rozar la amistad o hasta la obsecuencia para conseguir la información. Su trabajo es perder la distancia con los protagonistas; el pecado mortal del comunicador. Pero estos cronistas aliados a jugadores, dirigentes o técnicos también se han transformado en indispensables.

“El periodista mendigo pasó a ser una pieza necesaria”, dice Juan Pablo Varsky, coconductor de Fútbol de Primera, “así se sostiene el volumen informativo, con el periodista que se arrastra por una nota o un vínculo permanente”. José Chatruc, jugador de Racing, lo confirma: “A veces da vergüenza ajena. Te llaman 25 veces por una nota, y no exagero. Yo no soy divo, pero tanta insistencia me molesta”.

“Es difícil tomar distancia cuando estás tan adentro y que el árbol no tape el bosque”, afirma Víctor Tujschinaider, periodista de TyC Sports que cubre la información de San Lorenzo. Su cámara descubrió, por ejemplo, a Ramón Díaz echando de un entrenamiento al arquero Sebastián Saja. “Hay que contar la verdad, pero es difícil; a veces el jugador se enoja. Les duele que digas algo que no coincide con su visión”, dice Tujschinaider.

Chatruc acepta que a veces se confunden los roles. “Cuando sos amigo del periodista, podés sentir que te falló si te critica por un mal partido. Es difícil no sentirse traicionado. También es verdad que, muchas veces, el que tiene una buena relación con vos es más benévolo con las críticas”, confiesa el jugador de Racing. Varsky agrega: “Al jugador, estos periodistas le encantan, le sirven. Se sienten mucho más cómodos con el que tienen una relación basada en la amistad, la obsecuencia y el intercambio”.

Fabián Vargas, jugador de Boca, asegura que no lo ofenden las críticas: “Si uno tiene una relación aparte de lo profesional, no tiene por qué mezclar las cosas. No tengo problemas con las críticas, mientras no sean destructivas. En Colombia se inmiscuyen mucho en la vida personal del jugador; en Argentina son respetuosos, no me molestan. Ya me acostumbré”.

Claudia Villapún, periodista que cubre prácticas y viajes del plantel de Boca para Olé, explica el secreto de compartir la intimidad sin ser rechazado. “Hay que ir encontrando la onda del tipo, ganarme la confianza para que me cuente cosas. La clave es saber por dónde entrarle. Ellos necesitan descargar en alguien que los entienda pero no esté adentro; una especie de complicidad”, asegura.

Diego Maradona escribió el prólogo del libro Secretos (con) partidos, en el que Tití Fernández y Marcelo Benedetto, los dos periodistas de campo de juego más famosos, cuentan las anécdotas vividas en la intimidad de los planteles. Y Diego parece darle la razón a Villapún: “Por haber pasado tantos años al lado de la cancha y tan cerca de los que juegan, Benedetto y Tití aprendieron a entendernos mejor que ninguno. Y eso vale mucho”, es el elogio del jugador más acosado por la prensa en la historia.

La complicidad entre Maximilano Moralez y Nicolás Montalá, cronista de Olé abocado a Racing, fue clave para que Maxi volviera desde Rusia a la Academia. Ambos chateaban por MSN cuando el volante le dijo a Montalá que no aguantaba más su estadía en Rusia. El periodista lo habló con el técnico Miguel Micó y Fernando De Tomaso y el deseo del futbolista que metió el último gol de Racing en la Promoción se hizo realidad. Cuenta Montalá: “Tengo una buena relación con Moralez, aunque no es mi amigo, la palabra ‘amistad’ es muy grande. Pero es así, nosotros hacemos el trabajo sucio y nos embarramos para que otros se luzcan analizando a la distancia”.

Ésa parece ser la clave: el periodista que camina peligrosamente por los límites del manual de la profesión es una pieza útil e imprescindible para que la maquinaria de la información tenga materia prima. En Argentina 2008 no hay manera de saber lo que pasa en la cocina del fútbol sin mendigar algún datito o declaración. Nadie, ni siquiera Crítica de la Argentina, puede tirar la primera piedra. “Si eso no existiera, no nos enteraríamos de nada”, resume Varsky.

“Si venís de amigo te doy todo; pero de periodista, nada”

El Ruso Norberto Verea es periodista de ESPN y fue futbolista –jugó en Talleres de Escalada, El Porvenir y Español–, por lo que vivió desde los dos lados la relación entre ambas profesiones. Pero, además, es un crítico implacable de la manera monopólica en que se cubre el deporte. Y, claro, tiene mucho que decir sobre la forma en que trabajan sus actuales colegas.

“Hoy se ha invertido la carga. Parece que el periodista, sin el protagonista, no puede vivir”, afirma. “Entonces, los dueños de los medios quieren protagonistas, y terminan forzando y provocando que el protagonista se entregue. El técnico y el jugador juegan su juego, que es: me golpeás, no voy, no estoy, no sos mi amigo. No te necesito. De amigo, todo, de periodista, nada.”

“Cuando yo era futbolista, la Primera C ni figuraba en los diarios”, recuerda el ex arquero, recibido también de director técnico. “Había que atajar como Gatti un año para salir en un diario. Ahora, acabo de leer que la Primera C va a ser televisada”, compara. “Ya no se cuida el protagonista, ni su intimidad. Yo no hablo de códigos, el código es de mafia, acá sos buena gente o mala gente. Y hay periodistas provocadores que cuentan la intimidad y dicen ‘me lo dijo uno de adentro’”.

“El crecimiento de los medios lleva a creer que si no estás en el medio, no existís. El monopolio de los mensajes generó que sólo se sientan periodistas los que están con el poder, con quienes cortan el queso”, agrega Verea. “Todos los demás andan pululando por ahí a ver si consiguen entrar. Si no tenés al protagonista, parece que ni periodista sos”.

Anuncios